Para Alejandro Montenegro, su esposa no era más que una chica de pueblo. Nunca imaginó todo lo que ella había dejado atrás por amor.
Durante tres años, ella ocultó su identidad y lo dio todo por él. El día de su cumpleaños, recibió su recompensa: un acuerdo de divorcio. Alejandro quería casarse con la mujer que nunca había olvidado.
Ella se marchó sin aceptar un solo peso.
Pero aquella esposa a la que todos despreciaban era Valeria Duarte, heredera de una de las familias más poderosas del país.
Lejos de los Montenegro, Valeria recupera su nombre, su fortuna y una vida en la que ya no necesita pedir permiso. Mientras sus talentos y secretos salen a la luz, quienes antes la humillaban descubren que se metieron con la mujer equivocada.
Ahora Alejandro quiere recuperarla.
Pero Valeria ya aprendió a vivir sin él. Y esta vez, será él quien tenga que soportar el rechazo.
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Capítulo 9
Capítulo 9
La esposa perfecta era un papel
Valeria conducía con una mano en el volante. En el auto sonaba el aria de la Reina de la Noche, de La flauta mágica, con toda su furia de venganza.
No le preocupaba que Alejandro investigara su identidad.
Lo que no entendía era otra cosa: durante tres años la había tratado como si no existiera. ¿Por qué empezaba a interesarse por ella justo cuando el matrimonio se acababa?
Qué absurdo. Mientras ella lo cuidaba y se preocupaba por él, solo recibía desprecio. Ahora que lo ignoraba, él no dejaba de perseguirla.
Miró el retrovisor y frunció el ceño.
El Lamborghini de Alejandro venía detrás.
—¿Quieres seguirme? Será en otra vida.
Sonrió y pisó el acelerador.
El Bugatti tomó una curva a la izquierda y desapareció en un instante.
—¡No la pierdas!
Alejandro iba en el asiento del copiloto. Andrés conducía con el corazón en la garganta. Nunca había llevado un auto a esa velocidad.
Después de un gran esfuerzo, volvió a distinguir las luces traseras del Bugatti.
Alejandro mantuvo el rostro serio, pero sintió alivio.
—¡Cómo maneja la señora! Ahora entiendo la calcomanía de la tienda de tofu —dijo Andrés.
—¿Qué tienda?
—¡Mire el trasero de la señora!
Alejandro lo fulminó con la mirada.
Andrés empezó a sudar.
—¡El del auto! ¡Quise decir el del auto!
Alejandro se fijó mejor. En la parte de atrás del Bugatti había una calcomanía blanca:
TIENDA DE TOFU FUJIWARA — AE86.
Resultaba curioso verla en un auto semejante.
—¿No sabía que le encanta el anime? —preguntó Andrés—. Sobre todo Initial D. Casi siempre que la veía en la sala, lo estaba mirando. Pensé que era una mujer delicada que apenas sabía valerse por sí misma. ¡Quién lo diría!
Alejandro también se había dejado engañar.
Pero lo que más lo irritaba era que su secretario conociera mejor a su esposa que él.
—¡Está acelerando otra vez!
—¡No la pierdas! ¡O te descuento el sueldo de todo el año!
Alejandro apretó los dientes.
Andrés tenía miedo de perder el sueldo. Pero más miedo tenía de que ambos terminaran muertos.
Valeria tomó dos curvas rápidas y precisas.
El Bugatti desapareció.
—La… la perdimos.
Andrés parecía haberse desinflado.
Alejandro golpeó la ventanilla con el puño. Una vena se le marcó en la sien.
¿Por qué le había ocultado tantas cosas?
¿Quién era realmente Clara Blanco?
* * *
Esa noche, Mateo y Nicolás fueron a la casa de Valeria.
En la amplia cocina abierta, los dos hermanos preparaban la cena: uno cortaba ingredientes y el otro manejaba la sartén.
Valeria jugaba con una paleta de caramelo en la boca y, de vez en cuando, levantaba la vista para disfrutar del espectáculo.
—¡Listo! ¡Atrapé a los cuatro!
Miró su resultado en la pantalla y aplaudió, satisfecha.
Nicolás sonrió.
—No has perdido la práctica, hermanita.
—Soy la mejor cazadora del juego. No se me escapa nadie.
Se había arrodillado sobre la silla y tenía los codos apoyados en la mesa. El palito del caramelo se movía cada vez que hablaba.
—Qué humilde. La próxima vez jugamos juntos y te enseño cómo se hace.
—La última vez te derrotó tan mal que casi borraste tu cuenta —comentó Mateo.
Le acercó un trocito de carne a Valeria y ella lo aceptó.
—¡Eso fue porque nuestro hermano tuvo que salir del juego por una misión! Si no, habríamos ganado —protestó Nicolás.
