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El bebé que nunca fue de mi esposo

El bebé que nunca fue de mi esposo

Status: Terminada
Genre:Doctor / Vientre de alquiler / Amante arrepentido
Popularitas:51.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Angel_fr_Hell

Valeria Montes dedicó cinco años a cuidar al hombre que amaba. Cuando Adrián por fin se recupera, descubre la verdad: él se casó con ella para conseguir que el prestigioso profesor Gabriel Ferrer lo operara y ahora planea divorciarse, entregarle el bebé a su amante y dejarla con las manos vacías.
Pero Adrián ignora algo: el embrión implantado en Valeria no lleva su material genético. Todo apunta a Gabriel, el brillante y distante cirujano que fue su mentor… y que jamás logró olvidarla.
Decidida a proteger a su hijo, Valeria reúne pruebas, recupera los bienes que los Del Valle le arrebataron y presenta el divorcio. Sin embargo, escapar no será fácil. Su matrimonio sostiene un fideicomiso millonario, y la familia de Adrián está dispuesta a todo para impedir que se marche.
Mientras antiguos crímenes salen a la luz y varios accidentes revelan un patrón mortal, Gabriel regresa para protegerla. Esta vez, Valeria no piensa soportar otra humillación.
Adrián creyó que ella nunca lo abandonaría. Su amante creyó que podría reemplazarla. Ambos estaban equivocados.

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Capítulo 13

Capítulo 13 — Adrián usa el dinero de Valeria para mantener a Sofía

—El brazalete no se devuelve —repitió Valeria Montes a la mañana siguiente, cuando Adrián Del Valle volvió a insistir—. Ya te lo dije. Y no entiendo por qué te molesta tanto. —Lo miró con la misma cara de fastidio resignado que él le había puesto tantas veces—. ¿No fuiste tú el que dijo que «si tanto me gustaba, otro día me comprabas uno»? Aunque sea por la armonía de esta familia, Adrián. Piensa en tu madre. Piensa en el niño.

Devolverle sus propias palabras lo dejó sin argumentos. Se marchó al trabajo apretando los dientes.

Valeria Montes se había instalado ya del todo en la villa, y con ella una rutina que le devolvía el aire: el instituto por las mañanas, los controles con el doctor Ortega, las tardes de silencio en una casa que por fin era suya. Adrián Del Valle iba y venía, oficialmente para «cuidar del embarazo», en realidad porque su padre le había ordenado mantener las apariencias. Dormían en cuartos separados —ella alegaba náuseas nocturnas, y él, temeroso del precioso heredero, no protestaba.

Fue una de esas noches cuando lo escuchó.

Se había levantado por un vaso de agua, descalza, cuando vio la silueta de Adrián Del Valle recortada en el jardín trasero, hablando por teléfono en voz baja bajo los magnolios. Valeria Montes se quedó muy quieta junto a la ventana entreabierta.

—…ya sé, ya sé, mi amor. Ten paciencia. —La voz melosa que ella conocía tan bien—. Te prometí una casa y vas a tener tu casa. Escúchame: la villa donde vivo ahora, la de al lado del hospital, vale una fortuna. La vendo, y con eso te compro algo mejor, en el centro, a tu gusto. Solo dame un poco de tiempo. —Una pausa—. ¿La embarazada? Ella no cuenta. Se muda a un apartamento y ya. La casa es lo de menos. Lo importante somos tú y yo.

Valeria Montes sintió el frío de siempre, el frío que ya no dolía, solo endurecía.

Va a vender mi casa. La que fue mi regalo de bodas, la que yo limpié y reclamé. Para comprarle un nido nuevo a su amante. Con mi hijo dentro de mí.

Habría sido fácil salir y estrellar el vaso contra la pared. En cambio, sonrió en la oscuridad.

Porque Adrián Del Valle olvidaba un detalle. La escritura de esa villa seguía a nombre de la abuela. Él no podía venderla ni aunque quisiera. Y ella, Valeria Montes, ya tenía un plan para que esa escritura terminara en sus propias manos, y no en las de nadie más.

Regresó a la cama sin hacer ruido y, tumbada en la oscuridad, repasó su plan. Primero, conseguir que la abuela le transfiriera legalmente la casa. Segundo, mantener a Adrián lejos y desprevenido mientras aseguraba sus bienes. Tercero, seguir acumulando pruebas para que él no pudiera bloquear el divorcio.

A la mañana siguiente puso en marcha lo segundo.

—Adrián —le dijo, llevándose una mano a la boca con una mueca—, las náuseas me están matando de noche. El doctor Ortega dice que necesito descanso absoluto, sin que nadie entre ni salga de mi cuarto. —Suspiró con delicadeza—. ¿Te importaría dormir a partir de ahora en la habitación del fondo? Es por el bebé.

