Un escritor exitoso transforma el destino de una mujer marcada por cicatrices.
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Capitulo 17
Todo estaba preparado para la cena de la familia De Santis.
El comedor había sido dispuesto con especial cuidado. La mesa estaba perfectamente arreglada, las copas brillaban bajo la luz de la elegante lámpara y el aroma de la comida recién preparada se extendía por toda la mansión.
Aquella noche había un motivo especial.
Dora y Kevin regresaban de su viaje.
Alessandro e Isabella estaban sentados esperando su llegada. Matteo permanecía cerca de una de las ventanas, mirando constantemente hacia el exterior.
Rocco, como de costumbre, parecía más tranquilo que el resto.
Aunque, en el fondo, también esperaba ver a su sobrino.
—Ya deberían estar por llegar —comentó Isabella.
—Dijeron que no tardarían —respondió Matteo.
Finalmente, las luces de un vehículo aparecieron frente a la mansión.
Matteo inmediatamente se levantó.
—Llegaron.
La puerta principal se abrió.
Kevin fue el primero en entrar.
—¡Abuelo! ¡Abuela!
Corrió hacia Alessandro e Isabella, quienes lo recibieron con alegría.
—¡Mi niño! —exclamó Isabella, abrazándolo.
—¿Cómo estuvo el viaje? —preguntó Alessandro.
—¡Muy bien!
Kevin apenas terminó de responder cuando vio a su padre.
—¡Papá!
Corrió hacia Matteo.
Matteo lo recibió entre sus brazos y lo levantó por unos segundos.
—¿Cómo está mi campeón?
—Bien.
—¿Me extrañaste?
—Muchísimo.
—Yo también.
Después de abrazar a su padre, Kevin miró alrededor.
Sus ojos se iluminaron al encontrar a Rocco.
—¡Tío!
El niño corrió hacia él.
Rocco sonrió y abrió los brazos para recibirlo.
—Ven aquí.
Kevin se lanzó contra él.
Rocco lo abrazó con fuerza.
—¿Dónde está mi regalo?
Kevin se separó y lo miró con indignación fingida.
—¿Ese es tu saludo?
Rocco soltó una carcajada.
—Claro que no.
—Entonces te tengo algo.
—Espero que sea bueno.
—Muchísimo.
—Entonces estamos hablando.
Kevin sonrió.
Mientras tanto, Matteo se acercó a la entrada.
Dora acababa de entrar.
En cuanto sus miradas se encontraron, ambos sonrieron.
—Hola —susurró ella.
Matteo no respondió.
Simplemente se acercó y la rodeó con los brazos.
Dora apoyó las manos sobre su pecho y, después de unos segundos separados por el viaje y la distancia, ambos se besaron.
Gianna se encontraba cerca del comedor ayudando con algunos detalles de la cena.
Al verlos, se quedó quieta durante un instante.
No pudo evitar observarlos.
La manera en que él la miraba.
La sonrisa de ella.
La naturalidad con la que se acercaban el uno al otro.
Parecían realmente felices.
Gianna bajó discretamente la mirada.
Nunca había visto algo así de cerca.
Una pareja que se mirara con cariño.
Una familia que se recibiera con alegría.
Durante unos segundos se preguntó cómo sería sentirse así algún día.
Pero rápidamente apartó aquel pensamiento.
Ella tenía otras cosas en las que pensar.
Dora finalmente se separó de Matteo y miró alrededor de la mansión.
Fue entonces cuando reparó en Gianna.
La joven estaba cerca de la mesa, sosteniendo algunas cosas que debía llevar a la cocina.
Dora se acercó.
—Hola. ¿Quién eres?
Gianna levantó inmediatamente la mirada.
—Buenas noches, señora. Bienvenida.
Dora sonrió.
—Gracias.
Gianna hizo una pequeña reverencia con la cabeza.
—Empece a trabajar aquí... hace poco.
—Ah, entiendo.
Dora parecía amable, y aquello hizo que Gianna se sintiera un poco más tranquila.
En ese momento, Dora recordó algo.
—Por cierto...
Tomó una caja que llevaba consigo y se la entregó.
—¿Podrías llevarte esto a la cocina, por favor?
