NovelToon NovelToon
¡Me Case Con Él Ceo Despiadado! Contrato Con El Heredero Equivocado.

¡Me Case Con Él Ceo Despiadado! Contrato Con El Heredero Equivocado.

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Matrimonio arreglado
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

Para salvar a su madre del desalojo, Harper acepta un matrimonio por contrato de dos años con Jeremy, el heredero del imperio multimillonario Salvatore. Pero en la noche de bodas, el novio huye con el dinero, activando una cláusula oculta que la vincula legalmente al temido CEO de la corporación: Mason Eliot Salvatore, el hermano mayor.
Convencido de que ella es una cazafortunas, Mason la recluye en su penthouse bajo reglas implacables. Sin embargo, la dignidad de Harper desafía su frialdad, transformando el cautiverio en una atracción adictiva. Cuando los enemigos de la familia arman una red de mentiras para acusarla falsamente, Harper firma el divorcio, renuncia a millones y desaparece.
Al descubrir la verdad, el oscuro magnate de Wall Street enfrenta la peor de sus condenas: la ausencia de la única mujer que rompió su armadura. Dispuesto a perder su orgullo y caer de rodillas, Mason emprenderá una cacería desesperada para recuperar a la esposa que nunca debió dejar ir.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8: SIN SALIDA [+18]

Harper Jones

El roce de la seda contra mi piel desnuda se sentía como una marca a fuego, una burla sutil que el destino me hacía a través de una lujosa prenda que nunca me perteneció.

El silencio del penthouse era denso, pesado, intoxicado por el leve zumbido del aire acondicionado y el sonido de nuestra propia respiración en la penumbra.

Frente a mí, la silueta imponente de Mason Salvatore no parecía la de un hombre; parecía la de un verdugo cubierto por la noche, aguardando con una paciencia cruel a que la víctima caminara voluntariamente hacia el bloque de madera.

Me temblaban las piernas de un modo feroz. El frío del suelo de parquet subía por mis pies descalzos y se me metía en los huesos, pero no era el frío lo que me ahogaba el pecho.

Era la podredumbre moral de todo esto. El asco. La rabia negra e impotente de saberme engañada, manipulada y acorralada en un juego de ajedrez donde las vidas humanas no valían nada.

¿Cómo pueden jugar así con la necesidad de las personas?, me pregunté en un grito sordo que me desgarró por dentro. ¿Cómo un viejo millonario y su nieto pueden levantarse por la mañana, vestirse con trajes de miles de dólares y decidir, con una sonrisa fría, que la vida de una madre agonizante es un simple cheque al portador? ¿Que mi dignidad es una mercancía que se compra en una suite de Brooklyn?

Horacio me había mirado a los ojos en su despacho. Me había prometido la salvación de mi madre mientras firmaba con la mano izquierda el documento que me entregaría como un trofeo a su nieto mayor.

Y Jeremy... ese cobarde malcriado ni siquiera había tenido las agallas de dar la cara; había cobrado su botín y cruzado el océano, dejando que su hermano viniera a reclamar la cuota.

Eran unos monstruos. Unos seres desprovistos de alma que pisoteaban la miseria ajena porque tenían el dinero suficiente para limpiar las manchas después.

Mason me miraba fijamente. Sus ojos de hielo azul cortaban la oscuridad, escudriñándome con un desprecio tan denso que casi se podía tocar. No había en él un solo rasgo de piedad, ni de duda, ni de humanidad. Solo la exigencia fría de un cliente que ha pagado una factura exorbitante y exige la entrega inmediata del producto.

«Hazlo por mamá», resonó en mi mente como el último eco de una campanada en un cementerio. «Cierra los ojos. Apaga el corazón. Que toquen tu carne, que reclamé tu cuerpo, pero no les dejes quedarse con tu alma».

Forcé a mis dedos a moverse. La cinta de la bata ya estaba deshecha, colgando a los lados de mi cintura. Levanté las manos despacio, sintiendo el peso muerto de mis brazos. Deslicé las mangas de seda negra sobre mis hombros.

La tela se resbaló por mi piel con un susurro imperceptible y cayó al suelo, acumulándose alrededor de mis pies como un charco de tinta.

Quedé completamente desnuda ante él.

La luz plateada de la luna, que entraba a través del enorme ventanal, bañó mi cuerpo expuesto, mi piel pálida, las curvas temblorosas de mis caderas y el cabello rojo que caía sobre mi pecho como una última e inútil coraza.

Era mi rendición tácita. La señal clara y amarga de que aceptaba la condena, de que entregaba la carne para salvar la vida de mi madre.

