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La Promesa De Jade.

La Promesa De Jade.

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:523
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

Un milagro de Dios.

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El reflejo del cielo.

El verano llegó con una ola de calor que dejó el jardín reseco y obligó a la familia a buscar refugio en la sombra del viejo olmo. Las ramas del árbol, que habían estado a punto de desplomarse años atrás, se mantenían firmes gracias a las podas y a los cuidados que Daniel le prodigaba con devoción de jardinero. Bajo su copa, Valeria había instalado una mesa y varias sillas de mimbre donde pasaban las tardes más calurosas, leyendo, dibujando o simplemente contemplando el vuelo perezoso de las golondrinas.

Jade había terminado su primer año de colegio con notas excelentes y, lo que era más importante, con un grupo de amigos que la aceptaban tal como era. La señorita Elena, su maestra, había escrito en el informe final: "Jade es una niña excepcionalmente sensible y despierta. Tiene una capacidad de empatía poco común y una intuición que a veces sorprende. Pero, sobre todo, tiene un corazón enorme". Valeria había llorado al leer aquellas palabras.

El profesor Castell había espaciado sus visitas. Ya no acudía todos los sábados, sino una vez al mes, convencido de que Jade había alcanzado un nivel de madurez que le permitía gestionar su don con cierta autonomía. Sin embargo, se mantenía en contacto telefónico con la familia y siempre estaba disponible para consultas urgentes.

—Jade ha superado la etapa más delicada —les explicó en su última visita—. Los primeros años son los más difíciles, porque el don es nuevo y el niño no sabe controlarlo. Pero ella ha aprendido a filtrar, a protegerse y a usar su carisma solo cuando es necesario. Es una niña muy equilibrada.

—¿Quiere decir que ya no necesita nuestras visitas? —preguntó Valeria, con un tono que delataba cierta nostalgia.

—Quiere decir que ya no las necesita tanto como antes. Pero si a ustedes no les importa, me gustaría seguir viniendo de vez en cuando. Me he encariñado con esta familia.

—Por supuesto que no nos importa —respondió Daniel—. Esta es su casa.

Una mañana de agosto, mientras Daniel trabajaba en su estudio y Valeria preparaba mermelada de ciruelas en la cocina, Jade entró corriendo desde el jardín. Traía las mejillas encendidas por el calor y un sobre de papel amarillento en la mano.

—Mamá, mira lo que he encontrado —dijo, entregándole el sobre.

Valeria se secó las manos en el delantal y examinó el objeto. Era un sobre viejo, de esos que se usaban antes para enviar cartas por correo postal. No tenía remitente ni destinatario, pero estaba cerrado con un sello de lacre de color verde oscuro.

—¿Dónde lo has encontrado?

—En el jardín. Estaba debajo de una piedra, junto a las raíces del olmo. La señora del pañuelo me ha dicho que lo cogiera.

Valeria sintió un escalofrío. La señora del pañuelo. Últimamente, la guardiana había estado menos presente en la vida de Jade, o al menos eso creían ellos. Pero al parecer, seguía manifestándose en momentos clave.

—¿Te ha dicho algo más?

—Sí. Que el sobre es para ti.

Valeria rompió el sello de lacre con cuidado y extrajo del interior una hoja de papel doblada, también amarillenta, cubierta por una caligrafía elegante y antigua. La tinta, de color sepia, había resistido el paso del tiempo con una obstinación admirable.

La carta decía así:

"Queridos Daniel y Valeria:

Si estáis leyendo estas palabras, es porque vuestra hija ha crecido lo suficiente para encontrar este mensaje. Eso significa que habéis hecho bien vuestro trabajo. La habéis amado, la habéis protegido y le habéis enseñado a usar su don con sabiduría. Os estoy profundamente agradecida.

No sé cuánto tiempo seguiré pudiendo visitarla. Mi misión como guardiana está llegando a su fin. Pronto, Jade tendrá que caminar sin mi ayuda, guiada solo por su propia luz y por el amor de sus padres. Pero no tengáis miedo. Ella está preparada. Siempre lo ha estado.

