NovelToon NovelToon
Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencuentro / Amor eterno
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: vicki hernandez

Una mujer que dice no ama a su esposo. Pero se queda cada día odia menos a su esposo y ve que pueden ser un matrimonio con amor

Un hombre enamorado de su esposa feliz de que su sueño se volvió realidad aunque sabe que su esposa lo odia fingiendo cuando hay invitados o salen como la pareja perfecta, pero luego se da cuenta que su esposa se empieza enamorar de él.

NovelToon tiene autorización de vicki hernandez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

A solas

LUNA

Luna Bianchi era una mujer conocida.

Su nombre aparecía constantemente en revistas, eventos de sociedad y publicaciones relacionadas con las familias más importantes de la ciudad.

Y había algo que todos sabían sobre ella.

Luna jamás había protagonizado un escándalo.

Nunca había sido fotografiada en una situación comprometedora.

Nunca había tenido una pelea pública.

Nunca había dado motivos para que los periodistas hablaran mal de ella.

Su padre le había enseñado desde pequeña que tener poder no significaba utilizarlo para humillar a los demás.

Que una persona verdaderamente fuerte no necesitaba gritar para hacerse escuchar.

Y, sobre todo, le había enseñado que defender a alguien no siempre significaba lanzar el primer golpe.

A veces bastaba con elegir las palabras correctas.

Pero aquella noche, Camila había cruzado una línea.

No solamente había humillado a Mateo.

Había intentado hacerlo frente a toda su familia.

Y Luna no iba a permitirlo.

De vez en cuando, mientras continuaban cenando, Luna miraba discretamente hacia la mesa donde Camila se encontraba con sus amigas.

La mujer parecía estar completamente tranquila.

Reía.

Hablaba.

Incluso mostraba fotografías en su teléfono.

Como si no acabara de intentar abrir una herida que llevaba dos años cerrándose.

Luna apretó ligeramente los labios.

Después de unos minutos, vio a Camila levantarse.

La mujer tomó su bolso y caminó hacia el pasillo que conducía a los baños.

Luna esperó unos segundos.

Miró a sus hermanos.

Mateo estaba intentando comportarse como si nada hubiera ocurrido.

Pero ella lo conocía.

Sabía que estaba afectado.

Luna se levantó.

—En un momento vengo.

Santiago levantó la mirada.

—Claro, pequeña.

Luna caminó hacia el mismo pasillo.

No necesitaba decir a dónde iba.

Sus hermanos probablemente lo supieron.

Y ninguno intentó detenerla.

LUNA

El restaurante estaba lleno.

Era uno de los lugares tradicionales de la familia y uno de los más populares de la ciudad.

Luna entró al baño unos segundos después de Camila.

Antes de avanzar, miró alrededor.

No había nadie más.

Camila estaba frente al espejo retocándose el labial.

Luna caminó hacia ella.

Camila la vio por el reflejo.

Sonrió.

—Hola, Lunita. ¿Cómo estás?

Luna cerró la puerta.

—Ya deja de comportarte como si las dos nos lleváramos bien.

La sonrisa de Camila desapareció ligeramente.

Era cierto.

Luna y Camila nunca se habían llevado bien.

Nunca habían sido amigas.

Nunca habían tenido una relación cercana.

Y probablemente jamás la tendrían.

—Ya viene la princesita a defender a su hermanito —dijo Camila con una sonrisa burlona—. ¿No puede defenderse solo?

Luna cruzó los brazos.

—No.

Camila levantó una ceja.

—¿No?

—No vine a defenderlo.

—Entonces, ¿qué quieres?

—Vine a decirte que Mateo rechaza tu invitación para la boda.

Camila se quedó mirándola.

—¿Por qué?

—Porque está ocupado.

—¿Ocupado?

—Sí.

Luna sonrió con calma.

—Ayudándome a organizar mi boda.

Camila soltó una pequeña risa.

—¿Tu boda?

—Sí.

—La famosa boda del año.

Luna sostuvo su mirada.

—La más esperada por la sociedad.

Camila se acercó un poco al espejo.

—Oh...

Tomó nuevamente el labial.

—Entonces no quiere ver cómo otro hombre le quitó lo que era suyo.

Luna no respondió inmediatamente.

Simplemente la observó.

—¿Sabes qué sería una mujer que no sabe valorar a un hombre que lo da todo por su familia?

Camila la miró.

—¿Qué?

