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CAPÍTULOS DE LIBERTAD (LA AUTORA DETRÁS DEL VELO)

CAPÍTULOS DE LIBERTAD (LA AUTORA DETRÁS DEL VELO)

Status: Terminada
Genre:Venganza / Romance / Amor eterno / Completas
Popularitas:9.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

La Protagonista Marcela: Dulce, obediente y sumisa en apariencia ante su esposo, pero una mente brillante, estratega y creadora de best-sellers mundiales en secreto. Lleva 25 años guardando su identidad con ayuda de su abogada y sus dos fieles amigas.

El Esposo Patricio: Magnate de los restaurantes, controlador y narcisista. Cree que tiene el control absoluto y decide humillarla públicamente para pedirle el divorcio, sin saber que está pisando un terreno minado. Lleva 10 años con una doble vida.

Los Aliados Clave:
Sus tres hijos: Aman a su madre profundamente y el mayor no duda en encarar al padre.

Las dos amigas Regina y Paulina: Cómplices del secreto literario y testigos de la falsedad del empresario.

El Presidente de la Nación: Su amor de juventud, viudo, padre de dos hijas y profundamente enamorado de ella desde siempre. Es el apoyo inesperado que le recuerda lo mucho que vale.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA VERDAD QUE ROMPE LOS MUROS

​La mansión era un mausoleo de silencio. Marcela, con el alma fragmentada en mil pedazos, sabía que ya no podía seguir guardando el secreto ante quienes compartían su techo. Con el rostro desencajado y la voz apenas audible, reunió a sus otros dos hijos, los más pequeños, en el salón principal. Sus manos, que siempre habían escrito ficciones heroicas, temblaban al intentar hilvanar la verdad más cruda de su propia biografía. Les confesó la extorsión de Patricio, la vida vivida en la sombra de una mentira y, finalmente, la identidad real de su hermano Andrés. Los muchachos, aún procesando la caída del imperio de Patricio, escuchaban con una mezcla de horror y compasión, mientras su madre, agotada por décadas de contención, se desmoronaba frente a ellos.

​Mientras tanto, en el palacio presidencial, la situación había escalado hasta volverse insostenible. Las hijas de Santiago, jóvenes sensibles y profundamente apegadas a su padre, no encontraban consuelo. Tras horas de escuchar golpes sordos y el estrépito de objetos estrellándose contra las paredes, decidieron llamar a la única persona que conocían como una aliada incondicional de su padre: su tía Marcela. No tenían forma de saber que ella era la fuente del cataclismo emocional que vivía el hombre más importante del país.

​—¡Hola, princesas! —contestó Marcela, con la voz pastosa por el llanto.

​—¡Tía Marcela, por favor ayúdanos! —exclamó la mayor de las hijas, con la voz quebrada por el miedo—. Papá está encerrado en su despacho desde hace horas. No nos abre a nadie. Se escuchan cosas destruyéndose ahí dentro, parece que está fuera de sí. No sabemos qué hacer, tenemos mucho miedo.

​Marcela cerró los ojos, sintiendo un dardo en el corazón. Sus propias palabras, los reclamos de Santiago y la certeza de su desprecio pesaban más que cualquier otra carga.

​—Escúchenme, niñas... —dijo Marcela con una calma forzada, mientras las lágrimas surcaban sus mejillas—. Su padre está pasando por el momento más difícil de su vida. Necesita su espacio. No lo fuercen.

​Las jóvenes, confundidas por la frialdad extraña en el tono de su tía, se miraron entre sí.

​—Tía... —preguntó la menor, con desconfianza—. Tú suenas como si supieras algo. ¿Tú sabes por qué papá está así?

​Marcela sollozó al otro lado de la línea, sin poder ocultarlo más.

​—Sí, lo sé... —confesó, dejando que el llanto fluyera sin censura—. Y es él quien tendrá que contarles, cuando esté listo.

​En la mansión, Andrés, que había estado escuchando la conversación tras la puerta, no pudo más. El dolor que le quemaba por dentro —esa rabia contra la vida y la compasión hacia el hombre encerrado en el palacio— lo impulsó a actuar. Sin decir una palabra a su madre, corrió hacia el vehículo y condujo a toda velocidad hacia la residencia presidencial, como si el destino mismo lo estuviera empujando hacia un encuentro que ya no podía postergarse.

