NovelToon NovelToon
CEO Despiadado vs. Secretaria Indomable

CEO Despiadado vs. Secretaria Indomable

Status: Terminada
Genre:CEO / Venganza / Aventura de una noche / Mafia / Madre soltera / Secretario/a / Romance de oficina / Venganza por acoso / Completas
Popularitas:37
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche lo destruyó todo. Una trampa, una droga, un hombre que no pudo controlarse. Fernanda Arévalo perdió su pureza, su beca y su fe en el mundo a manos de Tristán Bracamonte, el heredero más poderoso —y más cruel— del país. Huyó sin mirar atrás, jurando enterrar aquella noche para siempre.

Seis años después, la vida tiene un sentido del humor perverso.

Fernanda ya no es el patito feo al que todos humillaban en la universidad. Ahora es una mujer imponente, madre soltera de un niño brillante, y acaba de ser contratada como secretaria personal del nuevo CEO del Grupo Bracamonte. El mismo hombre. La misma mirada gélida. El mismo apellido que le arrebató todo.

Pero Tristán tampoco es el mismo. Detrás de su fachada de hielo, lleva seis años buscando a la chica que desapareció sin dejar rastro, atormentado por una culpa que no lo deja dormir. Y cuando su nueva secretaria lo mira con esos ojos cristalinos que le resultan imposibles de olvidar, algo dentro de él se quiebra.

Ella finge no conocerlo. Él finge no sospechar. Pero los secretos tienen fecha de caducidad.

Mientras Fernanda lucha por mantener oculta la identidad del padre de su hijo, una mujer del pasado urde un plan siniestro para destruirla. Secuestros, traiciones empresariales, una hermana gemela que nadie sabía que existía y una red criminal que se extiende desde Ciudad de México hasta las costas de Maldivas convergen en una trama donde el amor y la venganza comparten la misma cama.

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Bella se abalanzó hacia adelante sin importarle nada ni nadie. Con los ojos encendidos de furia, empujó con ambas manos los hombros de Fernanda con una brutalidad desmedida, haciendo que el cuerpo de la secretaria se tambaleara y cayera de bruces sobre el suelo de mármol.

—¡Lo hiciste a propósito, ¿verdad?! ¡Querías matar a mi prometido! —chilló Bella con los ojos desorbitados, señalando el rostro de Fernanda mientras jadeaba de rabia.

Fernanda, sentada en el piso, no mostró el menor atisbo de miedo. Al contrario, le devolvió la mirada directamente a los ojos a Bella. Sus puños se apretaron con fuerza contra el suelo de mármol, conteniendo la oleada de emociones que estaba a punto de estallar. Habían pasado seis años, y aquella víbora seguía teniendo las mismas maneras violentas de siempre.

Al ver la situación fuera de control, Kevin reaccionó de inmediato, presa del pánico. Se arrodilló junto a Fernanda e intentó ayudarla a ponerse de pie. —Nanda, ¿se encuentra bien? —preguntó Kevin con un tono de preocupación desbordante.

Fernanda soltó un quejido contenido mientras se sujetaba el codo del brazo. El impacto contra el mármol le había dejado un dolor punzante y palpitante, y la piel se le veía ligeramente despellejada y enrojecida. —Estoy bien, señor Kevin —respondió Fernanda, con la voz firme a pesar de que su cuerpo estaba lastimado.

Mientras tanto, Tristán se apresuró a tomar un vaso de agua que tenía a un lado y lo bebió de un solo trago hasta vaciarlo. El ardor en su garganta fue cediendo poco a poco, pero su rostro atractivo estaba encendido de un rojo intenso que ya no se debía solo al atragantamiento con la piel del camarón, sino a la repulsión profunda que le causaba escuchar a Bella con su descaro superlativo proclamándose como su prometida en público.

Bella, creyendo que Tristán estaba distraído, aprovechó el momento para colgársele del brazo con un abrazo meloso. —Tristán, ¿estás bien? Ay, Dios mío, estaba tan preocupada...

—¡Quítate de encima, Bella! —le espetó Tristán con aspereza. De un jalón violento, se la sacudió de encima haciendo que ella soltara el agarre y retrocediera varios pasos.

El rostro de Bella se descompuso al instante, lívido de vergüenza en pleno restaurante. —¡Tristán! ¿Hasta cuándo vas a seguir tratándome así de frío y grosero? —reclamó con la voz que ya empezaba a quebrársele, conteniendo el llanto.

Tristán se levantó de su silla y clavó en Bella una mirada cargada de un odio visceral. —¡Hasta que me muera, Bella! ¡Voy a seguir tratándote así hasta el día en que me muera!

