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No Renací... Desperté.

No Renací... Desperté.

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Juego de roles
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Crystal Suárez

Me habría encantado renacer, como les ocurre a las protagonistas de esas novelas románticas que tanto me gusta leer. Despertar años atrás, evitar mis errores y no entregar mi corazón al hombre que terminaría destruyéndolo.

Pero la vida real no concede segundas oportunidades de esa forma.

Yo tuve que abrir los ojos por mí misma, enfrentar la verdad y comprender que marcharme no era perder... era salvarme.

Lucan Rivas creyó que sin él no era nadie, se equivocó. Porque no necesité volver al pasado para cambiar mi destino; solo necesité el valor de dejar atrás a quien nunca supo valorarme. Y mientras él descubría todo lo que había perdido, yo aprendía que la mejor versión de mí jamás había dependido de un esposo, sino de la mujer que siempre fui.

NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21

Aquella tarde terminé en la oficina de papá casi por accidente. Había ido a llevarle unos documentos a Eiden el cual me dijo que se encontraba ahí, documentos que necesitaba revisar antes de una reunión al día siguiente, pero, al abrir la puerta, me encontré con una escena que comenzaba a resultarme demasiado familiar: papá sentado detrás de su enorme escritorio, varias carpetas abiertas frente a él y Eiden ocupando una de las sillas del otro lado, revisando documentos con la misma concentración que parecía acompañarlo cada vez que se trataba de negocios. Lo curioso era que, en teoría, papá había delegado gran parte de sus responsabilidades hacía ya algún tiempo. Había repetido incontables veces que quería reducir su carga de trabajo y permitir que los directivos se encargaran de la administración cotidiana de la empresa familiar. Sin embargo, bastaba con observarlo durante unos minutos para darse cuenta de que aquello era más una intención que una realidad. Seguía revisando contratos, opinando sobre inversiones, hablando con los directivos, resolviendo problemas que perfectamente podían solucionar otras personas y, por supuesto, ocupando buena parte de sus tardes frente a documentos. La empresa familiar no era simplemente un negocio para él. Después de tantos años, se había convertido en una parte inseparable de su vida, algo que conocía, cuidaba y protegía casi por instinto. Quizá por eso le resultaba tan difícil apartarse completamente de ella. Papá podía delegar un cargo, entregar responsabilidades y decir que quería disfrutar más de su tiempo, pero, en el fondo, siempre terminaba regresando al mismo lugar. La empresa era una parte de la vida que había construido, de sus recuerdos, de sus esfuerzos y de todo aquello que había conseguido sacar adelante durante tantos años. Alejarse de ella no era tan sencillo como simplemente cerrar una carpeta y marcharse a casa.

—¿Interrumpo? —pregunté mientras cerraba la puerta detrás de mí.

Papá levantó la mirada y sonrió.

—Llegas justo a tiempo. Ven, necesitamos una tercera opinión.

Me acerqué al escritorio y dejé los documentos que llevaba sobre una esquina. Eiden levantó la vista apenas me acerqué y me dedicó una pequeña sonrisa antes de volver a concentrarse en la carpeta que tenía delante.

—Estamos revisando los contratos de la nueva asociación —explicó papá—. Eiden quiere asegurarse de que todo quede perfectamente organizado antes de dejar que los directivos continúen con la administración.

Tomé una de las carpetas y hojeé algunos documentos.

—¿Todavía sigues revisando personalmente todo?

Eiden soltó un suspiro y se recostó ligeramente contra la silla.

—Ese es precisamente el problema.

Lo miré divertida.

—¿Cuál?

—Que no sabe delegar.

Papá soltó una carcajada.

—Eso lo llevas diciendo desde que tenías veinte años.

—Y sigo teniendo razón.

—No, hijo. Sigues siendo un controlador.

Eiden levantó una ceja.

—¿Yo?

—Tú.

—Solo me gusta asegurarme de que las cosas estén bien hechas.

