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Me casé con un viudo mayor y me consiente cada día

Me casé con un viudo mayor y me consiente cada día

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Novia sustituta / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:36.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Raven Ayu

La descartaron como a un paquete devuelto.

Cuando la prueba de ADN reveló que Lara no era la hija de sangre de la poderosa familia que la crió, la enviaron al altar en lugar de la verdadera heredera: a casarse con un viudo de pueblo, mayor y con tres niños a cuestas. Debía ser un castigo. Debía ser el final de su vida.

Pero al otro lado de aquel portón de hierro no la esperaba un anciano pobre. La esperaba una casa que guardaba secretos, tres pequeños que llevaban demasiado tiempo pasando hambre… y un hombre que no era, ni de lejos, lo que todos decían.

Lara llegó dispuesta a sobrevivir. Nunca imaginó que ese matrimonio arreglado le daría lo único que jamás tuvo: alguien que la mira como si valiera el mundo entero, y la consiente cada día.

Mientras aprende a ser madre de tres corazones heridos y descubre quién es en realidad su esposo, los que la humillaron empezarán a tocar a su puerta. Unos por arrepentimiento. Otros, por codicia. Y Lara ya no es la muchacha a la que se podía reubicar a capricho.

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bab-018

Capítulo 18: La noche de bodas

—Estoy segura —respondí.

Adrián no se movió.

Me levanté de la silla y rodeé el escritorio. La distancia entre nosotros era de un solo paso, pero él seguía esperando como si una respuesta no bastara.

—No me casé con ese uniforme —dije—. Me casé con el hombre que se levanta antes del amanecer para revisar el corral, que no sabe vendar bien una herida y que les dio un hogar a tres niños sin quitarles el nombre de su padre de sangre.

—Lara.

—Si algún día llega un llamado, lo enfrentamos cuando llegue. No me eches esta noche solo por algo que todavía no ha pasado.

Su mano se alzó y se detuvo a unos centímetros de mi cara.

—No te estoy echando.

—Pero ya me has dado tres veces la salida para irme.

—Quiero que tengas una opción.

—Ya la elegí.

Esta vez fui yo quien cerró la distancia. Mi frente rozó su pecho. Bajo la tela de la camisa, su corazón latía tan rápido que todo el valor que acababa de reunir no se sintió en vano.

Su brazo rodeó despacio mis hombros.

—No preguntes más esta noche —susurré.

—Está bien.

Aun así se quedó abrazándome sin avanzar más. Unos segundos se volvieron un minuto. Levanté la cara y encontré sus orejas otra vez rojas.

—¿Adrián?

—¿Qué?

—¿Vamos a quedarnos parados en el despacho hasta el amanecer?

Carraspeó y aflojó el abrazo.

—Debes de estar cansada.

—Sí que estoy cansada.

Se le tensó la cara al instante.

—Podemos dormir.

Estuve a punto de reír. El hombre capaz de enfrentar operaciones peligrosas se dejaba llevar al pánico con una sola frase mía.

—Digo que estoy cansada de estar parada.

Adrián me miró un momento y hasta entonces comprendió. Apagó la luz del despacho, cerró con llave y caminó conmigo hacia el cuarto. No me tomó de la mano; solo la mantuvo flotando cerca de mi espalda, como listo para sostenerme si tropezaba.

Sara y doña Mina habían adornado la habitación con sencillez. Sábanas nuevas blancas, unas ramitas de jazmín cerca de la ventana y dos vasos de agua en la mesita de noche. Sobre la almohada había pétalos formando un corazón que sin duda era obra de Nicolás y Mateo, porque estaba ladeado hacia un costado.

Adrián se detuvo en el umbral.

—Si prefieres descansar sola, puedo dormir en el despacho.

Me di la vuelta.

—Acabas de prometer que no preguntarías más.

—No estoy preguntando.

—Es una pregunta sin signo de interrogación.

La comisura de sus labios se movió apenas.

Me senté frente al tocador y empecé a quitarme los prendedores del tocado. Tenía los dedos rendidos después de un día entero recibiendo invitados. Un prendedor se atoró en la parte de atrás, donde no me alcanzaban las manos.

—¿Me ayudas?

Adrián se acercó con cuidado. Sus dedos, acostumbrados a cargar sacos de forraje, tocaron la tela cerca de mi nuca con toda la delicadeza posible. Fue soltando los prendedores uno por uno, alineándolos sobre la mesa, y luego retiró el último adorno.

Mi cabello cayó por la espalda.

Su respiración cambió.

Nos vi reflejados en el espejo. Adrián de pie detrás de mí, mucho más alto, con una mirada que ya no podía disfrazarse de simple atención.

—¿Por qué te detienes? —pregunté.

