Luciana Montreal siempre obtuvo lo que quiso.
Incluso a David Balbuena… el único hombre que alguna vez se le resistió.
Pero el deseo no siempre trae victoria.
Entre noches que la consumieron y una verdad que lo cambió todo, Luciana entendió que hay algo más peligroso que no tener a alguien… tenerlo y descubrir quién es en realidad.
Años después, convertida en una mujer poderosa e inalcanzable, ha construido un mundo donde nadie puede tocarla...
Hasta que el pasado regresa... y no viene solo: Un hombre que aún puede hacerla arder. Otro que ya decidió que será suya.
Entre el fuego que la desarma y el control que amenaza con atraparla, Luciana deberá enfrentar la única decisión que nunca pudo dominar: seguir lo que la consume… o no volver a perderse jamás.
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MUJER CUIDADOSA Y OBSERVADORA
NARRADOR
Anthony había observado mejor a Luciana y estaba más que decidido a conocerla mejor, pero sabía que no era el momento ni el lugar. Ella parecía una mujer fascinante, educada, distinguida, inteligente y sobre todo hermosa.
Él desde que la había visto en París, meses atrás, no había dejado de pensar en ella. Había investigado sutilmente algunas cosas y lo que logró averiguar le producía aún más interés.
Anthony apostaba grandes sumas. Eso no le interesaba a Luciana.
-Mi fortuna ha mejorado con su presencia- Le dijo él luego de ganar tres veces
-Debería de agradecerle a su instinto y a los riesgos que asume, señor Smith- Ella respondió sin mirarlo, concentrada en las cartas
-Antes de que usted llegara no me iba tan bien, ¿Me permite invitarle una copa a modo de agradecimiento?- Luciana lo observó un segundo y pidió otra carta
-No vine sola y estoy casada. Además, por ver su reloj y algunos pequeños detalles asumo que es usted un hombre poderoso y reconocido, aunque yo no lo reconozca...
-¿Qué intenta decirme, señora Montreal?- Preguntó fascinado con ella
-Mi esposo es alguien poderoso y usted estoy segura de que también lo es. No me interesa estar involucrada en nada que pueda comprometer mi imagen- Él sonrió
-Soy un empresario petrolero, señora Montreal. Si no me reconoce es porque probablemente no tratemos con las mismas personas ni asistamos a los mismos eventos. Tal como le dije, no vine a pecar esta noche. ¿Cree usted que aceptar una copa es un crimen?- Luciana sonrió ante la respuesta
-Tomaré una copa, pero no acepto su invitación. Me gusta tener control absoluto de mis finanzas. No lo conozco lo suficiente para aceptar un gesto suyo- Ella recibió una última carta y se detuvo, ganando aquella mano
Anthony se puso de pie. Luciana recogió sus fichas y lo imitó.
Ella, tal como lo dijo, abonó su copa y él la suya.
Anthony no buscó entablar una conversación sobre temas económicos. Ella no era alguien que podría impresionar haciendo alarde de su fortuna.
-Señora Montreal, estoy un poco desconcertado. ¿Podría saber por qué no acepta que le invite una copa? Es lo que debería hacer un caballero
-Porque el dinero y el poder es algo que jamás logrará impresionarme. Ningún hombre podrá poner el mundo a mis pies
-¿Tampoco su esposo?- Ella sonrió
-Me casé con un hombre, no con su dinero. ¿Necesita saber algo más?
-Discúlpeme si fui indiscreto. Es usted un bello enigma. Si volvemos a vernos espero que no me trate como un desconocido y que acepte un café. Me sentiré en deuda hasta que lo haga- Anthony miró su reloj y se puso de pie
Él le entregó su tarjeta personal.
-Debo irme, señora Montreal. Fue un placer haber coincidido esta noche- Él extendió su mano y cuando ella la estrechó, recibió un beso en el dorso
-Adiós señor Smith- Dijo
Amy estaba observando aquella conversación y se acercó en cuanto Anthony se alejó.
-Cuanta tentación y tu casada con un burro. Deberías divorciarte. No sé qué es lo que estás esperando para hacerlo- Luciana casi se ahogó con su bebida
-¿Sabes cuántas especulaciones habría si tomara una decisión así de apresurada con solo seis meses de matrimonio?- Respondió y volvió a beber
-Muchas, pero ¿A quién le importa? Se que sabes que nada cambiará así pase más tiempo, ¿Qué necesitas para desengañarte por completo?- Luciana lo pensó un momento
-Yo también lo intento averiguar y se que a este paso lo haré- Amy decidió no insistir
Luciana sabía, podía asegurarlo. Su matrimonio podría ser satisfactorio en la habitación, pero aunque eso no había cambiado cada día se sentía más vacía. Dejar a quien la hacía arder no sería fácil y para no caer en tentación nunca más necesitaría una prueba. Sabía que su marido jamás se ganaría su odio, pero debía adquirir su desprecio para irse y nunca más volver.
Las dos amigas regresaron al hotel. Amy lo hizo con la tarjeta de un empresario que había conocido, mientras que Luciana desechó la que Anthony le había dado. No creía volver a verlo y aunque no le había desagradado, había pensado que él estaba interesado en ella aunque fingiera que no.
-¿No le darás ni una oportunidad? No entiendo por qué la desechas así sin más- Cuestionó Amy
-Porque no estoy interesada. Intentó comprarme una copa fingiendo que yo le di buena fortuna
-¿Eso es un crimen? No puedes desconfiar de todo el mundo- Le dijo Amy y por un momento Luciana pensó que tenía razón
-Anthony Smith es petrolero, ¿Sabes lo que eso significa? Un escándalo que no necesito, un rumor que podría hacerme pagar una suma que invertiré en mi proyecto. ¿Lo entiendes?- Su amiga se sorprendió
-Bueno, pensándolo así tienes razón. Es increíble, tu esposo se puso más burro con el matrimonio y tu más lista- Luciana soltó una carcajada, pero creía que su amiga tenía toda la razón
(.....)
Cuando las dos volvieron a la ciudad, Luciana no tenía prisa por regresar al apartamento de lujo que compartía con su esposo. En lugar de eso, se quedó horas con su amiga y luego de cenar se dirigió a encontrarse con David.
Su esposo estaba allí, bebiendo una copa mientras veía un programa que podría hacerla dormir de aburrimiento.
Él levantó la mirada, la vio caminar con su maleta en dirección a la habitación principal y se puso de pie para seguirla.
-¿Cómo te fue?- Preguntó
-Hola para ti también. No perdí una fortuna, el viaje me salió gratis- Dijo con suficiencia pensando en el casino. No le diría que sus ahorros habían disminuido por su nueva inversión
-También me fue bien. Gané mucho dinero- Quiso presumir, ella lo notó
-Sabía que lo harías- Afirmó con seguridad. Confiaba en su habilidad para los negocios así como tanta gente lo hacía
David sonrió por un momento, pero luego volvió a su expresión habitual. Ella no le diría nada más, así que salió de la habitación.
Luciana se preparó para dormir. Lo hizo con una sonrisa en su rostro. La frialdad de su marido no opacaría su felicidad por haber dado el paso más importante hacia su futuro.