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EL HIJO DEL PRESIDENTE

EL HIJO DEL PRESIDENTE

Status: En proceso
Genre:CEO / Amor prohibido / Amor-odio
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

Todo el mundo conoce a Henrry Montenegro.
Heredero del conglomerado empresarial más poderoso del planeta. Soltero más codiciado del mundo. Escándalo favorito de la prensa. Dolor de cabeza permanente de su padre, Augusto Montenegro, el hombre que construyó un imperio valorado en miles de millones de dólares.
En el Holding Montenegro, el dinero y el estatus lo controlan todo... excepto a él. Henrry es guapo, irreverente y magnético; el hijo mayor del implacable magnate parece tener como única misión en la vida arrastrar el prestigioso apellido familiar por las portadas de los tabloides y sabotear la perfecta e intachable imagen corporativa de su dinastía. Para el mundo, Henrry es solo un fiestero inmaduro y cínico que se niega a crecer. Para su padre, es una constante decepción que debe ser alineada a la fuerza.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

...AITANA...

El viernes por la mañana, mi mamá ya tenía la presión bajo control gracias a las benditas pastillas, pero la que sentía que le iba a estallar la cabeza era yo.

Y no era por el trasnocho.

Era por la cara de idiota de Henrry Montenegro flotando en mi mente cada vez que cerraba los ojos.

Odiaba que por diez segundos me hubiera mostrado un rastro de humanidad solo para después pisotearlo con su clasismo de niño rico de manual.

Llegué a la mansión dispuesta a encerrarme en la biblioteca y no mirar a ningún miembro de esa familia, pero el asistente de Augusto mi interceptó en la entrada.

—Señorita Vega, el Presidente la necesita en su despacho privado de inmediato antes de su vuelo —me dijo, visiblemente apurado.

Ajusté mi portafolios y caminé hacia el ala oeste.

Al entrar al despacho, Augusto estaba de pie junto al ventanal, revisando unos documentos en su tableta mientras sus escoltas cargaban un juego de maletas de viaje.

—Señorita Vega, tome asiento —dijo Augusto sin rodeos, sentándose frente a su imponente escritorio de caoba—. Seré breve. Salgo en dos horas hacia Dubái por una ronda de negocios con unos inversionistas. Estaré fuera del país por lo menos diez días.

—Entendido, señor Montenegro. Mantendré el plan de estudios con Mía tal como lo acordamos —respondí de manera profesional.

Augusto suspiró, un gesto de frustración que rara vez se permitía mostrar.

—Ese es el problema. No podemos limitarnos a las tutorías. Acabo de recibir una llamada de la directora de la Academia St. Jude's, donde estudia mi hija. Está sumamente preocupada. El comportamiento de Mía estas últimas dos semanas ha sido deplorable: contestaciones groseras a los profesores, aislamiento y, para colmo, sus calificaciones en los exámenes parciales se fueron al piso.

Me crucé de brazos, analizando la situación. Sabía que quitarle el teléfono y las tarjetas la iba a rebelar, pero no imaginé que sabotearía su propio año escolar de esa manera.

—La directora me pidió una reunión de emergencia para hoy mismo —continuó Augusto, clavando su mirada fría en la mía—. Me dio a entender que hay un tema sumamente delicado de por medio. Algo que se negó rotundamente a decirme por teléfono. Debido a mi viaje, es imposible que asista. Henrry está vetado de tomar decisiones familiares por su último arranque en los suburbios, y honestamente, no tiene la madurez para manejar una crisis escolar sin empeorarla. Así que irá usted en mi representación.

¿Yo? ¿Ir a una de las academias más prestigiosas y clasistas del país a dar la cara por su hija? El plan sonaba como una locura.

—¿Quiere que vaya yo sola, señor? —inquirí.

—Habrá notado que Ruby no ha estado en estos días —añadió Augusto, entrelazando los dedos sobre el escritorio—. Su padre enfermó y decidí darle unos días libres para que estuviera con su familia. Pero ya está de regreso en la mansión.

Ella la acompañará hoy y la asistirá en lo que necesite en la academia; conoce perfectamente los movimientos de Mía y el funcionamiento de la academia.

El regreso de Ruby me dio un respiro. Al menos tendría una aliada en ese territorio hostil de hipocresías.

—Irá con la autoridad total del holding para tomar las medidas que considere necesarias —sentenció Augusto, firmando una orden escrita y deslizándola por el escritorio—. Ya le notifiqué a la directora que usted es mi delegada personal. Quiero que vayan allá, averigüen qué es ese "asunto delicado" que ocultan y me tengan un reporte completo para cuando aterrice en los Emiratos Árabes. ¿Está claro?

