Segunda temporada de VEINTICUATRO (BL)
Han pasado Dos años.
Dylan Lara ya no es el novato impulsivo que corría en pistas ilegales. Ahora es uno de los corredores más temidos del circuito internacional. Fama, contratos millonarios y un lugar asegurado entre los mejores. A su lado sigue Nathaniel Liu, el hombre que lo secuestro, lo protege… y lo ama con una intensidad que roza lo posesivo.
Pero el éxito siempre atrae algo más que admiradores.
Un nuevo corredor irrumpe en sus vidas. Nadie sabe de dónde salió. Nadie conoce su pasado. Solo hay un detalle inquietante: parece saber demasiado.
Mientras la competencia se vuelve más violenta, los sabotajes más precisos y viejos secretos familiares comienzan a salir a la luz, Dylan descubre que el peligro no está solo en la pista. Alguien lo observa. Lo estudia. Lo desea.
Quiere poseerlo.
Cuando el amor se mezcla con obsesión, celos y poder… ¿quién cruzará primero la línea roja?
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capitulo 17: ¿Quién eres?
Cuatro días después.
El equipo de Dylan ya había partido hacia Estados Unidos en un vuelo comercial. Los mecánicos, los ingenieros, el personal de logística. Todos habían regresado a estados Unidos para preparar la siguiente temporada. Dylan, en cambio, se había quedado unos días más para disfrutar de la ciudad y, en parte, para no tener que despedirse de Nathan tan rápido.
Pero ya era hora de volver.
La mañana del viaje era clara y soleada. Dylan tenía la mochila lista, apoyada contra la pared del apartamento, mientras revisaba su teléfono por última vez antes de salir. Nathan estaba a su lado, con una maleta de viaje y esa expresión suya de tranquilidad calculada. Alex, como siempre, llegaría más tarde al aeropuerto.
—¿Listo? —preguntó Nathan, ajustándose los puños de la camisa.
—Listo —respondió Dylan, guardando el teléfono en el bolsillo—. ¿Tienes todo?
—Siempre tengo todo cuando estoy contigo.
Dylan rodó los ojos, pero una sonrisa se escapó de sus labios. —Eres un cursi, ¿lo sabes?
—Solo cuando me conviene.
Salieron del apartamento y bajaron al garaje, donde los esperaba el coche que los llevaría al aeropuerto. El viaje fue tranquilo, con la ciudad española despidiéndose de ellos a través de la ventanilla.
Cuando llegaron al aeropuerto, Alex ya estaba allí, con su maleta y su expresión impasible de siempre. Los recibió con un breve asentimiento.
—Ya está todo listo. El vuelo sale en dos horas. Tenemos tiempo para tomar algo antes de embarcar.
—Bien —dijo Nathan—. Vamos.
Caminaron juntos hacia la terminal, mezclándose con la multitud de viajeros que iban y venían.
____
El avión atravesó las nubes con un suave descenso, y la ciudad de Nueva York apareció ante ellos como un mar de luces y rascacielos. Después de horas de vuelo, el aterrizaje fue suave, casi imperceptible, como si el piloto hubiera querido hacer el viaje lo más cómodo posible.
—Ya llegamos —dijo Nathan, cerrando su portátil y guardándolo en la maleta de mano.
Dylan estiró los brazos sobre su cabeza, sintiendo cómo los músculos protestaban después de tantas horas sentado. —Por fin. Necesito una ducha y una cama.
—Eso se puede arreglar —respondió Nathan, con una sonrisa que prometía más que solo una ducha.
—No empieces, Liu. Estoy cansado.
—Eso nunca te ha detenido antes.
Dylan negó con la cabeza, pero una sonrisa se escapó de sus labios. A su lado, Alex permanecía en silencio, revisando su teléfono con la expresión seria de siempre. Ya había hecho las llamadas necesarias, coordinado el transporte y confirmado los detalles del viaje. Su trabajo nunca descansaba, y él lo aceptaba con la misma profesionalidad de siempre.
