Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.
Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.
Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.
Pero Valentina es diferente.
Ella no se deja intimidar.
No intenta conquistarlo.
No acepta sus órdenes sin discutir.
Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.
Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.
Damián juró que jamás se enamoraría.
Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.
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el enemigo que regreso
Valentina permaneció mirando el mensaje.
“Tu madre murió por protegerte. Ahora te toca a ti descubrir por qué.”
Sus manos temblaban.
—Damián...
Él tomó el teléfono y leyó.
Su expresión se endureció.
—No respondas.
—¿Por qué?
—Porque quieren saber si tenemos miedo.
Valentina guardó silencio.
—¿Y si quiero saber quién me escribió?
—Lo descubriremos.
Rafael observaba por la ventana.
—Tenemos que regresar.
Damián arrancó el automóvil.
—¿Por qué?
—Porque si Esteban realmente está detrás de esto, la mansión ya no es segura.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Crees que está cerca?
Rafael asintió.
—Si sabe que encontramos los documentos de Lucía, probablemente ya sabe dónde estamos.
Al llegar a la mansión, Damián ordenó cerrar todas las entradas.
—Nadie entra ni sale sin mi autorización.
Sus hombres comenzaron a revisar la propiedad.
Valentina permaneció junto a su padre.
—¿Quién era Esteban? —preguntó.
—Un hombre en quien confiábamos.
—¿Y por qué mató a mi madre?
Su padre bajó la mirada.
—Porque ella descubrió algo sobre él.
—¿Qué?
—Esteban no trabajaba solamente para Alejandro.
Damián se acercó.
—¿Para quién más?
—Para alguien que estaba por encima de ellos.
El silencio se apoderó de la habitación.
—¿Quién? —preguntó Damián.
Su padre negó con la cabeza.
—Nunca conocí su identidad.
Valentina apretó la carpeta de su madre.
—Entonces tenemos que descubrirla.
Esa noche, Valentina abrió nuevamente los documentos de Lucía.
Encontró una fotografía que no había visto antes.
Su madre estaba junto a tres hombres.
Uno era Rafael.
Otro era su padre.
El tercero tenía el rostro parcialmente cubierto.
Detrás de la fotografía había una fecha.
14 de agosto.
Valentina frunció el ceño.
—Hoy es 14 de agosto.
Damián se acercó.
—¿Qué ocurre?
Ella le mostró la fotografía.
—Mira la fecha.
Damián la observó.
—¿Qué significa?
—No lo sé.
Rafael tomó la fotografía.
Su rostro cambió.
—Esta imagen fue tomada la noche antes de que tu madre desapareciera.
Valentina se quedó helada.
—¿Y quién es ese hombre?
Rafael acercó la fotografía a la luz.
—No puedo verle el rostro.
Damián examinó la imagen.
—Espera.
Señaló la mano del desconocido.
Llevaba un anillo.
Un símbolo extraño estaba grabado en él.
Rafael palideció.
—Ese anillo...
—¿Qué? —preguntó Valentina.
—Lo vi una vez.
—¿Dónde?
—En la mano de Esteban.
Damián cerró el puño.
—Entonces Esteban estuvo allí.
De repente, todas las luces de la mansión se apagaron.
Valentina dio un pequeño grito.
—¿Qué ocurrió?
Damián sacó su arma.
—Todos tranquilos.
Se escuchó un ruido en el pasillo.
Después otro.
Rafael tomó a Valentina del brazo.
—Quédate conmigo.
Damián avanzó lentamente.
—¿Quién anda ahí?
Nadie respondió.
Un cristal se rompió.
Un hombre apareció en la oscuridad.
Damián levantó el arma.
—¡Alto!
El intruso escapó por una ventana.
Damián corrió tras él.
Pero cuando llegó afuera, ya había desaparecido.
En el suelo encontró un pequeño objeto.
Un anillo.
El mismo símbolo de la fotografía.
—¿Lo reconoces? —preguntó Damián.
Rafael observó el anillo.
—Sí.
—¿De Esteban?
—No.
Damián frunció el ceño.
—¿Entonces?
Rafael tragó saliva.
—Ese símbolo pertenece a una organización.
Valentina se acercó.
—¿Cuál?
Rafael la miró.
—La organización que tu madre estaba investigando.
Damián apretó el anillo.
—¿Cómo se llama?
—La llaman La Sombra.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Y quién la dirige?
Rafael respondió:
—Nadie conoce su rostro.
Damián miró hacia la oscuridad.
—Pero alguien debe saberlo.
Más tarde, mientras todos dormían, Valentina permaneció en la biblioteca.
Revisaba los documentos de su madre.
Una página llamó su atención.
Había una frase escrita a mano:
“Si desaparezco, busca debajo del reloj.”
Valentina miró alrededor.
En la pared había un antiguo reloj.
Lo movió.
Detrás encontró un pequeño compartimento.
Dentro había una llave y una fotografía.
La fotografía mostraba a su madre sosteniendo a una bebé.
Valentina reconoció inmediatamente el lugar.
Era el hospital donde ella había nacido.
Pero había algo extraño.
En la parte inferior aparecía escrito:
“La niña no debía sobrevivir.”
Valentina sintió que el corazón se le detenía.
—¿Qué significa esto?
—Que finalmente encontraste la verdad.
Valentina se giró.
Un hombre estaba detrás de ella.
Al verlo, dejó caer la fotografía.
Era él.
El mismo hombre de la imagen.
—¿Quién eres?
El hombre sonrió.
—Me llamo Esteban Cruz.
Valentina retrocedió.
—Tú...
—Sí.
—Tú mataste a mi madre.
Esteban negó lentamente.
—No.
—¡Mentiroso!
—Yo no la maté.
—Entonces, ¿por qué estabas allí?
Esteban dio un paso hacia ella.
—Porque estaba intentando salvarla.
Valentina no sabía qué pensar.
—¿Salvarla?
—Tu madre descubrió quién eras realmente.
—¿Quién soy?
Esteban la miró fijamente.
—Ese es el secreto que todos han intentado ocultarte.
En ese momento, Damián entró en la biblioteca con el arma levantada.
—¡Aléjate de ella!
Esteban sonrió.
—Llegaste tarde, Ferrer.
Damián apuntó directamente hacia él.
—Un movimiento y disparo.
Esteban levantó las manos.
—No vine a matarla.
—Entonces, ¿a qué viniste?
Esteban miró a Valentina.
—A decirle la verdad.
Damián se colocó delante de ella.
—Habla.
Esteban respiró profundamente.
—Valentina no es solamente la hija de dos personas perseguidas por Alejandro.
Miró a Damián.
—Ella es la única heredera de algo que La Sombra lleva diez años buscando.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿De qué?
Esteban respondió:
—De una fortuna.
Damián frunció el ceño.
—¿Qué fortuna?
Esteban sonrió.
—La fortuna que tu madre escondió a nombre de Valentina cuando nació.
Valentina quedó completamente paralizada.
—Eso es imposible.
Esteban negó con la cabeza.
—Tu madre era mucho más poderosa de lo que imaginabas.
Y antes de que Damián pudiera reaccionar, las ventanas de la biblioteca explotaron.
Esteban se lanzó al suelo.
Damián cubrió a Valentina con su cuerpo.
Los disparos comenzaron a escucharse desde afuera.
Y entonces Esteban gritó:
—¡Ahora saben que ella es la heredera! ¡Ya no hay vuelta atrás!