Mateo se volvió hacia su hermana.
—Ahora voy a cocinar en serio. El humo te hace mal. Ve a esperar a la sala.
A Valeria se le hizo un nudo en la garganta.
No se atrevía a contarles que, pese a su sensibilidad al humo de cocina, había preparado la comida para los Montenegro durante tres años. Se había expuesto al humo todos los días. De tanto usar las sartenes, le habían salido callos en las manos. Con el tiempo, hasta había aprendido a soportarlo.
Si lo supieran, quizá Mateo conservaría algo de misericordia por sus convicciones religiosas. Los otros tres hermanos no dejarían en paz a los Montenegro.
Ella era la niña mimada de los Duarte. Nunca había tenido que encargarse de esas tareas. ¿Cómo habían permitido los Montenegro que terminara sirviéndolos así?
Por suerte, había regresado.
Nunca más iba a rebajarse por un hombre que no la amaría.
Sonó el teléfono de Mateo.
Se secó las manos, lo sacó del delantal y miró a su hermana.
—Vale, otra vez tu ex.
—¡Maldita sea! ¡¿Ya le gustó molestar?!
Valeria se puso roja de rabia. El caramelo se le cayó sobre la mesa.
—¿Qué? ¿Ese descarado te llama seguido? —preguntó Nicolás.
Se sentó junto a su hermana, recogió la paleta y se la llevó a la boca con toda naturalidad.
—No me digas que, desde que los vio juntos en el río, cree que eres su novio.
—Eso parece —respondió Mateo.
—¡¿Qué?! ¡Está ciego!
Mateo, todavía con el delantal puesto, sonrió con ternura.
—¿Por qué? ¿No podría serlo?
—No pareces un novio. ¡Pareces su papá!
Valeria no podía creer que sus hermanos se pusieran a bromear en ese momento.
Dos hermanos y un exmarido. Entre los tres iban a acabar con su paciencia.
—¿Contesto? —preguntó Mateo.
—¡No! —dijo Nicolás.
—¡Sí! —dijo Valeria.
Mateo le hizo caso a su hermana y activó el altavoz.
—Quiero hablar con mi esposa —dijo Alejandro.
Lo dijo con más naturalidad que por la mañana. Casi como si estuviera reclamando algo que le pertenecía.
—¡Pero qué…!
Nicolás estuvo a punto de insultarlo. Valeria le empujó la cabeza hacia la mesa para que se callara.
Mateo respondió con calma:
—Clara ya no es su esposa, señor Montenegro. Ustedes decidieron separarse.
Usó el nombre falso con cuidado, para no revelar la identidad de Valeria.
—Ella sabe que todavía lo es.
La voz de Alejandro heló el ambiente.
Valeria quitó el altavoz y tomó el teléfono.
—Alejandro, me acosas, me persigues con el auto… ¿Qué te pasa?
—Quiero hablar contigo a solas.
Ella fue a una habitación, cerró la puerta y respiró hondo.
—Habla. Estoy ocupada.
—¿Por qué cambiaste de número?
—Porque quiero empezar de nuevo y dejar atrás el pasado.
—Si mi abuelo quiere verte, necesito poder encontrarte. Dame tu número.
Lo exigía como si tuviera todo el derecho.
Valeria sonrió con ironía.
—Es muy fácil encontrarme. Llama al señor Duarte.
—¿Esta es tu forma de vengarte de mí, Clara?
Alejandro hablaba entre dientes.
—Apenas te vas de mi casa y ya estás viviendo con Mateo. Conmigo eras Clara Blanco. ¿Qué nombre vas a usar con él?
—¡Alejandro!
Valeria cerró el puño.
Él soltó una risa amarga.
—Si haces esto para castigarme, eres muy ingenua. ¿Crees que me importa con quién estés? Solo quiero evitarle una decepción a mi abuelo. No quiero que descubra que la mujer a la que tanto aprecia no tiene vergüenza.
Cada palabra le caía a Valeria como un golpe.
—Si quieres hacer lo que te dé la gana, espera hasta después de su cumpleaños. Hasta entonces, compórtate. No quiero que le lleguen rumores.
Valeria no pudo responder.
Colgó.
En la oscuridad, se apoyó contra la pared. Respiró una y otra vez, pero no conseguía calmar el dolor.
¿Por qué seguía doliendo tanto? Se había prometido borrarlo de su vida.
Se frotó los ojos. La decepción le llenó la mirada de lágrimas.
—Alejandro… ¿Cómo puedes pensar eso de mí? Trece años amándote… y todo fue un error.
Que extraño Mateo Duarte quiere ser pastor de una iglesia y Nicolás es Fiscal 🤔🤔🤔❓❓❓