Cuando U-jin partió al extranjero para convertirse en una abogada impecable y Jeong decidió quedarse a construir desde cero su sueño entre harinas y hornos, ambas creyeron que el tiempo se encargaría de diluir lo que sentían. Durante años, sus vidas transcurrieron en universos paralelos: U-jin conquistando el exigente mundo de las leyes con elegancia y determinación; Jeong convirtiendo su pequeña pasión en la cafetería y repostería más aclamada de la ciudad, mientras intentaba descifrar un vacío en su corazón que ningún éxito lograba llenar.
NovelToon tiene autorización de yangmi_pushia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Aroma a vainilla
El movimiento constante del mostrador comenzó a volverse abrumador, así que Jeong hizo una seña a su personal y guio a U-jin hacia la parte trasera del local. Cruzaron una puerta doble de madera para entrar en la oficina privada de la chef: un espacio amplio, impecablemente ordenado, donde el olor a espresso se mezclaba con el matiz dulce de las muestras de vainilla y cacao que descansaban sobre su escritorio.
—Toma asiento —dijo Jeong, quitándose la chaqueta de cuero y colgándola en el respaldo de su silla. Llevaba una camiseta holgada que acentuaba la firmeza de sus hombros y sus brazos. Servía dos tazas de café con una destreza pausada y natural—. Siento el revuelo de allá afuera. Los mediodías siempre son caóticos.
—No te preocupes, me alegra ver el éxito que has construido —respondió U-jin, acomodándose en un sillón de piel con la elegancia pulcra que la caracterizaba. Cruzó la pierna con suavidad y tomó la taza que Jeong le ofrecía—. Tu personal te respeta mucho. Proyectas una autoridad muy clara, Jeong-ah. La verdad es que te sienta increíble.
Jeong dejó escapar una sonrisa corta, apoyando el borde de su taza en los labios mientras la observaba fijamente.
—Tuviste que aprender a defenderte entre leyes y tribunales en el extranjero, y yo tuve que aprender a dirigir a decenas de personas en una cocina exigente. Supongo que ambas tuvimos que endurecernos un poco para llegar a donde estamos —comentó Jeong con voz grave, inclinándose ligeramente hacia adelante—. Pero dime... ¿cómo es eso de que te instalas a solo tres calles?
U-jin le explicó con detalle el proyecto de la casa de su abuela, sus planes para la remodelación de la planta baja y la ilusión de comenzar su propia firma de abogados de manera independiente. Mientras hablaba, sus ojos se iluminaban con una determinación madura que a Jeong le pareció fascinante.
—Si no tienes compromisos urgentes en la cocina durante la próxima hora... podrías acompañarme a ver el lugar —propuso U-jin, sosteniendo la mirada de Jeong con una chispa de expectativa—. Me gustaría tener la opinión de alguien que ya sabe lo que es levantar un negocio desde cero.
Jeong miró su reloj de pulsera, luego el montón de carpetas pendientes sobre la mesa y finalmente la sonrisa serena de U-jin. No había mucho que pensar.
—Déjame avisar en recepción y vamos.
Caminaron juntas bajo el sol templado de la tarde. El contraste entre ambas atraía las miradas discretas de algunos transeúntes: U-jin caminaba con pasos firmes pero delicados, vistiendo su abrigo pastel y proyectando un aura refinada y femenina; Jeong caminaba a su lado con un porte erguido, manos en los bolsillos de sus pantalones oscuros y una presencia imponente y masculinizada que infundía seguridad.
Al llegar a la antigua casa, U-jin abrió la puerta principal. El olor a pintura fresca, madera cortada y polvo las recibió de inmediato.
—Todavía faltan muchos detalles —dijo U-jin, mostrando el gran ventanal y la estructura del mostrador de recepción en construcción—. Aquí estará la sala de espera y allá al fondo, mi oficina privada.
Jeong caminó despacio por el espacio, evaluando la luz natural y la distribución con ojo clínico de empresaria. Se detuvo junto al ventanal y se giró para mirar a U-jin, quien se encontraba a pocos pasos observando sus reacciones.
—El espacio tiene un potencial enorme, U-jin —dijo Jeong, acortando la distancia entre ambas hasta quedar a un paso de ella. Su voz sonó pausada y firme en medio de la estancia vacía—. Tiene calidez. Si colocas plantas altas en la entrada y aprovechas esta luz, los clientes se sentirán protegidos apenas crucen la puerta.
U-jin sostuvo la mirada de Jeong. Estando tan cerca, pudo notar el matiz profundo de sus ojos y la seguridad que emanaba de cada uno de sus movimientos. Un cosquilleo desconocido le recorrió la espalda, haciéndole consciente de la diferencia de estatura y de lo mucho que la presencia de Jeong llenaba el lugar.
—Gracias —murmuró U-jin, inclinando levemente la cabeza con una sonrisa sincera—. Significa mucho viniendo de ti.
—Cuenta conmigo para lo que necesites durante la obra —añadió Jeong, ofreciéndole una mano con un gesto firme y maduro—. Después de todo, las vecinas tienen que apoyarse.
Al estrechar su mano, U-jin sintió la firmeza y la calidez del agarre de Jeong. La antigua amistad infantil quedaba atrás de forma definitiva, dando paso a un reencuentro cargado de una tensión nueva, sutil y profundamente intrigante.