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El Monstruo Sin Nombre

El Monstruo Sin Nombre

Status: En proceso
Genre:Venganza / Romance / Mafia
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Black_Dragon

En las heladas tierras de Rusia nació un hombre destinado a conocer el verdadero significado del sufrimiento. Desde su infancia fue arrojado a un mundo de violencia, traición y muerte, donde cada día era una batalla por sobrevivir. Las cicatrices que cubrían su cuerpo eran solo una pequeña muestra de las heridas que consumían su alma. Después de perder todo aquello que alguna vez amó, se convirtió en una sombra de sí mismo: un guerrero despiadado que caminaba entre cadáveres y campos de batalla sin sentir miedo, compasión o esperanza. Para él, el mundo era un infierno interminable, y él mismo era uno de sus demonios. Sin embargo, cuando el destino parecía haber sellado su condena, una mujer apareció en su vida. A diferencia de los demás, ella no vio al monstruo que todos temían, sino al hombre roto que se ocultaba tras años de dolor. Con paciencia, valentía y una determinación inquebrantable, comenzó a derribar los muros que protegían su corazón.

NovelToon tiene autorización de Black_Dragon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: El hombre más fuerte del pueblo

Habían pasado algunos días desde aquella confesión.

La vida volvió a su tranquilidad habitual.

Aunque... no del todo.

Rose seguía siendo la misma chica alegre de siempre.

Pero ahora, cada vez que nuestras manos se rozaban, sus mejillas adquirían un ligero tono rosado.

Y yo...

Ya no me preguntaba qué significaban aquellas cosquillas en el estómago.

Ahora conocía la respuesta.

Era amor.

---

Una mañana, mientras ayudábamos a recoger leña para la chimenea, el sonido de una campana recorrió todo el pueblo.

Todos comenzaron a salir de sus casas.

Un hombre caminaba por la calle principal leyendo un anuncio en voz alta.

—¡Como cada invierno, se celebrará la Gran Competencia del Leñador!

Los niños comenzaron a aplaudir.

Los hombres sonrieron.

Algunos incluso comenzaron a bromear entre ellos.

Rose giró inmediatamente hacia mí.

Sus ojos brillaban.

—¡Leon!

—¿Sí?

—¡Tienes que participar!

La miré confundido.

—¿Por qué?

—Porque sí.

—No es una respuesta.

Ella infló ligeramente las mejillas.

—Porque...

Se quedó pensando.

Mucho.

Demasiado.

Hasta que soltó la primera excusa que encontró.

—¡Porque te amaré más si ganas!

La observé unos segundos.

Después sonreí ligeramente.

—Eso es mentira.

Rose abrió mucho los ojos.

—¿Q-qué?

—Ya me amas.

Ella escondió el rostro detrás de sus manos.

—¡Leon!

No respondí.

Solo asentí.

—Iré.

Rose bajó lentamente las manos.

Su enorme sonrisa volvió inmediatamente.

—¡Sabía que aceptarías!

---

Los días siguientes prácticamente no habló de otra cosa.

—Seguro ganarás.

—No lo sé.

—Sí lo harás.

—Todavía no conozco a los demás.

—No importa.

—¿Por qué?

Ella sonrió.

—Porque eres Leon.

Era una explicación bastante mala.

Pero curiosamente...

Me hizo feliz.

---

Finalmente llegó el día de la competencia.

Toda la plaza del pueblo estaba llena.

Había largas mesas con comida.

Niños corriendo.

Ancianos conversando.

Y una gran zona despejada donde se encontraban los árboles preparados para la competencia.

La mayoría de los espectadores eran mujeres.

También había varias muchachas de mi edad observando con emoción.

Algunos hombres mayores hablaban entre ellos mientras señalaban a los participantes.

Me acerqué al lugar donde estaban los competidores.

Fue entonces cuando comprendí algo curioso.

Varios comenzaron a quitarse la camisa.

Otros flexionaban los brazos.

Uno incluso se peinó frente al reflejo de una ventana.

Fruncí ligeramente el ceño.

"¿Qué están haciendo?"

Miré alrededor.

Muchas chicas reían mientras los observaban.

Entonces lo entendí.

"Ah..."

"Tal vez esta competencia también sirve para impresionar a la persona que les gusta."

Volví a mirar a los demás participantes.

Todos eran bastante musculosos.

Mucho más anchos que yo.

Sus brazos parecían enormes.

Bajé la vista hacia los míos.

No tenía tanta masa muscular.

Pero eso nunca había significado demasiado.

La fuerza y el tamaño no siempre eran lo mismo.

Lo descubriríamos pronto.

---

El jefe del pueblo levantó un silbato.

—¡Las reglas son sencillas!

—Cada participante deberá cortar cinco árboles.

—Después transportará cada tronco hasta la línea marcada.

—¡El primero en terminar será el ganador!

