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El Señor Del Amor

El Señor Del Amor

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Mafia
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Ysaura Reyes

Alexandre Viale, un hombre misterioso con mucho poder, nadie lo conoce lo suficiente para poder decir quién es, los medios lo persiguen, pero terminan viendo sombras. Su imperio crece mas y más y nadie conocé hasta donde se extiende exactamente. Es joven, dicen, pero no tienen ni la exactitud de cual es su edad. Las mujeres que entran una vez a su cama y no vuelven más, porqué Alexandre no repite, Alexandre conquista para cumplir un solo objetivo y luego desecha como si no fueran de valor.
¿Llegará alguna que rompa con todos esos muros de hierro que el forjó a su alrededor?
No es solo un hombre poderoso, misterioso y seductor, también es un hombre muy peligroso. Debajo de sus pies se mueve algo oscuro y nadie quisiera ser su enemigo.

NovelToon tiene autorización de Ysaura Reyes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Tensión

Desde ambas perspectivas Alexandre y Vittoria

...****************...

Vittoria

Había regresado a Mónaco con más preguntas de las que me había llevado. La deuda de la empresa de mis padres seguía sin resolverse. Las transferencias continuaban siendo un misterio y, aunque habíamos avanzado en algunas investigaciones, todavía no teníamos una respuesta capaz de explicar quién había movido el dinero. Lo peor era que ya no confiaba en la palabra de algunas personas.

Y eso era peligroso, no podía permitirme cometer errores... Durante dos semanas había vivido entre documentos, llamadas y reuniones. Había dormido poco y pensado demasiado. Mónaco debía ser mi pausa, no una solución, una pausa...

El automóvil se detuvo frente al edificio.

Tomé aire antes de bajar. Había algo reconfortante en volver a reconocer cada detalle. El vestíbulo, el mármol, el sonido de mis tacones sobre el suelo, mi propia rutina.

Por primera vez en días, sentí que podía respirar. Subí a mi apartamento y dejé el bolso sobre una silla, me quité los zapatos y caminé descalza hasta el ventanal y por un momento pensé que quizás podía volver a ser yo. Hasta que mi teléfono vibró, se presenta ante mis ojos un correo, otro informe de Italia. Lo abrí, Leí las primeras líneas, cerré los ojos y maldije. El problema seguía esperándome. Solo había cambiado de país.

Alexandre...

Louis: Estás distraído.

Levanté la mirada. Louis estaba sentado frente a mí con un vaso de whisky en la mano.

Alexandre: No.

Louis: Sí.

Alexandre: Entonces deja de mirarme.

Louis: Llevas veinte minutos mirando el mismo punto.

Miré alrededor, el club estaba lleno, buena música, luces, botellas y muchas mujeres. Hombres que habían llegado allí para olvidar algo y otros que, como yo, probablemente habían venido para no pensar.

Asha: Alexandre.

Alexandre: Hola, Asha.

Asha: Pero guapo, No te veía desde hace semanas.

Alexandre: He estado ocupado.

Asha: Eso dicen todos.

Louis soltó una risa, ella puso una mano sobre mi hombro. Normalmente habría disfrutado de la situación. Pero, esa noche no. No porque hubiera cambiado, simplemente no tenía ganas.

Asha: ¿Quieres bailar?

La observé, estudié su físico, sus atributos, era hermosa, mucho y aún así no sentía absolutamente nada.

Alexandre: Quizá después.

Se marchó con una sonrisa que no parecía convencida. Louis me miró y se pudo apreciar su curiosidad.

Louis: Oye, eso sí es nuevo.

Alexandre: ¿Qué cosa?

Asha: Que rechaces a una mujer sin siquiera intentarlo.

Alexandre: Espera, no la rechacé.

Louis: Claro que lo hiciste, aquí estoy. Lo vi todo. Ok, ¿Tiene nombre?

Alexandre: ¿Quién?

Louis: La razón por la que estás aquí con nosotros mirando el techo.

Alexandre: jajja, que chistoso. No hay ninguna razón.

Louis: ¡Alexandre!

Alexandre: ¿Si, Louis?

Se quedó callado. Pero conocía aquella mirada, la mirada de alguien que sabía que estaba mintiendo y quizá lo peor era que yo también lo sabía.

Vittoria

Los siguientes días pasaron más rápido de lo que esperaba. Volví a trabajar, volví a reuniones, volví a vestir como si no hubiera pasado nada. Como si Italia no hubiera dejado una grieta abierta en mi vida y entonces apareció Alexandre. No en el momento que esperaba, no con una entrada dramática, simplemente estaba allí... Una mañana, al salir de una reunión, lo encontré conversando con uno de los directivos. Levantó la mirada, nuestros ojos se encontraron. "Dos semanas" No pensé que fuera posible notar tanto tiempo en una sola mirada. Él no dijo nada, yo tampoco, pero durante un segundo olvidé completamente lo que estaba haciendo.

Señor Volkswagen: Vittoria.

Vittoria: ¿Sí?

El director me estaba hablando. Aparté la mirada de Alexandre.

Vittoria: Perdón. ¿Qué decías?

La reunión continuó, pero yo ya no estaba completamente allí.

Alexandre

Había pensado en ella, más de lo que debía. Eso era todo. No había ninguna razón para darle mayor importancia. Vittoria había estado fuera dos semanas, nada más. No era la primera mujer que desaparecía de mi entorno durante unos días, pero sí era la primera cuya ausencia había comenzado a molestarme y eso no me gustaba. Mucho menos me gustaba descubrir que, desde que había regresado, la buscaba involuntariamente con la mirada. En reuniones, en pasillos, en eventos, era ridículo. Así que hice lo que siempre hacía cuando algo comenzaba a ocupar demasiado espacio en mi cabeza, "me distraje"...

