Rhyne es un guía omega de fuego, Rango F, descartado por el Imperio Aethelgard que teme su llama. Zarek Thorne es el centinela de hielo más poderoso —y más condenado— de su generación. Cuando un frenesí los enfrenta, el Sistema NEXUS-7 sella entre ellos una resonancia del 100%. Un lazo imposible. Un mariscal que nunca se arrodilla. Un guía que el mundo quiso apagar. Y una llama que, una vez encendida, no pide permiso para arder.
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EPISODIO 20: ECOS DE SANGRE
ECOS DE SANGRE
La mañana entró por las ventanas de la cabaña con una luz pálida y fría, pero en el centro de la cama, el calor era sofocante.
Rhyne despertó lentamente. Su cuerpo se sentía pesado, con los músculos doloridos por la tensión del celo recién pasado, pero por primera vez en su vida, no había rastro de fuego bajo su piel. Solo había carne, hueso y el peso reconfortante del brazo de Zarek rodeando su cintura.
El Mariscal no dormía.
Zarek estaba despierto, con la barbilla apoyada en el hombro de Rhyne, inhalando su aroma con una obsesión metódica y constante. Su nariz rozaba la glándula scent de Rhyne, y cada vez que exhalaba, sus feromonas a cedro y tormenta eléctrica envolvían al omega en una nube protectora.
—Hueles diferente —murmuró Zarek, su voz ronca por el sueño, vibrando contra la espalda de Rhyne.
Rhyne se giró con dificultad, encontrando los ojos grises de su pareja. Estaban oscuros, dilatados por el instinto Alfa.
—¿A qué huelo? —preguntó Rhyne, acariciando la mandíbula tensa de Zarek.
Zarek cerró los ojos, inhalando profundamente una vez más.
—A ceniza y sal. Pero debajo de eso... —Zarek abrió los ojos, y Rhyne vio un destello de puro terror y adoración en ellos—. Hueles a leche y miel. A nido.
Rhyne sintió que el corazón le daba un vuelco. Recordó las náuseas de la noche anterior, el cansancio extremo, la sensibilidad en su pecho. Embarazo. La palabra flotó en su mente, aterradora y hermosa.
Antes de que Rhyne pudiera responder, un dolor agudo y repentino le atravesó el pecho.
No era físico. Era empático.
Rhyne jadeó, llevándose la mano al esternón, justo donde el lazo invertido latía con fuerza. Zarek se incorporó en un instante, sus instintos de Alfa disparándose.
—¿Qué pasa? ¿Te duele? ¿Es el bebé? —La posesividad de Zarek se volvió asfixiante en un segundo. Sus manos grandes agarraron los hombros de Rhyne, revisándolo con desesperación, olfateando su cuello en busca de dolor o enfermedad.
—No soy yo —jadeó Rhyne, parpadeando para enfocar la vista. El dolor no era suyo. Era un eco. Un grito ahogado a través del vínculo sanguíneo que compartía con Cassian—. Es Cassian. Está... está en peligro.
El rostro de Zarek se cerró como una puerta de acero. Un gruñido bajo, puramente celoso y territorial, vibró en su pecho. No era celos románticos; era el odio primitivo de un Alfa al que le arrancan a su pareja del nido.
—Déjalo —dijo Zarek, su voz gélida—. Que se encargue él. Tú estás en celo post-fase, tu cuerpo es vulnerable. Si sales de esta cabaña, te encadenaré a la cama.
—Zarek, no —dijo Rhyne, sentándose y apartando las manos del Mariscal. Sus ojos marrones, ahora completamente humanos, se clavaron en los grises con una firmeza inquebrantable—. Es mi hermano. Siento su miedo. Si no voy, morirá.
—¡Y si vas, podrías perder lo que llevas dentro! —rugió Zarek, perdiendo el control por un segundo. Se llevó las manos a la cara, respirando hondo para calmarse. Cuando bajó las manos, sus ojos brillaban con lágrimas de frustración—. Rhyne, por favor. El mundo ya te quitó suficiente. No puedo arriesgarte.
Rhyne se acercó, tomando el rostro de Zarek entre sus manos. Lo besó suavemente, saboreando la sal de sus lágrimas no derramadas.
—No me estás arriesgando —susurró Rhyne contra sus labios—. Me estás dejando ser parte de la manada. Y si hay un cachorro en mi vientre, Zarek... quiero que sepa que su padre no es un carcelero, sino un guerrero que protege a los suyos.
Zarek cerró los ojos, derrotado por la lógica y el amor de su omega. Asintió lentamente.
—Bien —susurró Zarek, besando la palma de Rhyne—. Pero no te separarás de mi lado ni un milímetro. Si alguien te mira, lo mato. Si alguien te toca, lo incinero. Eres mío.
—Soy tuyo —confirmó Rhyne.
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Las coordenadas del Sistema NEXUS-7 los llevaron a las ruinas de un laboratorio abandonado en el Sector 4, una zona industrial que apestaba a óxido y lluvia ácida.
Zarek conducía con una mano, mientras con la otra mantenía agarrada la mano de Rhyne, sus pulgares trazando círculos constantes sobre los nudillos del omega. Sus feromonas estaban al máximo, marcando el interior del vehículo, advirtiendo a cualquier centinela en kilómetros a la redonda que *ese* omega estaba tomado, protegido y fuera de los límites.
