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Herencia De Sangre Y Deseo

Herencia De Sangre Y Deseo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Cuando la mafia y el amor se cruzan...

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cosas que no debía sentir

Isabella no salió de su cuarto en todo el día. No habló. No comió.

Simplemente se acostó mirando el techo, con la mente hecha un huracán de nombres, rostros y recuerdos que ya no sabía si eran reales.

Su madre. Thiago. Vittorio. Ella misma.

¿Qué parte de su vida había sido una mentira?

Al atardecer, la puerta se entreabrió sin ruido. No eran los guardias. No era Luca.

Era Vittorio.

Entró sin permiso, pero con cuidado. Tenía una taza de té humeante en la mano.

Se sentó al pie de la cama. No dijo nada durante varios segundos.

—No vine a convencerte —dijo por fin—. Solo… quería estar cerca. Aunque no quieras. Isabella no respondió. Miraba al vacío.

—No espero que me llames “papá”. No espero que me perdones. Solo quiero que sepas que no pienso soltarte. Ella giró apenas el rostro, lo justo para mirarlo.

—¿Por qué?

—Porque no podría sobrevivir sabiendo que estuviste tan cerca… y te dejé ir. Porque ahora que te encontré, sé lo que es tener algo que no merezco… pero deseo con todo el alma.

Un silencio largo.

—No quiero quedarme —susurró ella. Vittorio bajó la cabeza.

—Lo sé.

—¿Entonces por qué me retienes?

—Porque si te vas ahora… nunca vas a conocer la verdad entera. Vas a odiarme con una historia incompleta. Y vas a amar la memoria de alguien que no lo merecía.

Isabella frunció el ceño.

—¿Thiago?

Vittorio asintió con pesar.

—Hice investigar sus movimientos. Él no era quien vos creías.

Tenía deudas con medio mundo. Apostaba con tu nombre. Usó tu firma para conseguir créditos. Y… te vendió. Literalmente.

Ella lo miró, helada.

—¿Qué…?

—La noche que vino a pedirme dinero, no era la primera vez. Me debía cifras obscenas. Lo amenacé. Y él dijo: “Quedate con ella. Te va a servir más viva que yo.”

Y eso… no era nuevo. Lo había hecho antes. Cambiaba mujeres por plata. Usaba lo que sea como moneda.

Isabella se incorporó, la boca abierta, las lágrimas al borde.

—Mentís…

—Ojalá lo hiciera.

Silencio….

—¿Y tu madre? —preguntó en voz baja—. ¿Dónde está Elvira?

La pregunta la tomó por sorpresa. Tardó unos segundos en reaccionar.

—Murió —dijo al fin, sin mirarlo—. Hace cinco años.

Vittorio cerró los ojos, como si esa noticia le diera un golpe en el pecho.

—¿Qué pasó?

—Estaba enferma y un día me dijo que quería volver a su lugar de orígen. No me dio explicaciones. Solo… necesitaba regresar.

—¿A esta ciudad?

Isabella asintió lentamente.

—Nunca supe por qué. Pero tenía prisa. Como si algo la llamara. Yo solo… la seguí.

Vittorio apretó los labios. Por un segundo, pareció a punto de decir algo más, pero se contuvo.

—Se puso de pie— Isabella yo… No te estoy pidiendo que me quieras. Solo… que no idealices a quien no lo merece. Salió de la habitación en silencio.

Y ella se quedó temblando.

El mundo se le volvió desconocido.

Cuando Vittorio se enteró de la muerte de Elvira, no dijo nada. Solo asintió con la cabeza, como si hubiese recibido un golpe seco. Luego, se encerró en su despacho. Nadie lo vio salir durante horas.

Se sentó frente al ventanal, donde la luz caía oblicua sobre su escritorio, como si también el sol se hubiera vuelto más gris. Allí, rodeado de papeles sin sentido y libros que ya no podía leer, dejó que los recuerdos lo alcanzaran.

Elvira. Su Elvira.

El amor más torpe, más hermoso, más inalcanzable de su vida.

Recordó su risa, su forma de desafiarlo, su olor a verano, y la manera en que se iba —como todo lo que realmente importaba—sin dar explicaciones.

Y sin embargo, en medio de ese duelo sordo, algo se encendió dentro de él.