​Al llegar al palacio, la seguridad lo reconoció, pero su determinación era tal que logró abrirse paso hasta la puerta del despacho. Se detuvo ante la madera maciza, respirando con dificultad, con el corazón golpeando sus costillas.

​—¡Señor presidente! —gritó Andrés, con la voz vibrando de dolor—. ¡Soy yo, Andrés! ¡Por favor, abra la puerta! ¡Tenemos que hablar!

​Detrás de él, las hijas de Santiago, que habían bajado al oír los gritos, se acercaron con cautela, anonadadas por la llegada del joven que sabían cercano a su tía.

​—¡Papá, por favor, abre! —insistió Andrés, con la voz rota por un sollozo profundo—. ¡Papá, por favor!

​La palabra "papá" resonó en el pasillo como un disparo. Las hijas de Santiago se quedaron petrificadas, con los ojos como platos, intercambiando miradas de absoluta estupefacción. ¿Había escuchado bien? ¿Qué clase de conexión existía entre ese joven y su padre?

​Dentro del despacho, el silencio fue absoluto durante un par de segundos. Entonces, se escuchó un ruido metálico: el seguro de la puerta se deslizó. La pesada puerta se abrió apenas unos centímetros, revelando a un Santiago Pineda irreconocible. Su rostro estaba desencajado, la camisa hecha jirones y sus ojos azules, inyectados en sangre, buscaban el vacío.

​Cuando sus ojos se encontraron con los de Andrés, una chispa de dolor intenso, casi insoportable, cruzó la mirada de Santiago. Andrés intentó entrar, buscando consuelo o simplemente un contacto humano, pero el presidente le cerró el paso con una mirada gélida.

​—No... —susurró Santiago, retrocediendo un paso, manteniendo la puerta entreabierta para que Andrés no pasara—. Ya lo dije antes. No quiero verla, no quiero saber nada de ella. Ella destruyó mi vida. Y tú... tú eres el recordatorio viviente de que mi tiempo con ella no fue más que un engaño absoluto.

​—¡No es así, papá! —exclamó Andrés, desesperado—. ¡Ella sufrió! ¡Ella te amó!

​—Si me hubiera amado, me habría buscado —respondió Santiago con una frialdad que hizo temblar hasta a sus propias hijas—. Vete, Andrés. No tengo nada más que decir. Dile que, por mi parte, el capítulo terminó.

​La puerta se cerró frente a los ojos del joven, dejándolo solo en el pasillo, mientras las hijas de Santiago comenzaban a llorar, sin comprender que el abismo que se había abierto en su familia no tenía, por el momento, puente capaz de salvarlo. En la mansión, Marcela, sola en la oscuridad, sentía que el último hilo de esperanza que la mantenía atada a la cordura acababa de romperse definitivamente.

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Enith García
Y el odio de Patricio hacia su ex esposa es por?
Marta Patitucci
Q HISTORIA TAN ATRAPANTE, NO PUEDO DEJAR DE LEER, ESCRITORA.?? FELICITACIONES POR TAN BELLA NOVELA, UNA TRAMA DISTINTA Y MUY BIEN REDACTADA..!!!! 👏👏👏👏👏
Naibelys Perez: 🫂 gracias ❤️ te invito a ver mi otras novelas 🫂
total 1 replies
Marta Patitucci
Q mala persona Patricio, no conforme en arruinarles la vida, sigue con la maldad en sus venas..!!!!
Marta Patitucci
Q BUEN CAPITULO..!!!! JAJAJA 😂😂 Y AHORA QUIEN SE RIE MEJOR.??? HAY MAURICIO.!! TAN VIVO Q TE CREIAS..!!!
Marta Patitucci
estoy impaciente x leer la caida del q se siente el ganador...!!! 🤭🤭🤭🤭
Marta Patitucci
muy buen comienzo.!!! ya me atrapo' tu bistoria.!!! 👏👏👏
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