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Soy La Presa De Tres Alfas

Soy La Presa De Tres Alfas

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Yaoi / Fantasía LGBT
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

«Mi sangre no pide compasión; exige ser devorada.»

El chasquido del cerrojo blindado nos dejó a oscuras en el laboratorio subterráneo. En el suelo, los vidrios de mi última ampolleta de supresor. En mis venas, el desastre.

Mi cuerpo es una trampa: libero un aroma a miel y jazmín tan violento que me dobla las rodillas, me asfixia la garganta y me humilla. La ventilación esparce la plaga de mi olor por el aire sellado, y la biología no perdona.

Tres aromas depredadores acorralan mi agonía en la penumbra. Sin medicina que me salve, sin aire para gritar y con la fiebre del celo quemándome la piel desde adentro.

La cacería empezó. Y la única duda es cuál de los tres clavará primero sus garras en mi nuca.

NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 3: FUEGO EN LA PENUMBRA

FUEGO EN LA PENUMBRA

El metal fundido de la puerta principal cayó hacia adentro con un estruendo seco, llenando la penumbra roja con una nube de chispas y humo acre.

-¡Aseguren al Sujeto Cero! -resonó la voz de un oficial a través de los altavoces de los cascos de contención-. ¡Usen dardos de paralización biológica! ¡No permitan que los Alfas lo toquen!

Seis soldados fuertemente armados irrompieron en el laboratorio. Pero cometieron un error fatal: no contaron con la densidad del aire dentro del espacio sellado. En cuanto cruzaron el umbral, la mezcla de mi aroma a miel con el Rut desenfrenado de tres Pura Sangre los golpeó como una pared de plomo. Dos de ellos se tambalearon de inmediato, perdiendo el equilibrio.

Antes de que pudieran disparar, la respuesta de los Alfas fue salvaje.

Eren embestió al soldado de vanguardia contra la pared de concreto con un impacto que fracturó su armadura. Kaelen, con una furia fría y calculadora, desarmó al segundo en un movimiento seco antes de arrojarlo al pasillo. No peleaban por disciplina; peleaban por el derecho animal de proteger a la presa que consideraban suya frente a los intrusos.

Aprovechando el caos, Valen me sujetó con fuerza por los hombros y me arrastró hacia la escotilla de mantenimiento del fondo.

-¡Muévete, Lian! -gruñó Valen.

-¡No me toques! -chillé con las pocas fuerzas que me quedaban, intentando zafarme de su agarre. Pero la fiebre del celo tenía mis músculos inutilizados.

Eren y Kaelen se pegaron a nuestras espaldas en cuestión de segundos, bloqueando la escotilla detrás de nosotros. El trayecto por el pasillo inferior fue un borrón de luces rojas y alarmas distantes hasta que nos encerraron en la suite militar del sub-cuatro. El portón de titanio se azotó, aislándonos del resto del complejo.

Valen me arrojó sobre la cama del centro. El colchón se impregnó al instante con el vapor sofocante de mi sudor y el aroma desenfrenado a miel de azahar.

-Se acabó el tiempo -dijo Eren, dando un paso hacia el colchón mientras se quitaba la chaqueta, con los ojos rojos ardiendo en rabia y deseo-. El celo lo está quemando vivo. Voy a marcarlo ahora mismo.

-Da un paso más, Eren, y te arranco la yugular -amenazó Kaelen, interponiéndose con el rostro desencajado por el avance de la fiebre.

Sentí el colchón hundirse cuando los tres se acercaron al borde de la cama, acorralándome. Mi biología temblaba; la nuca me latía con un dolor insoportable que me pedía entregarme para apagar el fuego interno.

Pero mi mente se negó.

«Preferiría muerta mi sangre antes que pertenecer a uno de ustedes», me dije entre dientes.

