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No te mueras, mi amor

No te mueras, mi amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor en la guerra / Completas
Popularitas:10.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Mía Ríos

Valentina Mora es corresponsal de guerra. Tiene veinticinco años, una cámara y la convicción de que la verdad merece ser contada aunque duela. Lo que no tiene es miedo. O eso cree.

La primera vez que pisa una mina terrestre en Levante, un desconocido enmascarado le salva la vida. Solo ve sus ojos. Solo siente su mano arrancándole a la muerte. De su muñeca, ella se lleva un hilo rojo que no sabe que va a cambiarle el destino.

Santiago Herrera es el soldado más letal de su unidad y el más destruido por dentro. Desactiva bombas con las manos firmes de quien ya no le tiene miedo a morir. Pero cuando la ve a ella, por primera vez en años, quiere seguir vivo.

Se encuentran. Se pierden. Se vuelven a encontrar en cada rincón del infierno.

Pero Santiago guarda un secreto que podría destrozarlos a ambos. Y la guerra no perdona a los que se atreven a amar en medio de sus ruinas.

NovelToon tiene autorización de Mía Ríos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Capítulo 6

La rival

El premio al Mejor Reportaje del Año fue para Camila Restrepo.

Valentina se enteró por el correo institucional de Canal 7, a las once de la mañana de un martes, con una taza de café a medio tomar y Andrea sentada en el escritorio de al lado. El asunto del correo decía: "Felicitaciones a nuestra galardonada." Adjunto: una foto de Camila sosteniendo la placa con una sonrisa perfecta y un vestido que costaba más que el sueldo mensual de Valentina.

Andrea leyó el correo por encima de su hombro.

—Ni siquiera editó ella misma la nota. La posproducción la hizo el equipo de Guzmán.

—Andrea.

—Es la verdad. Todo el mundo sabe que el papá de Camila dirige Grupo Restrepo. Tres canales, dos periódicos, una plataforma digital. ¿Crees que eso no pesó en el jurado?

Valentina cerró el correo. Minimizó la ventana y abrió el archivo en el que llevaba dos semanas trabajando: un reportaje de seguimiento sobre las familias desplazadas de Suriya. Treinta y dos entrevistas, ciento ochenta horas de metraje, tres viajes de verificación. Nadie se lo había pedido. Lo hacía porque era la historia correcta.

—No importa.

—Claro que importa. Tu documental subió el rating un dieciocho por ciento. El de ella ni apareció en el top diez. Esto es palanca pura, Vale, y tú lo sabes.

Valentina lo sabía. Pero decirlo en voz alta no le devolvía el premio, no le borraba la frustración que le apretaba la mandíbula, y no cambiaba el hecho de que Camila Restrepo era intocable en este canal.

—Vamos a trabajar —dijo.

Valentina siguió trabajando. Editó tres segmentos del reportaje, transcribió una entrevista con un profesor universitario que había perdido su casa dos veces, y mandó un correo al departamento legal pidiendo autorización para usar imágenes de archivo de la ONU. A las cuatro, Camila Restrepo pasó frente a su escritorio con la placa del premio en las manos — iba camino a la oficina del director para la foto oficial. Llevaba tacones altos y un perfume que se olía a cinco metros.

—Felicidades, Camila —dijo Valentina sin levantar la vista de la pantalla.

—Gracias, Vale. Tu documental también fue increíble. De verdad.

Lo dijo con sinceridad. Ese era el problema con Camila: era sincera. No fingía humildad ni falsa modestia. Realmente creía que su trabajo merecía el premio, y realmente creía que el de Valentina también era bueno. No veía la contradicción. No veía que el jurado había pesado su apellido más que sus imágenes. Y esa ceguera era más difícil de combatir que la malicia.

La tarde pasó entre ediciones y llamadas. A las seis, el teléfono de Andrea sonó con un mensaje grupal: Camila invitaba a todo el equipo de noticias a cenar en La Terraza del Ángel. Valentina conocía el lugar de nombre — un restaurante en la zona alta donde una ensalada costaba lo que ella gastaba en despensa para la semana.

—No voy —dijo Valentina.

—Vas —dijo Andrea, cerrando su laptop—. Si no vas, parece que te dolió. Y si le muestras que te dolió, gana dos veces. Además, la comida va a ser carísima y gratis. ¿Cuándo fue la última vez que comimos en un lugar con manteles de tela?

Valentina la miró.

—Te odio cuando tienes razón.

—Me odias seguido, entonces.

---

La Terraza del Ángel tenía manteles de lino, velas en frascos de vidrio soplado y un mesero por cada dos personas. Camila estaba en la cabecera de una mesa larga, con el pelo suelto y unos aretes de oro que brillaban cada vez que giraba la cabeza. Hablaba de su próximo proyecto — una serie documental sobre seguridad privada — con la seguridad de alguien que nunca ha tenido que preguntarse si le alcanza para el mes.

