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El Chico Del Libro De Cuero

El Chico Del Libro De Cuero

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Celebridades / Completas
Popularitas:325
Nilai: 5
nombre de autor: Sol Romanov

Lucy creía que su vida era una sucesión de días predecibles: clases en la universidad, el mismo camino de regreso a casa, libros bajo el brazo y la certeza de que nada extraordinario podría sucederle en una tarde gris de otoño.

Hasta que choca con él.

Wonho aparece de la nada, con sus ojos oscuros que parecen guardar secretos de siglos, su abrigo impecable y ese libro de cuero marrón que lleva siempre consigo, cerrado con un cierre de latón que brilla tenuemente en la penumbra. Es un enigma con forma de persona, alguien que no pertenece a su mundo de rutinas y certezas.

NovelToon tiene autorización de Sol Romanov para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Guardianes de historias olvidadas

El silencio en la calle ciega era denso, casi palpable, roto solo por la respiración entrecortada de Lucy y el viento que agitaba las hojas secas en un rincón. Wonho seguía de pie frente a ella, su figura alta y oscura bloqueando la entrada, y por primera vez Lucy no sintió miedo de él. El miedo venía de lo que estaba fuera, de esa presencia invisible que la había seguido desde la librería, de las palabras que él acababa de pronunciar con esa urgencia contenida que le helaba la sangre.

—¿Quiénes son? —volvió a preguntar ella, y esta vez su voz no tembló. Necesitaba respuestas. Necesitaba entender en qué se había metido antes de que fuera demasiado tarde.

Wonho cerró los ojos un instante, como si estuviera sopesando cada palabra, cada verdad que estaba a punto de revelar. Cuando los abrió de nuevo, Lucy vio que esa distancia que siempre lo envolvía se había agrietado un poco. Por primera vez, él no parecía un enigma inalcanzable. Parecía alguien cargando con un peso demasiado grande para un solo hombre.

—Hay cosas en este mundo que no puedes ver con los ojos —empezó a decir, y su voz sonó más baja, más profunda, como si cada palabra fuera un recuerdo antiguo que debía traer desde muy lejos—. Historias que no se escriben en libros comunes, promesas que se hicieron hace siglos y que aún tienen poder, almas que se reconocen a través del tiempo porque están destinadas a encontrarse. Y luego están quienes las custodian. Y quienes quieren robarlas.

Lucy sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío de la calle. Las palabras de la dueña de la librería resonaron en su mente: Se dice que cada uno elige a su dueño, y que solo esa persona puede leer lo que realmente hay en su interior.

—Los guardianes —dijo ella, no como una pregunta, sino como una confirmación.

Wonho asintió lentamente.

—Sí. Nosotros somos guardianes. O al menos, yo lo soy. Mi familia lo ha sido por generaciones. Nuestro deber es proteger lo que otros han olvidado: memorias de amores que no debieron morir, pactos que mantuvieron la paz, secretos que si cayeran en manos equivocadas podrían destruir mucho más que una sola vida. Cada libro como el que compraste hoy es un depósito. Guarda una parte de todo eso. Y el que yo llevo conmigo… —se tocó el pecho, donde descansaba el libro de cuero marrón bajo el abrigo— …guarda la más importante de todas.

—¿Y los que me seguían? —preguntó Lucy, sintiendo cómo el corazón se le apretaba—. ¿Ellos qué quieren?

—Se hacen llamar los Recolectores —respondió Wonho, y su voz se cargó de una amargura que Lucy no había escuchado antes—. Creen que el poder de esas historias y promesas debería ser suyo. Que pueden usarlo para controlar, para manipular, para cambiar el curso de las cosas a su antojo. Llevan siglos persiguiendo libros como el tuyo. Y ahora que lo has tocado, ahora que has sentido su poder… te has convertido en un objetivo.

Lucy se apoyó en la pared de piedra, sintiendo que las piernas no le respondían. Todo era demasiado grande, demasiado increíble para procesarlo de golpe. Ella, una chica común y corriente que solo quería aprobar sus exámenes y vivir una vida tranquila, de repente era el blanco de una organización antigua que perseguía objetos mágicos. Era absurdo. Era una locura. Y sin embargo, en el fondo, sabía que era verdad. Todo lo que había vivido desde aquel choque en la calle tenía demasiado sentido ahora.

—¿Por qué yo? —preguntó, y esta vez había una queja en su voz—. ¿Por qué no cualquiera otra persona? Yo no soy especial. No tengo poderes, no sé nada de guardianes ni de recolectores ni de nada de esto.

