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Mi Suggar Es Un Mafioso

Mi Suggar Es Un Mafioso

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Amor prohibido / Posesivo / Mafia / Romance / Completas
Popularitas:4M
Nilai: 5
nombre de autor: Celina González ♥️

En las calles vibrantes, pero peligrosas de Medellín, Zaira, una joven brillante y luchadora de 25 años, está a tres semestres de alcanzar su sueño de graduarse. Sin embargo, la pobreza amenaza con arrebatarle su futuro. En un intento desesperado, accede a acompañar a su mejor amiga a un club exclusivo, sin imaginar que sería una trampa.

Allí, en medio de luces tenues y promesas vacías, se cruza con Leonardo Santos, un hombre de 49 años, magnate de negocios oscuros, atormentado por el asesinato de su esposa e hijo. Una noche de pasión los une irremediablemente, arrastrándola a un mundo donde el amor es un riesgo y cada caricia puede costar la vida.

Mientras Zaira lucha entre su moral, su deseo y el peligro que representa Leonardo, enemigos del pasado resurgen, dispuestos a acabar con ella para herir al implacable mafioso.
Traiciones, secretos, alianzas prohibidas y un amor que desafía la muerte.

NovelToon tiene autorización de Celina González ♥️ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5

El primer rayo de sol que se filtró por las gruesas cortinas de terciopelo azul golpeó su rostro como una bofetada tibia, arrancándola abruptamente del sueño.

Zaira abrió los ojos con un sobresalto.

Parpadeó varias veces, tratando de enfocar la silueta del techo ornamentado que se alzaba sobre ella con una belleza helada y ajena. Durante unos segundos, su mente flotó entre el sueño y la vigilia, confundida, suspendida en un limbo denso donde el tiempo parecía haber dejado de existir.

Una punzada de miedo le cruzó el pecho.

No reconocía aquel lugar.

El aire estaba cargado de un perfume penetrante, una mezcla entre madera quemada, licor caro y una fragancia masculina que le resultaba vagamente familiar. Una sensación viscosa de inquietud le recorrió la piel desnuda. Las sábanas de seda, frías y suaves como el agua estancada, estaban desordenadas a su alrededor, enredándose en sus muslos adoloridos.

El dolor.

Ese fue la primera ancla con la realidad.

Una punzada aguda entre las piernas le arrancó un gemido ahogado. Se irguió de golpe sobre los codos, con la respiración entrecortada, mientras su corazón se desbocaba como un caballo salvaje.

—¿Dónde estoy...? —murmuró, la voz ronca, extrañamente ajena en sus propios labios.

Sus ojos se movieron por la habitación con desesperación: paredes altas forradas de terciopelo, una lámpara de cristal suspendida como una luna opaca, el destello de botellas medio vacías sobre una consola de mármol, un sillón con un vestido que reconoció vagamente como suyo... y la ausencia más aterradora de todas: la de otra persona.

Estaba sola.

No había voces. No había sombras. No había explicación.

Se llevó una mano a la frente, empapada en un sudor frío. Su cabeza latía con fuerza, como si dentro hubiese una máquina golpeando los recuerdos para despertarlos. Una bruma pesada nublaba su memoria. Fragmentos inconexos bailaban tras sus párpados cerrados: risas, luces parpadeantes, una copa demasiado dulce, música estridente, una mano fuerte sujetándola del brazo, el ascensor, una habitación dorada...

Y un rostro.

—No... —susurró, apretando los ojos—. ¿Qué pasó?

Se giró en la cama, buscando con ansiedad alguna señal, algo que le confirmara que había compartido esa habitación con alguien... y encontró una chaqueta de corte masculino, colgada descuidadamente del respaldo de una silla. El olor a colonia aún flotaba en el aire, insistente.

Su respiración se tornó errática.

Entonces lo recordó.

La entrada al club, la risa nerviosa de Tatiana, la presencia de dos hombres en trajes caros que las invitaron a una zona VIP... y luego, ese momento en el que todo se volvió borroso. Tatiana hablando con uno de ellos, y ella... ¿Ella aceptando una copa?

Sí. Una copa. Solo una.

