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Cadenas De Sangre Y Secretos

Cadenas De Sangre Y Secretos

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Amor de la infancia
Popularitas:262
Nilai: 5
nombre de autor: yamiiy

Dos familias unidas por años de amistad se ven divididas por mentiras, celos y amores prohibidos. En el corazón de la tormenta: dos gemelos que deberían ser inseparables, pero que se convierten en enemigos por el cariño de todos y el amor del mismo chico; dos hermanos que ocultan sus sentimientos tras máscaras de dureza y crueldad; y un mundo donde la lealtad se paga con sangre y el amor se castiga con silencio. Un final que romperá todas las cadenas.

NovelToon tiene autorización de yamiiy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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La noticia llegó hasta los padres, y cuando se enteraron, la casa se llenó de un silencio pesado, cargado de decepción y enojo. La madre fue la primera en acercarse a Luca, con los ojos llenos de lágrimas y la mandíbula apretada, temblando entre la tristeza y la rabia. Sin decir una sola palabra, levantó la mano y le dio una bofetada fuerte, seca, que resonó en todo el pasillo. Luca se quedó inmóvil, con la mejilla ardiendo, sin atreverse a moverse.

Ella levantó la mano de nuevo, dispuesta a seguir pegándole, pero el padre la detuvo tomándola de la muñeca, con voz firme y sorprendido por la reacción de su propia esposa.

—Basta —le dijo, y luego miró a su hijo, con la mirada pesada de decepción—. Tú… vete a tu habitación. Y no salgas.

Luca asintió, con la garganta cerrada, y empezó a subir las escaleras despacio, como si cada paso pesara toneladas. Su padre y sus hermanos se quedaron abajo, mirándolo subir, sin decir nada, mientras su madre se dio la vuelta y fue directo a buscar a su hija preferida. La abrazó con fuerza, acariciándole el pelo y susurrándole palabras de consuelo, como si ella fuera la única que había sufrido.

Ya en su cuarto, Luca se dejó caer en la cama y rompió a llorar. Era la primera vez que su madre lo golpeaba, y le dolía más que cualquier golpe, más que cualquier palabra. Lloró tanto, con tanta desesperación, que se quedó dormido con las lágrimas todavía secas en las mejillas y la cara empapada.

Más tarde, en la cena, la mesa estaba llena de ruido y atención. Damián y su madre hablaban con Martina, la hacían reír, la mimaban, le preguntaban si estaba bien, si necesitaba algo, como si quisieran recompensarla por el daño que decían que había sufrido. Bruno estaba en silencio, comiendo sin levantar la vista, y su padre miraba la silla vacía de Luca una y otra vez, con la frente arrugada por la preocupación. Ninguno de sus hijos nunca habían faltado a la cena.

Al terminar de cenar, la madre propuso con entusiasmo:

—Vamos a hacer noche de películas. Y nadie me diga que no, ¿de acuerdo? Quiero que mi pequeña princesa esté feliz esta noche.

Todos aceptaron, aunque sin mucho entusiasmo. A mitad de la película, Martina levantó la voz desde el sofá:

—Pa, quiero más pochoclos.

—Ya voy, princesa —respondió él, levantándose y caminando hacia la cocina.

Pero antes de preparar los pochoclos, se detuvo. Miró hacia las escaleras, dudó un segundo, y decidió subir. Se paró un instante fuera de la puerta de la habitación de Luca, luego giró el pompo despacio y entró. Lo vio dormido, con la cara todavía hinchada de llorar. Se acercó en silencio, lo tapó bien hasta el cuello, y le dio un beso suave en la frente.

—Perdón ,mi niño,—susurró casi sin voz. Acariciandole su mejilla aún colorada.

Luego bajó a la cocina, preparó los pochoclos y volvió a la sala. Martina lo miró con cara de pocos amigos, haciendo un puchero:

—¡Pa, tardaste muchísimo! Ya se me fue la ganas de comerlo.

Él sonrió con tristeza y se los dejó en la mesa.

—Perdón, princesa. Ya están aquí.

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