NovelToon NovelToon
El Caos En Mi Refugio

El Caos En Mi Refugio

Status: En proceso
Genre:Escuela / Romance
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Lola vive bajo una regla de oro: su espacio personal es sagrado. Es inteligente, retraída y encuentra paz en el silencio. Su único error fue dejar entrar en ese refugio a Mateo, su mejor amigo, un torbellino de imprudencia que solo entiende de tácticas de fútbol y de cómo hacerla reír cuando más lo necesita.

Pero el equilibrio se rompe cuando el "Rey del Campo" se convierte en el objetivo de la chica más popular, y un rival inesperado decide que la brillante timidez de Lola es el trofeo que realmente quiere ganar

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: El Silencio Ruidoso

​El sábado amaneció con un cielo plomizo que presagiaba lluvia, de esos días en los que la luz entra a la habitación como un susurro pálido. Lola se despertó antes de que sonara la alarma, con la mirada fija en el techo de madera de su cuarto. Lo primero que hizo, casi por un acto reflejo perfeccionado por la costumbre, fue estirar el brazo hacia la mesita de noche y tomar el teléfono.

​La pantalla iluminó su rostro en la penumbra: las 7:42 de la mañana. Ninguna notificación. Ningún mensaje de voz atropellado con ruido de viento de fondo. Ninguna foto borrosa de un plato de cereal desbordado o de un perro callejero al que Mateo hubiera intentado entrenar camino a su práctica matutina.

​Nada.

​Lola dejó el teléfono boca abajo sobre la cobija. Se dijo a sí misma que era absurdo sentir esa pequeña punzada en el centro del pecho. Durante años, el fin de semana había sido su santuario inviolable, el espacio donde recuperaba el aliento tras el caos de la semana escolar. Era el momento en que nadie exigía respuestas inmediatas, donde podía sumergirse en la lectura sin interrupciones. Pero hoy, ese silencio que siempre había buscado como un bálsamo se sentía extraño, denso y extrañamente pesado.

​En el cine, la noche anterior, la tensión había quedado flotando en el aire como una neblina helada. Mateo la había acompañado hasta la puerta de su casa en un viaje en moto donde apenas cruzaron palabras, ahogados por el rugido del motor y el peso de lo no dicho.

Al despedirse, él le había apretado la mano con una fuerza contenida, como si quisiera dejarle una marca, pero no había sonreído. Patricia, mientras tanto, se había encargado de recordarles a todos en el grupo del chat escolar que el fin de semana estaría «lleno de compromisos» para el equipo y sus organizadores.

​Lola se levantó, se puso su suéter más grande y bajó a la cocina. El aroma a café recién pasado impregnaba la casa. Su madre le dedicó una sonrisa suave desde el fregadero, pero Lola solo asintió en silencio, tomó su taza y subió de nuevo a su refugio.

​Se acomodó en el alféizar de la ventana, su lugar favorito. Abrió un libro de poesía que llevaba días queriendo terminar. Las palabras estaban allí, impecables, elegantes, cargadas de una profundidad que solía fascinarla. Sin embargo, su mente se negaba a procesarlas. Leía el mismo párrafo tres veces sin retener nada. Su atención se desviaba involuntariamente hacia la pantalla del teléfono, que permanecía apagada sobre la mesa.

​A las once de la mañana, la primera tormenta del fin de semana descargó con fuerza sobre los tejados. El agua golpeaba el cristal en un ritmo constante y monótono.

​En ese mismo instante, a unos pocos kilómetros de allí, Mateo estaba atrapado en un escenario completamente distinto. Patricia había organizado una «reunión de integración» en la casa de campo de sus padres para celebrar la victoria de la semana pasada, invitando al núcleo duro del equipo de fútbol y a las porristas. Mateo no había tenido margen de maniobra; su entrenador le había insinuado que faltar a los eventos del equipo afectaría su capitanía, una sutileza que llevaba la firma indiscutible de Patricia.

​Mateo permanecía sentado en un sofá de cuero blanco en la terraza cubierta de la casa de Patricia. A su alrededor, la música sonaba a un volumen ensordecedor. La gente reía, jugaba a las cartas y chocaba vasos de refresco. Patricia estaba a solo dos metros, hablando animadamente con dos chicas del comité, pero manteniendo un ojo avizor sobre él. Cada vez que Mateo sacaba el teléfono del bolsillo, ella encontraba una excusa perfecta para interrumpirlo: pedirle que encendiera la parrilla, que ayudara a mover unas sillas o que saliera en la foto grupal.

​Mateo miraba la pantalla a escondidas. Había escrito tres borradores de mensajes para Lola: "Loli, esto es un infierno", "Perdón por lo de ayer", "¿Qué estás leyendo?". Pero los tres los había borrado antes de enviar. La vergüenza de sentirse manipulado, sumada a la imagen de Lola hablando con tanta soltura sobre cine con Andrés, le congelaba los dedos. Sentía que si enviaba un mensaje torpe, solo confirmaría lo que Patricia no dejaba de insinuar con sus comentarios pasivo-agresivos: que él era un ruido molesto en la vida refinada de Lola.

​Mientras tanto, la tarde cayó en la habitación de Lola. El silencio de la casa se volvió casi ensordecedor.

​Lola dejó el libro sobre la alfombra. Se acostó de espaldas sobre la madera fría, mirando las sombras que se proyectaban en el techo. Siempre había defendido que la soledad era su estado natural, el único lugar donde su mente no tenía que estar a la defensiva. Pero hoy, la soledad se sentía desamueblada.

