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El Precio De Tu Engaño

El Precio De Tu Engaño

Status: En proceso
Genre:Romance / Amante arrepentido / Embarazo no planeado
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Helena De la Vega está dispuesta a todo con tal de no presenciar el día más infeliz de su vida: la boda del hombre que ama con su propia hermana. Desesperada y sin medir las consecuencias, recurre a Leonardo de la Torre, su leal amigo de la infancia y el único hombre con el poder suficiente para desatar una tormenta de celos.
El trato es simple: fingir un romance apasionado frente a las cámaras de la alta sociedad.

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Capitulo 18

La mansión de la familia De la Vega respiraba una atmósfera irreal. Faltaban menos de doce horas para la ceremonia que uniría a Victoria y Mateo, pero los pasillos estaban sumidos en un silencio tenso, cargado de expectativas no dichas. Los arreglos de orquídeas blancas y las luces tenue que decoraban los jardines traseros proyectaban sombras largas sobre la galería, donde el viento de la noche hacía susurrar las hojas de los cipreses.

Helena caminaba despacio por el balcón de la segunda planta, luciendo un camisón de seda ajustado en tono marfil que se ceñía a sus curvas y dejaba sus hombros al descubierto. Había regresado de la montaña esa misma tarde en el automóvil de Leonardo, atrapada en una tregua silenciosa pero abrasadora. Las marcas invisibles de las manos de Leonardo en su piel aún le quemaban el cuerpo, un recordatorio constante de que la huida había sido solo un espejismo.

Un crujido sobre las losas de piedra del balcón la obligó a girarse.

Entre las sombras de los arcos de piedra emergió Mateo. Tenía la corbata desatada colgando del cuello de la camisa blanca, despeinado y con los ojos Inyectados en sangre. El olor a whisky lo precedía a un par de metros de distancia. Se veía patético, deshecho por el insomnio y la presión que lo devoraba desde adentro.

—Helena... —susurró él, dando pasos precipitados hacia ella.

Helena se cruzó de brazos, sintiendo cómo una corriente de aire frío le erizaba la piel.

—¿Qué estás haciendo aquí, Mateo? —ordenó en un hilo de voz helado—. Si alguien te ve en esta planta a estas horas, Victoria va a...

—¡Me importa un demonio Victoria! —estalló él en un siseo desesperado, acortando la distancia hasta quedar a un paso de ella. Intentó tomarla de los hombros, pero Helena dio un paso atrás con fluidez, esquivando el contacto—. No puedo hacer esto, Helena. No puedo caminar hacia ese altar mañana sabiendo que me estoy vendiendo por las deudas de mi padre.

Helena lo miró con una frialdad nueva, casi clínica. Recordó los documentos que había leído en el despacho de Leonardo: la bancarrota inminente de la familia de Mateo, los negocios turbios y la forma en que él había aceptado el acuerdo con Victoria como una tabla de salvación cobarde.

—Tú elegiste este camino, Mateo —dijo ella, manteniendo la voz firme—. Tú decidiste comprometerte con mi hermana cuando las cosas se pusieron difíciles.

—¡Lo hice porque estaba acorralado! —suplicó él, con los ojos llenos de lágrimas de impotencia. Dio otro paso adelante, uniendo las manos en un gesto de súplica que a Helena le pareció lamentable—. Pero todavía estamos a tiempo. Huyamos juntos tonight. Mi coche está aparcado al final de la finca. Dejemos esta locura, dejemos a Leonardo y a Victoria. Podemos irnos al sur, empezar de nuevo...

Helena parpadeó, incrédula ante lo que estaba escuchando.

—¿Huir? —repetió ella, con una risa amarga escapándose de sus labios—. ¿La noche antes de la boda con mi hermana? ¿Quieres que arruine mi vida y la de mi familia para salir corriendo con un hombre que no fue capaz de defenderme hace dos años?

—¡Te amo, Helena! —insistió Mateo, intentando desesperadamente convencerla. Extendió la mano y logró rozarle la muñeca—. Leonardo es un monstruo. Te está usando, te tiene acorralada económicamente. Sé que le tienes miedo...

—No le tengo miedo —lo cortó Helena, tirando de su brazo para liberarse de su agarre.

Al pronunciar aquellas palabras, una revelación devastadora la atravesó como un rayo. Miró a Mateo a los ojos y, por primera vez en meses, lo vio sin el filtro del resentimiento o la nostalgia. Frente a ella no había un príncipe trágico ni un amor del pasado que rescatar; solo había un chico débil, manipulable, un hombre que se doblaba al menor soplo de viento y que buscaba en ella un salvavidas para no asumir las consecuencias de sus propios errores.

El contraste con Leonardo de la Torre era abismal.

