Tras despertar en el cuerpo de la villana condenada a muerte de su novela favorita, una mujer de la época moderna tiene una sola misión: ¡Sobrevivir! Para lograrlo, debe alejarse del imponente Héroe, el hombre destinado a matarla por amor a la protagonista original. Sin embargo, el destino tiene otros planes. Cada intento de huida termina en un encuentro desastroso que ella interpreta como una sentencia de muerte, mientras que él... empieza a ver en la "villana" algo que nunca esperó: un corazón que lo cautiva. Ella corre por su vida, pero él ya ha empezado la cacería... por su amor.
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Capitulo 8: El misterio de Iter-Net
El carruaje avanza con un traqueteo rítmico que, en cualquier otra circunstancia, habría resultado arrullador. Sin embargo, para Isabella, cada sacudida es un recordatorio de que sus costillas estan librando una batalla perdida contra el ballenado de su corsé. Taylor, sentada frente a ella con una expresión de devoción absoluta, no deja de retocar imaginariamente los pliegues del vestido verde esmeralda que, tras el incidente del té, milagrosamente sigue intacto
La mañana para Isabella fue un caos de proporciones épicas. Todo comenzó con una pregunta inocente mientras Isabella observaba los bocetos de moda que Taylor trajo para organizar el joyero.
__Taylor__. Preguntó Isabella, ladeando la cabeza mientras le cepillan el cabello.
__¿Desde cuándo la nobleza usa vestidos menos esponjosos y sin tantas capas? Ayer, en la boutique, me fijé en que conviven estilos que parecen sacados de siglos distintos. Hay cosas que parecen pasteles mal decorados, como el que eligió Elena, y otras mucho más… ¿modernas?__. Taylor sonrió, con la luz en los ojos que solo aparece cuando se habla de chismes de la alta alcurnia.
__Ah, señorita, es que la boutique Vintage tiene poco más de tres años que abrió. Se volvió la sensación de la noche a la mañana porque la dueña no es otra que la mismísima Emperatriz del Imperio Iter-Net. Antes lo conocíamos como el Imperio del Sur, un lugar aburrido y lleno de desierto, pero ahora es el Imperio Iter-Net. Dicen que el Emperador le cambió el nombre en honor a su amada y a su hermosa historia de amor. ¡Es tan romántico!__..En ese preciso instante, Isabella, que estaba dando un sorbo a su té de jazmín para calmar los nervios, sintió que el mundo se detuvi. ¿Iter-Net?. Si le pones una "n" al final, aquello es, literal y descaradamente, Internet. El líquido caliente se fue por el camino equivocado de forma estrepitosa. Isabella comenzó a toser con tanta violencia que Taylor tuvo que soltar el cepillo y darle golpecitos en la espalda, temiendo que su señora se asfixiara antes de su gran debut.
__¡Señorita! ¡Cuidado!__? Exclamó la doncella.
Isabella recuperó el aire, pero no la cordura. Iter-Net. No puede ser una coincidencia, pensó con la paranoia disparada. En este mundo de fantasía se comunican por cartas que pueden tardar semanas en llegar a su destino o por cristales mágicos carísimos que solo los archimagos hacen. Nombrar a un imperio como la red de información del siglo XXI es un grito desesperado de ayuda o una broma interna de un reencarnado con demasiado poder. No soy la única, concluyó Isabella con un escalofrío. Hay alguien más aquí que sabe lo que es el Wi-Fi. Pero sus reflexiones metafísicas fueron interrumpidas por el segundo asalto del té. Minutos después, mientras Taylor aplica una capa ligera de polvos para resaltar la palidez aristocrática de su piel, la doncella soltó la bomba final:
__Se ve hermosa, mi señorita. Estoy segura de que esta noche podría conquistar hasta al mismísimo Emperador de nuestro imperio. No habrá hombre que no caiga a sus pies__. Y zaas. El desastre ocurrió de nuevo. Esta vez, el té no solo causó un atoro; el líquido decidió buscar una salida alternativa ante la risa nerviosa y el horror de Isabella, terminando por salir de forma muy poco glamurosa por su nariz. Isabella tosió estrepitosamente, olvidando por completo el protocolo, los modales y la dignidad de una dama de alto rango.
__¡Ni loca, Taylor!__. Logró articular Isabella entre estornudos y pañuelos de seda.
__ ¿Casarme con el Emperador? Ese hombre es capaz de matarme solo por respirar cerca de su futura amada. ¡Mi plan es sobrevivir, no terminar en un estrado de ejecución por un malentendido romántico!?__. Taylor, acostumbrada ya a las "excentricidades" recientes de su señora, simplemente la ayudó a retocarse el maquillaje, ignorando las menciones a la muerte. Para la doncella, Isabella simplemente esta nerviosa. Para Isabella, casarse con el protagonista masculino de una novela de este género es comprar un boleto de primera clase hacia una tragedia segura.