Mason no parpadeó. Su mirada bajó despacio por mi cuello, recorrió la línea de mis clavículas, descendió por mi vientre contraído y se detuvo un instante en la curva de mis muslos. Sentí cómo la vergüenza y la humillación me quemaban las mejillas con una fuerza devoradora, pero me obligué a mantener la cabeza erguida, apretando la mandíbula con tanta rabia que me dolieron las sienes.

Sin decir una sola palabra, él comenzó a desvestirse.

Se quitó la chaqueta del traje y la tiró al suelo sin mirarla. Sus dedos largos y precisos desabrocharon los botones de su camisa de vestir blanca, revelando la piel canela de su pecho, ancha, definida por músculos firmes y marcados como el bronce tallado. Se desató los zapatos de piel, se quitó el cinturón con un chasquido metálico que sonó como un latigazo en la habitación, y se despojó del pantalón.

Cuando quedó completamente desnudo frente a mí, mi respiración se detuvo por un segundo en un acto involuntario de pura conmoción.

Dios, qué hermoso es.

El pensamiento cruzó mi mente como un relámpago traidor que me llenó de culpa. Era una belleza peligrosa, salvaje y perfecta. Tenía una altura imponente, hombros anchos que dominaban la penumbra, un vientre plano y esculpido, y unas piernas poderosas. No había una sola imperfección en su anatomía. Parecía una estatua romana esculpida para la guerra, una criatura hecha de pura fuerza y arrogancia. Pero esa belleza exterior solo hacía que la oscuridad de su interior fuera mil veces más aterradora. Era la belleza de una serpiente justo antes de clavar sus colmillos.

Mason giró sobre sus talones. Caminó con pasos lentos y pesados hacia la mesa de noche de madera oscura. La madera crujió ligeramente cuando abrió el primer cajón. Lo vi estirar la mano y tomar un pequeño paquete cuadrado de plástico plateado. Un preservativo.

El sonido del envoltorio al romperse retumbó en la suite con una nitidez escalofriante.

Mis piernas finalmente cedieron. Di dos pasos hacia atrás, a tientas, hasta que la parte posterior de mis muslos chocó contra el borde de la enorme cama King size. Me dejé caer sobre el colchón. La seda gris de las sábanas estaba helada contra mi piel desnuda. Me recosté hacia atrás, despacio, con las manos aferradas a la tela con una fuerza desesperada, sintiendo cómo el corazón me golpeaba las costillas como un pájaro enjaulado.

El miedo volvió a invadirme con una intensidad brutal. Todo el coraje, toda la rabia que me había sostenido en pie se disolvieron en un segundo, dejándome vulnerable, pequeña y aterrorizada en medio de esa cama gigante.

Mason caminó hacia la cama. Se subió al colchón con la lentitud deliberada de un depredador que ya tiene a la presa acorralada en el rincón. Se posicionó entre mis piernas desnudas, su sombra cubriendo por completo mi cuerpo, bloqueando la luz de la luna, bloqueando el mundo exterior.

El calor que emanaba de su piel era sofocante, un contraste violento con el frío de las sábanas. La cercanía de su cuerpo, la anchura de su pecho a centímetros del mío y el aroma a madera fina y sudor tenue que emanaba de su piel me envolvieron como una trampa de la que no podía escapar.

Levanté la vista. Sus ojos azules estaban fijos en los míos, fríos, opacos, desprovistos de cualquier chispa de deseo o ternura. No había pasión en él. No había lujuria. Solo había el cumplimiento mecánico de una transacción legal, una tarea desagradable que debía ejecutar para proteger sus intereses.

El terror me cerró la garganta. Sintiendo su peso físico sobre mí, la realidad de lo que estaba a punto de suceder me golpeó en el rostro como un hachazo.

—Por favor... —conseguí articular, con una voz temblorosa, pequeña, que sonó como el suplicio de una niña asustada—. Por favor... sé cuidadoso...

Las palabras quedaron flotando en el aire.

Mason no respondió. Ni siquiera pestañeo. Su rostro permaneció como una máscara de piedra tallada, dura e inamovible.

Sus manos se clavaron en mis caderas con un agarre firme, rígido, que no dejaba espacio para el movimiento. Sostuvo mi cuerpo contra el colchón y, sin previo aviso, sin una sola caricia, sin un beso, sin darme tiempo a respirar o a prepararme, se impulsó hacia adelante y me penetró de golpe.

Un grito desgarrador se me escapó de la garganta.

—¡Aaghh!