—Eso dicen todos los controladores.

No pude evitar reírme. Eiden giró lentamente el rostro hacia mí, fingiendo cierta indignación.

—No te unas a él.

—No dije nada.

—Pero te estás riendo.

—Porque tiene razón.

Papá sonrió satisfecho, como si acabara de ganar una discusión importante.

—¿Ves?

Eiden negó con la cabeza y volvió a mirar los papeles, aunque una pequeña sonrisa permaneció en sus labios. Durante los siguientes minutos los tres permanecimos concentrados en los documentos. La conversación pasó de los contratos a las inversiones, después a las nuevas asociaciones y finalmente a algunos asuntos que todavía requerían la aprobación directa de papá. Yo lo escuchaba hablar y no podía evitar pensar en lo contradictorio que resultaba verlo allí. Había pasado años diciendo que algún día quería retirarse parcialmente y dejar que otras personas se encargaran de la empresa, pero parecía incapaz de mantenerse alejado durante más de unos cuantos días. Incluso cuando no tenía ninguna obligación de revisar un documento, encontraba alguna razón para hacerlo. Incluso cuando aseguraba que solo iba a trabajar durante una hora, terminaba quedándose toda la tarde. Era evidente que aquello iba mucho más allá de una simple responsabilidad. La empresa familiar formaba parte de su identidad y de la vida que había construido, y quizá por eso delegar no significaba realmente alejarse para él. Significaba aprender a confiar en que aquello que había construido podía continuar existiendo sin que él tuviera que sostener cada pieza con sus propias manos.

—Papá, si sigues haciendo todo personalmente, nunca vas a conseguir retirarte de verdad —comenté mientras dejaba una de las carpetas sobre la mesa.

Él me miró por encima de sus lentes.

—No estoy retirado.

—Eso es exactamente lo que intento decirte.

—Solo estoy supervisando.

Eiden soltó una risa baja.

—Eso mismo digo yo.

Papá lo señaló con el bolígrafo.

—Tú no tienes derecho a opinar.

—¿Por qué?

—Porque haces exactamente lo mismo.

—Eso no significa que esté equivocado.

—Significa que son dos personas incapaces de dejar un documento sin revisar —intervine.

Ambos me miraron.

—¿Dos? —preguntó papá.

—Sí.

—Yo creo que somos tres —añadió Eiden.

Lo miré.

—Yo sé delegar.

Papá soltó una carcajada.

—Eso quiero verlo.

—Pues lo verás.

—Algún día.

La conversación terminó provocando que los tres riéramos. Sin embargo, después de unos minutos volvimos a concentrarnos en los documentos. Eiden revisó una carpeta tras otra, hizo algunas anotaciones y regresó varias veces a las mismas cláusulas. Papá, por su parte, continuó dando instrucciones y tomando decisiones que, en teoría, ya no le correspondían directamente. Al final, después de casi una hora, Eiden cerró la última carpeta con un suspiro profundo y se dejó caer contra el respaldo de la silla.

—Me cansé.

Papá levantó la mirada.

—¿Qué?

—Estoy exhausto.

Lo miré divertida.

—¿Y eso qué significa?

Eiden se pasó una mano por el rostro antes de responder.

—Que necesitamos vacaciones.

Papá parpadeó.

—¿Nosotros?

—Sí.

Lo miré sorprendida.

—¿Vacaciones?

Eiden asintió con absoluta seriedad.

—Vacaciones.

Papá permaneció unos segundos en silencio y, para mi sorpresa, una sonrisa comenzó a aparecer lentamente en su rostro.

—No es mala idea.

—¿No es mala idea? —repetí, mirando a ambos—. ¿Desde cuándo ustedes dos toman decisiones tan importantes sin consultar a nadie?

Papá se levantó de su silla y comenzó a recoger algunos documentos.

—Desde que descubrimos que necesitamos descansar.

—Eso es discutible.

Eiden soltó una risa baja.

—Yo estoy hablando en serio.