Cuando llegaron, el silencio era antinatural.
Zarek sacó a Rhyne del vehículo, manteniéndolo pegado a su costado, su rifle de plasma listo. Entraron en el edificio derrumbado, siguiendo el rastro de sangre y el leve brillo azul que emanaba de las paredes.
Lo encontraron en el sótano.
Cassian estaba acorralado contra una pared de cristal. Su ropa estaba empapada en sangre, y su brazo izquierdo, el de la luz azul, estaba completamente extendido, creando una barrera de entropía que mantenía a raya a cuatro soldados de élite. Los Puristas. Llevaban máscaras de gas y armaduras blancas.
—¡Cassian! —gritó Rhyne.
El Sujeto 02 giró la cabeza. Su rostro estaba pálido, sus ojos de ceniza brillando con fiebre.
—¡Aléjense! —tosío Cassian, escupiendo sangre negra—. ¡Son demasiados! ¡Su líder... su líder tiene un inhibidor de lazo!
Uno de los soldados levantó un dispositivo plateado. Zarek sintió cómo el aire se volvía pesado. El lazo invertido entre él y Rhyne chisporroteó, debilitándose por un segundo. El dolor en el pecho de Rhyne fue agudo.
—¡Zarek, el dispositivo! —gritó Rhyne.
Zarek no lo pensó. A pesar de su vitalidad al 50%, el instinto de proteger a su pareja lo impulsó. Disparó tres veces. Los rayos de plasma atravesaron a los dos soldados que sostenían el inhibidor. La presión en el pecho de Rhyne desapareció al instante, y el lazo se reconectó con la fuerza de un latigazo.
Cassian aprovechó la distracción. Con un grito gutural, lanzó una onda de entropía azul que desintegró las armas de los dos soldados restantes, dejándolos de rodillas, aterrorizados.
El silencio volvió al sótano, roto solo por la respiración agitada de Cassian.
Zarek bajó el rifle, pero no soltó a Rhyne. Lo atrajo contra su pecho, olfateando su cuello frenéticamente para asegurarse de que el inhibidor no le había hecho daño. Rhyne lo dejó hacerlo, acariciando su cabello blanco.
—Estoy bien, Zarek. Estoy bien —susurró.
Cassian se deslizó por la pared, sentándose en el suelo, agotado. Miró a Rhyne, y luego, sus ojos bajaron directamente al vientre plano del omega.
Cassian sonrió, una sonrisa cansada y sangrienta.
—Lo sabía —dijo Cassian, su voz ronca—. Hueles a nido, hermano. Vas a tener un cachorro.
Zarek tensó la mandíbula, un gruñido de advertencia escapando de su garganta ante la mención de su descendencia por parte de otro Alfa, pero Rhyne le apretó el brazo, calmándolo.
—¿Por qué estás aquí, Cassian? —preguntó Rhyne, ignorando el comentario pero sintiendo una punzada de ternura—. ¿Qué querían los Puristas?
Cassian señaló detrás de él, hacia una gran cápsula de estasis que había quedado oculta en las sombras.
—No me querían a mí —dijo Cassian, cerrando los ojos—. Querían lo que hay ahí dentro.
Zarek y Rhyne se acercaron a la cápsula. El cristal estaba empañado, pero Zarek limpió la superficie con su mano.
Dentro, flotando en un líquido azul, había un niño. No mayor de cinco años. Tenía el cabello blanco como la nieve y la piel pálida. Pero lo que hizo que Zarek retrocediera un paso, con el rifle casi cayendo de sus manos, fueron sus ojos cerrados.
Incluso a través del párpado, se podía ver que sus pestañas eran doradas.
—Es un Sujeto 03 —susurró Cassian desde el suelo—. Pero no es un clon del Emperador, Zarek.
Cassian abrió los ojos, mirando a Rhyne con una intensidad aterradora.
—Es un clon tuyo, Rhyne. Es tu ADN original. El que tenías antes de que te implantaran el fuego.
Rhyne sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Miró su propio vientre, donde una nueva vida, fruto de su amor con Zarek, comenzaba a crecer. Y luego miró al niño en la cápsula. Un reflejo de lo que él pudo haber sido si el mundo no lo hubiera roto.
De repente, el Sistema NEXUS-7 en la muñeca de Zarek parpadeó en rojo furioso.
【SISTEMA NEXUS-7 - ALERTA DE NIVEL OMEGA】
【DETECCIÓN DE FIRMA GENÉTICA IDÉNTICA】
【ADVERTENCIA: EL SUJETO EN ESTASIS ESTÁ EN CELO PRECOZ】
【RIESGO: INESTABILIDAD MOLECULAR INMINENTE】
El líquido dentro de la cápsula comenzó a burbujear. Los ojos del niño se abrieron de golpe.
Eran dorados. Brillantes. Y estaban llenos de un fuego que no pertenecía a este mundo.
El niño miró a Rhyne a través del cristal, y sus labios se movieron, formando una palabra que resonó directamente en la mente de Rhyne, en la mente de Zarek, y en la mente de Cassian.
"Hermano."
Y entonces, la cápsula estalló.