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Me Enamoré del Hermano Equivocado

Me Enamoré del Hermano Equivocado

Status: Terminada
Genre:Romance / Pérdida de memoria / Amor platónico / Completas
Popularitas:10.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maria

Valentina despierta sin recuerdos después de una caída. Lo único que tiene para entender su pasado es un diario lleno de pistas sobre el hombre que la cuidó desde niña.
Todos creen que ese hombre es Nico Montero, el chico que creció a su lado y que durante años pareció destinado a quedarse con ella. Pero Nico ya está cansado de cuidarla. Ahora ama a otra mujer y decide dejar a Valentina en manos de su hermano mayor, Sebastián.
Sebastián es serio, frío y demasiado protector. Valentina empieza a creer que las páginas de su diario hablan de él… y sin darse cuenta, se enamora del hombre equivocado.
O quizá del único correcto.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Capítulo 17

WhatsApp y whisky

Valentina no quedó tranquila con un mensaje de WhatsApp.

Sebastián había respondido "Ahí estaré", sí. Eso bastaba para confirmar la cena. Pero no bastaba para ella.

El sábado por la mañana sacó acuarelas, papel grueso y la libreta donde había dibujado la mano de Sebastián. Nana Carmen pasó por la puerta y la encontró con manchas azules en los dedos.

—¿Ahora pintamos paredes?

—Invitaciones.

—Ya lo invitó por teléfono.

—Por mensaje. No es lo mismo.

En la tarjeta pintó una mesa pequeña junto a una ventana, dos copas de agua y una vela. No dibujó rostros. Solo dos figuras sentadas una frente a la otra.

Abajo escribió:

"15 de junio. Cena conmigo. Solo conmigo."

La dejó sobre el escritorio de Sebastián antes de que él volviera de Torre Montero.

Sebastián la encontró a las nueve de la noche.

No llamó a Valentina.

No sonrió frente a nadie.

Tomó la tarjeta, la leyó una vez y abrió el cajón inferior de su escritorio. Dentro había una caja vieja de cartón, cerrada con cinta. La sacó, la puso sobre la mesa y retiró la tapa.

Había regalos envueltos en papel sencillo, todos con una etiqueta pequeña.

"Valentina, 10 años."

"Valentina, 11 años."

"Valentina, 12 años."

Algunos eran libros. Otros, cajas de lápices profesionales, una pulsera fina, una cámara instantánea, un set de pinceles que ya no se vendía en tiendas. Ninguno había llegado a sus manos.

Sebastián tomó la tarjeta de acuarela y la puso sobre la caja.

Luego llamó a Daniel.

—Necesito la lista de proveedores para el quince.

—¿Proveedores de qué?

—Flores. Pastel. Decoración. Música.

Daniel tardó en responder.

—¿Música?

—Sí.

—¿Para un evento corporativo?

—Para Valentina.

—Entendido. Eso explica más.

—Daniel.

—No dije nada.

—Quiero todo en La Hacienda antes de las seis. Nada de prensa. Nada de publicaciones. Nadie externo sin autorización.

—¿Tema?

Sebastián miró la tarjeta.

—Jazmines. Y verde claro.

En la Residencia Montero, Nico estaba comprando algo que no debía comprar.

Mateo entró a su cuarto sin tocar, como siempre, y lo encontró frente a la laptop.

—¿Estás viendo joyería?

Nico cerró la pantalla.

—No.

—Eso fue un sí con tapa.

Mateo se sentó en la cama.

—¿Para Camila?

Nico no contestó.

Mateo inclinó la cabeza hacia la laptop.

—Alcancé a ver verde.

Nico abrió la pantalla de nuevo con fastidio. Era un collar con un dije de jade, pequeño, en forma de gota.

—Vale dijo una vez que le gustaba.

—¿Antes del accidente?

—Sí.

—¿Y ahora se lo vas a dar como qué? ¿Regalo de amigo? ¿De hermanito?

Nico cerró la página.

—No lo compré.

Mateo miró la esquina superior de la pantalla, donde el carrito seguía marcado con un número.

—Pero pusiste dirección.

—Vete.

—Nico.

—Vete, Mateo.