Wonho dio un paso hacia ella, y esta vez Lucy no retrocedió. Él se detuvo a muy poca distancia, tan cerca que ella podía sentir ese frío suave que siempre lo acompañaba, tan distinto al frío de la calle. Levantó una mano y, con una delicadeza que le robó el aliento, le apartó un mechón de pelo de la cara.

—Tú eres mucho más especial de lo que crees, Lucy —dijo él en un susurro, y sus ojos oscuros se clavaron en los suyos con una intensidad que le hizo olvidar cómo respirar—. Tu sangre lleva la marca. Tu familia, hace muchas generaciones, estuvo unida a los guardianes. Por eso pudiste ver el símbolo en el libro cuando otros solo habrían visto rayones sin sentido. Por eso sentiste mi presencia antes de verme. Por eso, cuando nuestras manos se rozaron por primera vez, supiste que no era un encuentro cualquiera. Tú llevas esto dentro desde que naciste. Yo solo… fui quien te ayudó a despertarlo.

Las palabras flotaron en el aire entre ellos, pesadas y verdaderas. Lucy pensó en todas las veces que de niña había sentido cosas que los demás no sentían, que había visto luces donde otros solo veían sombras, que había soñado con un chico de ojos oscuros que la esperaba en un futuro lejano. Siempre lo había atribuido a una imaginación demasiado fértil. Ahora comprendía que habían sido señales. Preparaciones.

—¿Y tú? —preguntó ella, con la voz apenas audible—. ¿Qué eres para mí? ¿Por qué pareces conocerme desde hace mucho más que unos días?

Wonho bajó la mirada un instante, y Lucy creyó ver una sombra de dolor cruzar su rostro. Cuando volvió a mirarla, había una vulnerabilidad en sus ojos que la partió el corazón.

—Eso es lo último que puedo contarte hoy —respondió él, y había una tristeza infinita en su voz—. No porque no quiera. Porque si te lo digo ahora, antes de que estés lista, el miedo te hará alejarte. Y no podría soportarlo.

Antes de que Lucy pudiera responder, un sonido seco y nítido rompió el silencio de la calle. Como una piedra que choca contra otra. Como alguien que se mueve con cuidado pero no con suficiente.

La expresión de Wonho cambió en un instante. La tristeza desapareció, sustituida por una alerta aguda, casi animal. Se giró hacia la entrada de la calle ciega, todo su cuerpo tenso como un arco listo para disparar.

—Se acercaron más rápido de lo que pensé —murmuró, y luego giró hacia Lucy, tomándola de la mano con una firmeza que no dolía, sino que la hacía sentir segura—. Tenemos que irnos. Ahora. No preguntes. Solo sígueme.

Y antes de que ella pudiera siquiera asentir, Wonho la tiró de la mano hacia el fondo de la calle ciega, donde las sombras eran más espesas. Lucy corrió tras él, sus pasos resonando en el suelo de piedra, el corazón golpeándole las costillas con fuerza. No sabía a dónde la llevaba. No sabía qué los esperaba al final de ese camino oscuro. Pero una cosa sí sabía con absoluta certeza: mientras estuviera de la mano de Wonho, no importaba lo que viniera. No volvería a sentirse sola.

Corrieron por pasajes estrechos, por calles que Lucy no reconocía a pesar de haber vivido en la ciudad toda su vida, por callejones que parecían existir al margen del mundo que ella conocía. Wonho no se detenía, no miraba atrás, pero su mano no soltaba la de ella ni por un instante. Era como si supiera de memoria cada curva, cada esquina, cada escondite de aquel laberinto de piedra y sombras.

Finalmente, se detuvieron frente a una puerta de madera vieja, oculta entre dos edificios altos que la tapaban por completo. Wonho sacó una llave de bronce del bolsillo de su abrigo, la introdujo en la cerradura y giró. La puerta cedió con un chirrido suave, revelando un pasillo oscuro y cálido que olía a madera vieja y a algo que Lucy no pudo identificar, pero que le resultó extrañamente reconfortante.

—Entra —dijo Wonho, empujándola suavemente hacia adentro sin soltarle la mano—. Nadie nos encontrará aquí. Esta vez podré explicarte todo. Y esta vez… no habrá más secretos entre nosotros.

Lucy cruzó el umbral, sintiendo cómo un cambio en el aire la envolvía, como si hubiera cruzado una frontera invisible hacia un lugar protegido, seguro. La puerta se cerró tras ellos con un golpe suave, encerrando el mundo exterior y sus peligros fuera.

Por primera vez en días, Lucy sintió que podía respirar tranquila. Wonho estaba a su lado, su mano seguía entrelazada con la suya, y por fin, por fin, iba a conocer la verdad.

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