Sariel portador del séptimo rayo, es elegido por el dios del amor para ser su guardián en la tierra humana, mientras trata de ser el observador cósmico del creador , conocerá la fragilidad de su esencia al conocer el sentimiento que solo los mortales estaban condenados a sentir , él amor , acompaña al guerrero de amatista a encontrar su verdadera misión entre él cielo, la tierra y el infierno en ese extensa línea de la Eternidad
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capítulo 22. Él silencio de la ciudad de plata
Capítulo 22. Él silencio de la ciudad de plata
El aire en los jardines de cristal no vibraba con la armonía habitual, el eco del juicio aún resonaba en las estructuras translúcidas, convirtiendo la luz plateada en un espectro de tonos gélidos y fragmentados. Gabriel, Rafael y Uriel se encontraban bajo el Sauce de Escarcha, cuyas ramas de cuarzo tintineaban con una melancolía metálica.
Gabriel fue el primero en romper el silencio. Sus alas, usualmente de un blanco inmaculado, parecían haber absorbido el gris plomizo de la angustia.
- El Primer Círculo es un lugar diseñado para la reflexión, pero para Miguel será una tortura de silencio ,comentó Gabriel, deslizando sus dedos sobre una hoja de cristal.
- Ver a Miguel, al estandarte de nuestra voluntad, confinado de esa manera... es como si el corazón de la ciudad de plata hubiera dejado de latir.
Rafael, que mantenía sus manos entrelazadas tras la espalda, asintió con una pesadumbre que su habitual serenidad no podía ocultar.
- Y la marcha de Sariel solo profundiza la herida , añadió Rafael. Unirse a los centinelas estelares es, en la práctica, un exilio voluntario hacia las fronteras del vacío. Perder su guía espiritual ahora, cuando más lo necesitamos, es un lujo que no sé si podemos permitirnos.
Uriel, cuyos ojos reflejaban el fuego de la justicia ahora atenuado por la duda, de su hablar o no con sus hermanos sobre el secreto que guardaba con zadquiel la empezaba a consumir, miró hacia el horizonte, donde la torre de Alanis se alzaba como un dedo acusador contra el cielo de platino.
- Alanis está sola. Custodiar el reloj de arena no es solo un deber, es una condena al aislamiento , dijo Uriel con voz ronca.
- Ella vigila el tiempo mientras nosotros vemos cómo el nuestro se desmorona. Su reclusión es el recordatorio de que la confianza se ha vuelto un recurso escaso
El ambiente se volvió físicamente más pesado cuando el tema giró hacia la verdadera amenaza que latía en el núcleo de la creación.
La fractura del séptimo rayo no era solo un fallo técnico en la arquitectura celestial, era una herida abierta en la esencia misma de la transmutación.
- Zadquiel está operando sobre una base fracturada ,señaló Rafael. El séptimo rayo es la frecuencia de la libertad y el orden. Con la fractura, la energía que Zadquiel canaliza podría volverse errática. Si él intenta reparar la brecha sin el apoyo de los demás, el rayo violeta podría transmutar la realidad en algo... irreconocible. Dijo Rafael con preocupación
- Zadquiel es benevolente, pero la benevolencia ante el caos puede ser peligrosa , advirtió Gabriel. La fractura ha creado una disonancia que Miguel ya no puede silenciar desde su encierro.
- Si Zadquiel no logra contener la vibración del rayo, la ciudad de plata podría empezar a quebrarse, no por fuera, sino desde su propósito original.
Uriel apretó el puño con impotencia y culpa a la vez, haciendo que las flores de cristal a sus pies emitieran un leve resplandor de advertencia.
- No es solo Zadquiel. Es lo que la fractura representa, la pérdida de la unidad. Si el Séptimo Rayo cae, los otros seis lo seguirán. Lo que acaba de ocurrir con Miguel, Sariel y Alanis es solo el primer crujido de una estructura que se creía eterna.
Los tres arcángeles permanecieron en silencio, observando cómo los jardines de cristal reflejaban una eternidad que, por primera vez en eones, se sentía frágil.
Pasaron los eones en el plano celestial, pero para ellos, el tiempo no se medía en siglos, sino en el peso de la ausencia. Los jardines de cristal nunca recuperaron su música, ahora eran un laberinto de estatuas mudas y reflejos pálidos.
En el primer círculo , Miguel custodiaba las puertas del exilio con una disciplina militar que rozaba la crueldad consigo mismo. Su luz dorada se había vuelto metálica, fría. Miguel no permitía que ningún pensamiento sobre Alanis o su hermano cruzara su mente durante las guardias, pero al cerrar los ojos, el grito de traición de Sariel resonaba en sus oídos como si hubiera ocurrido ayer. Se había vuelto un extraño para sus propios subordinados, el gran comandante ya no inspiraba esperanza, solo una obediencia ciega y temerosa. Su castigo no era el lugar, sino el silencio que él mismo se imponía.
Mientras en los jardines de cristal, Alanis habitaba la soledad de los jardines marchitos, sus lágrimas habían creado un pequeño arroyo de cristal líquido que recorría el santuario. A menudo se la veía sentada en el balcón de las estrellas, el lugar donde todo se rompió, mirando el vacío.
Observando el tiempo pasar en la tierra nueva. Alanis ya no buscaba a Miguel, ni esperaba a Sariel, simplemente existía como un recordatorio viviente de que el amor, en su forma más pura, también podía ser la fuerza más destructiva del cielo.
Mientras tanto, en el centro de todo, Zadquiel se debilitaba día con día. Él al ser la otra mitad del rayo, su esencia se desvanecía porque no tenía a quién transmutar, ni con quién compartir la carga. El equilibrio del cielo pendía de un hilo invisible, sostenido solo por el recuerdo de tres seres que alguna vez se amaron. Porque en su soledad Alanis , había descubierto que también amaba a Sariel tanto como a Miguel... Continuará