Papá dejó los documentos sobre una esquina del escritorio y tomó su teléfono.

—Entonces vamos a hacerlo.

Lo miré incrédula.

—¿Así de fácil?

—Así de fácil.

—Papá, tenemos trabajo.

—Lo delegamos.

—Compromisos.

—Los cancelamos.

—¿Y la empresa?

Papá levantó la mirada de su teléfono.

—Tiene empleados.

—Papá...

Él levantó una mano para detenerme.

—Hija, llevamos demasiado tiempo trabajando. Tú también.

Me quedé en silencio.

Papá me observó durante unos segundos antes de continuar.

—Y no me digas que no necesitas descansar porque te conozco. Desde que regresaste a la empresa has vuelto a llenar tus días de reuniones, documentos y proyectos. Estás mejor, sí, pero eso no significa que tengas que mantenerte ocupada todo el tiempo.

Bajé la mirada, no podía discutirle eso.

—Además —añadió—, yo también necesito alejarme un poco de todo esto, ¿no era eso lo que querías?

Miré las carpetas que seguían sobre el escritorio.

—¿Tú acabas de admitir que necesitas vacaciones?

—No exageres.

—Lo acabas de hacer.

—Solo dije que quizá unos días no estarían mal.

Eiden sonrió.

—Eso cuenta como una confesión.

Papá lo miró.

—No te emociones.

Solté una pequeña risa.

—Entonces, ¿qué propones?

Papá se reclinó contra el escritorio y miró alternativamente a Eiden y a mí.

—Nos vamos.

—¿Nos?

—Tú, yo y Eiden.

Giré la cabeza hacia Eiden. Él parecía tan sorprendido como yo.

—¿Eiden también?

Papá frunció el ceño.

—Por supuesto. ¿Por qué no?

—No sé...

—Porque es mi socio, porque lleva años trabajando demasiado y porque, si lo dejo solo, probablemente se llenara media oficina de más papeles.

Eiden soltó una carcajada.

—No puedo discutir eso.

Papá sonrió satisfecho.

—Entonces está decidido.

—Espera —intervine—. ¿Y quién dijo que yo quería ir?

Papá me miró como si la respuesta fuera evidente.

—Yo.

—Eso no funciona así.

—Soy tu padre. Tengo cierta autoridad.

—No cuando se trata de vacaciones.

—Entonces considéralo una invitación.

Lo miré durante unos segundos.

—¿Y a dónde iríamos?

La sonrisa de papá se hizo más amplia.

—Ahora sí estamos hablando.

Tomó su teléfono y comenzó a buscar destinos. Eiden se acercó para mirar la pantalla por encima de su hombro.

—Quiero algo tranquilo —dijo papá—. Con playa.

—Yo quiero un lugar donde no haya demasiada gente —añadió Eiden.

Los miré a ambos.

—Yo quiero dormir.

Eiden giró el rostro hacia mí.

—Entonces tenemos una prioridad.

—¿Cuál?

—Naelia necesita dormir.

—Gracias.

Papá continuó deslizando el dedo por la pantalla.

—¿Qué tal una isla?

—Papá...

—¿Qué?

—Estás hablando como si fuéramos millonarios sin responsabilidades.

Levantó la mirada con una sonrisa.

—Naelia... Somos millonarios sin responsabilidades durante una semana.

Eiden soltó una carcajada y yo terminé riéndome también. Lo que comenzó como una idea impulsiva terminó convirtiéndose en una planificación bastante seria. Durante las siguientes horas revisamos hoteles, vuelos, playas y distintos destinos que ninguno de nosotros había visitado. Papá descartaba algunos porque eran demasiado concurridos, Eiden encontraba inconvenientes en otros y yo intentaba conseguir que, por una vez, ninguno de los dos organizara el viaje como si se tratara de otra reunión empresarial. Al final, después de casi tres horas, conseguimos ponernos de acuerdo en un destino. Y lo más extraño fue que, mientras miraba las reservas confirmadas en el teléfono de papá, sentí una emoción que no había experimentado en mucho tiempo. No era ansiedad. Tampoco miedo. Era simplemente ilusión.

