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Tu Precio, Mi Deseo

Tu Precio, Mi Deseo

Status: Terminada
Genre:Romance / Autosuperación / Posesivo / Completas
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

A sus veintiocho años, Damiano Serrano lo tiene todo... o eso cree el mundo. Es el brillante y millonario fundador de una de las empresas automotrices más prestigiosas del mercado, un hombre hecho a sí mismo a base de sudor, rabia y un pasado oscuro que prefiere mantener bajo llave. Pero detrás de los motores de lujo y las portadas de revistas, Damiano arrastra las secuelas de una adolescencia perdida en las adicciones y un rencor asfixiante hacia su padre. Está solo, atormentado por una esterilidad que hiere su orgullo, y con un vacío en el pecho que ninguna cantidad de dinero puede llenar.
Scarlett Moreno tiene veintidós años, una meta clara y las reglas muy bien definidas. Para ella, trabajar en la aplicación más exclusiva de acompañantes íntimas es solo un negocio; un intercambio frío de tiempo por dinero que le permite asegurar su futuro. No hay espacio para los sentimientos en su agenda.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 20

El sol del mediodía caía con una intensidad implacable sobre la plaza central del campus universitario, tiñendo de un dorado ardiente los senderos por los que cientos de estudiantes transitaban tras terminar las últimas entregas del año. Scarlett caminaba con la mirada fija en el suelo, completamente ajena al murmullo juvenil que la rodeaba. Vestía unos pantalones vaqueros desgastados de tiro alto que enmarcaban la curva de sus caderas y un top corto de satén color esmeralda que dejaba al descubierto su abdomen plano y su piel canela. Llevaba el cabello castaño recogido en un moño alto y desenfadado, del que escapaban algunos mechones que le rozaban el cuello. A pesar de su esfuerzo por parecer la estudiante promedio, la tristeza en sus ojos avellana delataba el vacío que arrastraba desde hacía dos semanas.

De repente, un sonido gutural, mecánico y profundamente violento rompió la monotonía del campus.

El rugido de un motor de alta cilindrada hizo que las conversaciones se detuvieran en seco. Las cabezas de los estudiantes se giraron al unísono hacia la avenida peatonal que conectaba con la biblioteca central. Un superdeportivo negro mate, de líneas aerodinámicas tan agresivas que parecía sacado de una pista de carreras del futuro, avanzaba a paso lento pero imponente. Era el prototipo personal de Damiano Serrano.

El coche se detuvo con una precisión milimétrica justo frente al sendero por el que avanzaba Scarlett, bloqueándole el paso.

El murmullo de la multitud se intensificó. Scarlett se quedó congelada, sintiendo cómo el corazón le daba un vuelco tan violento que le dolió el pecho. El pulso se le aceleró a mil por hora. La puerta de ala de gaviota del vehículo se elevó con un siseo hidráulico, y de su interior emergió él.

Damiano.

El magnetismo que emanaba el magnate a sus veintiocho años paralizó el lugar. Vestía unos pantalones de vestir oscuros que acentuaban sus piernas largas y una camisa de lino gris con los primeros botones abiertos, revelando la firmeza de su pecho y el contorno de los tatuajes que ascendían por su cuello. Llevaba el cabello oscuro ligeramente despeinado por el viento y una barba de tres días que le otorgaba un aire peligrosamente atractivo, una sensualidad cruda y madura que contrastaba con el entorno universitario. Su mirada gris, intensa y felina, ignoró por completo los murmullos de los estudiantes y los destellos de los teléfonos móviles que empezaban a grabarlo. Se fijó únicamente en ella.

—Scarlett —su voz, ronca y cargada de una autoridad magnética, cortó el aire del mediodía.

Scarlett dio un paso atrás, sintiendo que las piernas le temblaban bajo el peso de esa mirada posesiva que tantas noches la había desarmado sobre las sábanas de hilo gris. La atracción física, ese fuego químico e instantáneo que siempre compartían, estalló entre ambos con la fuerza de una colisión.

—¿Qué hace aquí, Damiano? —preguntó ella, intentando mantener la voz firme, aunque el labio inferior le traicionó con un leve temblor—. No tenemos nada de qué hablar. El contrato terminó. Váyase, por favor. Todo el mundo está mirando.