Porque ahora sabía que Elvira le había dejado algo. No algo. Alguien.

Una hija. Isabella.

Un legado inesperado. Una parte de ella, viva, fuerte, desafiante como su madre.

Y entonces, por primera vez en años, Vittorio lloró. No por lo perdido… sino por lo encontrado.

---

Las horas pasaron.

La mansión volvió al silencio habitual.

Isabella se levantó de la cama. No sabía qué buscaba. Pero sus pies la llevaron al ala sur. Ese lugar que rara vez pisaba. Donde estaban las habitaciones de los hombres de Vittorio.

Donde estaba él. Luca.

No se detuvo a pensar. Abrió la puerta entreabierta. Iba a llamarlo. Y entonces lo vio.

La ducha estaba encendida.

Luca estaba de espaldas, el agua corriendo por sus hombros anchos, bajando por la espalda marcada de cicatrices y tatuajes desvanecidos. El vapor lo envolvía como una escena sacada de una fantasía peligrosa.

Isabella contuvo la respiración.

Su cuerpo reaccionó antes que su mente.

No debía estar allí. No debía mirarlo.

Pero miraba igual.

Las gotas se deslizaban por la curva de su espalda hasta perderse en su cintura. Los músculos tensos. El cabello mojado. Un leve suspiro de placer escapando de su boca mientras el agua le calmaba el cuerpo… y quizás también la culpa.

Entonces él se giró.

No del todo. Solo lo suficiente para notarla. Sus ojos la atraparon en la entrada.

Isabella palideció.

—Perdón… —susurró, con la cara ardiendo—. Yo… no quería…

Y sin esperar respuesta, salió corriendo, tropezando con su propio rubor.

---

Luca se quedó bajo el agua. Inmóvil. Callado.

El vapor le nublaba la vista, pero la imagen de Isabella seguía clara como si aún estuviera frente a él. Sus ojos. Su expresión. Esa mezcla de vergüenza y… algo más. Algo que él no se atrevía a nombrar.

Apoyó la frente contra los azulejos fríos. Respiró hondo.

Desde el primer día que la vio, algo se quebró en él. Una grieta que no se cerró más. No era solo deseo. No era solo atracción.

Era otra cosa. Más profunda. Más jodida.

Era como si esa chica, tan rota y tan valiente, hablara en un idioma que solo él entendía.

Y ahora que ella había cruzado esa puerta… que lo había buscado, aunque no lo dijera… El mundo volvió a moverse bajo sus pies.

Él no podía permitirlo. No debía.

Y sin embargo, una parte suya —la más humana, la que casi había olvidado— no quería otra cosa que volver a verla entrar. Y no irse.

Por eso la protegía. Ya no solo por Vittorio.

Sino por eso que no entendía… pero que empezaba a desear con una fuerza peligrosa.

---

Minutos después, Isabella seguía en su habitación, con el rostro enterrado en las manos.

¿Qué te pasa? ¿Por qué fuiste? ¿Por qué no podés ignorarlo? Un golpe suave en la puerta la sacó de sus pensamientos.

—¿Quién es?

—Luca.

Abrió con cautela.

Él estaba vestido con ropa limpia, el cabello aún húmedo. En sus manos, una bandeja con comida caliente.

—No comiste nada hoy.

—No tenía hambre.

—Entró sin preguntar y dejó la bandeja sobre el escritorio—. No me vas a hacer sentir culpable si después te desmayás. Ella alzó la mirada, cruzándose con sus ojos.

Lo que vio fue una mezcla: picardía, tensión y una dulzura que no esperaba.

—Sobre lo de antes… —empezó ella, nerviosa.

—No dijiste nada que no haya pasado. Y yo no soy de los que fingen.

—¿Y qué viste?

—Una mujer que me busca cuando no debería. Y un idiota que espera que lo vuelva a hacer.

Isabella sintió que el aire se espesaba.

Luca se acercó. No demasiado. Pero lo suficiente como para que su presencia la envolviera.

—Comé algo —le dijo, más suave—. Mañana será otro día. Y yo… todavía estoy acá. Ella asintió. No podía hablar.

Solo lo miraba.

Y él, con una media sonrisa, salió. Pero esta vez, más lento.

Como si no quisiera irse.

1
Eneida Acosta
y las siguientes??? me dejo en suspenso
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