Aquella noche volví al club, mis amigos estaban allí. Las mismas caras, la misma música, las mismas mujeres, Y, por supuesto, una de ellas terminó sentándose a mi lado.

Asha: Estás muy serio.

Alexandre: No estoy serio.

Asha: Entonces sonríe.

Sonreí, ella me miró durante unos segundos.

Asha: Aah, No te creo.

Alexandre: ¿Siempre haces tantas preguntas?

Asha: Solo cuando alguien parece estar pensando en otra mujer.

La miré y por primera vez en toda la noche, la diversión regresó a mi rostro.

Alexandre: Basta. No estoy pensando en ninguna mujer.

Era mentira y obviamente ambos lo sabíamos.

Vittoria

El cuarto día después de mi regreso recibí una llamada de Italia. No quería contestarla, pero le contesté y diecisiete minutos después, estaba sentada en mi oficina con el teléfono sobre el escritorio y la mirada perdida. Cómo se había vuelto costumbre, la situación había empeorado, no demasiado, pero lo suficiente. Me levanté y caminé hasta el ventanal. La ciudad estaba tranquila, aunque yo no.

Alexandre: Acaso, ¿Nunca descansas?

Me giré. Alexandre estaba en la puerta.

Vittoria: ¿Qué haces aquí?

Alexandre: Bueno, podría preguntarte lo mismo.

Vittoria: Es mi oficina.

Alexandre: Aah, Entonces parece que estoy en el lugar equivocado.

Vittoria: Si. Eso parece.

Alexandre: ¿Problemas?

Vittoria: Si pero, nada que no pueda resolver.

Alexandre: No te pregunté si podías resolverlo..

Vittoria: Vale, ¿Entonces, qué preguntaste?

Alexandre: Si estás bien, solo eso.

No supe qué responder. Porque no estaba acostumbrada a que alguien preguntara aquello sin esperar nada a cambio.

Vittoria: Solo estoy un poco cansada

Alexandre: Eso sí te lo creo, es muy notable.

Se acercó. No demasiado, solo lo suficiente para que pudiera sentir su presencia.

Vittoria: Alexandre, Deberías irte a casa.

Alexandre: No me digas lo que tengo que hacer ¿Acaso es una orden?

Vittoria: Claro que no, tomalo como un consejo.

Alexandre: No acepto consejos con facilidad.

Vittoria Lo sé.

Nos quedamos mirándonos y entonces volvió a ocurrir. Ese silencio, ese maldito silencio que siempre parecía decir más de lo que nosotros estábamos dispuestos a decir. Él fue quien se apartó primero, sorprendentemente.

Alexandre: Buenas noches, Vittoria. Descansa.

Vittoria: Si, gracias. Buenas noches.

Lo observé alejarse y solo cuando desapareció por el pasillo me permití admitir algo, lo había echado de menos...

Alexandre

No debería haber ido a verla. Mucho menos debería haberme preocupado. Pero lamentablemente, lo hice y lo peor no fue eso. Lo peor fue que, cuando cerré la puerta de su oficina detrás de mí, tuve ganas de regresar. Pero no lo hice. Aquella noche salí nuevamente con mis amigos. Aunque no duré mucho.

Louis: ¿Ya te vas?

Alexandre: Creo que sí.

Louis: Pero apenas son las doce. Ahora es que comienza lo bueno.

Alexandre: Lo que pasa es que, tengo cosas que hacer.

Louis: Umju, Claro.

Alexandre: Esta vez ¿No vas a preguntarme nada?

Louis: La verdad es que no.

Alexandre: ¿Por qué?.

Louis: Es que ya sé la respuesta.

Alexandre: No sabes nada.

Louis: Entonces sigue creyéndolo. Engañándote.

Salí del club y mientras el automóvil avanzaba, comprendí que había algo peor que pensar en Vittoria. Quería verla.

Vittoria

El séptimo día después de mi regreso llovió. No una tormenta. Solo una lluvia fina que cubría los ventanales y hacía que la ciudad pareciera más silenciosa de lo habitual. Había terminado una reunión tarde. Cuando salí del edificio, encontré a Alexandre junto a su automóvil.

Vittoria: ¿Todavía estás aquí?

Alexandre: Podría preguntarte lo mismo.

Vittoria: Estoy trabajando.

Alexandre: Siempre estás trabajando.

Vittoria: Y tú siempre estás apareciendo donde no deberías.

Alexandre: Está es mi empresa, solo estás ocupando un lugar en ella.

Negué con la cabeza, pero sonreí y aquella sonrisa me duró mucho más de lo que debería...

Alexandre

El problema con Vittoria era que no hacía nada para llamar mi atención. No necesitaba hacerlo, no coqueteaba, no intentaba impresionarme, no buscaba mi aprobación y precisamente por eso me resultaba imposible ignorarla... Una semana después de su regreso, ya había empezado a reconocer sus silencios. Sabía cuándo estaba molesta, cuándo estaba cansada, cuándo algo le preocupaba aunque dijera que no y empezaba a sospechar que ella también había comenzado a reconocer los míos. Eso era peligroso. Porque ya no se trataba solamente de deseo. El deseo era sencillo. Pero esto no.

Vittoria

Pasaron los días. Había vuelto a dormir mejor, reír, a salir, a trabajar sin sentir que estaba a punto de romperme y, sin darme cuenta, Alexandre se había convertido en parte de aquella normalidad. No hablábamos todos los días, no era necesario. A veces bastaba una mirada, una frase, una coincidencia, un encuentro demasiado breve y cada vez que nos separábamos quedaba la misma sensación. Algo pendiente. Algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar... Hasta aquella noche.

1
Ester Bacigaluppi
buenísima
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