Quien diría que una beca en Alemania solo para estudiar tomaría un rumbo distinto al imaginado..
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EP 18: -Maeve y los Bennett
La mañana siguiente comenzó como cualquier otra en la casa Bennett.
A las seis y media, las luces del despacho de Arthur ya estaban encendidas.
A las siete y cuarto, Cinthia estaba en la cocina.
A las ocho, Tyler bajó las escaleras con el cabello todavía desordenado y una expresión de sueño que desapareció apenas vio a Isaac sentado en la mesa.
—Buenos días —murmuró.
Isaac levantó la mirada.
—Buenos días.
Nada parecía diferente.
Y, sin embargo, lo estaba.
La conversación que habían tenido la noche anterior había quedado en el aire.
No habían discutido.
No habían levantado la voz.
Pero ambos sabían que había algo pendiente.
Tyler tomó una taza y se sirvió café.
—¿Vas a salir hoy?
—Después de la universidad.
—¿A dónde?
Isaac dejó el teléfono sobre la mesa.
—No sé todavía.
Tyler asintió.
No preguntó nada más.
Cinthia observó a los dos desde la encimera.
Conocía a sus hijos lo suficiente como para reconocer cuando una conversación aparentemente normal escondía algo más.
—¿Todo bien?
—Sí —respondieron ambos al mismo tiempo.
Cinthia los miró.
—Perfecto.
No insistió.
Había aprendido que presionar demasiado pronto solo conseguía que ambos se cerraran.
El problema comenzó unas horas después.
No fue una discusión por una conversación que Maeve hubiera tenido con alguno de ellos.
Tampoco por un mensaje.
Ni siquiera porque Maeve hubiera hecho algo que pudiera interpretarse como interés.
En realidad, Maeve no había hecho absolutamente nada.
No les escribía.
No buscaba a ninguno de los dos.
No les enviaba mensajes durante el día.
No aparecía preguntando por ellos.
No intentaba acercarse.
Su relación con ambos era prácticamente inexistente.
Y precisamente por eso resultaba difícil entender cómo había terminado convirtiéndose en motivo de tensión entre los hermanos.
Todo comenzó cuando Tyler mencionó su nombre durante el desayuno.
—Ayer vi a Maeve.
Isaac levantó la mirada.
—¿Dónde?
Tyler notó inmediatamente el cambio en su expresión.
—En la universidad.
—¿Hablaste con ella?
—No.
Isaac volvió a mirar su teléfono.
—Entonces, ¿qué importa?
Tyler se encogió de hombros.
—Nada.
Pero unos segundos después agregó:
—Solo la vi.
Isaac no respondió.
Cinthia continuó preparando el café como si no hubiera escuchado nada.
Sin embargo, cuando Isaac salió de la cocina, Tyler permaneció sentado.
—¿Qué? —preguntó Cinthia.
—Nada.
—Tyler.
Él suspiró.
—Isaac también está interesado en ella.
Cinthia dejó la taza sobre la mesa.
—¿Y ella está interesada en alguno de ustedes?
Tyler guardó silencio.
La respuesta era evidente.
—No lo sé.
—Entonces no hay nada que discutir.
Tyler bajó la mirada.
—No es tan sencillo.
—¿Por qué?
—Porque él siempre consigue todo.
Cinthia frunció ligeramente el ceño.
—¿Todo qué?
Tyler no respondió.
Quizás ni siquiera sabía exactamente qué quería decir.
No estaba hablando de dinero.
Ni de estudios.
Ni de oportunidades.
Hablaba de atención.
De reconocimiento.
De esa sensación que había tenido durante años de que Isaac siempre ocupaba un lugar distinto dentro de la familia.
Y ahora, por primera vez, Tyler sentía que aquella diferencia podía trasladarse también a alguien externo.
A Maeve.
—No quiero competir con él —dijo finalmente.
Cinthia lo observó.
—Entonces no compitas.
La respuesta parecía sencilla.
Pero para Tyler no lo era.
Porque Isaac tampoco había decidido competir.
El problema era que ambos estaban interpretando la situación desde lugares diferentes.