Recordad que los milagros no son fuegos artificiales que deslumbran y se apagan. Son semillas que se plantan en la tierra oscura y que crecen despacio, sin prisa, hasta convertirse en árboles que dan sombra a los caminantes.

Vosotros fuisteis la tierra donde plantaron a Jade. Y habéis sido la mejor tierra que una semilla podría desear.

Con amor eterno,

La que os visitó una noche de lluvia."

Valeria terminó de leer la carta con lágrimas resbalando por sus mejillas. Jade, que la observaba en silencio, se acercó y le secó las lágrimas con sus pequeñas manos.

—No llores, mamá. La señora dice que no estés triste. Que ella siempre va a estar cerca, aunque no la veamos. Como las estrellas cuando es de día.

—No lloro de tristeza, mi amor. Lloro de gratitud.

Cuando Daniel leyó la carta, su reacción fue similar. Se quedó un largo rato en silencio, con la hoja amarillenta entre las manos, y luego miró a su hija con una expresión que Valeria no le había visto nunca. Era una mezcla de orgullo, de asombro y de una paz profunda que parecía haberse instalado por fin en su corazón.

—¿Sabes lo que dice aquí, Jade?

—Sí. Dice que ya soy mayor. Que la señora se va de viaje, pero que no me preocupe, porque me ha enseñado todo lo que necesito saber.

—¿Y tú cómo te sientes con eso?

La niña se quedó pensativa un momento. Miró por la ventana, hacia el jardín donde el viejo olmo se recortaba contra el cielo azul.

—Un poco triste. Pero también contenta. Porque si ella se va, es que confía en mí. Y eso es bonito.

Esa noche, después de cenar, los tres salieron al jardín. El calor del día había dado paso a una brisa fresca que mecía suavemente las ramas del olmo. El cielo estaba cuajado de estrellas, una bóveda infinita que parecía estar más cerca que nunca.

—Mamá, papá —dijo Jade, tumbada en el césped con la mirada fija en el firmamento—. ¿Veis aquella estrella de ahí? La que brilla más que las demás.

—Sí —respondieron al unísono.

—Es la estrella de la señora. Me ha dicho que cada vez que la mire, sepa que me está cuidando desde allí. Y que no tenga miedo nunca, porque la luz siempre gana.

Daniel abrazó a Valeria y a Jade en un gesto que abarcaba a toda su familia, a todo su mundo. Las lágrimas, esta vez, no eran de tristeza, sino de una emoción tan plena que no cabía en palabras.

—La luz siempre gana —repitió Daniel, y por primera vez en muchos años, sintió que aquellas palabras no eran una metáfora, sino una verdad tan sólida como los cimientos de sus edificios.

El verano siguió su curso. Las ciruelas maduraron y Valeria las convirtió en mermelada. Daniel terminó la biblioteca municipal y recibió una mención honorífica del ayuntamiento. Jade aprendió a nadar en la piscina del pueblo y leyó todos los libros infantiles que encontró en la biblioteca que su padre había construido.

Y el viejo olmo, testigo silencioso de todas aquellas vidas, siguió meciendo sus ramas con el viento. Sus raíces, profundas y firmes, se aferraban a la tierra con la misma fuerza con que Daniel y Valeria se aferraban al milagro que les había sido concedido. Porque Jade era eso: un milagro con raíces de jade, que había crecido en el desierto de la espera y había florecido en el jardín del amor.

1
JOGXANDY BELLO
si el es esteril y ppr lo que veo ella lo aceptó asi, para que esperar un milagro. No tiene mucho amor disponible cuando no es capaz de darlo a un niño que lo necesite
Norys Alvarez Alfonso
❤️❤️👏
Norys Alvarez Alfonso
❤️❤️❤️❤️
Norys Alvarez Alfonso
Bella 😍
Norys Alvarez Alfonso
👏
Norys Alvarez Alfonso
👏🥰 Bella
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