Finalmente, el momento de la verdad llegó. Isabella bajó las escaleras de la mansión ducal con una elegancia que oculta sus ganas de salir corriendo hacia la frontera más cercana. Al llegar al vestíbulo, la escena que encontró fue exactamente lo que esperaba, pero no por ello menos irritante. Elena esta allí, envuelta en su vestido rojo sangre con bordados dorados. Se ve espectacular, no puede negarlo, pero su belleza se ve empañada por la forma en que esta "guindada" del brazo del Duque de Castilla como si fuera una garrapata sedienta de atención. El Duque, ese hombre de rasgos finos y delicados que alguna vez fue el prometido de Isabella, se quedó boquiabierto al ver a su antigua pareja.
Sus ojos café recorrieron el vestido verde esmeralda de Isabella, la forma en que los bordados dorados captan la luz y cómo los guantes de encaje negro le dan un aire de misterio y sofisticación que Elena, con toda su parafernalia roja, no logra alcanzar. El Duque pareció olvidar por un segundo que Elena esta colgando de su brazo. A Elena no le pasó desapercibida la mirada. Su rostro se contrajo en una mueca de envidia pura y, de inmediato, tironeó del brazo del Duque con una fuerza sorprendente para su apariencia delicada.
__¡Vamos, Duque! No debemos llegar tarde al evento imperial. El protocolo es muy estricto y no quiero que nuestra entrada sea opacada por la tardanza__. Exclamó con una voz chillona que pretendió ser dulce. Casi lo arrastró hacia el carruaje, huyendo de la presencia de Isabella como si temiera que su mera sombra le robara el protagonismo.
Isabella rodó los ojos internamente mientras los vió marcharse. El Duque de Castilla era atractivo, sí, pero tiene una apariencia demasiado "fina" para sus gustos. Sus rasgos son casi femeninos, delicados como el cristal. Isabella, con su mentalidad de mujer moderna reencarnada, prefiere algo más... contundente. Hombres fuertes, poderosos, de esos cuya sola presencia hace temblar el aire. El Duque le parece un gatito comparado con los leones que ella imagina.
__Te ves bien, hermana. Espero que todo salga bien esta noche y las cosas mejoren para ti__. La voz profunda de Maikel, su hermano mayor, la sacó de sus pensamientos. Él esta allí, impecablemente vestido con su traje. Maikel es un hombre de pocas palabras, centrado en el trabajo y con una expresión seria que a menudo se confunde con frialdad. Sin embargo, Isabella puede ver la chispa de preocupación en sus ojos. Él la ama, a su manera tosca y aristocrática.
__Gracias, Maikel__. Respondió Isabella, suavizando su expresión.
__Yo también espero que esta noche sea el inicio de algo nuevo. Aunque "nuevo" para mí signifique simplemente no ser humillada en público__. Maikel no sonrió, pero asintió con un gesto solemne y le ofreció su brazo. Isabella se sujetó de él con fuerza. Es su ancla en medio de ese mar de tiburones llamado alta sociedad.
__Recuerda, Isabella__. Dijo Maikel mientras caminan hacia el carruaje que los espera.
__Eres la hija de un Duque. No agaches la cabeza ante nadie, ni siquiera ante los chismes__.
__No pensaba hacerlo__. Replicó ella con una sonrisa afilada.
__De hecho, me conformo con que nadie me derrame té encima esta noche. He tenido suficiente de eso por hoy__. El trayecto al Palacio Imperial fue un desfile de carruajes de lujo y antorchas encendidas. El cielo esta despejado, y la luna llena ilumina las torres de mármol blanco del palacio, dándoles un aspecto casi irreal. Isabella respiró hondo, tratando de calmar el golpeteo de su corazón contra el corsé.
«Bien, Isabella. Paso uno: Entrar sin tropezar. Paso dos: No hablar con el Emperador. Paso tres: Evitar que Elena me meta en una pelea de gatas. Paso cuatro: Buscar pistas sobre el Imperio Iter-Net». Las puertas del gran salón se abrieron de par en par. El heraldo real golpeó el suelo con su vara de oro y su voz retumbó en la estancia, silenciando los susurros de los cientos de nobles presentes:
__¡Lady Isabella de Monfort y el Heredero al Ducado, Lord Maikel Monfort!__. Isabella apretó el brazo de su hermano. La luz de los candelabros de cristal es cegadora, y cientos de ojos se clavaron en ella, buscando rastros de la mujer despechada y débil que esperaban encontrar. En lugar de eso, vieron a una mujer vestida de esmeralda y oro, con la mirada alta y una confianza que irradia peligro. La supervivencia en esta novela acaba de empezar de verdad. Y si hay alguien más del futuro en este mundo, Isabella esta decidida a que sepan que ella no va a ser una víctima más del guion.