—Tengo miedo de jalarte el pelo.

—Ya no quedan prendedores.

Asintió, pero no retrocedió.

Su mano tocó mi hombro. El calor de su palma traspasó la tela delgada. Me dio tiempo de sobra para apartarme. Cuando, en cambio, cerré mi mano sobre la suya, la tensión de su mandíbula fue cediendo.

—¿Desde cuándo esperas a que me aleje? —pregunté.

—Desde que bajaste del autobús.

Me quedé callada.

—Viniste obligada por tu familia —continuó—. No quería que esta casa fuera otro lugar más que te quitara las decisiones de las manos.

—¿Por eso siempre tocabas la puerta?

—Por eso nunca entré a este cuarto sin permiso.

Recordé todas las noches en que a mi puerta solo llegaba un golpe breve, y luego sus pasos se alejaban después de asegurarse de que yo estaba bien. Incluso cuando me entregaba el dinero de la casa, se quedaba en el umbral y esperaba a que fuera yo la que se acercara.

—Ahora te doy permiso —dije.

—¿Solo por esta noche?

—Para ser mi marido. Pero si estoy enojada, igual tienes que tocar.

La comisura de sus ojos se suavizó.

—Está bien.

—Y yo también tocaré el despacho si la puerta está cerrada.

—Salvo emergencia.

—Salvo emergencia.

Ese pequeño acuerdo tal vez no sonaba romántico. Para mí, era justo ahí donde crecía la sensación de seguridad: podíamos estar cerca sin perder el derecho sobre el propio cuerpo, el cuarto y las decisiones de cada quien.

Adrián se inclinó y me besó la coronilla.

Fue un roce breve, casi demasiado correcto. Me giré en la silla y lo miré.

—¿Nada más?

—Estoy tratando de ir despacio.

—Demasiado despacio.

Rió bajo. Era la primera vez que le oía esa risa tan de cerca, y su vibración me dejó el vientre ligero.

Adrián me levantó el mentón con dos dedos.

—Si algo te incomoda, dime.

—Sí.

—Si quieres parar, paramos.

—Sí.

—Si…

Lo besé en los labios antes de que encontrara la tercera advertencia.

Su cuerpo se quedó rígido. Un instante después, su palma sostuvo la parte de atrás de mi cabeza y el beso volvió, todavía cauteloso pero mucho más sincero. El aroma a jabón y un leve olor a madera del ropero se le habían quedado en la piel. Sentí la cicatriz fina de su mano cuando nuestros dedos se entrelazaron.

Me besó la frente, la sien y luego los labios otra vez, como si memorizara algo que temía olvidar. Cada vez que mi respiración cambiaba, se detenía a mirarme la cara. Cada vez que yo asentía o lo atraía de nuevo, apenas entonces continuaba.

No había apuro. No había exigencia. Solo dos adultos que dejaban atrás, poco a poco, la última distancia entre ellos.

Se apagó la luz principal. El resplandor de la lámpara de mesa hacía que nuestras sombras cayeran suaves sobre la pared. Adrián me tomó la mano cuando nos recostamos, y yo se la seguí sosteniendo cuando los nervios llegaron junto con una cercanía que nunca había compartido con nadie.

—Mírame —dijo en voz baja.

Abrí los ojos.

En su rostro no había victoria, solo preocupación y un cariño todavía demasiado nuevo para nombrarlo en voz alta. Le toqué la mejilla y asentí una vez más.

Bajo la punta de mis dedos había una cicatriz delgada cerca de su mandíbula. La luz tenue dejaba ver otra en el hombro, pálida e irregular. No pregunté de qué misión venían esas heridas. Esa noche solo toqué una, para que supiera que la parte rota de su vida no me daba miedo.

Adrián contuvo el aliento.

—¿Feas?

—¿Estás buscando un pretexto para que vuelva a cambiar de opinión?

—No.

—Entonces no preguntes.

Besé la cicatriz de su hombro. La mano que sostenía mi cuerpo temblaba muy levemente. Costaba creer que ese temblor viniera del hombre que hacía unas horas se había parado firme a recibir el saludo de un general.

—Estoy aquí —susurré.

Cerró los ojos un momento y luego apoyó su frente contra la mía.

—Lo sé.

Por primera vez lo dijo como si de verdad lo creyera.

La noche avanzó despacio. Lo ajeno se volvió calidez, los nervios se volvieron confianza, y todo lo que no éramos capaces de decir encontró camino a través de los abrazos y de las respiraciones que se acompasaban.

Cuando todo se aquietó, quedé recostada con la cara pegada a su hombro. Tenía el cuerpo rendido y un poco adolorido. Adrián se incorporó de inmediato.

—¿A dónde vas?

