Yo, Evana. viví una hermosa vida con el hombre que amé y con mis hijos también. Pero alguien me lo arrebato todo.
He vuelto al pasado para descubrir a mi asesino y el de mi familia.
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Capitulo 13
El silencio en el despacho presidencial de Evana era denso, interrumpido únicamente por el zumbido suave del aire acondicionado. La luz de la mañana iluminaba las carpetas acumuladas sobre el escritorio, pero la atención de Evana estaba fija en la puerta de entrada.
Las palabras que Thomas le había susurrado en el balcón del hotel —«Ten cuidado en quién confías»— seguían retumbando en su cabeza con una lucidez aterradora.
La puerta se abrió y Valeria entró con paso firme. Lucía un impecable conjunto azul marino, portando la bandeja con el café matutino y la agenda del día. En su rostro brillaba la misma sonrisa cálida y eficiente de los últimos años.
—Buenos días, Evana —dijo Valeria, colocando la taza sobre la mesa con delicadeza—. Tienes buen aspecto hoy. Tras el altercado con la prensa anoche, preparé un comunicado de prensa discreto para blindar la imagen de la empresa por si el grupo de Meller intenta publicar algo malo.
Evana observó las manos de Valeria mientras acomodaba los papeles. Esas mismas manos que la habían ayudado a organizar su vida corporativa, que le habían preparado té durante sus noches de desvelo y que habían compartido sus secretos más íntimos.
—Gracias, Valeria. Siempre estás en todo —respondió Evana con una voz neutra, midiendo cada palabra—. Dime, ¿has vuelto a revisar los informes de auditoría sobre la firma de Thomas Vance?
Valeria parpadeó, manteniendo la soltura pero fijando la mirada en los ojos de Evana.
—Sí, los revisé de nuevo a primera hora. Las cuentas de su filial portuaria siguen mostrando el mismo margen de vulnerabilidad. Si presionamos con la demanda comercial esta semana, los obligaremos a ceder la concesión del norte. ¿Ocurre algo? Te noto pensativa.
Evana se reclinó en su sillón ejecutivo, entrelazando los dedos sobre la mesa.
—Ayer, durante la gala, Thomas se me acercó en el balcón —soltó Evana, observando detenidamente la reacción de su amiga.
El cuerpo de Valeria se tensó apenas un milímetro. Un destello casi imperceptible de cautela cruzó por sus ojos verdes antes de recuperar su máscara de compostura.
—¿Vance? —inquirió Valeria, frunciendo el ceño con una mezcla de sorpresa y preocupación contenida—. Ah, ya recuerdo.
—Me dijo algo curioso —continuó Evana, sosteniendo la mirada de Valeria con una frialdad glacial—. Me dijo que tuviera cuidado con las personas que manejo en mi círculo cercano. Que no toda la información que llega a mi escritorio es limpia.
Valeria soltó una risita breve, cargada de incredulidad, aunque sus nudillos apretaron ligeramente la carpeta de cuero que sostenía contra su pecho.
—¿Y le vas a creer al hombre que encabeza la empresa rival de tu familia? —dijo Valeria, dando un paso hacia el escritorio con voz dolida—. Evana, he estado a tu lado desde la universidad. Te ayudé a cubrir tus espaldas cuando tu padre presionaba, y he manejado tus asuntos más confidenciales sin fallarte jamás. Vance solo busca sembrar la cizaña para que dudes de tu propio equipo y cometas un error en el arbitraje.
Las palabras de Valeria sonaban convincentes, articuladas con la devoción de una hermana. Sin embargo, en la mente de Evana, la escena de la vida pasada volvió a proyectarse.
—Tienes razón —mintió Evana, esbozando una sonrisa suave que no llegó a sus ojos—. Es absurdo dudar de ti. Thomas solo está jugando sus últimas cartas corporativas.
Valeria exhaló un suspiro de alivio visible, recuperando la calidez en su rostro.
—Me alegra que entres en razón, amiga. No dejes que ese hombre te confunda. Por cierto, ¿quieres que te acompañe a la reunión de arbitraje privada con Vance mañana?
—No —ordenó Evana de inmediato, levantándose de su asiento y tomando su bolso—. Iré sola. Quiero ver qué tan lejos es capaz de llegar Thomas cuando no hay testigos de por medio.
Valeria apretó la mandíbula por una fracción de segundo, contrariada por la decisión, pero asintió rígidamente.
—Como digas, CEO. Estaré en la oficina coordinando los reportes legales por si necesitas algo.
Cuando Valeria salió del despacho y cerró la puerta, Evana caminó hacia el ventanal. Sacó su teléfono celular privado y revisó la pantalla. Había entrado un mensaje cifrado del investigador independiente que había contratado la noche anterior.
«Informe preliminar: Se detectaron tres llamadas encriptadas realizadas desde una línea secundaria a nombre de V.G. hacia un número no rastreable en el extranjero durante las últimas 48 horas. Continuamos el rastreo de las cuentas bancarias.»
Evana apretó el teléfono contra su pecho, sintiendo cómo el corazón se le llenaba de una amargura aplastante. La duda había desaparecido; la traición estaba caminando por los pasillos de su propia empresa.
Gracias por los capítulos autora