Una historia de Dos personas que no pueden destruirse en una historia donde tienen que hacerlo. Hay dificultades, hay deshonras y traiciones que llevarán a atraerse el uno al otro y será el momento perfecto en el que demuestren que el amor no es más que simples palabras, si no las acciones que demuestren una redención de los pecados que cometieron. Spin off de las series originales: El ascenso de un linaje.
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Capítulo 20: Cinco alrededor de un fuego
Llegaron a The Hero al atardecer, y el pueblo entero pareció contener la respiración cuando vio, por primera vez, la magnitud completa de lo que Blanck había reunido — un dragón celestial, una guerrera local que todos ya conocían, y ahora un ejército improvisado de exsoldados, motociclistas reformados y un herrero que sonreía como si no cargara el peso de una sentencia de muerte que había esquivado por apenas horas.
Isolde los recibió en la entrada del pueblo, la sorpresa genuina cruzando su rostro al ver el tamaño completo del grupo.
—¿Todos ellos?
—Todos ellos —confirmó Blanck—. Larss, Lucila, Dyrock. Y quienes decidieron seguirlos.
Isolde estudió a cada uno con atención, deteniéndose un momento más de lo necesario en Dyrock, cuya sonrisa cálida parecía contagiarse a cualquiera que estuviera cerca.
—Bienvenidos —dijo, finalmente—. Ojalá pudiera decir que el momento en que llegan es tranquilo. No lo es.
—¿Qué pasó?
—Nada todavía. Pero los rumores que llegan desde territorio de tu padre hablan de movimiento de tropas. Grandes. Más de lo que cualquier misión normal necesitaría.
El peso de la noticia cayó sobre todos, la calidez del reencuentro apagándose de golpe ante la urgencia de lo que se avecinaba.
Aquella noche, decidieron que sería la última de verdadero descanso antes de que la preparación estratégica ocupara cada minuto restante. Kate insistió en ello, con una firmeza que nadie se atrevió a cuestionar.
—Necesitamos esto —dijo, mientras organizaba el fuego principal en el centro del pueblo, lo suficientemente grande para que los once cupieran alrededor—. Una noche para recordar por qué vale la pena pelear, antes de que solo quede espacio para la estrategia y el miedo.
Los cinco que ahora todos empezaban a llamar, sin proponérselo del todo, "el grupo" —Blanck, Kate, Larss, Lucila, Dyrock— se sentaron juntos por primera vez como una unidad completa, con Isolde ocupando un lugar tan natural entre ellos como si llevara ahí desde el principio.
—Nunca pensé que terminaría sentada junto a un dragón celestial, un ex militar, una criminal reformada y el hombre más amable que he conocido en mi vida —comentó Kate, con algo parecido al humor genuino cruzando su voz cansada.
—Técnicamente sigo siendo criminal —corrigió Lucila—. Solo que ahora robo con mejor propósito.
—Técnicamente sigo siendo un fugitivo condenado a muerte —añadió Larss.
—Y yo técnicamente debería estar ejecutado desde ayer —agregó Dyrock, con una sonrisa que restaba toda la gravedad posible a la afirmación.
—Entonces somos el grupo de personas menos calificadas legalmente para salvar al mundo que ha existido jamás —concluyó Blanck, el humor extraño del momento contagiando incluso a Isolde, que soltó una risa que hacía meses no se permitía del todo.
La conversación se relajó con el paso de las horas, cada uno compartiendo fragmentos de sí mismos que en circunstancias normales jamás habrían salido a la luz frente a extraños convertidos, de la noche a la mañana, en aliados de vida o muerte.
—¿Sabían que Dyrock hizo que Lucila sonriera con una piedra? —comentó Kate, la burla cariñosa evidente en el tono.
—No fue solo una piedra —protestó Lucila, aunque sin ninguna verdadera molestia—. Fue una demostración artística de mi anomalía.
—Fue una piedra fragmentada en el aire —insistió Kate.
—Fue hermoso, en mi defensa —añadió Dyrock, provocando otra ronda de risas alrededor del fuego.