—Tú.

Camila frunció el ceño.

Luna continuó.

—Mateo te ayudó a pagar tu último año de universidad.

El rostro de Camila cambió ligeramente.

—Eso no fue...

—También pagó parte de los estudios médicos que necesitaba tu madre.

Camila guardó silencio.

—Y cuando tú necesitabas algo, él estaba ahí.

Luna dio un paso hacia ella.

—Nunca te hizo sentir que le debías algo.

—Yo no le pedí que hiciera todo eso.

—No.

Luna asintió.

—Pero lo hizo porque estaba enamorado de ti.

Camila se quedó callada.

Por primera vez desde que había entrado al baño, no tenía una respuesta preparada.

Luna ladeó ligeramente la cabeza.

—¿Qué pasó, Camila? ¿Te comió el ratón la boca?

Camila la miró confundida.

—¿Tú cómo sabes eso?

—Mi hermano me lo contó.

Luna suspiró.

—Sabes, él estaba realmente enamorado de ti.

Camila sonrió.

—¿Estaba?

—Sí.

La palabra salió con absoluta seguridad.

—¿Cómo que estaba?

Luna sonrió.

—Que ya no.

Camila dejó el labial sobre el lavabo.

—Eso es mentira.

—No.

—Mateo todavía me quiere.

—No, Camila.

Luna negó lentamente con la cabeza.

—Mateo te quiso durante mucho tiempo. Pero una cosa es amar a alguien y otra muy diferente es querer volver con esa persona.

Camila cruzó los brazos.

—¿Y quién es la mujer que supuestamente consiguió que me olvidara?

Luna levantó una ceja.

—Tiene una asistente.

—¿Y?

—Muy guapa.

Camila soltó una carcajada.

—No hay ninguna mujer más guapa que yo.

Luna sonrió.

—Entonces ese dato está equivocado.

Camila entrecerró los ojos.

—¿Qué quieres decir?

—Que no sé si sin tantas cirugías te consideraría algo guapa.

Camila abrió la boca.

—Pero ella es completamente natural.

Luna se encogió de hombros.

—Y lo natural no siempre necesita competir con lo artificial.

—¡No soy artificial!

—No dije que lo fueras.

—Acabas de decirlo.

—Tú sola te identificaste.

Camila apretó los dientes.

—Mira, niñita, ¿no te enseñaron a respetar a tus mayores?

Luna soltó una pequeña risa.

—Sí me enseñaron.

Su sonrisa desapareció.

—Pero también me enseñaron que el respeto se gana.

Camila la miró fijamente.

—Eres una niña malcriada.

—Puede ser.

Luna no retrocedió.

—Pero al menos no necesito humillar a alguien para sentirme superior.

El silencio llenó el baño.

Camila apretó los labios.

—Ay, Lunita...

Se apoyó contra el lavabo.

—Tú y yo sabemos que tu hermano jamás me dio lo que yo quería.

Luna la observó.

—¿Y qué querías?

Camila no respondió inmediatamente.

Luna continuó.

—¿Más dinero?

Camila guardó silencio.

—¿Más regalos?

Nada.

—¿O querías que Mateo dejara de estar con su familia casi todo el tiempo?

Camila levantó la mirada.

—Siempre estaba trabajando.

—Sí.

Luna asintió.

—Porque es trabajador.

—Demasiado.

—Y tú sabías cómo era desde el principio.

Camila se encogió de hombros.

—Él siempre estaba ocupado.

—Y tú lo alejaste todavía más de su familia.

Camila soltó una pequeña risa.

—¿Y?

Luna respiró profundamente.

Recordó a Mateo.

El hombre que había vuelto a casa aquella noche con los ojos vacíos.

El hermano que durante semanas apenas hablaba.

El mismo hombre que dejó de salir con mujeres.

El que había convertido el trabajo en una manera de mantenerse ocupado para no pensar.

Y recordó también algo que su padre le había enseñado.

No necesitas gritar para que alguien entienda que cruzó un límite.

Luna se acercó un poco más.

—Mira, te lo voy a decir de la manera más amable posible.

Camila la miró.

—Aléjate de mi familia.

La sonrisa de Camila desapareció.

—¿Perdón?

—De mi hermano.

Luna mantuvo la mirada firme.

—Aléjate de Mateo.

—No puedes decirme qué hacer.

—No.

Luna negó con la cabeza.

—Pero puedo decirte que lo perdiste.

