Segunda parte
Isabella creía haber dejado atrás los secretos del pasado, hasta que un contrato inesperado la obliga a unir su destino con el misterioso heredero Blackwood.
Un matrimonio por conveniencia, una regla que no pueden romper y sentimientos que jamás estuvieron en el contrato. 💍❤️
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Capítulo 18 — La cita de las seis
Isabella no apartaba la mirada del teléfono.
El mensaje seguía allí.
“Mañana, 18:00. Ven sola si quieres conocer a tu padre.”
—No vas a ir sola —dijo Damián inmediatamente.
Isabella levantó la mirada.
—El mensaje dice que vaya sola.
—Y justamente por eso no deberías hacerlo.
Sebastián asintió.
—Podría ser una trampa.
—O podría ser la única oportunidad que tengo de saber quién es realmente mi padre —respondió Isabella.
Su madre se acercó.
—No puedes confiar en ese mensaje.
—Tampoco puedo seguir confiando en los secretos que todos me han contado.
La mujer bajó la mirada.
Aquellas palabras le dolieron.
—Tienes razón.
Isabella se sorprendió.
—¿Qué?
—Durante años pensé que ocultarte la verdad era la mejor manera de protegerte. Pero ahora comprendo que también te estaba dejando indefensa.
Damián miró a Isabella.
—Podemos descubrir quién envió el mensaje antes de que vayas.
Daniel tomó el teléfono.
—Puedo revisar el número.
Después de unos minutos, su expresión cambió.
—No está registrado.
—¿Anónimo? —preguntó Victoria.
—No exactamente. El número existe, pero todos sus datos fueron bloqueados.
Alexander se acercó.
—¿Puedes rastrearlo?
Daniel negó.
—Alguien con acceso a sistemas bastante avanzados lo está ocultando.
Sebastián miró al hombre del abrigo.
—¿Tú sabías que esto iba a pasar?
El hombre permaneció callado.
—Responde.
Finalmente, suspiró.
—Sabía que algún día alguien intentaría contactar a Isabella.
—¿Quién?
—No lo sé.
Isabella observó nuevamente la fotografía.
—Yo voy a ir.
—Isabella… —comenzó su madre.
—No estoy diciendo que voy a hacerlo sin cuidado. Pero necesito saber la verdad.
Damián permaneció unos segundos en silencio.
—Entonces iremos contigo.
—Dijeron que fuera sola.
—No tenemos que estar cerca.
Isabella lo miró.
—¿Qué estás pensando?
—Que puedes entrar al lugar sola, pero nosotros podemos estar vigilando desde otro punto.
Alexander asintió.
—Es lo más razonable.
Daniel señaló la fotografía.
—Primero necesitamos descubrir dónde fue tomada.
Amplió la imagen.
Detrás del hombre podía verse un cartel borroso.
Después de observarlo durante varios segundos, Daniel logró distinguir algunas letras.
—Creo que sé dónde es.
Victoria se acercó.
—¿Dónde?
Daniel respondió:
—Una cafetería antigua del centro.
El hombre del abrigo se quedó completamente pálido.
—¿Qué sucede? —preguntó Isabella.
Él tardó en responder.
—Ese lugar…
Hizo una pausa.
—Era uno de los puntos de encuentro de Adrián.
Isabella sintió un escalofrío.
---
Al día siguiente, las horas parecieron avanzar demasiado rápido.
A las cinco y cuarenta y cinco, Isabella llegó al lugar.
La cafetería estaba casi vacía.
Damián y los demás se encontraban a distancia, tal como habían acordado.
Isabella entró.
Miró alrededor.
Nada parecía fuera de lo normal.
Se sentó junto a una ventana.
18:00.
Exactamente a las seis, un hombre entró.
Llevaba un abrigo oscuro.
Isabella reconoció inmediatamente la silueta de la fotografía.
El hombre caminó lentamente hacia ella.
Se detuvo frente a la mesa.
No dijo nada.
Isabella levantó la mirada.
—¿Eres Adrián Blackwood?
El hombre se quitó el sombrero.
Y por primera vez Isabella pudo ver claramente su rostro.
No era joven.
Pero sus ojos eran exactamente los mismos que había visto en la fotografía antigua.
El hombre la observó durante unos segundos.
Luego dijo:
—Has crecido mucho.
Isabella sintió que se le cortaba la respiración.
—¿Papá?
El hombre tragó saliva.
Sus ojos se llenaron de emoción.
—Sí, Isabella.
Ella no pudo responder.
Adrián tomó asiento frente a ella.
—Sé que tienes muchas preguntas.
—Tengo demasiadas.
Él asintió.
—Entonces empieza por una.
Isabella apretó las manos sobre la mesa.
—¿Por qué me abandonaste?
Adrián bajó la mirada.
—Nunca te abandoné.
—Entonces, ¿por qué desapareciste?
Antes de que pudiera responder, el teléfono de Adrián vibró.
Leyó el mensaje.
Su rostro cambió por completo.
Se levantó inmediatamente.
—Tenemos que irnos.
—¿Qué pasó?
Adrián miró hacia la puerta.
—Nos encontraron.
Isabella se giró.
A través del vidrio, un automóvil negro acababa de detenerse frente a la cafetería.
Adrián tomó la mano de Isabella para ayudarla a levantarse.
—Si quieres conocer toda la verdad sobre tu familia, tendrás que confiar en mí.
Isabella miró hacia la ventana.
Y entonces reconoció a la persona que acababa de bajar del automóvil.
Era alguien que conocía.
Alguien que jamás había esperado ver allí.
Gabriel Montgomery.