Larss, observando todo desde su lugar habitual, algo apartado incluso dentro del propio círculo, permitió que una sonrisa genuina cruzara su rostro — pequeña, breve, pero real.
—Hacía mucho tiempo que no me reía así —admitió, cuando Isolde lo notó y se lo señaló en voz baja.
—Deberías hacerlo más seguido.
—Quizás, después de todo esto, lo haga.
En algún punto de la noche, Blanck se levantó, alejándose un poco del fuego principal, y Kate lo siguió sin que él tuviera que pedírselo.
—¿Estás bien?
—Estoy pensando en mañana. En los próximos días. —Blanck miró hacia el fuego, hacia el grupo que había logrado reunir en tan poco tiempo—. Hace apenas unos meses, era solo un soldado de mi padre, sin cuestionar nada de lo que se me ordenaba. Ahora tengo un ejército improvisado, una hermana reconstruida con metal y esperanza, y una mujer que decidió, sin ninguna razón lógica, arriesgarlo todo por mí.
—No fue sin razón lógica.
—¿No?
Kate lo miró, la seriedad genuina reemplazando cualquier resto de la calidez de la noche.
—Te elegí porque, la primera vez que pudiste matarme, no lo hiciste. Y cada día desde entonces, has elegido lo mismo, una y otra vez, aunque el costo siguiera subiendo. —Tomó su mano, entrelazando los dedos con los de él—. Eso no es falta de lógica, Blanck. Es la razón más sólida que conozco.
Blanck la abrazó, el peso de todo lo que se avecinaba aligerándose, aunque fuera solo un poco, con la certeza de no tener que enfrentarlo solo.
—Sea lo que sea que pase mañana, o en los próximos días... quiero que sepas que esto —señaló hacia el fuego, hacia el grupo entero riendo y compartiendo lo poco que tenían— es lo más parecido a la felicidad completa que he sentido jamás.
—Lo sé. —Kate apoyó la cabeza contra su pecho—. Yo siento lo mismo.
Cuando finalmente el grupo empezó a retirarse a descansar, cada uno hacia su propio rincón del campamento improvisado, Isolde se quedó un momento más junto al fuego casi apagado, observando las brasas con una calma que meses atrás habría sido impensable para ella.
Dyrock se sentó a su lado, sin decir nada al principio, simplemente compartiendo el silencio.
—¿En qué piensas? —le preguntó, finalmente.
—En que, sin importar lo que pase mañana, esta noche valió la pena. —Isolde flexionó el brazo mecánico, el metal reflejando tenue la luz de las últimas brasas—. Padre me quitó una parte de mi cuerpo, pensando que con eso me quitaba también la capacidad de tener algo bueno. Y sin embargo, aquí estoy. Rodeada de gente que eligió quedarse, sin que nadie las obligara.
—Eso es lo más importante que se puede tener, creo yo. —Dyrock sonrió, esa misma calidez simple que ya definía cada palabra suya—. No lo que nadie puede quitarte a la fuerza. Sino lo que la gente elige darte, libremente, sin que nadie los obligue a hacerlo.
Isolde asintió, algo parecido a la paz genuina asentándose en su pecho por primera vez en mucho tiempo.
—Gracias por estar aquí, Dyrock. Aunque apenas nos conocemos.
—A veces no hace falta conocerse de mucho tiempo para saber que vale la pena pelear juntos.
El fuego terminó de apagarse poco después, dejando solo la oscuridad tranquila de una última noche de calma — cinco personas, unidas por circunstancias que ninguna había elegido del todo, pero que en aquel momento, sentados alrededor del mismo fuego, se sentían más parecidos a una familia elegida que a cualquier alianza estratégica.
Ninguno de ellos sabía todavía que aquella misma noche, a kilómetros de distancia, Ray X había recibido por fin la confirmación que esperaba — la ubicación exacta de The Hero, y de cada uno de los aliados que su hijo había reunido en su contra.
La tormenta, que llevaba meses gestándose en silencio, estaba a punto de caer.
Continuará...