Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 18
La noche parecía eterna para Camila. Desde que Rafael había colgado el teléfono, no había podido dormir. Daba vueltas en la cama, con Yogo acurrucado a su lado, mientras su mente repasaba una y otra vez la conversación. Tanto Fernando como Rubén tenían el mismo tatuaje, aunque en diferentes lugares. Eso confirmaba que ambos estaban involucrados, que no eran solo cómplices, sino que compartían un vínculo más profundo, casi como una hermandad macabra.
—Son una fraternidad del mal
susurró Camila en la oscuridad
—Una hermandad de monstruos.
Al día siguiente, Rafael llegó temprano a casa de Camila. Tenía ojeras y el rostro cansado, pero sus ojos brillaban con determinación.
—No pude dormir
admitió, sentándose en el sofá
—No puedo dejar de pensar en lo que vimos. Fernando y Rubén tienen el mismo tatuaje. Eso significa que están unidos por algo más que la amistad.
—Son socios
dijo Camila
—Cómplices en todo sentido.
—Y Tadeo no tiene el tatuaje
añadió Rafael
—Eso significa que no está en el mismo nivel que ellos. Tal vez solo sea un seguidor, alguien que hace lo que le dicen por miedo o conveniencia.
—O tal vez no ha pasado la prueba
dijo Camila
—Quizás el tatuaje es una especie de ritual, algo que se ganan después de... después de cometer un crimen.
Rafael sintió que el estómago se le revolvía.
—Dios, Camila. Tienes razón. Es como una marca de pertenencia. Un símbolo de que han hecho cosas horribles.
—Luisa dijo que el tatuaje era grande, sobre el corazón
recordó Camila
—Rubén lo tiene en el brazo. Eso significa que Fernando es el líder, el que ha estado en esto por más tiempo. Rubén es su aprendiz, su secuaz.
—Y Tadeo es el que está en la periferia
concluyó Rafael
—El que aún no ha sido completamente iniciado.
Camila se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro.
—Tenemos que presionar a Rubén. Es el eslabón más débil. Si logramos que confiese, tendremos todo lo que necesitamos.
—No será fácil
dijo Rafael
—Rubén tiene miedo. Miedo de Fernando, miedo de lo que pueda pasar si habla. Y ahora sabemos que también tiene el tatuaje, lo que significa que está más involucrado de lo que pensábamos.
—Pero también sabemos que tiene una hermana
dijo Camila
—Ana. Si logramos encontrarla, tal vez ella pueda ayudarnos a convencerlo.
Rafael asintió.
—Richard está investigando su paradero. Pero no ha tenido suerte. Ana desapareció después del ataque. Nadie sabe dónde está.
—O alguien lo sabe y no quiere hablar
dijo Camila.
Esa tarde, Rafael contactó a Richard para darle la nueva información sobre el tatuaje. El investigador, que estaba en su oficina revisando expedientes, escuchó atentamente.
—Eso cambia todo, señor Larreal
dijo Richard
—Si ambos tienen el mismo tatuaje, es una prueba de que están conectados. Y si Tadeo no lo tiene, podría ser nuestro mejor testigo.
—¿Por qué?
—Porque Tadeo es el más débil
explicó Richard
—Si le ofrecemos un trato, que lo exima de responsabilidad penal a cambio de su testimonio, podría hablar. Y si habla, tendremos una confesión directa.
Rafael sintió una chispa de esperanza.
—¿Crees que acepte?
—No lo sé
admitió Richard
—Pero podemos intentarlo. Necesito que me consigan una reunión con él, a solas. Sin Fernando, sin Rubén. Solo Tadeo.
—Voy a ver cómo hacerlo
dijo Rafael.
Mientras tanto, Camila había ido a trabajar a la escuela donde se encontro con Norma. Necesitaba desahogarse con su amiga, compartirle los nuevos descubrimientos y planear los siguientes pasos.
—Tienen el mismo tatuaje
dijo Camila, en voz baja, mientras caminaban por el patio
—Fernando en el pecho, Rubén en el brazo. Es una marca.
Norma frunció el ceño.
—¿Y Tadeo?
—No tiene
respondió Camila
—Y eso puede ser nuestra ventaja.
—¿Vas a intentar que hable?
—Rafael está planeando una reunión con él. Richard cree que podríamos ofrecerle un trato.
Norma asintió lentamente.
—Es arriesgado. Si Fernando se entera, podría hacer algo terrible.
—Lo sé
dijo Camila
—Pero es el único camino que tenemos.
De repente, Norma se detuvo en seco y agarró el brazo de Camila.
—Mira
susurró, señalando hacia la entrada de la escuela.
Camila levantó la vista y sintió que el corazón se le helaba. Fernando estaba allí, apoyado contra su coche, mirando hacia el patio con una sonrisa que no presagiaba nada bueno.
—¿Qué hace aquí?
—preguntó Norma, con voz tensa.
—No lo sé
respondió Camila
—Pero no puedo evitar que me vea. Tengo que actuar con normalidad.
Caminó hacia la entrada. Fernando se enderezó al verla.
—Camila
dijo, con esa voz que le helaba la sangre
—Qué coincidencia encontrarte aquí.
—Yo trabajo aquí y los sabes ¿tu qué quieres, Fernando?
—preguntó ella, con frialdad.
—Solo quería saludar
respondió él, con falsa amabilidad
—Y decirte que lamento lo que pasó con Rafael. Sé que lo rechazaste. Debes estar pasando por un mal momento.
—No necesito tu compasión
dijo Camila
—Y no tengo nada que hablar contigo.
Fernando sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—Siempre tan fría. Pero no importa. Tengo paciencia. Y sé que tarde o temprano, vas a necesitarme.
Camila sintió que la rabia le hervía en la sangre.
—Nunca te necesitaré, Fernando. Nunca.
Se giró y se fue, con Norma a su lado. Pero mientras caminaba, sintió la mirada de Fernando perforándole la espalda, como una promesa de que aquello no había terminado.
Esa noche, Rafael recibió una llamada de Richard.
—Señor Larreal
dijo el investigador
—Tengo noticias. Encontré a Ana.
Rafael sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Dónde está?
—Vive en un pueblo pequeño, en la costa. Cambió su nombre y su identidad. Pero logré localizarla. He hablado con ella por teléfono. Al principio se negó a hablar, pero cuando le mencioné el tatuaje de la serpiente y la daga, se derrumbó.
—¿Qué dijo?
preguntó Rafael, con ansiedad.
—Dijo que está dispuesta a testificar
respondió Richard
—Pero con una condición, quiere protección. Y quiere que su hermano sepa que ella lo perdona.
Rafael sintió que una ola de emociones lo atravesaba. Ana estaba viva, estaba dispuesta a hablar, y eso significaba que tenían una oportunidad real de atrapar a Fernando y proteger a Camila de ese futuro doloroso.