Junté la última reserva de voluntad que me quedaba en el pecho. En lugar de ceder o exponer la garganta, forcé a mi glándula a secretar una descarga masiva de feromonas puras. No fue un aroma dulce; fue una onda de choque concentrada de miel pura y azahar quemado que inundó la habitación cerrada como un gas tóxico.

El impacto biológico fue brutal.

Kaelen retrocedió dos pasos de golpe, llevándose una mano a la sien mientras una mueca de dolor deformaba su rostro. Eren soltó un rugido de ahogo, cayendo sobre una rodilla mientras se sujetaba el cuello, incapaz de procesar el exceso de olor que le cortó el oxígeno. El aroma era tan denso que amenazaba con sobrecargar sus sistemas nerviosos.

-¡Agh... maldita sea! -maldijo Valen, tambaleándose hacia atrás y aferrándose al escritorio de la habitación.

Valen, con los ojos inyectados en sangre por el esfuerzo de mantener la compostura médica, comprendió la gravedad de la situación. Si yo seguía expulsando feromonas a ese nivel por desesperación, mi corazón colapsaría por hipertermia en minutos y ellos perderían la razón por completo.

-¡Atrás los dos! -bramó Valen, abriendo a patadas el maletín médico de emergencia que llevaba sujeto al cinturón-. Si lo tocamos ahora, va a sufrir un paro cardíaco por la sobrecarga.

Valen sacó una jeringa metálica de presión con una ampolleta de líquido azul transparente: un inhibidor nervioso de choque de uso restringido.

-No... no me inyectes... -musité entre lágrimas, tratando de arrastrarme hacia la cabecera de la cama mientras mi propia ráfaga de aroma me dejaba sin aliento.

-Cállate y no te muevas, Lian -siseó Valen, abalanzándose sobre la cama.

Con un movimiento rápido e implacable, me atrapó el brazo izquierdo y clavó el inyector directamente en mi muslo.

El dolor del líquido helado entrando a presión por mis venas me sacó un alarido sordo. En cuestión de tres latidos, la reacción fue violenta: el incendio en mi nuca se apagó de golpe con un frío artificial. El flujo desenfrenado de miel en el aire se redujo drásticamente, dejando solo un rastro débil y amargo en el ambiente.

Mi cuerpo colapsó contra las sábanas. La fiebre bajó unos grados, pero el dolor muscular y la debilidad me dejaron completamente paralizado.

-¿Qué demonios le hiciste? -gruñó Eren, respirando agitado mientras la sobrecarga de olor en la habitación comenzaba a disiparse lentamente.

-Le apliqué un supresor de choque neurológico -respondió Valen, apoyando sus manos sobre sus rodillas mientras recuperaba el aliento, mirando mi cuerpo inerte en la cama-. Detuve el pico del celo... pero esto es solo un parche temporal. El químico solo va a congelar su biología por cuatro o cinco horas.

Kaelen caminó despacio hacia el borde de la cama, observando mi rostro sudoroso y el tono pálido de mi piel. Extendió la mano y paseó el dorso de sus nudillos por mi mejilla helada, haciéndome estremecer.

-Cuatro horas... -murmuró Kaelen con una sonrisa sombría, mirándome a los ojos mientras yo apenas podía parpadear por el efecto del sedante-. Descansa mientras puedas, mi pequeña anomalía. Porque cuando este químico se evapore de tu sangre... ya no habrá medicinas en todo el complejo que puedan salvarte de nosotros.

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Victor Cueto
excelente trama, sigueee
Victor Cueto
me encanta
BL Autor 🌈
(Sujeto Cero)
— Nota de Lian —
"Si el Mando Central y esos tres Alfas creen que pueden acorralarme o dictar mis reglas, no entienden absolutamente nada de lo que soy. Yo no soy la presa de nadie. Si estás de este lado y quieres ver cómo rompo su control capítulo a capítulo, guarda esto en tu Biblioteca y deja tu Like. No te distraigas... porque esto apenas está comenzando."
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