Tres días después, me encontraba en el aeropuerto con una maleta a mi lado, el pasaporte en una mano y una sensación extraña en el pecho que no sabía cómo describir. Papá sostenía su boleto con una sonrisa enorme, mientras Eiden revisaba algo en su teléfono, aparentemente comprobando por tercera vez los horarios del vuelo. Los observé alternativamente y negué con la cabeza.

—¿En qué momento aceptamos esta locura?

Papá levantó la vista.

—Hace tres días.

—Eso no responde mi pregunta.

—Claro que sí.

Eiden guardó el teléfono y me miró con una pequeña sonrisa.

—Tu padre tiene razón.

—No empieces tú también.

—Demasiado tarde.

Suspiré mientras miraba mi maleta. No sabía qué esperaba de aquel viaje. Quizá simplemente descansar. Quizá alejarme unos días de la rutina. Quizá descubrir que podía disfrutar de algo sin sentir culpa. Después de todo lo ocurrido durante los últimos meses, necesitaba recordar que mi vida no tenía que girar eternamente alrededor de lo que había perdido. No quería viajar para olvidar ni para escapar de mis recuerdos. Quería hacerlo porque, por primera vez en mucho tiempo, tenía ganas de vivir algo diferente. Quería despertar sin pensar en reuniones, contratos o problemas de la empresa. Quería reírme, dormir hasta tarde, caminar por la playa y permitirme disfrutar sin sentir que debía justificar cada momento de felicidad.

Papá pasó un brazo alrededor de mis hombros.

—Vamos, hija.

Lo miré.

—¿A dónde?

Sonrió mientras comenzábamos a caminar hacia la puerta de embarque.

—A disfrutar.

Eiden caminó junto a nosotros, tranquilo, con una mano en los bolsillo, la otra en la maleta y aquella expresión serena que ya comenzaba a resultarme familiar. Lo miré de reojo y él pareció notar mi mirada.

—¿Qué? —preguntó.

Sonreí.

—Nada.

Y mientras avanzábamos hacia nuestro vuelo, con papá hablando emocionado sobre todo lo que quería hacer durante aquella semana, pensé que quizá había llegado el momento de dejar de vivir únicamente para cumplir obligaciones. Quizá descansar también era una forma de cuidar de nosotros mismos. Y, por primera vez sentí que estaba avanzando.

Hacia algo nuevo.

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Isidra Marta Sánchez Ortiz
Que cruel
Estrella Reyes Reyes
👏👏👏Gran capitulo,me facino la actitud de ella,firmesa,dignidad,orgullo,ellos tenian que sentir verguenza,y esa cucaracha,tan orgullosa y era la amante👏👏👏
Flickr Mary Soly
Más capítulos
Myriam Hernandez
Excelente
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Espero este sea nuestro próximo ser amado y protagonista, me está encantando para ella!! 😍
Flickr Mary Soly
👏Estoy esperando más cañ. Muy bonito esta para leer
🌺🌵 Monny 🌵🌺
No te creo!! Si lo sintieras no la habrías lastimado 🤬
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Ayyy la amoooo!!! Así deberían ser muchas mujeres, salir con muchísima dignidad, si duele muchísimo, pero ante todo mucho amor propio y dignidad 👏🏻👏🏻👏🏻
Flickr Mary Soly
Más capítulos por que escriben bonito y luego no lo terminan
Crystal Suárez: Apenas empecé a publicarla ayer 😅 por eso solo tiene 8 capitulos, no te preocupes, la voy a terminar
total 1 replies
💖 la niña de tus ojos💖
bastante cruda pero por desgracia asi es la realidad cuando la costumbre se aloja en tu hogar todo cambia así que hay que sacarla a escobazos
😅😅😅😅😅
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