El avión se detuvo por completo, y los pasajeros comenzaron a levantarse de sus asientos. Nathan, Dylan y Alex esperaron a que la mayoría se adelantara antes de levantarse. No tenían prisa. La ciudad los esperaba.
Bajaron del avión y caminaron por el pasillo de la terminal, mezclándose con la multitud de viajeros que llegaban de todas partes del mundo. El aeropuerto era un hervidero de actividad: maletas rodando, voces superpuestas, anuncios en altavoz. Era el caos familiar que Dylan conocía bien.
Caminaban hacia la salida cuando Dylan sintió una vibración en su bolsillo. El teléfono. Lo sacó distraídamente, esperando un mensaje de Valeria o Lucas, o quizás alguna notificación de su equipo.
La pantalla mostraba un mensaje de un número desconocido.
Dylan frunció el ceño. No reconocía el número, y no tenía ningún contacto guardado con esa combinación de dígitos. Pero algo en su interior se tensó cuando leyó el contenido.
"Ha pasado muchos años, mi querido Dylan."
Se detuvo en seco.
El mundo a su alrededor siguió moviéndose: la gente pasaba a su lado, las maletas rodaban, las voces se mezclaban en un murmullo constante. Pero Dylan no se movió. Sus ojos estaban fijos en la pantalla, en esas palabras que no tenían sentido y sin embargo resonaban en su pecho con una familiaridad incómoda.
¿Quién era esa persona? ¿Por qué le hablaba como si lo conociera? ¿Y qué significaba "ha pasado muchos años"?
Un escalofrío recorrió su espalda. No era miedo, no exactamente. Era una sensación extraña, como si alguien hubiera abierto una puerta que él creía cerrada.
—¿Dylan? —la voz de Nathan lo trajo de vuelta a la realidad—. ¿Todo bien?
Dylan levantó la vista rápidamente, guardando el teléfono en su bolsillo con un movimiento que intentó ser casual.
—Sí, todo bien. Solo un mensaje spam.
Nathan lo observó un momento, sus ojos recorriendo el rostro de Dylan con esa atención que siempre lo desarmaba. Pero no preguntó más. Asintió y señaló hacia la salida.
—El auto nos espera. Vamos.
Dylan asintió, obligando a sus piernas a moverse. Caminó junto a Nathan y Alex hacia la salida, sintiendo el peso del teléfono en su bolsillo como una piedra caliente.
Subieron al auto, un sedán negro que los esperaba en la zona de recogidas. El conductor cargó el equipaje mientras Dylan se deslizaba en el asiento trasero junto a Nathan. Alex ocupó el asiento del copiloto, ya con el teléfono en la mano, probablemente coordinando el siguiente paso.
El auto arrancó y se perdió en el tráfico de la ciudad. Dylan miró por la ventana, viendo los edificios familiares pasar, pero su mente seguía en el mensaje. En ese número desconocido. En esas palabras que parecían venir de algún lugar profundo y olvidado.
—¿Seguro que estás bien? —preguntó Nathan, con la voz baja para que solo él pudiera oírlo.
Dylan giró el rostro hacia él y sonrió. Una sonrisa que no llegaba del todo a sus ojos.
—Seguro. Solo estoy cansado.
Nathan no insistió. Pero su mano encontró la de Dylan bajo el asiento, apretándola con firmeza. Un gesto silencioso que decía "estoy aquí".
Dylan apretó la mano de Nathan y volvió a mirar por la ventana, sintiendo el teléfono vibrar silenciosamente en su bolsillo.
No lo sacó. No quería ver quién era. No quería saber qué más tenía que decir.
Pero en el fondo de su mente, una pregunta comenzó a formarse, pequeña pero insistente, como una semilla plantada en tierra fértil.
¿Quién eres?
morí olvidada reviví intocable 🤭