En mi vida pasada, fui humillada, golpeada y obligada a soportarlo todo por el hombre que amaba: mi esposo, el Rey. Perdí a mis hijos por su culpa y, cuando dejó de necesitarme, me ejecutó para convertir a su concubina en Reina.
Pero regresé al pasado.
Ahora, él es solo mi prometido: el príncipe heredero. Y esta vez no seré la prometida ni la esposa obediente que todos esperan.
No seguiré las reglas de mi familia, de la sociedad… ni las suyas.
Si en mi primera vida fui la víctima, en esta seré la villana de sus pesadillas.
—¡Desaparezcan de mi vista, escorias!
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CAPÍTULO 10 — Sé Mi Discipula
A la mañana siguiente, apenas terminé de prepararme, recordé una pequeña dificultad.
Aunque ya tenía el permiso para entrar a la Torre Mágica, seguía teniendo diez años.
Y, por desgracia, ser una niña noble no significaba que pudiera salir por ahí completamente sola.
Así que, una vez más, tuve que recurrir a mi hermano.
—Roderick, ¿me acompañarás?
Mi hermano aceptó sin demasiadas objeciones y, poco después, ambos emprendimos el camino hacia la Torre Mágica.
......................
El carruaje finalmente se detuvo.
—Hemos llegado, señorita. Joven maestro.
Mis ojos se iluminaron de inmediato.
—¡Por fin!
Bajé del carruaje con mucha más emoción de la que probablemente correspondía a una dama noble.
Y entonces la vi.
La Torre Mágica se alzaba majestuosamente frente a nosotros, una construcción imponente que parecía extenderse hasta perderse entre las nubes. Sus altas estructuras estaban rodeadas por corrientes de energía mágica que flotaban alrededor de la torre como brillantes cintas de luz, formando remolinos que hacían que todo el edificio pareciera estar vivo.
Era hermosa.
Pero, más que hermosa...
Era misteriosa.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Aquí encontraré respuestas.
Después de todo lo ocurrido durante mi examen de talento, aquella torre era probablemente el lugar más importante para mí en todo el imperio.
Roderick descendió del carruaje detrás de mí.
—No te alejes, Isolde.
—Sí, sí.
Respondí distraídamente mientras contemplaba la torre.
Pero entonces...
Algo cambió.
Una intensa luz dorada apareció frente a mí.
—¿Eh?
Parpadeé.
La luz se concentró rápidamente hasta formar una figura humana.
Un joven apareció frente a mí, suspendido en el aire.
Mi respiración se detuvo.
Lo reconocí inmediatamente.
Valtherion.
A sus catorce años, el joven archimago poseía una apariencia imposible de ignorar. Su largo cabello plateado, abundante y ligeramente despeinado, caía alrededor de su rostro en finos mechones que brillaban bajo la luz mágica. Sus facciones eran delicadas y hermosas, casi sobrenaturales, y sus ojos eran de distinto color: uno dorado y el otro azul.
Vestía completamente de negro, con elegantes detalles dorados, cadenas, colgantes y adornos mágicos que realzaban su presencia. A su alrededor parecía concentrarse una tenue aura de poder.
El archimago más joven que había existido en la historia del mundo.
Mi mente apenas tuvo tiempo de procesarlo.
¿Qué hace él aquí?
No, eso no importa. Si logro acercarme, mi viaje habrá valido la pena.
El joven descendió ligeramente.
Y, sin siquiera molestarse en pedirme permiso, tomó mi pequeña mano.
—¡Eh!
Antes de que pudiera reaccionar, tiró de mí hacia arriba.
—¡¿Qué estás haciendo?!
Mi cuerpo comenzó a elevarse, atraído hacia él por la fuerza de la magia.
Valtherion sonrió.
Una sonrisa tranquila, casi despreocupada.
—Tú vienes conmigo.
—¿Qué?
¡¿Así nada más?!
¡Ni siquiera me había preguntado quién era!
Mi cuerpo terminó elevándose por completo.
Mi hermano reaccionó inmediatamente.
—¡Isolde!
Dio un paso hacia nosotros.
Pero fue demasiado tarde.
Todo ocurrió en menos de un segundo.
La luz dorada nos envolvió.
La energía mágica se arremolinó a nuestro alrededor y, justo antes de desaparecer, escuché la voz de Valtherion.
—A partir de aquí, yo me encargo de ella.
—¡Espera!
La voz de mi hermano llegó hasta mí.
Sin embargo, justo antes de que el resplandor terminara de envolverme...
Miré hacia abajo.
Roderick permanecía junto al carruaje, completamente desconcertado.
Nuestros ojos se encontraron.
Y, a pesar de la situación...
No pude evitar sonreír.
Levanté mi pequeña mano.
—¡Adiós, hermano! ¡Nos vemos más tarde!
Agité los dedos alegremente.
La expresión de mi hermano fue indescriptible.
Y entonces...
Todo se volvió dorado.
En un instante, desaparecí junto al joven archimago.
......................
La luz dorada desapareció tan repentinamente como había aparecido.
Cuando finalmente pude abrir los ojos, descubrí que ya no estábamos frente a la entrada de la Torre Mágica.
Habíamos aparecido en una habitación.
O, mejor dicho...
En una estancia tan inmensa y majestuosa que me costaba llamarla simplemente «habitación».
Nuestros cuerpos descendieron lentamente desde el aire hasta que nuestros pies tocaron el suelo.
Solo entonces Valtherion soltó mi mano.
Yo, sin embargo, apenas presté atención a aquello.
Mis ojos recorrían cada rincón de la estancia con fascinación.
—¡Guau...!
Era mucho más grande de lo que podría imaginar.
