Descripción
La historia comienza con una joven de 20 años que decide independizarse y vivir sola en un apartamento. Lo que no imagina es que allí conocerá a un hombre que carga con un dolor profundo. Su esposa y su pequeño bebé murieron, dejándolo completamente destrozado. Desde aquella tragedia, él cambió por completo: comenzó a beber demasiado, salir de fiesta constantemente y vivir como si nada le importara. La joven pronto descubrirá que detrás de ese hombre fiestero, borracho y aparentemente despreocupado existe alguien que todavía sufre por su pasado. Sin quererlo, ella terminará entrando en su vida y descubriendo su historia.
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Capítulo 18 — Una nueva oportunidad
Narra Eithan
Desde hacía varios días había algo diferente dentro de mí.
Quería cambiar.
Ya no quería seguir tomando hasta perder el conocimiento. Ya no quería pasar las noches de fiesta en fiesta tratando de escapar de mis pensamientos. Ya no quería despertar al otro día con dolor de cabeza, arrepentimiento y llamadas perdidas de mis amigos.
Quería algo distinto.
Quería una vida diferente.
Aquella mañana agarré las llaves del carro y salí del apartamento.
Antes de arrancar, miré el teléfono.
Tenía varias llamadas perdidas.
Mateo.
Santiago.
Julián.
Mis amigos.
También tenía varios mensajes.
“¿Dónde está metido?”
“Esta noche hay fiesta.”
“Eithan, conteste, pues.”
Antes esas invitaciones me habrían alegrado.
Esa mañana, en cambio, bloqueé la pantalla.
—No más —murmuré—. Ya estuvo bueno.
Arranqué el carro.
Mientras manejaba por las calles de Manizales, pensaba en Maidy.
Desde que ella había llegado a mi vida, algo había empezado a cambiar.
No porque ella me obligara.
No porque me dijera que tenía que convertirme en otra persona.
Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, yo quería hacerlo por mí mismo.
Quería ser un hombre del que ella pudiera sentirse orgullosa.
Quería tener un trabajo.
Una rutina.
Llegar a casa sin olor a guaro.
Poder decirle que había tenido un buen día.
Mientras avanzaba por una avenida, vi un letrero grande frente a una construcción.
“SE NECESITA INGENIERO CIVIL.”
Frené lentamente.
Miré el letrero otra vez.
—Ingeniero civil...
Me quedé pensando.
Yo había estudiado aquella carrera.
Me había graduado.
Pero después de lo que pasó con Domenica y mi hija, había dejado prácticamente todo de lado.
Había tenido oportunidades.
Buenos trabajos.
Proyectos.
Pero no quería hacer nada.
Solo quería salir.
Tomar.
Olvidar.
Ahora, por primera vez, sentía ganas de volver a trabajar.
Estacioné cerca y bajé del carro.
Entré a la construcción.
Un hombre que parecía ser el encargado se acercó.
—Buenos días.
—Buenos días.
—¿Busca a alguien?
Señalé el letrero.
—Vi que necesitan un ingeniero civil.
—Sí, señor. Estamos buscando uno.
—Yo soy ingeniero civil.
El hombre me miró de arriba abajo.
—¿Tiene experiencia?
—Sí.
Le expliqué dónde había trabajado anteriormente y le mostré algunos documentos que llevaba en el celular.
El hombre los revisó.
—¿Está trabajando actualmente?
—No.
—¿Y por qué quiere volver a trabajar?
Me quedé callado un segundo.
No podía explicarle toda mi vida.
—Porque quiero empezar de nuevo.
El hombre levantó la mirada.
—¿Cuándo podría empezar?
—Cuando usted diga.
Sonrió.
—Me gusta esa respuesta.
Me hizo algunas preguntas sobre estructuras, planos, materiales y supervisión de obra.
Respondí todo lo que pude.
Después de unos minutos, se cruzó de brazos.
—Mire, Eithan, estamos buscando una persona que sepa lo que hace y que sea responsable.
—Lo soy.
—El puesto es exigente.
—No tengo problema.
—Y necesitamos que empiece pronto.
—Puedo empezar mañana.
El hombre sonrió.
—Entonces queda contratado.
Me quedé completamente quieto.
—¿En serio?
—Sí.
—¿No necesita pensarlo?
—Ya lo pensé.
Extendió la mano.
—Bienvenido al equipo.
Le estreché la mano.
—Muchas gracias.
Salí de la construcción con una sensación que hacía años no sentía.
Orgullo.
Me subí al carro y me quedé unos segundos sentado.
Miré mis manos.
—Tengo trabajo...
Sonreí.
Inmediatamente pensé en Maidy.
Saqué el teléfono y le escribí.
Eithan: ¿Qué haces, hermosa?
La respuesta llegó poco después.
Maidy: Terminando unas cosas de la universidad. ¿Por qué?
Sonreí.
Eithan: Porque tengo algo que contarte.
Maidy: ¿Qué pasó?
Decidí llamarla.
—Hola —respondió.
—Hola, hermosa.
—¿Qué pasó?
—Conseguí trabajo.
Hubo silencio.
—¿Qué?
—Conseguí trabajo.
Escuché su voz emocionada.
—¡Eithan!
Me reí.
—Sí.
—¡Estoy orgullosa de ti!
Sentí un nudo en la garganta.
—Gracias.
—¿Dónde?
—En una constructora. Como ingeniero civil.
—¡Eso es increíble!
—Quiero cambiar, Maidy.
Su voz se volvió más suave.
—Ya lo estás haciendo.
Miré por el parabrisas.
—No quiero volver a ser el hombre que era.
—Entonces no vuelvas.
—Quiero hacer las cosas bien.
—Y las vas a hacer.
Sonreí.
—Te quiero.
Hubo unos segundos de silencio.
Después escuché su voz.
—Yo también te quiero.
Colgué el teléfono y me quedé sonriendo.
Mis amigos podían seguir llamando.
Las fiestas podían continuar.
El alcohol podía seguir esperando.
Pero yo ya había tomado una decisión.
Quería trabajar.
Quería vivir.
Quería estar con Maidy.
Y, por primera vez desde la muerte de Domenica y mi hija, sentía que quizá todavía podía construir algo nuevo con las partes que me quedaban.
Tal vez no podía cambiar el pasado.
Pero sí podía decidir qué hacer con mi futuro.