Damiano acortó la distancia con pasos firmes y decididos, deteniéndose a escasos centímetros de ella. El calor que desprendía su cuerpo y el aroma a sándalo y tabaco caro envolvieron a Scarlett de inmediato, debilitando la coraza que con tanto dolor había construido.

—Me importa una mierda que miren, Scar —dijo él, bajando la octava de su voz a un susurro sibilante y peligrosamente sensual que solo ella pudo escuchar—. Sé la verdad. Sé lo que hizo mi padre. Sé el sacrificio que hiciste por mí y por tu abuela.

La revelación golpeó a Scarlett como un impacto físico. Sus ojos avellana se abrieron con sorpresa y pánico. Miró a su alrededor, consciente de que decenas de ojos curiosos devoraban la escena de la universitaria y el titán del motor.

—No sé de qué habla. Por favor, déjeme en paz —insistió ella, intentando rodearlo, pero Damiano se movió con rapidez, colocándose de nuevo en su camino.

Con un movimiento audaz y cargado de una posesividad electrizante, Damiano estiró su mano grande y tatuada, atrapando la muñeca de Scarlett. El contacto de su piel caliente contra la de ella envió una descarga eléctrica que les recorrió la columna a ambos. No la apretó con fuerza, pero la firmeza de su agarre dejaba claro que no pensaba soltarla. La atrajo sutilmente hacia sí, reduciendo el espacio personal entre sus cuerpos hasta que Scarlett pudo sentir los latidos acelerados del pecho del magnate.

—No voy a dejarte ir de nuevo, nena —murmuró Damiano, sosteniéndole la mirada con una intensidad que le secó la boca a la joven—. Tu pequeña actuación de la chica fría de la universidad se terminó. Héctor ya no es una amenaza. Me encargué de él anoche. Está fuera de la empresa y fuera de nuestras vidas para siempre. Ya no tienes que protegerme de nada.

—Damiano... —el nombre de él escapó de sus labios carnosos como un suspiro desarmado. El alivio y el deseo luchaban con ferocidad en su interior, pero el miedo a las complejidades de su mundo seguía latente.

—Sube al coche, Scarlett —le pidió él, y esta vez no sonó como una orden corporativa, sino como una súplica ronca, cargada de una vulnerabilidad que la dejó sin defensas—. Vamos a un lugar privado. Necesito hablar contigo. Necesito que me mires a los ojos sin mentiras. Por favor.

Scarlett miró la mano de Damiano en su muñeca, luego el interior tapizado en cuero del superdeportivo y, finalmente, esos ojos grises que la buscaban con una devoción salvaje. Sabía que ceder significaba arrojarse de nuevo al fuego de una pasión de la que ya no podría escapar, pero el dolor de las últimas dos semanas había sido demasiado insoportable como para negarse a la verdad.

—Está bien —cedió en un susurro.

Damiano soltó un suspiro imperceptible, la tensión de sus hombros disminuyendo sutilmente. Con una caballerosidad innata y sensual, rodeó la cintura de Scarlett con una mano, guiándola hacia el asiento del copiloto. El roce de sus dedos contra la piel descubierta de su abdomen hizo que la joven contuviera el aliento. La ayudó a subir, asegurándose de que estuviera cómoda antes de cerrar la puerta de ala de gaviota.

El magnate rodeó el capó del coche con paso rápido y subió al asiento del conductor. En cuestión de segundos, metió primera, pisó el acelerador y el prototipo negro se alejó del campus a toda velocidad, dejando atrás los murmullos, los teléfonos inteligentes y los restos de un contrato que ya no tenía ningún valor.

Dentro del habitáculo del coche, el silencio era denso, cargado de una expectativa erótica y emocional que hacía que el aire fuera casi irrespirable. Damiano conducía con una mano en el volante y la otra descansando sobre la palanca de cambios, muy cerca de la rodilla de Scarlett. La velocidad y la vibración del motor V8 parecían sintonizar con la urgencia que latía entre ambos. Ninguno de los dos habló mientras el vehículo se adentraba en las carreteras secundarias que bordeaban los acantilados de la ciudad, buscando el aislamiento que tanto necesitaban. El deseo ya no era una transacción comercial de cincuenta mil dólares; era una fuerza cruda, juvenil y absoluta que exigía ser liberada tras el infierno de la distancia.

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Lau
comenzando me gusta 🤭
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