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Más Astuta Que Tú

Más Astuta Que Tú

Status: Terminada
Genre:Escuela / Timetravel / Venganza / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Klarina_za29

Aranza Jordán murió atropellada cuando huía de un matrimonio arreglado... y de un amigo que la dejó desangrándose en plena calle.

Despierta en el cuerpo de Renata Anastasia Salvatierra, la nieta consentida de dos de las familias más poderosas del país. El problema: Renata es el personaje de relleno de una novela que Aranza nunca terminó de leer, la chica ingenua que, en la historia original, acaba muerta por culpa de su prima Selena.

Pero Aranza ya no está dispuesta a ser una víctima. Con una sonrisa dulce que no le llega a los ojos, una inteligencia afilada y un talento oculto para el hackeo, Renata se pone la máscara de la inocencia y juega con las cartas que la novela le dio. Ahora conoce el guion de todos: la prima que finge ser su amiga, la rival que la humilla, el protagonista que aún no sabe lo que se le viene encima.

Cinco primos que la adoran, abuelos que daría la vida por ella, un hacker de mirada fría que parece ver a través de su máscara... y enemigos que están a punto de descubrir que subestimar a la nueva Renata fue el peor error de sus vidas.

¿Astuta tú? Ella lo es más.

NovelToon tiene autorización de Klarina_za29 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¿Soy una farsante? ¿Y qué?

Toc, toc...

Renata miró por la ventanilla del auto.

—¿Qué pasa?

—La mujer que busca, señorita, está detrás del colegio —informó el guardia.

Renata asintió y bajó del auto. Se arregló un poco la ropa y se fue por la parte de atrás, hacia donde estaba Alina.

No tardó en verla, desesperada. Caminó con paso tranquilo y dijo, con una sonrisa burlona:

—¿Cómo se siente que te humillen?

Alina gruñó de rabia. Conocía de sobra esa voz que acababa de burlarse de ella. Se volvió y vio a Renata, recostada con toda calma contra un árbol.

—TÚ. TODO ESTO ES CULPA TUYA —gritó, lanzándose a agarrarla.

Pero Renata fue más rápida: le atrapó la mano y, un instante después, levantó la suya y la abofeteó con todas sus fuerzas.

Plaf...

La cara de Alina giró hacia la derecha. Con la mano temblorosa, se tocó la mejilla, que latía de dolor. Estaba segura de que el golpe de Renata le había dejado la piel enrojecida.

—¿Qué pasa? Nunca imaginaste que esto podía pasar, ¿verdad? —se burló Renata, con la expresión todavía inmutable.

Alina se quedó callada, tratando de entender lo que había pasado.

Y de pronto, una carcajada estruendosa. Renata arqueó una ceja al ver a Alina reírse como una loca.

—Jajajaja... eres una farsante... eres igual que yo. ¡Maldita! —dijo, cada vez más histérica.

Renata chasqueó la lengua.

—¿Yo, una farsante? —se señaló a sí misma—. Sí, tienes razón. ¿Y qué?

Una sonrisa torcida se dibujó en los labios de Alina.

—Les voy a contar a todos que eres igual que yo —dijo, orgullosa de haber descubierto el punto débil de Renata.

Estaba segura de que con ese secreto Renata sentiría lo mismo que ella acababa de vivir. Y de que Sergio la odiaría por haberlo engañado.

—Jajajaja... Alina, Alina... ¿de verdad crees que todos te van a creer? —dijo Renata, jugando con su largo cabello—. Eres demasiado tonta para eso. Mira a tu alrededor, ¿qué pruebas vas a mostrarles?

Alina se quedó pasmada. Recorrió el lugar con la mirada, con la esperanza de encontrar una cámara de seguridad apuntándolas. No había nada.

Volvió a mirar a Renata, ardiendo de furia.

—Ahora tal vez no tenga pruebas. Pero estoy segura de que las voy a conseguir muy pronto —dijo, y se dio la vuelta, dejando a Renata allí.

—Sí, claro, esfuérzate por hundirme —murmuró Renata con una sonrisa ladeada. Mientras más lo intentara Alina, más difícil se le haría la vida de ahí en adelante. Ya vería ella lo que le esperaba, pensó.

Miró su reloj de pulsera.

—Mejor me voy a casa ya —murmuró, y echó a andar hacia el auto.

* * *

Mientras tanto...

Alina, en realidad, había vuelto a entrar al colegio. Con pasos largos recorrió todo con la vista, buscando dónde estaba Sergio.

—Estoy segura de que Sergio me va a creer —murmuró, muy confiada.

