Ella renace en un nuevo mundo, muy distinto a todo lo que conocía y decide crear su propia historia.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Entre libros 1
El almuerzo terminó siendo exactamente como Melody había imaginado.
Sin protocolos interminables.
Sin decenas de invitados.
Sin tener que mantener una sonrisa durante horas.
Solo una mesa preparada bajo la sombra de un árbol, el océano de nubes extendiéndose bajo la montaña y una suave brisa que hacía bailar las flores del jardín.
Melody tomó un sorbo de té antes de negar lentamente con la cabeza.
Todavía parecía incapaz de creer lo que estaba ocurriendo.
—Sigo sin entender cómo terminé quedándome aquí.
Francis sonrió mientras dejaba los cubiertos sobre el plato.
—¿Se arrepiente?
Ella respondió tan rápido que incluso se sorprendió a sí misma.
—No.
Después bajó la mirada, algo avergonzada por la velocidad de su respuesta.
—Solo...
Buscó las palabras adecuadas.
—Todo ocurrió demasiado deprisa.
Francis asintió con comprensión.
—A mí también me sorprendió.
Melody levantó la vista.
—¿Sí?
Él sonrió con una expresión tranquila.
—Jamás imaginé que una reunión de negocios terminaría regalándome el encuentro más importante de mi vida.
Ella sintió que el corazón le daba un vuelco.
Francis continuó hablando con absoluta naturalidad.
—Pensé que pasaríamos varios días hablando de contratos, puertos y rutas comerciales.
Hizo una pequeña pausa.
—Y terminé encontrando a una joven capaz de emocionarse frente a una biblioteca como si hubiera descubierto un tesoro.
Melody rio por lo bajo.
—Porque sí era un tesoro.
—Lo sé.
Respondió él.
—Y precisamente por eso me gustó verla.
Ella desvió la mirada hacia las nubes para ocultar el rubor que comenzaba a subirle al rostro.
Francis la observó unos instantes antes de decir con una sonrisa serena..
—Quizá usted no sea consciente de lo adorable que resulta.
Melody volvió inmediatamente la cabeza.
—¿Yo?
Él asintió.
—Cuando habla de libros. Cuando descubre algo nuevo. Cuando hace un puchero porque tiene que dejar de leer para ir a comer.
Ella soltó una pequeña risa.
—Eso ocurrió una sola vez.
Francis levantó una ceja.
—Estoy seguro que le ha pasado antes.
Ambos terminaron riéndose.
Aquella conversación era tan sencilla que resultaba difícil recordar que apenas llevaban unos días conociéndose.
Después del almuerzo caminaron lentamente hasta la biblioteca.
Melody ya conocía el camino de memoria.
Las enormes puertas de madera volvieron a abrirse.
Y, como siempre, el aroma de los libros antiguos la recibió antes que cualquier otra cosa.
—Bienvenida otra vez.
Dijo Francis con una sonrisa.
Ella giró lentamente sobre sí misma contemplando las estanterías.
—Nunca me cansaré de este lugar.
Francis la observó en silencio.
Era curioso.
Había visto a nobles maravillarse por salones de baile.
Por joyas.
Por colecciones de arte.
Pero jamás había conocido a alguien que fuera tan feliz simplemente entrando en una biblioteca.
Después de unos minutos, caminó hasta una de las mesas.
—Hoy no podré quedarme tanto tiempo.
Melody levantó la vista del libro que acababa de sacar.
—¿Mucho trabajo?
Él asintió.
—Bastante. Aunque los invitados ya se fueron, todavía quedan muchos asuntos que resolver.
Ella sonrió con comprensión.
—Lo entiendo.
Francis dio unos pasos hacia ella.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
Melody cerró el libro lentamente.
—Entonces... Supongo que nos veremos más tarde.
Él asintió.
Pero no se movió.
Simplemente permaneció allí.
Observándola.
Melody sintió que volvía a ponerse nerviosa.
—¿Qué ocurre?
Preguntó en voz baja.
Francis sonrió apenas.
—Nada.
Hizo una pequeña pausa.
—Solo quería despedirme como corresponde.
Antes de que Melody pudiera responder, él acortó lentamente la distancia entre ambos.
Le dio el tiempo suficiente para apartarse si así lo deseaba.
Ella no lo hizo.
Cuando sus rostros quedaron muy cerca, Melody sintió que el corazón parecía querer escaparse de su pecho.
Francis apoyó con delicadeza una mano sobre la mejilla de la joven.
Y la besó.
Fue un beso breve.
Suave.
Lleno de la misma calma con la que él hacía todas las cosas.
Por un instante, Francis pensó que quizá había sido demasiado impulsivo.
Pero, para su sorpresa...
Melody respondió al beso con la misma timidez.
Cuando ambos se separaron, permanecieron unos segundos mirándose en silencio.
Ninguno parecía tener prisa por romper aquel momento.
Melody fue la primera en sonreír.
Una sonrisa pequeña.
Sincera.
Francis dejó escapar una leve risa de alivio.
Sin decir nada más, la abrazó con cuidado.
Ella correspondió al abrazo casi por instinto.
Permanecieron así unos instantes.
Escuchando únicamente el silencio de la biblioteca.
Finalmente ella habló.
—Será mejor que vaya.
El conde asintió despacio.
—Sí...
Él dio un último vistazo a la joven.
—No lea sin descansar.
Ella levantó una ceja divertida.
—No prometo nada.
Francis negó con una sonrisa.
—Lo imaginaba.
Después salió de la biblioteca.
Las enormes puertas se cerraron lentamente tras él.
Durante varios segundos Melody permaneció completamente inmóvil.
Luego caminó hasta uno de los pasillos.
Se dejó caer lentamente sobre la alfombra, apoyando la espalda contra una estantería.
Miró el techo.
Y soltó una larga exhalación.
—¿Qué está pasando...?
Se llevó una mano a los labios.
Todavía podía sentir el recuerdo de aquel beso.
Después rio muy bajito.
No de vergüenza.
Sino de incredulidad.
[Definitivamente...]
[Me salí de la historia original.]
Recordó todo lo que había visto antes de despertar en ese mundo.
La antigua Melody.
La muchacha enfermiza.
Callada.
Consumida por un amor que guardaba en secreto.
Aquella historia ya no existía.
Ahora ella comía con su familia.
Reía.
Disfrutaba de los días.
Leía hasta perder la noción del tiempo.
Y acababa de besar a un conde...
En una biblioteca.
Volvió a reír.
[Si alguien me hubiera contado esto en mi otra vida...]
[No le habría creído.]
Tomó uno de los libros que descansaban junto a ella.
Lo sostuvo entre las manos unos instantes.
Durante mucho tiempo había pensado que su misión consistía únicamente en cambiar el destino de una historia.
Ahora comprendía que también estaba cambiando el suyo.
Nunca se había considerado una persona especialmente aventurera.
Era una soñadora.
Una lectora.
Alguien que prefería vivir mil vidas a través de los libros.
Y, sin embargo...
La vida le había entregado una historia que ningún libro podía anticipar.
Sonrió mientras abría lentamente la primera página.
[No quiero pasar el tiempo preguntándome qué debería haber sido.]
[Quiero descubrir qué puedo llegar a ser.]
Y, con esa idea en el corazón, comenzó a escribir cada nuevo día de su vida sin preocuparse por seguir un guion ya establecido.
Después de todo...
Las mejores historias eran aquellas cuyo final todavía no estaba escrito.
Te saltaste un paso muchacho!!!
Te saltaste un paso muchacho!!!
Cuándo va a hablar con los padres de Melody este hombre!???