—A traer agua tibia.

—Es tarde.

—Espera aquí.

Volvió con una palangana pequeña, una toalla limpia y agua para beber. Se movía con tanta seriedad como si ejecutara un procedimiento importante. Me ayudó a asearme sin hacerme pasar vergüenza, cambió el agua y luego se aseguró de que la ventana estuviera cerrada para que no entrara el viento.

Cuando ya iba a sacar la palangana otra vez, le agarré la muñeca.

—No hace falta ahora. Siéntate.

—El agua se va a enfriar.

—De todos modos no la voy a beber.

Al final dejó la palangana en un rincón del cuarto. Después se sentó en el borde de la cama con la espalda tiesa, todavía observándome la cara como un enfermero que espera un síntoma de urgencia.

—Estoy bien —dije.

—Estás pálida.

—Tengo sueño.

—¿Mareada?

—No.

—¿Con náuseas?

—Adrián, acabo de casarme, no de caerme del techo.

Me tocó la frente para revisar la temperatura. Le atrapé la mano y se la besé un instante. Todas las preguntas se detuvieron de golpe.

—Así está mejor —dije.

—¿Te duele? —preguntó.

—Un poco.

Su cara se llenó de culpa al instante.

—Perdón.

—No es tu culpa.

—Debí ir más despacio.

—Si vas más despacio todavía, a lo mejor terminamos mañana por la tarde.

Se quedó callado y luego se le enrojecieron las orejas hasta que me dio risa.

—No te rías —dijo.

—¿No puedo?

—Después te va a doler más.

Me acomodó una almohada bajo el brazo, me subió la cobija hasta el hombro y sacó del ropero un aceite tibio. Sus manos me dieron un masaje suave en la parte del hombro que traía tensa de estar sentada todo el día. Cuando fui a tomar yo misma el vaso, él me lo alcanzó primero.

—Bebe.

Obedecí.

Después de asegurarse de que estaba cómoda, apagó la lámpara de mesa y se acostó en la orilla del todo, dejando una distancia entre nosotros.

Volteé en la oscuridad.

—¿Por qué tan lejos?

—Necesitas descansar.

—No te dije que te movieras.

Se corrió un poco.

—Sigues lejos.

Al fin se acercó y abrió un brazo. Me metí en su abrazo y apoyé la mejilla en su pecho. El corazón que antes corría ahora latía tranquilo en mi oído.

—No soy bueno para esto —dijo.

—Yo tampoco.

—Entonces aprendemos.

Sonreí en la oscuridad.

—¿Juntos?

Su brazo se cerró un poco, siempre con cuidado de no oprimirme el cuerpo.

—Juntos.

Acomodó la cobija y luego bajó el mentón hasta la coronilla de mi cabeza.

En la planta baja, la madera de una cama crujió cuando uno de los niños se movió en sueños. Ese pequeño sonido me recordó que, afuera de este cuarto, había tres vidas esperando que despertáramos convertidos en sus padres. Curiosamente, esa responsabilidad ya no se sentía como una carga puesta sobre mis hombros. Se sentía como algo que habíamos elegido cuidar juntos.

—Solo quiero abrazarte —susurró.

Afuera, la luz de la luna tocaba la celosía de la ventana. Escuché los latidos de su corazón y cerré los ojos despacio.

