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El Precio De Una Promesa

El Precio De Una Promesa

Status: Terminada
Genre:Amor de la infancia / Traiciones y engaños / Amor eterno / Completas
Popularitas:844
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

En las calles de Maipú, una promesa sellada con el corazón se convierte en un vínculo que ni siquiera la muerte puede vencer

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 1: Los días de la inocencia

A veces me detengo en la esquina de mi calle, aquí en Maipú, y respiro hondo.

El aire sigue trayendo el mismo olor: tierra seca en verano, humedad cuando llueve, y ese aroma a pan recién horneado que sale de la panadería de siempre.

Al fondo, la cordillera se alza inmóvil, como si hubiera visto pasar todo lo que nos sucedió a nosotros, sin decir una palabra.

Y en medio de todo eso, yo sigo viendo las mismas imágenes que guardo en mi memoria desde que tenía trece años.

Porque todo empezó ahí, cuando apenas éramos unos chicos que crecían sin saber lo que el destino nos tenía preparado.

Nicole vivía solo tres casas más abajo que la mía.

Éramos vecinos desde que nacimos, íbamos al mismo colegio, compartíamos el camino de ida y vuelta, jugábamos en la plaza cerca de la iglesia los fines de semana.

Pero un día, sin que nada lo anunciara, dejé de mirarla como a la amiga de toda la vida y empecé a verla de otra forma.

Ella era imposible de confundir: rubia, con el cabello liso que brillaba como si atrapara los rayos del sol, y unos ojos verdes claros, profundos y tranquilos, que parecían saber más de lo que decían.

Le encantaba el color rosa; casi siempre traía un lazo en el pelo, su mochila, sus cuadernos o alguna prenda de ese tono suave, que le quedaba como si hubiera sido hecho solo para ella.

Yo, en cambio, soy de pelo castaño claro y ojos grises, más callado, más reservado, de pocas palabras.

Me gustaba vestir de negro; me hacía sentir más firme, como si pudiera protegerme de cualquier cosa, aunque por dentro, cada vez que ella se acercaba, todo en mí se ponía en movimiento.

Al principio fueron solo miradas que se cruzaban y se quedaban más tiempo de lo normal, saludos que se hacían más tímidos y una sensación extraña en el pecho que no sabía explicar.

Hasta que un día me armé de valor y escribí una nota en una hoja arrancada de mi cuaderno, con letra torpe, pero con todo lo que sentía: “Me gustas mucho, más que como amiga”.

Se la dejé escondida bajo el felpudo de su puerta, y me fui corriendo, con el corazón a punto de salírseme del pecho.

A la mañana siguiente encontré su respuesta en el mismo lugar.

Su letra era suave y un poco inclinada, y en la esquina había dibujado una flor pequeña.

Decía simplemente: “A mí también me gustas, Nicolás”.

Y así, sin ceremonias, sin grandes discursos, empezó lo nuestro.

Nos veíamos a escondidas en los rincones más tranquilos de la plaza, caminábamos despacio por las veredas cuando ya caía la tarde y no había tanta gente, compartíamos lo poco que teníamos y nos contábamos todo lo que pasaba por nuestras cabezas.

Nos prometimos, con la inocencia de nuestra edad, que nada ni nadie nos separaría, que confiariamos el uno en el otro por encima de cualquier palabra que escuchábamos.

Éramos jóvenes, sí,, pero lo que sentíamos nos parecía más fuerte que cualquier cosa que pudiera ocurrir.

No sabíamos entonces que en los barrios también crece la maldad, y que hay personas que, por envidia o por simple maldad, disfrutan rompiendo lo que a otros les hace felices.

Nosotros solo vivíamos el momento, sin pensar que pronto llegarían palabras venenosas que pondrían a prueba todo lo que habíamos construido.

Por ahora, en esos días, solo existíamos nosotros dos, nuestras risas, nuestras promesas y la certeza de que estábamos en el lugar correcto, junto a la persona indicada.

 

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