No era mala persona. Valentina lo sabía. No era cruel ni calculadora de manera consciente. Era algo peor: era inconsciente de su propio privilegio. Hablaba de restaurantes caros como si todos pudieran pagarlos. Mencionaba viajes a Europa como quien menciona el clima. Decía "mi equipo" cuando se refería a personas que no había contratado ni supervisado.

Valentina se sentó al otro extremo de la mesa, lo más lejos posible, con Andrea a su lado como escudo.

—Sonríe —le susurró Andrea—. Pareces que estás en un funeral.

—Estoy en un funeral. El de mi paciencia.

La cena avanzó entre platos que Valentina no reconocía y conversaciones que no le interesaban. Camila contó una anécdota sobre una entrevista con un general que la había invitado a una base militar. Valentina se tensó en la silla. Bases militares. Entrevistas con oficiales. "Santiago Herrera," había dicho Andrea semanas atrás.

No preguntó. No era el momento.

Entonces Valentina notó la silla vacía.

Estaba a la derecha de Camila. La única silla sin ocupar en toda la mesa. Tenía un plato puesto, una copa de vino servida, una servilleta doblada en abanico. Como si alguien fuera a llegar.

Andrea la notó al mismo tiempo.

—¿Quién falta? —preguntó, señalando la silla con la barbilla.

Camila miró hacia el asiento vacío y sonrió. Una sonrisa distinta a la profesional — más suave, más privada. Como si la silla le perteneciera a alguien que le importaba de verdad.

—Es para mi novio —dijo—. Viene en camino. Tuvo un turno largo.

Valentina sintió algo frío en el fondo del estómago. No sabía por qué. No tenía razón para sentir nada. Pero la frase "tuvo un turno largo" le resonó en algún lugar que no quería examinar.

Andrea le apretó la rodilla por debajo de la mesa. Valentina no se movió. En su mente, los datos se alineaban solos: Camila había entrevistado a un oficial llamado Santiago Herrera. Camila tenía un novio militar. Camila había conocido a ese novio a través de contactos militares del padre.

No. No podía ser.

—¿Y quién es el afortunado? —preguntó un colega desde el otro lado de la mesa.

Camila tomó un trago de vino.

—Ya lo van a conocer. Es increíble. Mi papá lo conoció en un evento de seguridad nacional y quedó impresionado. Arregló una presentación a través de contactos militares.

Andrea le dio un codazo a Valentina por debajo de la mesa. Valentina no respondió. Miraba la silla vacía como si fuera una bomba de presión que estaba a punto de activarse.

Andrea se inclinó hacia ella.

—Vale.

—No digas nada.

—Vale, ¿estás pensando lo que yo estoy pensando?

Valentina tomó la copa de vino que no había tocado en toda la noche y la vació de un trago. El líquido le quemó la garganta. Los ojos le ardían, pero no iba a llorar aquí. No delante de Camila. No delante de nadie.

La puerta del restaurante se abrió. Una ráfaga de aire frío entró desde la calle. Camila se levantó de la silla con una sonrisa que le iluminó la cara entera — la sonrisa de alguien que ve llegar a la persona que más quiere en el mundo.

Valentina no giró la cabeza. No necesitaba girar la cabeza. Ya sabía quién estaba parado en la puerta. Lo supo por el frío en el estómago, por el sabor metálico en la lengua, por la forma en que el corazón se le detuvo un segundo antes de arrancar a toda velocidad.

Ya sabía quién era el novio de Camila.

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Carmen Gloria Rivas Barrio
Me encantó, un amor increíble, un amor dispuesto a todo, un amor a prueba de balas y de guerra
Miriam Molina Molina
Es una obra de arte... tan fantástica como real... dolorosa y amorosa como lo es la vida misma...
Por momentos te sumerge en la realidad que desangra y luego te sube a la exaltación de la vida amorosa...
Su narración por momentos te hace caminar...y luego correr hasta lograr sentir profundamente la vida misma... con su crueldad, su injusticia, su perdón dentro del recuerdo vivo de lo que se debe hacer... justo como el que alguien debe hacerlo.
Es una obra literaria en toda su extensión como ninguna otra.
Laura Castañon
que historia más maravillosa e impresionante me gusto mucho gracias escritora felicidades muchas bendiciones
Amanda Gongora
excelente felicitaciones gracias
Naicka Rodriguez
gracias me gustó mucho cada capítulo, me concentre tanto que hasta me involucre en todo los personajes, felicitaciones ame bastante esta historia 😍
Luz myriam Navarrete
Es buena la trama pero aburre q tiene poco dialigo de parte de los personajes mucha descriccion de alrrededor autora mejoralo bay no continuo ..dienpre repites lo mismo
Luna del Mar
Muy buena historia, excelente narración y trama. Felicidades escritora.
Helizahira Cohen
Esta interesante, bonita se ve
Isabel Balderas
esta historia me la encontré de casualidad y empecé a leerla pensando que era la típica historia de amor y el vivieron felices por siempre pero la leí completa y llore mucho solo me queda decir que esta historia me encantó sentí cada palabra como si estuviera yo presente en la historia 👏😭👏😭
Luna del Mar
Excelente primer capítulo
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