—Completamente claro, señor Montenegro. Cuente con ello.

—Perfecto. Mi chofer las llevará en la tarde. Buen viaje, señorita Vega.

Cuando la puerta se cerró, guardé el documento en mi portafolio con el corazón acelerado. Me aliviaba saber que Henrry no pisaría esa escuela conmigo —bastante tensión había tenido ya la noche anterior junto a la piscina y bajo la lluvia.

Salí del despacho de Augusto buscando a Ruby con la mirada. La encontré en el pasillo de servicio, acomodándose la ropa con esa pulcritud que la caracterizaba.

Al verme, su rostro cansado se iluminó con una sonrisa genuina.

—¡Aitana! Qué alegría verte —me dijo en un susurro, dándome un abrazo rápido—. Siento mucho haber desaparecido estas dos semanas. Mi papá se puso muy mal de la vesícula, pero por suerte ya lo operaron y está estable.

—No te preocupes por eso, Ruby. Lo primero es la familia —le respondí, devolviéndole el abrazo—. Menos mal ya estás de vuelta, porque no te imaginas el nido de víboras en el que se convirtió esto mientras no estuviste. El sábado antepasado se armó la de Troya.

Caminamos hacia la salida lateral de la mansión mientras la ponía al día, omitiendo inteligentemente los detalles. Le conté lo del problema con el muchacho de los suburbios, la furia de Augusto, las tarjetas canceladas de Mía y, finalmente, la bomba que me acababan de soltar: la cita de emergencia en la Academia St. Jude's.

—¿Un asunto delicado que no quisieron decir por teléfono? —Ruby se llevó una mano a la boca, abriendo los ojos de par en par—. Aitana, eso suena grave. Mía es caprichosa, pero nunca se había metido en problemas de ese calibre en el colegio. Menos mal don Augusto te dio la autorización por escrito, porque las directivas de ese lugar miran por encima del hombro a cualquiera que no tenga un fondo de inversión a su nombre.

—Bueno, por lo menos no tengo que ir sola. Con que me ayudes a descifrar quién es quién en ese circo me basta —le sonreí, abriendo la pesada puerta que daba al patio delantero.

Justo cuando poníamos un pie en la escalinata de mármol de la entrada principal esperando al chofer, un rugido estruendoso casi nos deja sordas.

Un deportivo descapotable de un color rojo estridente entró a toda velocidad por la rotonda, derrapando con una espectacularidad completamente innecesaria sobre la gravilla fina.

Por supuesto. El rey de la inmadurez acababa de llegar.

El motor se apagó con un último ronroneo presumido. Henrry se bajó del auto usando unas gafas de sol oscuras a pesar de que el día estaba nublado, vistiendo un traje azul hecho a la medida sin corbata.

Pero no venía solo.

Del asiento del copiloto descendió una mujer espectacular: altísima, de una melena pelirroja encendida que le caía en ondas perfectas y vestida con un conjunto de diseñador verde esmeralda.

—Ay, no... es Norma Caval —murmuró Ruby a mi lado, bajando la voz y adoptando inmediatamente su postura rígida.

—¿Quién? —le pregunté de reojo.

—La hija del dueño de la cadena de hoteles Caval. Viene muy a menudo por aquí. Lleva meses intentando que Henrry la formalice, pero ya conoces cómo es él.

Norma se bajó del auto riéndose de algo que Henrry le había dicho, caminando con una familiaridad absoluta hacia la entrada, saludando a los escoltas con un simple movimiento de mano que denotaba que se conocían el repertorio de memoria. Sin embargo, la risa de Henrry se congeló en seco cuando sus ojos —escondidos tras las gafas— nos enfocaron a Ruby y a mí en la escalinata.

Se detuvo a un metro de nosotras, quitándose las gafas con un movimiento lento, dramático y puramente típico de él.

Me barrió con la mirada, deteniéndose un segundo de más en mis labios, antes de recuperar su típica expresión cínica de superioridad.

—Miren a quién nos encontramos —soltó Henrry, arrastrando las palabras con flojera—. Ruby, qué bueno tenerte de regreso. Veo que ya te uniste al comité de bienvenida de la profesora.

Norma Caval se detuvo a su lado, cruzándose de brazos, mirándome de arriba abajo con aburrimiento.