​Echaba de menos el desorden. Echaba de menos la forma en que Mateo irrumpía en la habitación sin golpear con la fuerza de un huracán, trayendo consigo el olor a aire libre, a sudor de entrenamiento y a comida grasienta. Echaba de menos la forma en que él arruinaba la solemnidad de sus lecturas con observaciones absurdas que, sin querer, la hacían reír hasta que le dolía el estómago.

​Se dio cuenta de una verdad incómoda: Mateo había alterado su ecosistema. Había abierto una brecha en su muralla y, ahora que no estaba, el aire frío entraba por la grieta. El silencio ya no era paz; era simplemente ausencia. Era un espacio vacío que clamaba por ser llenado con una risa estrepitosa o una disculpa torpe.

​Revisó Instagram por pura inercia. Lo primero que apareció en su inicio fue una historia publicada por Patricia hacia diez minutos. En la imagen, un grupo amplio posaba bajo el porche de la casa de campo. En el centro, Mateo aparecía mirando hacia la cámara con una expresión cansada, sosteniendo un vaso. Patricia estaba parada justo a su lado, con la mano apoyada casualmente en el hombro de él, luciendo una sonrisa de triunfo absoluto. La descripción leía: "El equipo siempre unido. Fin de semana de campeones".

​Lola sintió un frío seco en el estómago. Observó los ojos de Mateo en la foto; no había brillo en ellos, solo una apatía evidente. Supo de inmediato que él no quería estar allí. Conocía esa mirada; era la misma que ponía cuando lo obligaban a asistir a las entregas de diplomas académicos.

​Apagó el teléfono de golpe y lo lanzó sobre la cama.

​Se levantó y caminó hacia la ventana. La lluvia había amainado, dejando tras de sí un rastro de gotas que resbalaban lentamente por el vidrio. Lola apoyó la frente contra el cristal frío. Sentía una mezcla de frustración y nostalgia que no sabía cómo clasificar.

Estaba molesta con Mateo por dejarse arrastrar a ese juego, pero estaba aún más molesta consigo misma por haberse vuelto tan dependiente del ruido que él traía a su vida.

​—Eres un idiota, Mateo García —murmuró contra el cristal, su aliento empañando la superficie.

​Por la noche, la casa de Lola volvió a quedar en penumbras. Se acomodó en la cama, cubriéndose hasta los hombros. Miró el teléfono una última vez antes de apagar la luz de la mesa de noche. Escribió un mensaje corto en el chat de Mateo, pero se quedó con el pulgar suspendido sobre el botón de enviar durante dos minutos enteros.

​"Espero que la fiesta esté divertida."

​Era demasiado frío, demasiado evidente. Lo borró.

​En su lugar, escribió algo más simple, una rendición silenciosa a la falta que él le hacía:

​"El silencio aquí hoy estuvo demasiado alto."

​Dudó. Le parecía exponer demasiado su vulnerabilidad, esa parte de ella que siempre intentaba proteger detrás de sus libros y su distancia. Pero antes de que su mente lógica pudiera intervenir para borrarlo de nuevo, su pulgar presionó la flecha azul. El mensaje se envió.

​A kilómetros de allí, en el autobús de regreso que traía al grupo de la casa de campo, Mateo sintió la vibración del teléfono en el bolsillo de su sudadera. Patricia dormía dos asientos más adelante, exhausta tras todo un día de mantener las apariencias.

​Mateo sacó el teléfono y abrió la notificación. Al leer las seis palabras de Lola, sintió que un peso invisible se le quitaba del pecho. Una sonrisa pequeña, genuina y cansada apareció por primera vez en su rostro en todo el fin de semana.

​No respondió con una explicación larga ni con una excusa sobre Patricia. Sabía que no era el momento. Escribió una sola frase, pero cargada de toda la verdad que sus palabras torpes podían reunir:

​"Mañana bajo el volumen de tu cuarto. Lo prometo."

​Lola vio el destello de la pantalla en la oscuridad de su habitación. Leyó la respuesta, abrazó el teléfono contra su pecho y, por primera vez en todo el fin de semana, cerró los ojos sintiendo que el silencio a su alrededor volvía a ser, finalmente, un lugar seguro para descansar.

1
Fernanda
mateo date prisa 💯
Fernanda
muy bien Andrés
Carolina A²V
ese es mi Mateo lento pero seguro 😊🥰
Carolina A²V
estoy de acuerdo con Andrés mueve ese lindo trasero y pídele a Lola que vaya contigo al baile de graduación 😜
Carolina A²V
era no es el centro de su mente 🤔
Carolina A²V
te va a reventar tu linda carita opps 🫣🫢
celimar
me encanta 💯💯
Fernanda
cada capitulo es un aprendizaje para lola tiene que crecer más en ellos me encanta esta historia 💯💯
Betty Saavedra Alvarado
Hay personas en la vida que le gusta hacer daño no dejar a que sean felices meten cizaña para que una relación no prospere
Carolina A²V
nunca hubo hay ni abra lástima entre ustedes así que ya deja esos fantasmas que solo te atormentan y sobre todo no escuches a la venenosa de patricia que sólo tiene envidia de ti
Carolina A²V
tu apoyo de siempre Lola
Carolina A²V
todo lo contrario a lo que Lola esperaba 🤔😉
Carolina A²V
ayyy Lola y tus inseguridades 😟
Betty Saavedra Alvarado
Esa Patricia ves una bruja
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Celina Espinoza
firme lola no le agas caso
Celina Espinoza
que lindo capitulo 👍👍
Fernanda
patricia solo quiere hopacarte no le des el gusto
Fernanda
lola no caigas
Carolina A²V
Lo estás desarmando Lola, lo harás caer en un abismo de incertidumbres ese del cual salió anoche ya hoy vuelve a el
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play