Después de sobrevivir a la etapa más difícil de su vida, Nicolás descubre que sanar era solo el comienzo. Ahora deberá aprender a construir un futuro, recuperar sueños olvidados y abrir nuevamente su corazón al amor. Junto a Valeria enfrentará nuevos desafíos, decisiones importantes y oportunidades que pondrán a prueba todo lo que ha aprendido. Porque algunas historias no terminan cuando alguien se levanta de una caída... comienzan cuando decide volver a vivir. 🌅❤️✨📚
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“Los Días Que Antes Soñaba Tener”
📖 LIBRO II: CUANDO LA VIDA VUELVE A EMPEZAR
CAPÍTULO 5
“Los Días Que Antes Soñaba Tener”
Las semanas comenzaron a avanzar con una calma que Nicolás todavía estaba aprendiendo a aceptar.
Porque durante mucho tiempo creyó que una vida tranquila era una vida aburrida.
Ahora entendía que estaba equivocado.
Profundamente equivocado.
La tranquilidad era un regalo.
Uno que muchas personas no valoraban hasta que lo perdían.
Y él había pasado años deseando exactamente aquello que ahora tenía.
Una mañana despertó antes que sonara la alarma.
La luz del amanecer apenas comenzaba a entrar por la ventana.
La casa permanecía en silencio.
Todo parecía inmóvil.
Y por primera vez en muchísimo tiempo...
No sintió ansiedad al abrir los ojos.
No sintió preocupación.
No sintió aquella necesidad urgente de levantarse para escapar de sus pensamientos.
Simplemente permaneció acostado observando el techo.
Respirando.
Disfrutando el momento.
Era algo tan simple.
Y sin embargo...
Significaba muchísimo.
Porque meses atrás algo así habría parecido imposible.
Cuando llegó a la cocina encontró una nota sobre la mesa.
La letra era inconfundible.
Valeria.
"Tuve que salir temprano. No olvides desayunar. Y sí, esto significa desayunar de verdad y no solamente tomar café."
Nicolás soltó una carcajada.
Era exactamente algo que ella escribiría.
Y por alguna razón aquella pequeña nota logró alegrarle la mañana.
Preparó el desayuno.
Algo sencillo.
Y mientras comía observó nuevamente la nota.
Pensando en cómo las personas terminaban convirtiéndose en parte de nuestra vida sin que nos diéramos cuenta.
Primero eran desconocidos.
Después conocidos.
Luego compañía.
Y un día descubrías que ya no imaginabas ciertas partes de tu vida sin ellas.
Aquella mañana trabajó varias horas seguidas.
El proyecto comenzaba a tomar forma.
Lentamente.
Sin prisa.
Pero avanzaba.
Y cada pequeño avance le demostraba algo importante.
La constancia muchas veces vale más que la velocidad.
No necesitaba lograrlo todo en una semana.
No necesitaba resolver su futuro en un mes.
Solo necesitaba seguir avanzando.
Paso a paso.
Día tras día.
Al mediodía recibió una llamada de Julián.
Su amigo habló durante casi diez minutos sin dejarlo responder.
Algo bastante normal tratándose de él.
Cuando finalmente hizo una pausa para respirar, Nicolás aprovechó.
—¿Ya terminó?
—Apenas estaba empezando.
Ambos soltaron una carcajada.
Era bueno volver a tener conversaciones así.
Normales.
Espontáneas.
Llenas de tonterías.
Porque las amistades verdaderas tienen esa capacidad.
Hacen que incluso los días comunes se sientan especiales.
Antes de colgar, Julián dijo algo que quedó resonando en su cabeza.
—Me gusta escucharle la voz así.
Nicolás guardó silencio.
—¿Así cómo?
—Como alguien que volvió a encontrarse.
La llamada terminó poco después.
Pero aquella frase permaneció con él durante toda la tarde.
Porque quizás tenía razón.
No se trataba únicamente de sanar.
No se trataba únicamente de sentirse mejor.
Era algo más profundo.
Estaba volviendo a conocerse.
Descubriendo quién era ahora.
Después de todo lo vivido.
Después de todas las lecciones aprendidas.
Esa noche Valeria regresó cansada.
Pero sonriendo.
Y eso bastó para que la casa pareciera más cálida.
Cenaron juntos.
Hablaron de cosas simples.
De anécdotas.
De planes.
De lugares que algún día querían visitar.
Nada extraordinario.
Y precisamente por eso era tan especial.
Porque la vida rara vez se construye con momentos gigantes.
Se construye con cientos de momentos pequeños.
Pequeñas conversaciones.
Pequeños recuerdos.
Pequeños instantes que terminan convirtiéndose en una historia.
Cuando la noche avanzó, Nicolás salió al balcón unos minutos.
La ciudad brillaba bajo el cielo oscuro.
Las luces parecían estrellas dispersas entre los edificios.
Y mientras observaba aquel paisaje, una idea apareció dentro de él.
Una idea sencilla.
Pero poderosa.
Muchos de los días que estaba viviendo ahora...
Eran exactamente los días que antes soñaba tener.
Días tranquilos.
Días compartidos.
Días con esperanza.
Días donde el futuro no daba miedo.
Y de repente sintió una profunda gratitud.
Porque a veces perseguimos tanto lo que nos falta...
Que olvidamos reconocer todo lo que ya hemos conseguido.
Nicolás sonrió mirando las luces de la ciudad.
Y comprendió algo que jamás volvería a olvidar.
La felicidad no siempre consiste en alcanzar algo nuevo.
A veces consiste en darte cuenta de que ya estás viviendo parte de aquello que una vez deseaste.
Y esa noche...
Esa certeza hizo que su corazón descansara un poco más.
Continuará... 📖✨🌅❤️