Todos tomamos nuestras hachas.

Respiré profundamente.

El silbato sonó.

¡Fiiiii!

Todos comenzaron a golpear el primer árbol.

¡Tac!

¡Tac!

¡Tac!

Las hachas resonaban por todo el bosque.

Mientras golpeaba el tronco miré de reojo.

Rose estaba entre la multitud.

Con las manos juntas frente a su pecho.

Observándome.

Sonreí sin darme cuenta.

Entonces...

Aumenté la velocidad.

Los golpes comenzaron a caer uno tras otro.

¡Tac!

¡Tac!

¡Tac!

¡CRAAACK!

El primer árbol cayó.

Los demás apenas iban por la mitad.

Sin perder un segundo apoyé el tronco sobre mi hombro.

Era pesado.

Pero comparado con los enormes bloques de piedra que había cargado durante mi infancia...

Aquello era casi ligero.

Comencé a correr.

Los espectadores abrieron los ojos al verme cruzar la línea.

—¡¿Ya?!

—¡Es rapidísimo!

Dejé el tronco.

Y regresé inmediatamente.

---

El segundo árbol cayó.

Luego el tercero.

El cuarto.

Cada vez que volvía, los demás competidores seguían intentando alcanzar mi ritmo.

Algunos apenas terminaban el segundo.

Otros luchaban todavía con el primero.

El sudor comenzaba a cubrir sus rostros.

Yo simplemente seguía trabajando.

Respirando con calma.

Como si fuera un día cualquiera.

---

Finalmente levanté el quinto y último tronco.

Corrí una vez más.

Lo dejé sobre la línea.

Y levanté la mano.

Había terminado.

El lugar quedó completamente en silencio.

Durante unos segundos nadie reaccionó.

Hasta que Rose fue la primera en gritar.

—¡¡¡Leon!!!

Inmediatamente el resto del pueblo comenzó a aplaudir.

Los demás competidores siguieron trabajando.

Uno terminó el cuarto árbol.

Otro apenas alcanzó el tercero.

La diferencia era enorme.

Yo solo respiraba con tranquilidad.

Esperando.

---

Cuando todos terminaron, el jefe del pueblo volvió a levantar la voz.

—¡Pero este año tendremos un desafío extra!

Los espectadores comenzaron a murmurar.

—¡La prueba de fuerza!

Varios participantes sonrieron.

Aquello parecía favorecerlos.

El jefe señaló dos grandes ovejas macho.

—Cada participante deberá levantar una oveja en cada brazo.

—Ganará quien resista más tiempo.

Algunos comenzaron a reír.

—¡Ahora sí veremos quién es fuerte!

Me acerqué a las ovejas.

Las sujeté con cuidado.

Pesaban bastante.

Pero no era nada imposible.

—¡Comiencen!

Todos levantamos los animales.

Los primeros segundos fueron sencillos.

Luego comenzó el verdadero reto.

Un participante dejó caer una oveja.

Otro hizo lo mismo.

Poco después otro más.

El cansancio del desafío anterior comenzaba a notarse.

Yo seguía completamente inmóvil.

Las ovejas apenas se movían.

Una incluso comenzó a balar tranquilamente.

Como si estuviera cómoda.

Los espectadores soltaron algunas risas.

Pasó otro minuto.

Ya solo quedábamos dos participantes.

El hombre que estaba a mi lado comenzó a temblar.

Sus brazos cedieron.

Las ovejas tocaron el suelo.

Respiró agitadamente.

Yo seguía sosteniendo las mías.

Como si apenas hubieran pasado unos segundos.

El jefe del pueblo levantó ambas manos.

—¡Tenemos un ganador!

Bajé lentamente las ovejas.

Las dejé sobre la nieve con cuidado.

Los aplausos estallaron por toda la plaza.

—¡Increíble!

—¡Nunca había visto algo así!

—¡Es más fuerte que un oso!

Entonces escuché una voz entre toda la multitud.

—¡¡Leon!!

Rose.

Corría hacia mí con todas sus fuerzas.

Antes de que pudiera decir una palabra...

Saltó directamente a mis brazos.

Rodeó mi cuello con los suyos.

Yo, por reflejo, la sujeté firmemente por la cintura para que no cayera.

Ella reía sin poder contener la emoción.

—¡Ganaste!

—Sabía que ganarías.

No pude evitar sonreír.

La levanté un poco más.

Y di un par de vueltas con ella entre mis brazos.

Rose soltó una risa aún más fuerte mientras el viento hacía bailar su cabello.

Por un instante olvidé a la multitud.

Olvidé la competencia.

Olvidé incluso el premio.

Porque la verdadera recompensa...

Era verla sonreír de aquella manera.

Y mientras girábamos lentamente bajo el cielo gris del invierno, comprendí que ninguna victoria me haría tan feliz como aquella sonrisa que llevaba años iluminando mi vida.

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