Leonardo era la tormenta, el peligro, la sombra implacable que no pedía permiso ni buscaba excusas. Leonardo la había acorralado, sí, pero lo había hecho dando la cara, demostrando una fuerza, una devoción y una pasión tan voraces que convertían cualquier intento de huida de Mateo en una broma patética. Donde Mateo ofrecía una fuga cobarde a oscuras, Leonardo ofrecía un imperio y una posesión ardiente de la que era imposible escapar.

—Eres un cobarde, Mateo —dijo Helena, la voz llena de una lástima que le dolió a él más que cualquier insulto—. Estás buscando que yo tome la decisión que tú no tienes los pantalones de tomar. Quieres que sea yo la que destruya la boda para que tú quedes como la víctima.

Mateo palideció, la sorpresa y la humillación cruzando su rostro.

—Helena, por favor...

—Vete a tu habitación —ordenó ella, dando un paso firme hacia él, acorralándolo a él esta vez con la pura fuerza de su mirada—. Y mañana te pones ese traje y te casas con mi hermana. Porque si intentas cancelar la boda o si te vuelves a acercar a mí, seré yo misma la que le entregue a la prensa los informes financieros de tu padre.

Mateo dio dos pasos atrás, tambaleándose como si le hubieran propinado un golpe físico. La miró con una mezcla de miedo y desconcierto, dándose cuenta de que la mujer que tenía enfrente ya no era la chica impulsiva que había intentado hacerle celos. Helena había sido moldeada, reclamada y consumida por la presencia de Leonardo.

Sin decir una palabra más, el ex dio la vuelta y se alejó en silencio por la galería, desapareciendo en la penumbra como un fantasma derrotado.

Helena dejó escapar un largo suspiro, apoyando las manos en la balaustrada de piedra del balcón. El corazón le latía a un ritmo acelerado, no por la huida que Mateo le había propuesto, sino por la aterradora claridad de sus propios sentimientos. Había tenido la oportunidad perfecta para escapar, para romper la jaula de oro, y la había rechazado sin dudarlo un segundo.

—Una decisión muy sabia, dulce Helena.

La voz de terciopelo y sombra emergió desde la oscuridad del arco contiguo.

Helena no saltó del susto. De alguna manera, en lo más profundo de su ser, sabía que él estaba allí, observando cada movimiento desde las sombras.

Leonardo salió a la luz de la luna. Llevaba los pantalones de un traje oscuro y una camisa negra desabrochada en el pecho, las mangas arremangadas revelando la musculatura firme de sus brazos. La mirada gris de él brillaba con una satisfacción posesiva y devoradora que hizo que el vientre de Helena se contrajera en una oleada de calor instantáneo.

—¿Llevas mucho tiempo ahí? —preguntó ella, intentando mantener la voz serena mientras él caminaba lentamente hacia ella.

—El tiempo suficiente para ver cómo destrozabas los últimos restos del corazón de ese imbécil —murmuró él, deteniéndose justo detrás de ella.

Leonardo no la tocó de inmediato, pero la cercanía de su cuerpo emanaba una temperatura que traspasaba la fina seda de su camisón. Su aliento cálido rozó la nuca de Helena, erizándole la piel de todo el cuerpo.

—Podrías haberte ido con él —continuó Leonardo en un susurro ronco, bajando las manos hasta posarlas en las caderas de ella, apretándola suavemente contra su frente—. Era tu oportunidad de libertad.

Helena echó la cabeza hacia atrás, apoyándose contra el firme pecho de Leonardo. Cerró los ojos, entregándose al contacto abrasador de sus manos que comenzaban a subir por las curvas de su cintura.

—Él es demasiado débil, Leo —confesó ella en un hilo de voz, dejando que la verdad al fin saliera a la luz—. Y yo ya le pertenezco a un monstruo.

Una sonrisa oscura y victoriosa se dibujó en los labios de Leonardo contra su cuello. Sus dedos se clavaron con suavidad y firmeza en la piel de Helena, tirando de ella hacia atrás mientras sus bocas se buscaban en la penumbra de la víspera de la boda, sellando un pacto silencioso donde la víctima finalmente abrazaba su destino.

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Arcadia Med Caudillo
no me gustó el final😭
Arcadia Med Caudillo
no entiendo como es posible que terminarán su matrimonio por esconder su embarazo donde está el amor qué Leonardo decía tenerle 😭
oscarlys cuero sebastian
va muy linda e interesante está novela me está gustando 🥰
Kookie: gracias por tu comentario❤️
total 1 replies
Yudith flores
Chanfle las letras pequeñas 🫣🫣 ahora pe....
Kayra Villavicencio
Eso pasa por no leer las letras chicas
Kayra Villavicencio
😳🫣🤨
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