En su vida pasada, Camila era una científica obsesionada con descubrir los secretos de la naturaleza. Ahora ha reencarnado como Xenia, una joven noble en un mundo lleno de magia… y para ella eso solo significa una cosa: nuevos experimentos.
Decidida a entender y dominar la magia como si fuera ciencia, convierte su vida en un laboratorio, creando pociones cada vez más imposibles y peligrosas.
Pero cuando el príncipe del reino empieza a aparecer constantemente en su laboratorio, Xenia descubre que, además de la magia, hay otro fenómeno que no logra explicar del todo: por qué el príncipe parece cada vez más interesado en ella… mientras ella solo piensa en su próximo experimento.
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Capítulo 2
Después de varios días, Xenia finalmente comenzó a acostumbrarse un poco más a su nueva vida.
O al menos… a ciertas partes de ella.
Todavía le resultaba extraño despertar en una cama enorme con sábanas suaves, ver doncellas inclinándose cada vez que entraba en una habitación o escuchar que todos la llamaban “Lady Xenia” con absoluto respeto. A veces incluso se quedaba observando sus propias manos durante largos segundos, incapaz de acostumbrarse del todo a la piel clara y delicada que ahora le pertenecía.
Sin embargo, había algo que definitivamente no podía soportar.
El cabello largo.
Cada mañana sentía aquella pesada melena borgoña rozándole la espalda y terminaba irritándose más de lo que debería. Toda su vida como Camila había preferido el cabello corto por simple practicidad, así que después de aguantarlo durante días, finalmente perdió la paciencia.
—Córtalo.
La doncella frente a ella abrió los ojos horrorizada.
—¿P-perdón, señorita…?
Xenia señaló su cabello con absoluta tranquilidad.
—Muy corto, por favor. Hasta aquí.
Hizo un gesto a la altura de su mandíbula.
La pobre doncella casi parecía al borde del colapso.
—¡¿M-muy corto?! ¡Lady Xenia, una dama noble jamás…!
La frase murió apenas Xenia le lanzó una mirada completamente seria.
No era una mirada amenazante realmente… pero sí una de esas miradas silenciosas que dejaban claro que discutir sería inútil.
Al final, la doncella terminó obedeciendo entre lágrimas contenidas.
Y cuando Cordelis vio el resultado…
Casi se desmaya.
—¡Xenia Edevane! —exclamó llevándose una mano al pecho mientras observaba el nuevo cabello corto de su hija con absoluto shock—. ¡Tu hermoso cabello!
Xenia, en cambio, simplemente pasó una mano por las suaves hebras borgoñas que ahora apenas rozaban su cuello y soltó un suspiro de alivio.
Mucho mejor.
Definitivamente mucho mejor.
Aunque Cordelis estuvo a punto de convocar a media mansión por la impresión, con el paso de las horas incluso las doncellas tuvieron que admitir, muy a su pesar, que Lady Xenia se veía absurdamente hermosa con el cabello corto.
Y sinceramente, Xenia no entendía por qué todos actuaban como si hubiera cometido un crimen.
Era solo cabello.
Actualmente se encontraba en la cocina principal de la mansión Edevane rodeada de ingredientes, pequeños recipientes y varias hierbas trituradas mientras las cocineras y doncellas observaban la escena con evidente confusión.
Nadie entendía qué estaba haciendo.
Y honestamente… Xenia tampoco sabía cómo explicarles que estaba intentando recrear una mascarilla facial usando las propiedades de ciertas plantas mágicas.
No había podido evitarlo.
Aunque estuviera en otro mundo y en otro cuerpo, seguía siendo Camila por dentro.
La curiosidad científica simplemente era más fuerte que ella.
Con expresión concentrada, mezcló lentamente una crema blanca con extracto de flores de luna y unas gotas de aceite brillante obtenido de una planta mágica que había encontrado en el jardín esa misma mañana. El resultado comenzó a tomar una textura suave y ligeramente luminosa.
Los ojos de Xenia brillaron.
—Listo.
Jane, una de las doncellas, se acercó con cautela.
—¿Qué es eso, señorita…?
Xenia sonrió apenas de lado mientras tomaba el pequeño recipiente.
—Ya verás.
Sin explicar nada más, regresó a su habitación seguida por varias doncellas curiosas. Una vez allí, se sentó frente al espejo y comenzó a extender la mezcla cuidadosamente sobre su rostro mientras todas observaban como si estuvieran presenciando un ritual extraño.