Subió la escalera hacia la azotea. Ahora estaba convencida de que Sergio y los demás estarían allí: no lo había visto en su salón, así que lo más probable era la azotea.

Frente a la puerta, se pellizcó el muslo con tanta fuerza que ella misma se quejó de dolor. Las lágrimas le brotaron por su propia culpa.

Cuando se vio lo bastante patética, abrió la puerta de la azotea.

—Sergio... —susurró al verlo sentado en un sofá, fumando.

Al oír la voz de Alina, Sergio volvió a suspirar. Ya le había advertido que dejara de molestarlo. Y ella, tan terca, no había pasado ni un día y ya lo estaba buscando otra vez.

—Sergio... —repitió. Le dolía que él no le respondiera. Hasta sentía vergüenza de que los amigos de Sergio la vieran humillada así.

—¡Vete! —ordenó Sergio con voz seca.

Alina se secó las lágrimas y caminó hacia él. No pensaba hacerle caso. Pasara lo que pasara, les iba a contar a todos que Renata era igual que ella. Quería ver a Renata odiada por todos, sobre todo por Sergio.

—¿No me escuchas? —dijo Sergio, al verla plantada frente a él.

Alina se arrodilló. Con cara de dolida, trató de tomarle la mano.

—Sergio, te lo ruego, escucha mi explicación... —suplicó, con las lágrimas ya cayéndole.

—Sé que hasta ahora me equivoqué... pero no puedes abandonarme así. Me prometiste que siempre me ibas a proteger, Sergio... —añadió.

Sergio sí le había hecho esa promesa, pero jamás imaginó que Alina fuera tan mala. Se la había hecho por culpa, por haberla dejado herida algún tiempo atrás.

—Tienes razón. Te lo prometí, pero te pasaste de la raya, Alina. Lastimaste a Renata y me hiciste humillarla —dijo Sergio, y le dolió más al recordar que Renata todavía no le había contestado los mensajes, aunque ya los había leído.

Renata. Renata. Renata. ¿Por qué siempre ella?, pensó, harto de oír ese nombre. Aun así, trató de contener la rabia.

—Pero también te equivocas con Renata, Sergio —dijo Alina, y todos los presentes la miraron. Sobre todo Bastián, cada vez más harto de verla llorar a cada rato.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Sergio, que empezaba a perder la paciencia.

Alina tragó saliva con esfuerzo, pero necesitaba que Sergio supiera la verdad.

—Renata no es tan inocente como parece, Sergio. Mira mi cara —dijo, señalándose la mejilla, todavía roja por la bofetada—. Renata me acaba de abofetear. Es igual que yo, Sergio, también los engaña a todos —explicó, esperando que le creyeran.

¡Pum!

Bastián pateó la mesa que tenía delante.

—¿Hasta cuándo vas a seguir culpando a Renata, eh? ¿Qué demonios tienes en la cabeza, Alina? ¿Tan loca estás que quieres verla sufrir? —estalló.

—No, Bastián. Lo que digo es verdad. Renata es una mentirosa —replicó Alina, sin aceptar sus palabras.

Sergio, mientras tanto, la miraba fijamente en silencio.

—¿Y qué pruebas tienes de que Renata de verdad nos engañó? —preguntó otro de los chicos.

Alina calló. Era cierto, no tenía pruebas. Pero les pediría a los hackers que se las consiguieran cuanto antes.

Bastián resopló con desdén.

—No tienes ninguna, ¿verdad? —se burló.

Alina se estrujó la ropa, furiosa con él.

—Ahora no tengo pruebas, pero muy pronto se las voy a mostrar. Renata no es tan buena como aparenta. Renata es igual que esa maldita que...

¡Plaf!

El sonido de la bofetada dejó a todos en silencio. Alina miró a Sergio sin poder creer que acababa de golpearla.

—Sergio... —dijo, exigiendo una explicación.

Sergio respiraba agitado y la fulminaba con la mirada.

—Esta es mi última advertencia, Alina. Si vuelves a intentar calumniar a Renata, yo mismo me encargo de que te arrepientas toda la vida —dijo, y se fue.

Bastián y los demás lo siguieron. Bastián estaba bastante satisfecho con lo que había hecho Sergio. Al menos Alina había recibido una bofetada de la persona que le gustaba, pensó.

En otro lugar...

Renata se divertía bastante viendo la locura de Alina.

—Sí, Alina es tonta de verdad —se burló. Ver a Sergio abofeteándola le había dado muchísima satisfacción.

—Señorita, ya llegamos —avisó su chofer.

—Mm —respondió, y bajó del auto.

1
Josefa Villalta
Excelente
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