Durante los días siguientes, comenzaron a cruzarse más de lo habitual.
No porque buscaran encontrarse.
Simplemente estudiaban en lugares relacionados, tenían horarios parecidos y compartían algunos espacios.
Cada encuentro terminaba aumentando la tensión.
Una tarde, Tyler llegó a casa y encontró a Isaac en la sala.
—¿La viste?
Isaac levantó la mirada.
—¿A quién?
—A Maeve.
—Sí.
Tyler se quedó quieto.
—¿Y hablaste con ella?
—No.
—¿Por qué?
Isaac frunció el ceño.
—Porque no tenía nada que decirle.
Tyler asintió lentamente.
—Claro.
Isaac lo observó.
—¿Qué significa eso?
—Nada.
—Entonces no pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—Esa.
Tyler soltó una risa corta.
—Siempre haces eso.
—¿Qué hago?
—Hablas como si todo lo que digo fuera una tontería.
Isaac dejó el libro sobre la mesa.
—No dije eso.
—No hace falta.
La conversación terminó ahí.
O eso creyeron.
Porque unas horas después, volvieron a discutir.
Esta vez en el pasillo.
—No tienes que estar pendiente de cada cosa que hago —dijo Isaac.
—No estoy pendiente de ti.
—Entonces deja de preguntarme por Maeve.
—Tú también preguntas por ella.
—Porque tú la mencionas.
—Porque tú reaccionas.
Isaac guardó silencio.
Tyler cruzó los brazos.
—¿Ves?
—¿Veo qué?
—Que te importa.
Isaac respiró profundamente.
—Que me importe alguien no significa que exista algo entre nosotros.
Tyler bajó los brazos.
—Entonces déjalo.
—¿Dejar qué?
—Todo esto.
Isaac lo miró.
—No hay nada que dejar.
Tyler negó con la cabeza.
—Eso es justamente lo que no entiendes.
La discusión terminó cuando escucharon pasos.
Cinthia apareció al final del pasillo.
No necesitó preguntar demasiado.
—¿Qué está pasando?
Ninguno respondió.
—Isaac.
—Nada.
—Tyler.
—Nada.
Cinthia los miró a ambos.
—Curiosamente, cuando dos personas responden exactamente lo mismo después de discutir, normalmente significa que sí está pasando algo.
Tyler miró hacia otro lado.
Isaac permaneció serio.
Cinthia suspiró.
—No quiero saber detalles si no quieren contármelos. Pero sí quiero saber una cosa.
Los dos levantaron la mirada.
—¿Maeve les ha dado alguna razón para pensar que quiere estar con alguno de ustedes?
Silencio.
—No —respondió Tyler finalmente.
—Entonces no entiendo por qué están peleando.
Isaac bajó la mirada.
Tyler tampoco respondió.
Cinthia continuó:
—Una persona no puede convertirse en una competencia si nunca decidió participar en ella.
La frase permaneció en el pasillo.
Ninguno de los dos encontró una respuesta.
Esa noche, la tensión llegó a la mesa.
Arthur notó el silencio casi inmediatamente.
—¿Qué pasó?
—Nada —respondió Tyler.
Arthur miró a Isaac.
—¿Y tú?
—Nada.
Cinthia tomó agua.
—Están discutiendo por Maeve.
Tyler la miró sorprendido.
Isaac también.
Arthur dejó lentamente los cubiertos.
—¿Maeve?
—Sí —respondió Cinthia.
Arthur miró a sus hijos.
—¿Qué relación tienen con ella?
Ninguno respondió.
—Les pregunté algo.
—Ninguna —dijo Isaac.
—Prácticamente ninguna —añadió Tyler.
Arthur permaneció en silencio unos segundos.
—Entonces, ¿por qué están discutiendo?
Tyler respiró hondo.
—Porque parece que los dos estamos interesados en ella.
Arthur miró a Isaac.
—¿Y ella?
Isaac respondió:
—No ha mostrado interés en ninguno.
Arthur asintió lentamente.
—Entonces esto no es una disputa por ella.
Tyler frunció el ceño.
—¿Qué es?
Arthur miró a ambos.