Después de dejarla actuar unos minutos, finalmente tomó una toalla húmeda y limpió el producto de su piel.
El silencio llenó la habitación.
Las doncellas abrieron los ojos lentamente.
La piel de Xenia lucía increíblemente suave, luminosa y uniforme, como si hubiera brillado incluso más bajo la luz que entraba por la ventana.
Jane soltó un pequeño jadeo.
—¡Señorita…!
Otra doncella se acercó casi temblando.
—¡Su piel luce increíble!
Xenia observó su reflejo con satisfacción antes de sonreír ligeramente.
Tal como esperaba.
—¿Ven?
Las doncellas comenzaron a hablar todas al mismo tiempo.
—¡Lady Xenia es un genio!
—¡Nunca había visto algo así!
—¡Esto podría venderse en todo el reino!
Xenia parpadeó apenas.
¿Venderse?
Hmm…
Bueno.
Ahora que lo pensaba… quizá no era una mala idea.
Después de aquello, Xenia finalmente bajó al comedor principal.
El enorme salón estaba iluminado por la cálida luz del atardecer que entraba a través de los ventanales, reflejándose suavemente sobre la larga mesa adornada con cubiertos de plata y delicados arreglos florales. Viktor ya se encontraba sentado en su lugar habitual revisando algunos documentos incluso durante la cena, mientras Cordelis conversaba tranquilamente con Thomas, quien balanceaba las piernas desde su asiento con evidente aburrimiento.
Sin embargo, apenas Xenia entró en el comedor, las conversaciones se detuvieron.
Los tres se quedaron mirándola.
Cordelis fue la primera en reaccionar, abriendo ligeramente los ojos mientras observaba el rostro de su hija con sorpresa.
—Hija… ¿qué te hiciste en la cara? —preguntó inclinándose apenas hacia adelante—. Te ves muy bien.
Xenia tomó asiento con total tranquilidad mientras una doncella le servía té.
—¿Hm?
Thomas seguía mirándola fijamente desde el otro lado de la mesa.
—¡Es verdad! —dijo inmediatamente—. Hermana, estás más bonita.
Xenia sonrió apenas ante la sinceridad del niño.
—Bueno… eso probablemente se deba a mi experimento.
La palabra hizo que Viktor levantara finalmente la vista de sus documentos.
—¿Experimento? —repitió lentamente.
Xenia asintió sin mostrar la menor incomodidad.
—Últimamente he estado estudiando plantas y alquimia. Me pareció interesante, así que intenté crear algo que ayudara a mejorar la piel del rostro… y bueno, funcionó.
Mintió con una naturalidad sorprendente.
No podía exactamente explicar que había recreado una mascarilla facial usando conocimientos modernos mezclados con ingredientes mágicos de otro mundo.
Cordelis parecía cada vez más sorprendida mientras observaba la piel luminosa de su hija.
—¿Lo hiciste tú sola?
—Sí.
Thomas abrió los ojos con admiración absoluta.
—¡Hermana, eso es increíble!
Xenia no pudo evitar sentirse ligeramente satisfecha.
En su vida pasada, la mayoría de sus investigaciones habían sido ignoradas o tratadas únicamente como trabajo. Escuchar admiración tan genuina por algo que había creado resultaba… extrañamente agradable.
Viktor permaneció en silencio observándola durante varios segundos. Su expresión seguía siendo tranquila, pero había algo pensativo en su mirada, como si todavía intentara acostumbrarse a esta nueva versión de su hija.
Porque la antigua Xenia jamás habría hablado así.
Ni habría mostrado aquel brillo de entusiasmo mientras explicaba algo.
—¿Te gusta hacer eso? —preguntó finalmente el duque.
Xenia lo miró apenas sorprendida antes de asentir.
—Mucho.
Y esa vez no hubo mentira en su voz.
Cordelis sonrió inmediatamente.
—Xenia… ¿de casualidad no tendrás más de esa crema?
La joven soltó una pequeña risa.
—Claro que sí, madre. Luego mandaré a preparar un poco para usted.
Los ojos de Cordelis brillaron de emoción al instante.
Si realmente funcionaba así de bien, las damas nobles morirían de envidia en la próxima reunión social.
Thomas parecía igual de emocionado.
—¡Hazme una también!
—No necesitas una mascarilla facial a tu edad —dijo Viktor con calma antes de tomar un sorbo de té.
—¡Pero quiero probarla!
La pequeña discusión hizo que Cordelis soltara una suave risa.
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