Él aceptó de inmediato, casi aliviado. Cualquier excusa para tener su propio espacio, su propio teléfono, sus propias escapadas nocturnas.

Y esa misma noche la aprovechó. Hacia las once, Valeria Montes lo oyó bajar las escaleras con sigilo, cerrar la puerta con cuidado y arrancar el auto en la calle. No necesitaba seguirlo. Sabía perfectamente adónde iba, y hacia quién.

Lo que Adrián Del Valle no sabía era que su abuela tenía oídos en todas partes.

La señora Aguilar, el ama de llaves leal a la anciana, notaba cada movimiento y lo reportaba con la puntualidad de un reloj. Y esa noche, cuando la abuela se enteró de que su nieto había vuelto a escaparse a los brazos de aquella mujer —dejando sola en casa a su esposa embarazada, a la portadora del bisnieto tan esperado—, la matriarca no esperó a la mañana.

Descolgó el teléfono y llamó a su hijo.

En la mansión Del Valle, Roberto Del Valle se despertó de golpe con la voz de su madre tronando en el auricular.

—¿Sabes dónde está tu hijo a esta hora? ¡Con Sofía! ¡Otra vez! —La anciana no gritaba, pero cada palabra caía como un latigazo—. ¿Es que no le enseñaste nada? El hijo que espera esa muchacha podría asegurarle a tu bloque la participación reservada por el fideicomiso. ¡Y él la deja sola de noche por una cualquiera! Tráelo de vuelta. Ahora. Y hazle entender de una vez qué está en juego.

Roberto Del Valle colgó, se pasó una mano por la cara y marcó el número de su hijo con la mandíbula tensa de furia.

En la villa silenciosa, Valeria Montes apagó la luz de su cuarto y cerró los ojos con una calma casi dulce.

No necesitaba mover un solo dedo. Había sembrado el descontento en cada rincón de aquella familia, y ahora los propios Del Valle se encargaban de castigar a Adrián Del Valle por ella.

Afuera, en la villa vecina, una luz seguía encendida. Y esa noche, por primera vez, alguien reparó en ella.

1
Dolores Gracia
Nadie puede dañarlo solo ella 🤭
Belen dirazar saucedos
Pero ya no le había dicho el q sabía q era su hijo??
Dolores Gracia
Ya van muchas veces q se van madre e hijo elsa Cárdenas y Mateo
Zaiduvi perez guerra
.uy larga, nada romántico
Maria Antonieta Benitez Raygoza
muy interesante historia...cuántos crimenes... deslealtades y mentiras puede soportar una familia por la ambición y el poder
Maria Antonieta Benitez Raygoza
está muy buena la historia
Graciela Saiz
se está alargando demasiado 😏
Graciela Saiz
y que paso con quién se había aliado🤔🤦
Graciela Saiz
si Valeria no vive con ellos 🤷
Graciela Saiz
ella debería decirle con quién se alió y lo que van hacer 🤔
Graciela Saiz
🤦🤦que de vueltas !
Graciela Saiz
ay cosas que no encajan, deja la mansión que le regaló la abuela a su nombre, dijo que la iba a vender, ahora la abandona diciendo a Ariel que es casa de ellos 🤔🤷
Graciela Saiz
la abuelita no tiene nada de tierna entonces 😏
Graciela Saiz
creia que ella era enfermera no doctora, pensará en algún momento decirle a verdadero padre 🤔
Lala González
la familia de Adrián se robaron la herencia de ella , por eso es que ella siente familiar esos cuadros
Cammmmm
Me ubiera gustado ver más de ellos juntos como pareja por qué él me apoyaba
Mely Cordova
Ese Gabriel está en todos los movimientos de ella,cuidando la como debe de ser
Mely Cordova
Entonces ese otro hijo de Roberto,es el que pinta ,y quién lleva las pinturas es el mismo Roberto 😁
Mely Cordova
Que bueno que paso todo esto para que Vale abriera los ojos de una vez,de ver qué la abuela es una más del monto de los del Valle,que prefieren su estabilidad que la de los demás
Ahora sí Vale,ve por todo con esos desgraciados y no les tengas piedad,pero no estás sola,ahora tienes a tu bebé,pero sobre todo a Gabriel 😍
Mely Cordova
Entonces la abuela no quiere a Vale ,de verdad 😡 es solo por el fideicomiso,por qué no quiere perder lo
Entonces en esa "familia del valle" todos son unos lacras nadie se salva,que desgraciados,cada uno tiene,motivos pero el de la abuela es peor,por demostrar un cariño que no le tiene a Vale
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