Mateo se levantó, pero antes de salir dijo:

—Comprar cosas no arregla lo que no dijiste.

La puerta se cerró.

Nico se quedó mirando el carrito.

El celular vibró.

Camila:

"Isabella tiene algo sobre Valentina que cambiará todo. ¿No quieres saber?"

Nico bloqueó la pantalla.

Una hora después, con un vaso de whisky en la mano, volvió a leer el mensaje.

No respondió.

En el departamento de Isabella, un informe llegó a su correo.

Valentina Solís Mendoza: hija de Elena Mendoza y Miguel Solís, ambos fallecidos; familias Solís y Montero, vecinos y amigos íntimos; sin adopción legal.

Universidad del Valle: rendimiento irregular tras accidente; recuperación médica en curso.

Última página:

"Antes del accidente, la estudiante mantenía una relación sentimental con Nicolás Montero Ríos. Compañeros y registros de redes sociales lo confirman."

Isabella leyó esa línea dos veces.

Después le tomó una foto a la pantalla y se la envió a Camila.

"Tenemos la llave."

Camila respondió casi de inmediato.

"Entonces hay que hacer que la use."

Isabella dejó el celular sobre la mesa. La frase le dio una incomodidad que no quiso reconocer. Una cosa era competir con Valentina desde el orgullo herido. Otra era meter a Nico en medio de una historia que había empezado cuando Valentina era demasiado joven para cargar con tantas expectativas.

Se sirvió agua, no whisky. Bebió un trago y volvió a mirar el informe.

Sin adopción legal.

Vecinos.

Familias íntimas.

Una relación sentimental previa con Nicolás.

Isabella entendió por qué Camila sonreía. No necesitaban inventar escándalo. Bastaba con ordenar los hechos de la manera más cruel.

Aun así, guardó una copia en una carpeta privada antes de borrar el correo original.

No confiaba en Camila.

Tampoco confiaba ya en sí misma.

Camila, en cambio, sí confiaba en su propia crueldad.

Esa noche abrió una libreta y escribió tres nombres:

Valentina.

Nico.

Sebastián.

Debajo de cada uno anotó lo que necesitaba mover.

A Valentina: duda.

A Nico: celos.

A Sebastián: culpa.

No necesitaba atacarlos al mismo tiempo. Bastaba con empujar al primero y esperar que los otros dos reaccionaran mal.

Al día siguiente, Camila apareció en la Residencia Montero con una caja de macarons para Doña Mariana, aunque sabía que Mariana seguía de viaje. La recibió una empleada nueva.

—Se los dejo a Don Eduardo cuando vuelva —dijo Camila—. Y si Nicolás está, dígale que pasé.

La empleada asintió.

Camila salió sin preguntar por Valentina.

Esa omisión también estaba calculada.

Cuando Nico volvió de la universidad, la empleada le entregó el recado.

—La señorita Camila pasó.

Nico tomó la caja de macarons y la dejó sobre la mesa sin abrir.

—¿Preguntó por mí?

—Sí, señor.

—La próxima vez diga que no estoy.

Subió a su cuarto con el pulso demasiado rápido para una decisión tan simple. Camila ya había entrado otra vez en la casa. No necesitaba permiso; usaba la costumbre, los años, la confianza vieja de los Montero con los Vargas.

Nico entendió tarde que eso también era una amenaza.

Esa noche puso la caja de macarons en la basura.

Luego la sacó.

La dejó sobre el escritorio, cerrada.

No quería comer nada de Camila, pero tampoco quería que la empleada preguntara por qué había tirado un regalo intacto.

Esa clase de detalles eran los que Camila usaba: cosas pequeñas que obligaban a los demás a explicar una reacción.

Nico apagó la luz sin abrir la caja.

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Glen
Parecía bueno pero a mitad ya te parece q no va a ningún lugar y después con un final raro, no me gusto
Glen
Ocosadora la niña, con razón nico huyó 😂😂😂😂😂😂
Glen
Ocosadora la niña, con razón nico huyó 😂😂😂😂😂😂
Marisa Rodriguez de Cuello
es muy densa la trama y simple. también se pueden leer repeticiones del relato que confunden la lectura
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