—¿Ella es la nueva tutora de Mía, Henrry? —preguntó Norma, con una voz chillona—. Pensé que tu papá había contratado a alguien de una firma internacional.

Henrry ignoró el comentario de su acompañante, manteniendo sus ojos oscuros clavados en los míos. Dio un paso al frente, invadiendo mi espacio personal con esa arrogancia que tanto me irritaba.

—¿A dónde van con tanta prisa y con cara de funeral, Vega? —preguntó en un tono directo, exigente—. Mi papá acaba de salir hacia el aeropuerto y no creo haber firmado ninguna salida de campo hoy. ¿Para dónde van?

—A cumplir con las órdenes del Presidente, Montenegro —respondí, sosteniéndole la mirada sin parpadear ni un segundo. Di un paso al frente para recuperar el espacio que me había invadido, obligándolo a inclinar sutilmente la cabeza—.Algo que claramente no te incumbe, ya que estás bajo supervisión y, según tengo entendido, las decisiones familiares te quedan grandes.

A Henrry se le tensó la mandíbula. Pude ver el exacto momento en que mi respuesta le dio directo en el ego, justo frente a la pelirroja, quien levantó una ceja perfectamente depilada, sorprendida de que una empleada le hablara así al heredero del imperio.

—¿Disculpa? —intervino Norma, dando un paso adelante con sus tacones de aguja—. ¿Quién te crees que eres para hablarle así a...?

—Norma, cállate un segundo —la cortó Henrry de golpe, sin quitarme los ojos de encima. Su tono ya no era el del playboy cínico; era el de un tipo frustrado que odiaba no tener el control—Vega, te hice una pregunta. Mi papá no está en el país y yo sigo siendo el segundo al mando de esta casa. Así que me vas diciendo a dónde van.

—A la Academia St. Jude’s —respondí—. Tu papá me encargó personalmente una reunión de emergencia con la directora. Así que, si nos disculpas, el chofer debe estar por llegar.

Henrry arqueó una ceja, y por el sutil movimiento de su mandíbula supe que la mención de su padre le había dado directo en el orgullo.

—¿A la academia? —intervino Norma, suelta de risa, acomodándose su bolso de miles de dólares en el antebrazo—. Ay, por favor. ¿Mía otra vez en problemas? Esa niña es un dolor de cabeza, Henrry. Te lo he dicho mil veces, necesita que la lleven a un internado prestigioso, no una institutriz de... —me barrió con la mirada otra vez— ...dudosos modales.

Apreté los dientes, pero antes de que pudiera soltarle una de mis frases ilustradas, Henrry dio un paso hacia un lado, dándole la espalda a la pelirroja de manera casi automática. Sus ojos oscuros seguían fijos en mí, analizando el portafolios que yo sostenía contra el pecho.

—¿Qué tipo de reunión de emergencia, Vega? —preguntó—. Mi papá no me dijo nada antes de irse al aeropuerto.

—Porque estás vetado de las decisiones familiares, Montenegro. ¿Ya lo olvidaste? —Le dediqué una sonrisa perfectamente educada—. Tu padre prefiere que te concentres en tus... "relaciones públicas".

Giré la cabeza sutilmente hacia Norma, quien arrugó la nariz al notar la indirecta. El rostro de Henrry se encendió de golpe, una mezcla de rabia y pura frustración masculina al verse expuesto frente a su ligue del fin de semana.

—Aitana, el coche está listo —me susurró Ruby al oído, tocándome suavemente el brazo para indicarme la camioneta negra que acababa de parquearse detrás del deportivo rojo.

—Perfecto. Con permiso, Director —le dije, pasando por su lado.

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Ana Elena Jiménez
🤦🤦🤦🤦🤦
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬
Ana Elena Jiménez
😡😡😡😡😡😡
Ana Elena Jiménez
😡😡😡
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺 está cerca de tí Aitana
Ana Elena Jiménez
que conflicto más grande 🤦
Ana Elena Jiménez
uufff bueno menos mal 🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
Dios mío todo esto se está saliendo de control 🤦
Ana Elena Jiménez
🤦🤦🤦
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬😬🥺🥺🥺
Ana Elena Jiménez
😱😱 ojalá se haya ido para dónde Aitana
Ana Elena Jiménez
😡😡😡😡😡😡
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja ahora sí se va a morir tú madre
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja eres el colmo Henrry 🤭
Ana Elena Jiménez
😱😱🤭🤭
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja ahí si tienes toda la razón 🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭 jajaja jajajaja jajajajajaja
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