—¡Basta, Tristán! ¡No me hagas esto! ¡Nuestros padres ya acordaron el matrimonio arreglado entre los dos! —le gritó Bella, intentando usar el nombre de la familia para presionarlo.

—¡Al diablo con ese maldito matrimonio arreglado! —vociferó Tristán sin importarle ya las miradas de todos los presentes en el restaurante—. ¡Jamás voy a aceptar que me casen con una mujer como tú! ¡Una mujer podrida que conspiró para destruirle la vida a alguien!

Fernanda, que estaba de pie apoyándose en Kevin, se quedó petrificada en el acto. El corazón le dio un vuelco brutal. Las palabras de Tristán fueron como una máquina del tiempo que la arrastró de golpe al recuerdo atroz de aquella habitación de hotel, seis años atrás.

—¡Ya te lo he dicho mil veces, Tristán! ¡Yo no tuve nada que ver con lo que pasó aquella noche! —exclamó Bella mientras las lágrimas comenzaban a rodarle por las mejillas—. ¡Todo fue culpa de Andrés e Ignacio! ¡Ellos fueron los responsables! Te lo suplico, Tristán... solo por una vez, créeme.

—¡Ja! ¡Nunca voy a creerle a una víbora como tú! —siseó Tristán, acercando el rostro al de Bella con una mirada rebosante de desprecio—. ¡Por culpa de sus juegos y sus trampas aquella noche maldita, yo la mancillé! ¿Lo entiendes? ¡Toda mi vida he cargado con una culpa monstruosa hacia esa muchacha!

Al escuchar aquella confesión desgarrada salir directamente de la boca del monstruo, las defensas de Fernanda se desplomaron en un instante. Una opresión insoportable le golpeó el pecho de lleno. Sin poder contenerse más, una lágrima tibia se le escapó y resbaló lentamente por su mejilla tersa. El dolor del pasado resurgió de pronto, tan vívido como si nunca se hubiera ido.

Negándose a mostrar su debilidad frente a las dos personas que le habían arrebatado su juventud, Fernanda giró sobre sus talones sin pensarlo. Sin pronunciar una sola palabra, salió casi corriendo del restaurante, dejando atrás todo aquel caos.

Tristán, que en ese momento miraba fijamente a Bella, alcanzó a percibir de reojo el movimiento de su secretaria. Se quedó desconcertado al ver a Fernanda marcharse con las lágrimas corriéndole por el rostro. ¿Por qué una mujer tan fuerte como ella lloraba al escuchar su pelea? ¿Por qué el pecho le volvía a doler con esa punzada al ver llorar a su nueva secretaria? Las preguntas quedaron suspendidas en el aire, añadiendo una capa más al misterio que se espesaba en la cabeza de Tristán.

Tristán no soportó quedarse un segundo más en aquel lugar. Con el destello de la furia aún marcado en el rostro, dio media vuelta y salió a zancadas, dejando a Bella sola, paralizada de vergüenza y lágrimas en medio del restaurante. Kevin lo siguió de inmediato. Antes de desaparecer por completo, Kevin volteó y le lanzó a Bella una mirada de repudio flagrante. Para él, la agresión de Bella que había terminado lastimando a Fernanda era sencillamente imperdonable.

Mientras tanto, Fernanda corrió hacia el baño de empleados que se encontraba en un rincón solitario del piso. En cuanto la puerta se cerró a sus espaldas, sus defensas se derrumbaron. Las lágrimas que había estado conteniendo se desbordaron sin control. Se aferró al borde del lavabo con todas sus fuerzas, desahogando todo el dolor, la asfixia y los recuerdos infernales que volvían a desgarrarla por dentro.

Sin embargo, aquello no duró mucho. Fernanda alzó la cabeza y clavó una mirada afilada en su propio reflejo en el espejo grande que tenía enfrente. Poco a poco, las lágrimas se le secaron, reemplazadas por un brillo en los ojos que era frío y escalofriante.

—Tienes que ser fuerte, Fernanda. Ellos tienen que sentir el dolor y el sufrimiento que yo cargué durante seis años. Tengo que devolvérselos... —se dijo a sí misma en un susurro, con una determinación implacable.

Fernanda se lavó el rostro con agua fría y enseguida, con manos ágiles, retocó el maquillaje que se le había corrido ligeramente. En cuestión de minutos, volvía a verse hermosa, elegante, incluso más fresca que antes, como si nada hubiera ocurrido. Salió del baño y se dirigió de vuelta a su escritorio a toda prisa. El ardor y el moretón en el codo los ignoró por completo. Para Fernanda, una herida física tan insignificante no era absolutamente nada comparada con el sufrimiento que había cargado en el alma durante tantos años.

