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Un contrato con el presidente

Un contrato con el presidente

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Amor en la madurez / Completas
Popularitas:558
Nilai: 5
nombre de autor: Mary Mendes

Bella Lombardi siempre supo que ser hija de un capo de la mafia tendría consecuencias. Lo que nunca imaginó fue que el precio de su libertad sería un matrimonio con el hombre más poderoso del país.

Ricardo Colombo, presidente reelegido y viudo desde hace años, necesita una esposa para silenciar un escándalo que amenaza con destruir su carrera política. Bella necesita escapar del yugo de su familia. La solución: un contrato frío, cuatro años de matrimonio fingido y la promesa de que ninguno de los dos cruzaría la línea.

Pero las reglas se rompen cuando los silencios se vuelven cómplices, las miradas empiezan a decir lo que las palabras callan, y un beso que debería haber sido actuación se convierte en el punto de no retorno.

Entre el deber y el deseo, entre el palacio presidencial y los secretos de la Cosa Nostra, Bella y Ricardo descubrirán que el amor no pide permiso — ni siquiera cuando hay un contrato de por medio.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16 — La promesa

Ricardo

El Don de la Cosa Nostra vino en persona a mi despacho. Salvatore Lombardi.

Intentó negociar a Bella como si fuera un objeto, una mercancía cualquiera.

Pero fui categórico.

—Bella es una persona, no un objeto que yo les quité. Ella vino a mí por voluntad propia. Y no voy a renunciar a mi mujer por un capricho de su padre.

Salvatore esboza una media sonrisa.

—Por eso me agradas, Ricardo.

Hace una breve pausa antes de continuar.

—Solo no te cruces otra vez con Mateo. Quiere desollarte vivo.

Salvatore se levanta, se alisa el saco y camina hasta la puerta.

—Hasta la boda. Va a ser bueno estrechar nuestros lazos más allá de la política.

Solo hago un gesto con la cabeza mientras lo veo salir.

El resto del día pasa cargado de reuniones, firmas y decisiones. Ni salgo del despacho. Hago todas las comidas ahí mismo, entre un documento y otro.

Cuando me doy cuenta, el cielo ya está completamente oscuro.

La puerta se abre y Guilhermo entra sin pedir permiso. Cierra mi laptop antes de que pueda protestar.

—Basta por hoy. Ya eres prácticamente un hombre casado. La primera dama está sola desde temprano. Vete a casa.

Me río.

—Viejo maldito.

Él curva los labios, completamente satisfecho.

—Un día todavía vas a agradecerme por esto.

Sacudo la cabeza, tomo mi saco y me dirijo a casa. Por primera vez en mucho tiempo, había alguien esperándome.

En cuanto abro la puerta, me recibe el silencio. Aun así, el ático está lejos de parecer vacío. El perfume de Bella se apoderó de cada rincón, como si su presencia siguiera ahí, esperándome.

Sigo hasta la habitación y la encuentro profundamente dormida.

Es hermosa. Eso es indiscutible.

Me acerco a la cama en silencio. Mis ojos recorren su rostro con atención, observando cada rasgo delicado, hasta descender lentamente por su cuerpo.

Entonces, mi cuerpo entero se paraliza.

En el brazo de ella hay un hematoma grande, amoratado.

Marcas nítidas de dedos.

La mandíbula se me tensa en el mismo instante. Siento la rabia subir quemando por dentro mientras contemplo esas marcas. Nadie sujeta a alguien de esa manera sin la intención de lastimar.

En la mañana, ella llevaba chaqueta.

Ahora lo entiendo.

No era solo timidez o incomodidad. Era miedo.

Fue el maldito de su padre quien hizo esto.

Es por eso que Bella escogía cada palabra con tanto cuidado. Por eso sus ojos cargaban tanto recelo. Ese cobarde la lastimó ayer.

Aprieto los puños y camino hasta la ventana. Apoyo la frente en el vidrio frío y respiro hondo, intentando controlar la furia que crece dentro de mí.

Lo que quiero es ir detrás de Mateo ahora mismo.

Estoy en contra de la violencia.

Pero le tengo horror a la cobardía.

Lastimar a su propia hija... eso no tiene perdón.

Después de algunos minutos, sigo hacia el baño. Me doy una ducha larga, dejando que el agua se lleve parte de la rabia. Me pongo solo un pantalón de franela y vuelvo a la habitación.

Me acuesto a su lado.

Permanezco en silencio, contemplando su rostro sereno. Mi mano se mueve casi por voluntad propia y roza levemente su cabello. En el instante en que Bella se mueve, retiro la mano de inmediato. Ella solo exhala un suspiro suave y sigue durmiendo.

Me volteo de espaldas hacia ella y cierro los ojos.

—Es solo un contrato, Ricardo... —murmuro para mí mismo, como si repetir esas palabras bastara para convencer a mi propio corazón.

En algún momento de la madrugada, siento el peso de su cuerpo contra el mío.

Bella se acerca instintivamente, jalando el edredón hacia ella. La habitación está fría.

Sin pensar, acorto la distancia entre nosotros y la envuelvo con cuidado, solo lo suficiente para compartir el calor de mi cuerpo con el de ella.

Ella deja escapar un suspiro quedo y se relaja en mis brazos, todavía sumergida en el sueño.

Por un instante, olvido el contrato.

Olvido las cláusulas, las reglas y todo lo que me prometí a mí mismo.

En ese momento, solo existe Bella.

Y, por primera vez en mucho tiempo, todo lo que quiero es protegerla... y sentir que está segura a mi lado.

Despierto horas después con el toque insistente del despertador.

Bella refunfuña, todavía soñolienta.

—Apaga eso...

Hasta lo intentaría, pero hay un pequeño problema.

Ella está completamente recostada sobre mí.

La cabeza reposa en mi pecho. Uno de sus brazos rodea mi cintura, mientras las dos piernas permanecen enredadas con las mías.

Contengo la respiración por un instante.

Con cierto esfuerzo, estiro el brazo y logro alcanzar el celular en la mesa de noche. Apago el despertador antes de que siga sonando.

La habitación vuelve a quedar en silencio.

Por el cambio en la respiración de Bella, noto que ya despertó. Permanece inmóvil unos segundos, como si todavía no se hubiera dado cuenta de la posición en la que estamos.

Poco a poco, levanta la cabeza. Sus ojos encuentran los míos por un breve instante. Entonces, visiblemente avergonzada, deshace el abrazo, retira las piernas de encima de mí y se aparta.

En cuanto se quita de encima, suelto el aire lentamente.

—Gracias a Dios... —murmuro bajito, más para mí mismo que para ella.

Mi verga está dura, seguro ella la sintió.

—Buenos días, Bella.

Bella se sienta en la cama y refunfuña.

—Buenos días. —La voz soñolienta.

Una sonrisa discreta se me escapa de los labios. Definitivamente no es una persona madrugadora.

También me siento en la cama, pero la ligereza del momento desaparece en cuanto mis ojos caen de nuevo en su brazo.

El hematoma sigue ahí.

Mi mirada se endurece.

Señalo la marca.

—¿Fue Mateo?

Bella se lleva la mano al propio brazo por instinto, como si apenas ahora se diera cuenta de que había olvidado esconderla. Su cuerpo se pone rígido. Baja los ojos.

El silencio se extiende un segundo más de lo que debería.

—Fue... sí.

Suelto el aire despacio por la nariz, controlando la rabia que sube caliente e inmediata. No levanto la voz. No necesito hacerlo.

Solo inclino un poco la cabeza, encarándola de verdad ahora.

—Nunca más va a ponerte una mano encima.

Es una promesa.

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