Camila se quedó inmóvil.

—Y lo perdiste para siempre.

Las palabras fueron tranquilas.

Sin gritos.

Sin insultos.

Sin amenazas.

Pero precisamente por eso dolieron más.

Camila apretó el labial entre sus dedos.

—Él volverá.

Luna sonrió.

—No.

—Tú no sabes eso.

—Sí lo sé.

—¿Cómo?

—Porque conozco a mi hermano.

Luna abrió la puerta.

Antes de salir, miró una última vez a Camila.

—Y tú no.

Camila se quedó sola frente al espejo.

Su respiración se hizo más pesada.

Miró el labial que tenía en la mano.

Lo apretó con tanta fuerza que el envase terminó rompiéndose.

El labial quedó completamente aplastado entre sus dedos.

LUNA

Cuando Luna regresó a la mesa, llevaba una enorme sonrisa.

Gael fue el primero en verla.

—Te tardaste un poco.

Luna se sentó nuevamente.

—Había algo de gente.

Y no era mentira.

El restaurante estaba lleno.

Era uno de los lugares más concurridos de la ciudad.

Santiago la miró durante unos segundos.

—¿Todo bien?

Luna tomó su copa.

—Perfectamente.

Benjamín observó su expresión.

Él sabía que esa sonrisa significaba que Luna había hecho exactamente lo que quería hacer.

No preguntó.

Solo sonrió.

Mateo, en cambio, la miró con cierta curiosidad.

—¿Dónde estabas?

Luna lo miró.

—Por ahí.

Mateo levantó una ceja.

—Eso no responde mi pregunta.

Luna sonrió.

—No necesitas saberlo.

Mateo soltó una pequeña risa.

—Está bien.

Y entonces Luna tomó su mano debajo de la mesa.

Mateo bajó la mirada.

Ella la apretó.

No necesitaba explicarle nada.

No necesitaba decirle que había hablado con Camila.

Solo quería que supiera que no estaba solo.

Mateo apretó suavemente su mano de regreso.

—Gracias —susurró.

Luna sonrió.

—Siempre.

Aquella noche, mientras regresaban a casa, Luna se quedó mirando por la ventana.

Pensó en lo ocurrido.

En Camila.

En Mateo.

En sus hermanos.

Y recordó algo que su padre le había enseñado muchos años atrás.

Gabriel siempre decía que la verdadera fuerza no estaba en ser capaz de destruir a alguien.

Estaba en saber cuándo hablar.

Cuándo guardar silencio.

Cuándo defender a los tuyos.

Y cuándo simplemente poner un límite.

Luna sonrió.

Se sentía orgullosa.

No solamente de ella misma.

También de su padre.

Porque aquella noche había utilizado una de las lecciones que él le había enseñado.

Y había defendido a uno de los hombres que más veces había hecho lo mismo por ella.

Mateo había sido quien se interponía cuando alguien intentaba lastimarla.

Había sido quien la acompañaba cuando tenía miedo.

Quien la cuidaba cuando enfermaba.

Quien se metía en problemas por protegerla.

Y ahora le había tocado a ella.

Luna cerró los ojos durante unos segundos.

Tal vez su padre tenía razón.

No siempre había que pelear para ganar.

A veces bastaba con demostrarle a alguien que ya no tenía poder sobre ti.

Y aquella noche, Luna esperaba que Mateo entendiera una cosa:

Camila podía haber sido parte de su pasado.

Pero ya no tenía derecho a formar parte de su futuro.

Mientras la camioneta avanzaba por las calles iluminadas de la ciudad, Luna miró a sus hermanos.

Los seis estaban juntos.

Y por un momento olvidó todo lo demás.

La boda.

Thiago.

Las apariencias.

El futuro.

Solo pensó en ellos.

Su familia.

Sus hermanos.

Su hogar.

Y sonrió.

Porque, aunque todos la llamaran la princesa de los Bianchi...

ella sabía perfectamente quiénes eran sus verdaderos guardianes.

Sus cinco hermanos.

Y aquella noche, por primera vez en mucho tiempo, ella había podido devolverles un poco de todo lo que ellos habían hecho por ella.

1
Graciela Maldonado
lo odia pero lo ama 🥰🥰
Graciela Maldonado
está muy interesante ya quiero saber el final 👏
Graciela Maldonado
🥰
Graciela Maldonado
es muy interesante muero por saberlo que viene después.
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play