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Un Latido En Dos Tiempos

Un Latido En Dos Tiempos

Status: En proceso
Genre:Juego de roles / Pareja destinada / Amor en la madurez
Popularitas:470
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Nuñez

In-Oh es una fotógrafa de veintidós años atrapada entre los fantasmas de su memoria y la comodidad de su rutina. Un viaje inesperado de regreso al pueblo costero de su infancia entrelaza violentamente su pasado y su presente. Tras diez años de dolorosa ausencia, reaparece Min-Woo, su primer amor platónico de la niñez, transformado ahora en un enigmático hombre. Al mismo tiempo, su incondicional mejor amigo de la secundaria, Seo-Jun, decide dar un paso al frente y confesarle un sentimiento guardado durante siete años. Atrapada entre el eco de una antigua promesa de verano y la calidez de un amor maduro que teme arruinar la amistad, In-Oh deberá enfrentar los traumas de su pasado para aprender a abrir su corazón al presente.

NovelToon tiene autorización de Paula Nuñez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Algo se rompió

​El sonido del mar era el único testigo de nuestra conversación. Min-Woo y yo nos sentamos sobre una manta que él había traído, lejos de las luces del pueblo. La frialdad de la noche se disipaba con la intensidad de sus palabras.

​—Pasé diez años preguntándome si habías tenido una vida feliz, si habías olvidado el nombre del chico que te prometió volver —dijo Min-Woo, bajando la guardia—. El resentimiento que sentía hacia mi padre por haberme obligado a huir se convirtió en una carga insoportable. Me sentía un cobarde por no haber buscado una forma de contactarte.

​—Yo también te guardé rencor, Min-Woo —confesé, sintiendo que por primera vez podía ser honesta—. Durante años, el silencio fue mi forma de protegerme. Me convencí de que no eras más que un recuerdo infantil, pero verte aquí, con los ojos de ese niño pero con la mirada de un hombre, ha hecho que todo mi sistema de defensa se desmorone. Las condiciones bajo las que te fuiste fueron injustas, pero nuestro silencio posterior fue una elección.

​La conversación profundizó en nuestras heridas, en cómo la madurez nos había transformado en personas cautelosas, casi incapaces de entregarse. Fue liberador, pero también aterrador.

​Mientras tanto, en la casa de mis abuelos, la sed llevó a Seo-Jun a levantarse en mitad de la noche para buscar un vaso de agua en la cocina. Al pasar por el pasillo, notó que la puerta de mi habitación estaba entreabierta. Una ráfaga de viento helado entraba por la ventana, que batía la cortina rítmicamente contra la pared. Intrigado, se acercó para cerrarla, pero al ver mi cama vacía y las sábanas revueltas sin rastro de mí, el pánico le dio un vuelco al corazón.

​Seo-Jun no necesitó ver mucho más. La ventana abierta hacia el jardín era el indicio definitivo. Se vistió con manos temblorosas, apretando los dientes, mientras una mezcla de miedo, dolor y una rabia fría le recorría el cuerpo. No puedes estar con él, no ahora, pensó. Salió de la casa por la puerta trasera, adentrándose en el sendero de pinos que conducía a la playa, siguiendo el rastro de mis pasos en la arena con la determinación de quien no está dispuesto a perder lo único que le importa.

​En la arena, la atmósfera cambió. Min-Woo se acercó, invadiendo mi espacio vital con una delicadeza que no permitió que me apartara.

​—No quiero seguir perdiendo el tiempo, In-Oh. No quiero ser un recuerdo ni alguien a quien solo ves a escondidas.

​Sus manos acariciaron mi rostro, bajando lentamente hacia mi cuello. Sus ojos, oscuros y decididos, me desafiaban a huir, pero yo estaba paralizada por la honestidad del momento. Min-Woo acortó la distancia con una urgencia que no pude prever; sus labios encontraron los míos en un beso robado, un beso que no pedía permiso, sino que reclamaba diez años de ausencia. Fue un contacto cargado de sabor a sal y redención, un beso que me hizo tambalear y aferrarme a su chaqueta, dejando que el sentimiento de ser deseada me nublara el juicio.

​Nos separamos lentamente, ambos agitados, recuperando el aliento bajo la luz de la luna. Mis labios aún hormigueaban por el contacto. Sin embargo, cuando mis ojos se ajustaron a la oscuridad más allá de las rocas, el frío regresó a mi cuerpo.

​A lo lejos, inmóvil como una estatua tallada en la penumbra, una silueta masculina nos observaba. La figura de Seo-Jun, con los puños apretados y la mirada clavada en nosotros, era una sentencia de muerte para el frágil momento que acabábamos de vivir.

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