Gianna tomó cuidadosamente la caja.
—Claro, señora.
—Gracias.
—Con permiso.
Gianna se alejó hacia la cocina.
Mientras caminaba, escuchó detrás de ella la voz de Kevin hablando emocionado con su tío y las risas de la familia.
No pudo evitar sonreír ligeramente.
Aquella casa era muy diferente a todo lo que había conocido.
Allí había risas.
Abrazos.
Personas que se esperaban después de un viaje.
Parejas que se miraban con amor.
Y, aunque todavía se sentía como una extraña dentro de aquel mundo, por primera vez Gianna comenzaba a preguntarse si quizá algún día podría tener algo parecido.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Era la primera vez que Gianna ayudaba a servir la cena de la familia De Santis.
Normalmente, Chiara se encargaba de aquella tarea junto a su madre, pero aquella noche tenía que estudiar para un examen importante que tomaría al día siguiente.
Michela había aceptado sin problema.
Era la primera vez que estaba tan cerca de todos los miembros de la familia reunidos.
—No te preocupes —murmuró Michela al notar su tensión—. Solo haz lo que hemos practicado.
Gianna asintió.
—Sí.
Gianna y Michela comenzaron a servir la comida.
La conversación comenzó de manera tranquila.
—Entonces, ¿cómo estuvo el viaje? —preguntó Isabella mirando a Dora.
Dora sonrió.
—Muy bien. Mis padres estaban felices.
—¿Y cómo están ellos? —preguntó Matteo.
—Bien. Mamá sigue igual de preocupada por todo y mi papá continúa preguntando por ti cada cinco minutos.
Matteo sonrió.
—Eso suena a ellos.
—Les mandan muchos saludos —añadió Dora—. Especialmente a ustedes.
—Tendremos que visitarlos pronto —dijo Isabella.
—Estarían encantados.
Kevin intervino inmediatamente.
—¡Y yo quiero volver!
Dora soltó una pequeña risa.
—Tú quieres volver porque tu abuelo te deja comer dulces antes de la cena.
Alessandro miró al niño.
—Eso es una acusación bastante seria.
Kevin lo señaló.
—¡Es verdad!
Todos rieron, incluso Rocco.
—No deberías delatar a tu abuelo —dijo Matteo.
—Pero es cierto.
—Ese niño no tiene remedio —murmuró Isabella, aunque sonreía.
La conversación continuó durante algunos minutos, hasta que Alessandro dirigió su atención hacia Matteo.
—¿Cómo marchan las tiendas?
Matteo dejó los cubiertos por un instante.
—Bien. Se mantienen estables.
—Eso no responde a mi pregunta.
Dora miró a su esposo.
Conocía perfectamente aquel tono.
—Como te comenté el mes pasado, el último informe muestra un crecimiento moderado —explicó Matteo—. Algunas sucursales están funcionando por debajo de lo esperado, pero ya estamos trabajando en ello.
—¿Qué estás haciendo exactamente?
—He ordenado una revisión de las estrategias de cada establecimiento. También estamos analizando cuáles necesitan cambios en la administración.
Alessandro permaneció serio.
—Deberías haberlo hecho antes.
Matteo apretó ligeramente la mandíbula.
—Ya estamos trabajando en eso.
—No deberíamos estar hablando de lo que estás haciendo ahora. Deberíamos estar hablando de por qué llegó a este punto.
La expresión de Matteo se endureció.
—Papá, no estamos perdiendo dinero.
—No he dicho que lo estemos perdiendo.
—Entonces no entiendo cuál es el problema.
Alessandro lo miró fijamente.
—El problema es que un De Santis no debería conformarse con resultados mediocres.
La mesa quedó en silencio.
Rocco dejó lentamente su copa sobre la mesa.
Isabella observó a su hijo mayor.
Matteo intentó mantener la calma.
—No me estoy conformando.
—Entonces demuéstralo.
Dora miró a Matteo.
Notó cómo su esposo comenzaba a tensarse.
Sin decir una palabra, buscó su mano debajo de la mesa y la apretó suavemente.
Matteo bajó la mirada hacia sus manos.
Respiró profundamente.
El gesto de Dora consiguió que parte de su enojo desapareciera.
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