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La Leyenda De Huang Yi : La Vice-generala Inquebrantable.

La Leyenda De Huang Yi : La Vice-generala Inquebrantable.

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Reencarnación
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

En un mundo dominado por hombres, la legendaria maestra de artes marciales Mei Ling reencarna como un joven en la antigua Dinastía del Dragón. Ocultando su verdadera identidad femenina y su vasta experiencia, Mei Ling, ahora Huang Yi, debe navegar en una sociedad machista mientras se enfrenta a un carismático y sarcástico General, librando batallas internas y externas para sobrevivir, honrar a su familia y forjar un camino hacia la igualdad, todo mientras guarda un secreto que podría costarle la vida.

NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Rugido de la Tormenta y el Alma de Acero

Transcurrió un mes entero, un lapso de tiempo que pareció fundirse entre el polvo del camino y el sudor de nuestros cuerpos. Aquel plazo que se nos había otorgado se desvaneció como niebla ante el sol, pues el destino, caprichoso y severo, había decidido adelantar su jugada. La guerra, esa bestia antigua y voraz, rompió sus cadenas antes de lo previsto. Los vigías, desde lo alto de las torres de vigilancia, dieron la alarma con gritos que helaron la sangre: el ejército enemigo se aproximaba, avanzando como una marea oscura e imparable, decidido a arrasar con todo lo que encontrara a su paso.

No hubo tiempo para dudas ni para lamentos. La orden resonó con firmeza de boca del General Feng Shang:

—¡Todos a sus puestos! Hoy defendemos nuestra tierra o perecemos en el intento.

Me coloqué al lado de él, empuñando mi larga lanza de madera de tejo reforzada con acero, aquella que había convertido en una extensión de mi propio ser. Él, con su espada legendaria desenvainada, irradiaba un aura de poder y autoridad que infundía valor incluso en los corazones más temerosos. Juntos, formamos el centro de nuestra línea defensiva. Para los ojos de todos, yo no era más que un joven soldado, de estatura menuda y complexión delgada, alguien que, a simple vista, parecía frágil ante la magnitud de la contienda. Sin embargo, se equivocaban quienes juzgaban solo por la apariencia; aquel cuerpo diminuto albergaba el espíritu de un guerrero forjado en mil batallas y una fuerza que desafiaba las leyes mismas de la naturaleza.

La batalla estalló con la violencia de una tormenta desatada. El choque de metales, los gritos de guerra, el crujir de huesos y el sonido sordo de los cuerpos al caer se mezclaron en una sinfonía aterradora y caótica. Mis movimientos eran una danza letal, fluida y precisa. Mi lanza giraba y se clavaba con una velocidad pasmosa, desviando golpes mortales y segando vidas enemigas con una eficacia escalofriante. Los soldados que me rodeaban, tanto compañeros como adversarios, quedaban petrificados al observarme. Veían a aquel muchacho de figura femenina abrirse paso entre filas de hombres como si fuera un vendaval, derribando a guerreros que doblaban su tamaño con una facilidad que rayaba en lo sobrenatural. Sus miradas pasaron del escepticismo al asombro, y del asombro al respeto absoluto.

Han Yi:

En medio del fragor del combate, una sombra gigantesca se abalanzó hacia mí, ocultando la luz del sol. Era el general enemigo al mando del segundo batallón, una mole de carne y hueso que rozaba los tres metros de altura, de complexión tan robusta que parecía esculpida en granito. En sus manos aferraba un hacha de guerra inmensa, de hoja ancha y filo sangriento, un arma que requería la fuerza de dos hombres para ser alzada, pero que él manejaba con aterradora soltura. Sus ojos, llenos de crueldad, se fijaron en mí, creyendo que sería una presa fácil, un obstáculo insignificante que podría aplastar con un solo golpe.

—¡Muere, insecto! —bramó con una voz que retumbó como un trueno.

Alzó su hacha con la intención de partirme en dos. Pero yo no me inmuté. Sentí que la sangre me hervía en las venas, despertando el instinto de batalla que dormía en lo más profundo de mi ser. Abrí la boca y dejé escapar un grito de guerra, un sonido potente, gutural y feroz que brotó desde el fondo de mi pecho, atravesando el estruendo de la lucha:

—¡¡GRAAAAASAAAAAAA!!

Fue un grito que heló la sangre de cuantos lo escucharon, un sonido cargado de desafío, de poder y de una voluntad inquebrantable. Me lancé hacia él sin vacilar, desafiando la lógica y el sentido común. El hacha descendió, pero yo me desvié con una agilidad impropia de cualquier ser humano; el filo cortó el aire a milímetros de mi cuerpo y golpeó mi lanza, partiéndola en dos pedazos con un solo golpe.

Lejos de retroceder o mostrar temor, sonreí bajo mi casco. Con movimientos rápidos como el rayo, saqué de mi cintura dos cuchillos de doble filo, armas pequeñas pero letales que siempre llevaba conmigo, afiladas como la lengua de una serpiente. Me convertí en una sombra que se movía alrededor de aquella montaña de músculos. Para todos los presentes, yo parecía una deidad guerrera, un ser sobrenatural enviado por los cielos, un joven soldado que ocultaba una destreza sin par.

El gigante me atacaba una y otra vez, sus golpes creando cráteres en la tierra, pero yo siempre estaba un paso por delante. Me deslizaba entre sus piernas, saltaba sobre sus brazos, me aferraba a su armadura pesada como un gato salvaje, buscando los puntos débiles. Con un movimiento rápido y certero, le asesté un corte profundo en el antebrazo derecho. El dolor agudo lo hizo rugir de ira y, presa del espasmo, sus dedos se abrieron y el hacha colosal cayó al suelo con un estruendo que hizo vibrar la tierra.

Aproveché ese segundo de vacilación. Con una fuerza que no tenía explicación posible para cualquiera que no conociera mi verdadera naturaleza, me agaché, aferré el mango del hacha y, con un grito que volvió a estremecer el campo de batalla, la levanté por encima de mi cabeza. Aquel arma, que pesaba lo mismo que un adulto, pareció pesar tan poco como una pluma en mis manos. Mis músculos se tensaron, pero no cedieron; mi cuerpo, entrenado al límite de lo posible, respondió a mi voluntad.

—¡Es tu fin, monstruo! —exclamé con voz firme y helada.

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Gabriela Herrera
cierto con eso lo eliminaba por completo 😂
Maria Del Carmen Alfonso
muy muy hermosa la novela muchas felicitaciones👏👏🥰
Aleida Delgado Santana: Gracias a usted.
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santiago bock herrera
Huy gatita salvaje estas en problemas
santiago bock herrera
No hay enemigo pequeño
santiago bock herrera
🥰🤣🥰🤣
santiago bock herrera
Y las agujas venenosas donde estan
Aleida Delgado Santana: Se le olvidaron, era un momento de tension.
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santiago bock herrera
, buenísima esta la novela
Aleida Delgado Santana: Gracias.
total 1 replies
Paola Cordero
Porfa porfa autora no se demore tanto en actualizar esta hermosas historia esta que 🔥🔥🔥🔥🔥
Paola Cordero: Ayy si porfa las otras dos que ya estoy leyendo están muy yyyy buenas tambien
total 2 replies
Danita 🥰
Está buena la novela 👍
Aleida Delgado Santana: Gracias.
total 1 replies
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