A nuestro alrededor se levantaban enormes estanterías de madera oscura, algunas tan altas que casi parecían perderse entre las sombras del techo. En ellas descansaban cientos... quizá miles de libros mágicos.
Incluso pude distinguir varios libros flotando en el aire.
Giraban lentamente sobre sí mismos, pasando sus páginas sin que nadie los tocara, como si tuvieran voluntad propia.
Mis ojos se abrieron todavía más.
¡Esto es increíble!
Di un par de pasos hacia una de las estanterías, completamente embelesada.
Entonces escuché su voz detrás de mí.
—¿Te interesa la magia?
Me volví de inmediato.
Mis ojos debieron de brillar como dos pequeñas estrellas.
—¡Me encanta!
La respuesta salió de mi boca con tanta emoción que ni siquiera intenté disimularla.
Valtherion me observó durante unos segundos.
Después se acercó.
Sentí sus dedos acariciar suavemente mi mejilla.
Su expresión se relajó y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Sé mi discípula.
—...
Me quedé completamente inmóvil.
¿Había escuchado bien?
¿Yo?
¿Valtherion acababa de pedirme que fuera su discípula?
Jamás habría imaginado escuchar semejantes palabras de alguien tan egocéntrico como él.
Y, aun así...
Una felicidad inmensa comenzó a crecer dentro de mí.
¡Me había elegido!
Sin dudarlo, hice una pequeña reverencia, procurando adoptar la mayor seriedad posible.
—Maestro, estoy a su cuidado.
Valtherion se inclinó ligeramente hacia mí.
—Bien.
Su respuesta fue sencilla.
Pero para mí significaba muchísimo.
Si él me había elegido como discípula...
Entonces eso solo podía significar una cosa.
Realmente debo tener talento mágico.
Quizá mi examen no había revelado la verdad.
Quizá aquel extraño poder morado oscuro que había aparecido sobre la piedra no había sido una casualidad.
Quizá...
Por fin podría descubrir qué clase de magia poseía.
Sin embargo, Valtherion bajó entonces la mirada hacia mi abdomen.
Su expresión cambió ligeramente.
—Ya que serás mi discípula...
Levantó una mano.
—No necesitas este inútil sello.
—¿Eh?
Su mano se detuvo frente a mi abdomen.
No llegó a tocarme.
Entonces, desde sus dedos, comenzó a brotar una energía dorada.
La observé con asombro.
Aquella luz se extendió lentamente hasta alcanzar mi abdomen.
Y en cuanto entró en contacto con mi cuerpo...
—Ah...
Una sensación extraña me recorrió de pies a cabeza.
Era cálida.
Pero al mismo tiempo intensa.
Sentí algo moverse dentro de mí.
Como si una corriente que llevaba muchísimo tiempo dormida acabara de despertar.
Mis dedos se estremecieron.
—¿Qué...?
La magia estaba entrando en mi cuerpo.
Podía sentirla.
Por primera vez podía sentir realmente la magia circulando dentro de mí.
Mi respiración se volvió irregular.
Entonces...
Crack.
Un sonido seco resonó en la estancia.
El sello se había roto.
Mis ojos se abrieron de par en par.
—...
Valtherion retiró la mano y recuperó tranquilamente la compostura, como si acabara de hacer algo completamente cotidiano.
Yo, en cambio, seguía intentando procesar lo ocurrido.
El sello...
¡Lo rompió!
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
¿Significaba esto que ahora podré utilizar magia?
Valtherion no explicó nada más.
Simplemente se dio la vuelta y caminó hacia un enorme escritorio.
Tomó uno de los libros mágicos que descansaban sobre él.
Después sacó una pequeña bolsa de color rosa.
La abrió y acercó el libro hacia ella.
Ante mis ojos, el enorme libro fue absorbido por la pequeña bolsa.
—¿Eh?
Me acerqué un poco.
—¿Dónde está el libro?
Valtherion me tendió la bolsa.
—Esto es una bolsa de almacenamiento.
La recibí entre mis manos.
—¿Una bolsa de almacenamiento...?
—Puedes guardar cosas ahí sin límites.
Mis ojos se iluminaron.
¡¿Sin límites?!
No sabía que existieran objetos como ese.
¡Era increíble!
Sin poder contener mi emoción, caminé rápidamente hasta él y le di un breve abrazo.
Solo después recordé que ahora era su alumna.
Me separé enseguida y adopté una postura respetuosa.
—Muchas gracias, maestro.
Valtherion me observó con cierta curiosidad.
Después señaló el libro que había guardado.
—Lee ese libro cuando estés en casa.
Asentí.
—Sí.
Su expresión se volvió un poco más seria.
—Ahora que no tienes el sello, cualquier descuido podría revelar que tienes talento mágico.
Mi expresión también se volvió seria.
Tenía razón.
Si la sociedad consideraba que las mujeres no debían tener poder, revelar prematuramente que poseía talento mágico podía traerme problemas.
No podía confiar en cualquiera.
—Entiendo, maestro.
Apreté la pequeña bolsa entre mis manos.
—Muchas gracias, maestro. Definitivamente no decepcionaré sus expectativas.
Valtherion me miró durante unos segundos.
Parecía estar evaluándome.
Finalmente...
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—No es necesario que vengas a la Torre Mágica.
Parpadeé.
—¿No?
—Yo te teletransportaré aquí.
Antes de que pudiera decir algo más, Valtherion levantó la mano.
Chasqueó los dedos.
Chas.
Una luz dorada me envolvió.
—¡Ah...!
Y, en menos de un segundo...
Desaparecí.
gracias 😍😍❤️❤️❤️