Apenas llevaba unos instantes sentada frente a su computadora, tecleando con normalidad, cuando la figura de Tristán apareció en el pasillo. El hombre caminaba erguido hacia el escritorio de Fernanda.

—Entra a mi oficina. Ahora —ordenó Tristán con un tono seco e inapelable.

Fernanda asintió con obediencia. —Sí, señor.

Antes de entrar, Tristán volteó hacia su asistente personal. —Kevin, quédate afuera. No dejes que nadie me interrumpa.

—Sí, señor —respondió Kevin con diligencia, aunque por dentro se moría de la curiosidad.

Dentro de la oficina, Tristán caminó directamente hacia el sofá largo y se sentó en él. Mientras tanto, Fernanda permanecía de pie como una estatua junto a la puerta, manteniendo una postura estrictamente formal.

—¿Hasta cuándo te vas a quedar ahí parada como maniquí de aparador, eh? —le soltó Tristán con sarcasmo, observándola.

Fernanda se apresuró a acercarse, pero eligió sentarse en el extremo del sofá más alejado de Tristán. Al ver la distancia que ella había puesto a propósito, Tristán exhaló con brusquedad.

—¿Acaso te doy tanto asco que ni siquiera puedes sentarte cerca de mí? No tengo ninguna enfermedad contagiosa —rezongó Tristán, visiblemente ofendido por aquella barrera que su secretaria había impuesto con tanta firmeza.

¡Claro que eres un hombre repugnante!, le gritó Fernanda por dentro, clavándole una mirada gélida y afilada directo a los ojos.

Pero en nombre del profesionalismo, Fernanda se obligó a deslizarse por el sofá hasta quedar más cerca de Tristán, aunque todo su cuerpo se sentía rígido.

De pronto, Tristán metió la mano en el bolsillo de su saco y sacó un pequeño tubo de pomada. Antes de volver a la oficina, había pasado a propósito por la farmacia que se encontraba en la planta baja del edificio. Kevin incluso se había quedado desconcertado, preguntándose para qué demonios su jefe compraba una pomada para heridas.

—¿Eso para qué es, señor? —preguntó Fernanda frunciendo el ceño al ver que le acercaban el tubo de pomada a la cara.

Sin responder a la pregunta, Tristán le tomó la muñeca derecha con un movimiento rápido pero delicado. Le giró el antebrazo y examinó la zona del codo, que mostraba un moretón amoratado y la piel ligeramente despellejada.

—No es necesario, señor. Yo puedo sola —rechazó Fernanda, intentando retirar la mano.

Pero Tristán no le hizo caso. Sus dedos se cerraron alrededor de la muñeca de Fernanda con firmeza. Con sumo cuidado, destapó la pomada, se puso una pequeña cantidad en la yema del dedo y comenzó a aplicarla con delicadeza sobre el moretón en el codo de Fernanda.

—Perdóname... por culpa de esa loca terminaste lastimada —murmuró Tristán en voz baja, con una sinceridad que le suavizó el tono por completo. Después de esparcir la pomada, se inclinó ligeramente y sopló con suavidad sobre el codo de Fernanda para aliviarle el ardor.

El contacto cálido y el aliento de Tristán sobre su piel dejaron a Fernanda inmóvil, como si se hubiera convertido en piedra. El corazón le latía de una forma extraña, y sin poder evitarlo, un rubor rosado comenzó a trepar lentamente por sus mejillas. Aquella cercanía... aquella atención... le resultaban tan ajenas como desconcertantes.

¡Fernanda, reacciona! ¡No te dejes engañar por este monstruo que tienes enfrente! Recuerda: él es el hombre que te destruyó la vida, le gritó su voz interior, arrancándola del hechizo momentáneo del CEO.

De golpe, Fernanda le arrebató la mano con brusquedad y se apartó de Tristán. No estaba dispuesta a permitir que ese hombre le pusiera las manos encima un segundo más. Pero justo cuando se disponía a levantarse del sofá para pedir permiso de retirarse, la voz grave de Tristán la detuvo en seco.

—Espera —dijo Tristán, clavándole la mirada en los ojos claros de Fernanda—. ¿Por qué lloraste cuando estaba peleando con Bella?

El corazón de Fernanda se paralizó. La pregunta inesperada de Tristán cayó como un mazazo que le trabó cada articulación del cuerpo. ¿Acaso Tristán empezaba a sospechar algo?

Continuará...

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play