—Entre ustedes.
La mesa quedó en silencio.
Arthur continuó.
—Si dos hermanos quieren la atención de una persona que no se la está dando a ninguno, esa persona no es el problema.
Tyler bajó la mirada.
Isaac permaneció inmóvil.
—No voy a decirles qué sentir —continuó Arthur—. Tampoco voy a decidir qué deben hacer. Pero sí voy a decirles algo que deberían recordar.
Ambos lo miraron.
—Nadie les debe atención.
No lo dijo con dureza.
Simplemente era una afirmación.
—Y mucho menos alguien que no tiene una relación con ustedes.
Cinthia asintió ligeramente.
—Exactamente.
Tyler apoyó los brazos sobre la mesa.
—Entonces, ¿qué hacemos?
Arthur respondió:
—Hablan entre ustedes.
Isaac levantó una ceja.
—¿Ahora?
—No necesariamente ahora.
Cinthia intervino.
—Pero sí antes de que esto se convierta en algo más grande de lo que realmente es.
Tyler miró a Isaac.
Por primera vez en varios días, ninguno parecía estar buscando una respuesta sobre Maeve.
La conversación había cambiado.
Ya no se trataba de ella.
Se trataba de ellos.
De la comparación constante.
De las diferencias que ambos habían percibido durante años.
De la atención de Arthur.
De la manera en que Cinthia había construido una relación distinta con cada uno.
Y de todas aquellas pequeñas cosas que nunca habían hablado directamente.
Más tarde, Isaac encontró a Tyler sentado en las escaleras.
Se sentó a su lado.
Durante unos segundos ninguno habló.
—No quiero pelear contigo por ella —dijo Tyler.
Isaac asintió.
—Yo tampoco.
—Y sé que ella no está interesada en ninguno.
—Lo sé.
Tyler se quedó mirando el suelo.
—Entonces creo que estaba convirtiéndolo en algo que no era.
Isaac tardó unos segundos en responder.
—Yo también.
Tyler lo miró.
—¿Por qué?
Isaac se encogió de hombros.
—Supongo que porque estoy acostumbrado a pensar demasiado las cosas.
Tyler sonrió ligeramente.
—Eso sí es verdad.
Isaac lo miró.
—No empieces.
Ambos rieron.
No solucionaron todo aquella noche.
Pero la discusión terminó.
Y quizás eso era suficiente.
Desde la cocina, Cinthia los vio hablar.
Arthur apareció detrás de ella.
—¿Ya terminaron?
—Por ahora.
Arthur observó a sus hijos durante unos segundos.
—Eso es algo.
Cinthia sonrió.
—Son hermanos.
—Lo sé.
—Van a volver a discutir.
Arthur asintió.
—También lo sé.
Cinthia apoyó una mano sobre la encimera.
—Entonces tendremos que recordarles lo mismo otra vez.
Arthur la miró.
—Probablemente.
En la casa Bennett, las cosas rara vez se resolvían de manera definitiva.
Las discusiones podían desaparecer durante una semana y regresar después.
Las diferencias podían permanecer durante años.
Pero aquella noche habían conseguido recordar algo importante.
Maeve no era parte de aquella competencia.
Nunca lo había sido.
No había elegido a Isaac.
No había elegido a Tyler.
No había enviado mensajes que pudieran confundirse con promesas.
No había buscado la atención de ninguno de los dos.
Simplemente existía al margen de aquella situación.
El verdadero conflicto estaba dentro de la familia.
En la necesidad de ser visto.
En el miedo de ser comparado.
En el deseo de sentirse elegido.
Y mientras Arthur y Cinthia observaban a sus hijos desde la distancia, ambos comprendieron que aquella no sería la última vez que tendrían que intervenir.
Porque crecer dentro de una familia significaba aprender a compartir muchas cosas.
Espacios.
Responsabilidades.
Expectativas.
Y, a veces, incluso la necesidad de sentirse importante.
Pero había algo que ningún Bennett podía exigir.
La atención de otra persona.
Y quizás aprender aquello sería una de las primeras cosas que Isaac y Tyler tendrían que resolver por sí mismos.