Una noche de fiesta fue el inicio de su condena. Matteo "El Halcón" Moretti, el criminal más temido del país, puso sus ojos en ella y decidió que le pertenecía.
Arrancada de su vida sencilla, Ana descubre que su cautiverio no fue un error: ella es la heredera perdida de la Dinastía Castellanos, un imperio que todos creen muerto.
Atrapada entre la obsesión del hombre que la compró y la traición de quien decía amarla, Ana deberá elegir: ser una víctima sumisa o convertirse en la reina que destruirá a sus enemigos.
¿Qué pesa más: el miedo al monstruo que la posee o la sed de venganza?
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Nunca amaria a un demonio
La mansión de los Moretti no era una casa; era una fortaleza de mármol y hierro que se alzaba sobre la colina más alta de la ciudad, vigilando el valle como un buitre acechando a su presa. El coche negro atravesó los imponentes portones de seguridad, donde hombres armados con expresiones de granito apenas asintieron al paso del vehículo.
Ana observaba por la ventana con el corazón en la garganta. Atrás quedaban las calles con baches de su barrio, los vecinos que saludaban al pasar y el eco de las risas de Miguel. Aquí, el silencio era absoluto, roto solo por el crujido de la grava bajo los neumáticos de lujo.
El chofer detuvo el coche frente a una escalinata de piedra blanca. Al bajarse, Ana se sintió pequeña ante semejante imperio. La arquitectura era una mezcla de elegancia europea y frialdad moderna. Las puertas dobles de roble se abrieron antes de que ella pudiera siquiera tocarlas.
—Bienvenida, señorita Ana —dijo una mujer de mediana edad, vestida con un uniforme impecable y el rostro desprovisto de cualquier emoción—. El señor Moretti la espera en la biblioteca. Por favor, sígame.
Ana caminó por pasillos decorados con obras de arte que probablemente valían más que toda su carrera universitaria. El olor a cera de abejas y flores frescas inundaba el aire, pero no lograba disipar la sensación de opresión. Se sentía como una pieza de exhibición en un museo privado.
La biblioteca era una estancia de dos pisos, con paredes cubiertas de libros antiguos y una escalera de caracol de hierro forjado. Al fondo, frente a un ventanal que ofrecía una vista panorámica de las luces de la ciudad, estaba él.
Matteo no se dio la vuelta de inmediato. Estaba de espaldas, con un vaso de cristal tallado en una mano y la otra apoyada en el marco de la ventana. Lucía una camisa negra de seda con las mangas remangadas, revelando tatuajes que trepaban por sus antebrazos como sombras vivas.
—Llegas tarde por tres minutos, Ana —dijo su voz profunda, resonando en la acústica perfecta de la sala—. Supongo que la despedida de tu amante fue más... persistente de lo esperado.
Ana apretó las correas de su bolso, sintiendo una chispa de indignación atravesar su miedo.
—Cumplí mi parte del trato. Mi padre está en la clínica y yo estoy aquí. No tienes derecho a mencionar a Miguel.
Matteo se giró lentamente. Sus ojos oscuros recorrieron a Ana de arriba abajo, deteniéndose en su rostro pálido y sus ojos hinchados por el llanto. Una sonrisa imperceptible y cruel curvó sus labios.
—Tengo derecho a mencionar todo lo que ahora me pertenece —sentenció él, caminando hacia ella con la elegancia de un depredador—. Y no te equivoques, Ana. Tu vida anterior ha muerto. Miguel es un fantasma del que no quiero volver a escuchar.
Se detuvo a centímetros de ella, obligándola a inclinar la cabeza para sostenerle la mirada. El poder que emanaba de él era casi físico, una presión constante que le dificultaba respirar.
—¿Qué quieres de mí, Matteo? —preguntó ella, tratando de que su voz no temblara—. Dijiste que viviría aquí, que terminaría mi carrera... pero ¿para qué? ¿Soy solo un trofeo?
Matteo dejó el vaso sobre una mesa de caoba y se acercó aún más, invadiendo su espacio personal.
—Eres mucho más que un trofeo, aunque tu belleza ciertamente adorna mis salones. Te elegí por ti, por quién eres, Ana. Una ingeniera en formación, con una lógica impecable y una pureza que este mundo aún no ha corrompido.
Él extendió la mano y, tal como en la discoteca, acarició su mejilla, pero esta vez bajó el pulgar hasta rozar su labio inferior.
—Necesito a alguien a mi lado que no esté manchada por la ambición de las mujeres de mi círculo. Alguien que aprenda mis reglas y que, no espere que la ame con locura, alguien que me odie y no pretenda ser la dueña de mi imperio. Pero antes... —su mirada se volvió más oscura, más íntima—... tienes que aprender a quién le debes lealtad absoluta.
—No soy una traidora —respondió ella, apartando la cara de su toque—. Pero que me pidas que no te ame es fácil, pues nunca amaria a un demonio capaz de jugar con la vida de un hombre inocente.
Matteo soltó una carcajada baja, un sonido que le recorrió la espalda a Ana como una corriente eléctrica.
—El amor es una debilidad de gente como Miguel, sin embargo, el odio es una bendición para gente como yo. No quiero tu amor, Ana. Quiero tu rendición. Quiero que cada vez que mires esas luces de la ciudad, sepas que solo sigues viendo su resplandor porque yo lo permito.
Se alejó unos pasos y señaló una puerta al fondo de la biblioteca.
—Esa es tu habitación. Mañana un equipo de tutores y expertos vendrá para ayudarte con tu tesis. Tendrás todo lo que necesites, excepto libertad para salir sin mi permiso.
Se detuvo antes de salir de la habitación y la miró por encima del hombro.
—Y Ana... si intentas contactar a ese chico o a tus padres por fuera de los canales que yo supervise, la cuenta de la clínica de tu padre dejará de pagarse en ese mismo instante. ¿Fui claro?
Ana asintió en silencio, sintiendo cómo los muros de la mansión se cerraban a su alrededor. Matteo salió, dejándola sola con sus libros y su nueva realidad. Caminó hacia la ventana y miró hacia abajo, hacia el valle donde Miguel seguramente seguía despierto, sufriendo por una mentira.
pero estaría muerta como le dijo matteo
ojalá no sea verdad
pero ellos también no debieron actuar a si humillandote lo hiciste para salvarle la vida
si ella es tomada una heredera 🤔
pero cuando se entere de lo que tenía pensado el miguelito con ella como verá esto por una parte se puede decir matteo la salvo de ese maldito
ojalá Matteo se entere sus informantes se están pasando el por qué el miguelito quiere a toda costa a Ana
entonces el sabrá que viene de una familia fuerte🤔
pero será que le hicieron algo para a si poder tener a su merced a Ana