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Quica Romero
¿Y si lo que le gusta es poderle callar la boca a alguien?.☝️🙄 ¿Que?. 🤷‍♀️
Quica Romero
¡Ash!.😒🤦‍♀️ ¡Otro alacrán!.
°\🙄/-
Quica Romero
Y es que, "no hagas cosas que parezcan malas y sobre todo sospechosas. ☝️🧐
Quica Romero
Pero no estás dando solo discursos. 🤷‍♀️ Estás dando discursos con pruebas comprobables e irrefutables. ☝️🧐
Quica Romero
La que obra mal... ☝️😌 ¡Se le pudre el tamal!. °~😌~°😈😁😈😄😈😆😈😅😈😂😈🤣😈
Quica Romero
¡No!. ☝️🙂‍↔️ A eso se le llama NO mezclar negocios con la "familia. ☝️😌 Cuentas claras y el chocolate espeso. Así llegarás a viejo y con familia unida.☝️🧐
Quica Romero
Pues no ☝️🙂‍↔️ Ya que cada cocinero tiene su forma y sazón aunque sea la misma receta siempre va ha variar por el sazón que le da el cocinero. 🤷‍♀️🙎‍♀️😏
Y èso si, lo va a notar un buen cocinero y comensal.
☝️🧐 °~😌~°😉
Quica Romero
¡Otro alacrán al calzón!. °\🙄/°
Doña Inés... ☝️🙄 Tania... ☝️🙄 Su ex familia... 🖕🙄 Los nuevos tíos...🖕🙄 y... ¿Quién más se acumulara?. °~🫩~°
Acaso será...¿¡Yolanda!?.
°~🤨~°🤔🤦‍♀️
Quica Romero
¿Y por qué iba a tener tristeza la vieja cínica?. °~🫩~°
¡Vergüenza!, es lo que debería de tener ella y sus padres por rateros.°\🤨/°
¿Y su "nombre"?...¡Ya está en la boca de todos!. Por las acciones de su hija y por el cinismo y la falta de principios y moral de la familia al no devolver luego , luego la dote que su hija rechazó.°~😒~°
Así que...¡Entré cínicos y rateros no hay a quien irle!.
☝️😌👆🤷‍♀️🙎‍♀️
Quica Romero
¿Y para que?. °\😏/°
Si ellos solitos se están destapando de tanto calor. 😈😈°~😌~°😈😈😈😈😈😈😁
Quica Romero
¡Umm!. 😏 ¡Ya comenzó a salir la ropa sucia!. 🙎‍♀️ Destapa una coladera y comenzará a salir las verdades. 😈😏😈🤷‍♀️😈😈😈😈😈
Quica Romero
¡Ése, es problema suyo!.🤷‍♀️ Por no regresar un dinero que ya no les correspondía en el preciso momento que rechazaron la propuesta. °~🫩~°
¿Que mandó a otra persona?. 🤨 ¡Si!. Pero ésa es otra historia. ☝️🧐
¡Nueva prometida, nuevo compromiso! y ...°~🧐~°
¡Nueva administración y dirección!. 🤷‍♀️ Ya que la nueva prometida no viene sóla. ☝️🫩🙎‍♀️
Quica Romero
¿Ella?. 🤨 ¿O acaso no fueron ustedes quiénes la mandaron ahí?. 😒 ¿A formar una "familia" nueva?. “\🫩/“
Entonces...¿Por qué tanta echada si ustedes mismos la forzaron con tanto chantaje emocional?. 🤷‍♀️
¡Solo están cosechando todo el "cariño" y consideración que le tuvieron todos esos años y no la conveniencia y egoísmo que buscaron cuando les sirvió de utilidad. 🤷‍♀️😒🙎‍♀️
Quica Romero
¡Ahórrate la mirada de "fusil cargado" que no te queda!. Cómo si la víctima hubieras sido tu. 😒🤷‍♀️🙎‍♀️
Quica Romero
¿De cuál familia, señora?. 🤷‍♀️
¿Sé refiere a su familia (hija, esposo y usted)... ¡Si, si es la misma bola de rateros de la que hablamos!.°\🤨/°
Porque, aunque la ratera de su hija fue la que se lo gastó...
¡El deber moral, es de los padres que aceptaron la dote!.
Así como la ratera de su hijita rechazo el compromiso... ¡Ustedes tenían que regresar el dinero,joyas y demás cosas que vino con la dote!.🫰🧐
Y aunque mandaron a su hija adoptada, el tratamiento no fue con ella. Y ella tiene familia biológica. Así que al cambiar de prometida automáticamente se transfiere íntegramente la dote, sin ninguna compensación ya que ellos rechazaron el compromiso.
Y todo ése argumento barato, no quita lo que son en realidad... ¡Una bola de rateros!.
Quedando así... ¡En familia!. Cómo lo dijo.°~🫩~°
Quica Romero
No es que la haya tomado sin permiso. 🤷‍♀️
Es porque no le pertenece porque no hubo ya un compromiso. Que fue para lo que se entregó. 🤷‍♀️
Y no fue como un sueldo ni adelanto de nada y mucho menos préstamo, ni regalo.
Así al no haber ningún compromiso con la susodicha tiene el deber moral y legal(más lo último) en regresarlo junto con los regalos, joyas y otras cosas que se les haya dado como dote. Ya al no hacerlo, se tomará medias ilegales. 🙎‍♀️
Quica Romero
Porque era de una dote para una novia que rechazó un enlace.
Y al rechazar ése compromiso, automáticamente esa familia que recibió esa dote, debe de regresarla íntegramente.☝️🧐
Ya que al no haber boda...¡No hay dinerito!.🫰💵💷💶💴
Quica Romero
¡Quiere la receta completa!. 🤷‍♀️🫩🙎‍♀️
Quica Romero
¡Nada más!. 😒
La que se friega y parte el lomo es ella y ustedes solo la ganancia ¿no?. °\🤨/°
Quica Romero
¿Verdad?. °\🤨/°
¡Y no el mentado pollo con soya?.🤷‍♀️ Que si lo hace una vez más pronto les saldrá plumas. °~🫩~°
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