Para sellar un acuerdo diplomático, un imponente emperador galáctico acepta comprometerse con un omega del salvaje planeta de las bestias. Sin embargo, un inesperado error en los registros altera los planes: en su lugar, recibe a un dulce e inocente gamma. A pesar de la confusión y el choque cultural, este tierno e inesperado compañero empezará a derretir el frío corazón del soberano.
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Cap 24
El silencio de la noche se había apoderado del ala de invitados del palacio imperial. En la fastuosa habitación real que se les había asignado, la luz se mantenía en una penumbra suave y azulada. Sobre la inmensa cama de seda, Nesta dormía plácidamente en una posición completamente descuidada, con una pierna fuera de las sábanas y un rastro de respiración profunda y acompasada. A su lado, hecha una pequeña bola de pelos sumamente esponjosa, su mascota Bibi emitía leves silbidos al compás de los tiernos ronroneos que el gamma soltaba en sueños. Su colita felina daba pequeños espasmos de relajación total.
Alrededor de la mesa auxiliar, apartados de la cama para no perturbar el sueño del consentido, la familia de las bestias se encontraba reunida en un cónclave de absoluta seriedad. El líder del clan, mantenía el rostro ensombrecido apoyado sobre sus enormes manos. Rul, Bane compartían expresiones de profunda preocupación, mientras Kala se mantenía de pie, cruzada de brazos, observando fijamente la silueta de su hermanito.
—Esto es más grave de lo que pensábamos —comenzó Neva, bajando la voz hasta convertirla en un rugido sutil y ronco—. Ese emperador de Astris no es un alfa cualquiera. He visto cómo mira a mi bebé. Tiene esa mirada territorial y posesiva de los depredadores que ya han marcado a su presa. Las excusas legales que inventó sobre el senado y el contrato son solo trampas para ganar tiempo. Debemos idear un plan para que Zarek deje ir a Nesta de inmediato y nos permita abordar nuestra nave.
—Podríamos forzar la salida al amanecer —sugirió Bane, apretando los puños con impaciencia—. Nuestras armas de plasma están cargadas y las naves interceptoras del clan pueden romper el bloqueo si atacamos por sorpresa. No le tengo miedo a sus soldados de metal.
—No seas estúpido, Bane —lo cortó Kala con una voz cortante y pragmática, fulminándolo con la mirada—. Astris es un coloso militar. Si intentamos sacar a Nesta por la fuerza, desataremos una guerra intergaláctica en la que nuestro planeta llevará las de perder. Zarek aplastaría nuestra flota antes de que cruzáramos la atmósfera. Además, hay un factor que todos ustedes, par de ciegos, están ignorando por completo.
Rul alzó sus orejas con curiosidad, mirando a su hermana.
—¿A qué te refieres, Kala? —preguntó en un susurro.
Kala suspiró con pesadez, señalando con la barbilla hacia la cama donde Nesta se acomodaba mejor entre las almohadas, soltando un tierno suspiro dormido.
—Mírenlo —dijo la alfa, con una nota de sincera preocupación en su semblante—. Lo que verdaderamente me preocupa no son las flotas del emperador, sino nuestro propio hermano. Nesta... parece que le agrada demasiado Zarek. Ustedes saben lo desconfiado y asustadizo que es con los extraños; normalmente lloraría por días si lo separan de nosotros. Pero hoy, cuando lo vi, estaba instalado en el regazo de ese hombre como si fuera su lugar en el mundo. Buscaba su aroma, se dejaba alimentar en la boca y, lo peor de todo, ¡hizo un nido con su ropa militar! Un gamma no hace un nido con las pertenencias de cualquiera. Su instinto biológico ya aceptó a Zarek como su protector.
Al escuchar las palabras de Kala, el padre de Nesta sintió que el corazón se le partía en dos. Una nueva lágrima de celos paternales amenazó con salir de sus ojos, pero la contuvo con orgullo.
—Es verdad… —admitió Rul, con las orejas caídas de pura tristeza—. Cuando le preguntamos si quería volver, dijo que nos amaba, pero que también quería a Zarek y que no quería elegir. Nuestro pequeño felino está encariñado con el monstruo del imperio. Si nos lo llevamos a la fuerza rompiendo ese lazo, Nesta se va a deprimir, dejará de comer y su salud de gamma se vendrá abajo.
El segundo hermano mayor se rascó la nuca, completamente frustrado por la encrucijada.
—Entonces estamos atrapados —concluyó con amargura—. Si nos lo llevamos a la fuerza, Nesta sufre. Si lo dejamos aquí, se queda en un nido de víboras políticas con un alfa severo que no sabe nada de cuidar a un niño mimado. ¿Qué se supone que hagamos para que el emperador entienda que mi hermano es demasiada dulzura para este sitio?
Neva miró fijamente a sus hijos y luego a la cama, donde Bibi se acomodaba sobre el pecho de Nesta. El líder del clan enderezó la espalda, y una chispa de astucia salvaje brilló en sus ojos.
—Si Zarek quiere quedarse con nuestro gamma, tendrá que demostrar que es capaz de soportar lo que eso significa —sentenció el padre con firmeza—. Mañana no nos iremos. Nos quedaremos y pondremos a prueba al emperador. Haremos que experimente en carne propia las demandas, los berrinches y los cuidados extremos que Nesta requiere. Si ese hombre de piedra se quiebra ante el primer capricho de mi hijo, el mismo Nesta se dará cuenta de que no es su alfa ideal y querrá volver a casa por su cuenta. Mañana empieza la verdadera prueba para el soberano de Astris.