El recuerdo cayó sobre ella como un relámpago: un ascensor iluminado tenuemente, su propio reflejo en los espejos distorsionado por el alcohol, una voz masculina que le hablaba cerca del oído, diciéndole que la habitación ya estaba lista... y Tatiana, detrás, diciéndole que iría después. Que solo subiera antes.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

¿Tatiana la había dejado ahí sola?

¿Con quién?

Sus dedos temblorosos recorrieron el borde de la sábana mientras tragaba con dificultad. Sintió que algo más se deslizaba por su muslo: una media rasgada. Su ropa estaba esparcida por el suelo como la evidencia de una historia de la que no podía recordar el final.

Y entonces lo vio.

Sobre la mesita de noche, junto al reloj dorado de manecillas detenidas, un fajo de billetes envuelto con una cinta dorada.

Su sangre se heló.

La habitación giró levemente.

Un mareo punzante la obligó a sentarse al borde de la cama, con las manos en las sienes. La náusea le trepaba por la garganta, espesa como brea. Estiró una mano temblorosa y levantó el pequeño papel que descansaba sobre el dinero.

"Descansa, muñeca. Te lo ganaste."

Solo seis palabras.

Pero cada una fue una piedra directa al estómago.

—No... no puede ser... —balbuceó.

Sus labios se abrieron para dejar escapar un sollozo mudo, mientras el peso de la vergüenza le caía encima como una losa. Los ojos se le llenaron de lágrimas ardientes. Se cubrió el rostro con las manos, sintiendo cómo todo dentro de ella se rompía en pedazos afilados.

La idea de que alguien, un desconocido, hubiese tenido acceso a su cuerpo mientras ella apenas podía recordar, era un horror que le rasgaba la piel desde dentro.

Y Tatiana... su amiga. ¿Por qué la había dejado sola?

La traición latía junto al dolor, creciendo con cada recuerdo, con cada imagen que volvía de a poco como un castigo.

Se obligó a ponerse de pie, el cuerpo protestando con rigidez. Cada paso sobre la alfombra mullida dolía, física y emocionalmente. Recogió su ropa con movimientos automáticos, evitando mirarse en el espejo, temerosa de lo que podría encontrar reflejado.

Cuando por fin lo hizo, fue inevitable.

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Viviana Bustos Aldana
Marcelo es un gran amigo 🥹🥹
Viviana Bustos Aldana
Fue una víctima, pero ella sola escogió su destino
Viviana Bustos Aldana
El niño no era de él si no del Giovanni
Viviana Bustos Aldana
Solo con dinero la vende, no hay necesidad de drogas 😒😒😒😒😒
Viviana Bustos Aldana
Si de verdad querias algo serio hace tiempo debiste decirle
Viviana Bustos Aldana
Muy fácil de manipular y se me hace que la desgraciada la va a volver a vender 😒😒😒😒😒
Viviana Bustos Aldana
Acuérdate que no te puede exceder, o toca ir por más inyecciones 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Viviana Bustos Aldana
Marcelo goza a costillas del jefe 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Viviana Bustos Aldana
Muerome 🤣🤣🤣🤣🤣
Viviana Bustos Aldana
Con esa tipa no debería ir ni a la esquina 😒😒😒😒
Viviana Bustos Aldana
Que tal le guste ese lado malo, nos resulte bien sádica 🤣🤣🤣🤣🤣
Viviana Bustos Aldana
Ahí es donde sabemos que haríamos lo que fuera por nuestras madres 🥹🥹🥹🥹🥹
Viviana Bustos Aldana
No debería ni estar cerca de la perra esa 😒😒😒
Viviana Bustos Aldana
En realidad fuiste abusada 😒😒😒😒
Viviana Bustos Aldana
No te quejes que vas por gusto 😒😒😒
Viviana Bustos Aldana
Que estúpida, con no ir le deja claro que no le importa 🤦🏻‍♀️🤦🏻‍♀️🤦🏻‍♀️🤦🏻‍♀️
Viviana Bustos Aldana
Me dan ganas de agarrar a golpes a la maldita perra 🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬
Viviana Bustos Aldana
Saca a esa maldita de los pelos 🤬🤬🤬🤬
Viviana Bustos Aldana
Maldita perra desgraciada tiene el descaro de buscarla después de haberla vendido 🤬🤬🤬🤬🤬🤬
Viviana Bustos Aldana
Espero que el cabron haya usado protección 😒😒😒
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