El dolor me atravesó el vientre con la violencia de una hoja de acero al rojo vivo. Sentí que mi cuerpo se desgarraba por la mitad, una quemadura intensa y profunda que me hizo arquear la espalda instintivamente hacia arriba, buscando desesperadamente escapar de la invasión. Era demasiado grande, demasiado duro, y mi cuerpo, atenazado por el pavor y la sequedad, se negó a ceder.

Las lágrimas brotaron de mis ojos sin control, ardientes, rodando por mis mejillas hacia las orejas y empapando la seda gris de las sábanas.

Mason ni siquiera se inmóvil ante mi grito. Mantuvo su postura, apretando los dientes mientras sus nudillos se ponían blancos contra la piel de mis caderas. Podía sentir la tensión de sus músculos, la furia contenida en cada línea de su cuerpo.

Apreté los labios con todas mis fuerzas hasta sentir el sabor metálico de mi propia sangre en la boca. Me tragué el siguiente sollozo. Me negué a volver a gritar. Soporte el dolor en absoluto silencio, con los ojos cerrados de golpe, enterrando las uñas en el colchón hasta que las yemas me dolieron.

Sopórtalo. Sopórtalo en silencio. No le des el gusto de oírte suplicar otra vez.

Él no se detuvo. Dio una embestida más, profunda y brutal, que me sacó todo el aire de los pulmones, haciéndome ahogar en mi propio dolor. Luego otra. El sonido de nuestros cuerpos chocando en la penumbra resonaba con un eco grotesco en las paredes de la habitación. Cada movimiento era una invasión fría, un recordatorio físico de mi absoluta falta de poder.

Y tan rápido como había comenzado, terminó.

Con un movimiento seco, Mason se retiró de mí.

El vacío repentino se sintió frío, crudo, acompañado por un dolor sordo y latente en la pelvis que me hizo acurrucarme instintivamente sobre mi costado derecho, abrazando mis rodillas contra el pecho para intentar contener el temblor que me sacudía de pies a cabeza.

Mason se puso de pie de inmediato.

No me miró. Ni un solo segundo. No dirigió sus ojos hacia el cuerpo encogido que lloraba en silencio sobre la cama.

Caminó directamente hacia el baño principal. La puerta de madera se cerró con un chasquido sordo, y segundos después escuché el sonido del agua del grifo corriendo con fuerza.

Me quedé allí, tirada en la penumbra de la enorme suite, sintiendo las lágrimas frías secarse sobre mi rostro y la humedad del dolor entre mis piernas. El silencio regresó al penthouse, más pesado y más cruel que antes.

Miré hacia el gran ventanal. Los rascacielos seguían allí, brillando con miles de luces doradas, ajenos a la miseria que acababa de ocurrir en este piso alto.

Había salvado a mi madre. La orden médica no sería revocada. La casa de Brooklyn no sería embargada. El contrato estaba consumado y la firma de los Salvatore estaba sellada. Pero el costo había sido mi propia alma.

Abracé mis piernas con más fuerza, enterrando el rostro en mis rodillas mientras los sollozos retenidos finalmente salían en un llanto silencioso y devastador.

Esta fue, sin duda alguna, la peor noche de toda mi vida.

1
Eli Cardona💘💘
Así se habla niña 👋😞
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Me encanta que Harper mantenga su temple de acero frente a la crueldad con que la tratan. Quiero ver a Masón sufrir por el amor de esta diosa 🤭
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰: ¡Eso!, alocate bebé 😌
total 2 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Joder. Lo odio, pero me gusta /Scream/
Celeste Godoy: LO DISEÑÉ TAN BIEN AL DESGRACIADO😅❤️👌
total 1 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Odio al tipo, más me alegraría inmensamente que el caiga primero y sepa lo que rogar /CoolGuy/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
"Fenomenal" no estoy segura de que sea la palabra adecuada para describir tú historia, pero hasta entonces seguiré buscando más adjetivos /Smile/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Él es cruel
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Eso es mi vida /Ok/
Joana Rosas
perfecta 💯🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
Joana Rosas
perfecta 💯🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
No puedo, lo odio tanto. Son unos desgraciados
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Noo!! estoy llorando /Whimper/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
😦
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
¿Quién es este tipo? 👀
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
¡Eso mi vida!, ¡no te dejes pisotear!
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Joder, me encanta /Smile/
Liney Atencia
bravo mujer 👏😭🤭
jerinson
madre ella no
jerinson
claro es una temblarera 🥰
jerinson
debo decir que es una historia que he leído en mi vida más increíble
jerinson
debo decir que es una historia que he leído en mi vida más increíble
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play