⚠️🔞🔥La historia sigue a Tae-jun y Min-hyuk, los dos máximos herederos de las corporaciones tecnológicas más grandes del país, quienes están atrapados en una feroz disputa comercial por el control del mercado. Sin embargo, al encontrarse frente a frente, la rivalidad profesional se deforma de inmediato bajo el peso de una atracción animal asfixiante. Desafiando las leyes tradicionales del sistema, donde los Alfas dominantes deben buscar compañeros sumisos, estos dos predadores deciden romper las reglas de su sociedad para entregarse en secreto a un adictivo juego de poder y versatilidad dentro de un refugio clandestino. Entre marcas prohibidas, espionaje familiar y sacrificios corporativos, ambos deberán unirse para defender su nido de las bajas pasiones que intentan destruirlos.🔥🔞⚠️
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Separados
La separación forzosa de dos Alfas dominantes que han entrelazado sus feromonas de manera tan profunda es lo más cercano a una amputación en el mundo. Cuando los cuerpos se acostumbran a la intensidad de un igual, el vacío que queda tras un quiebre violento no se llena con orgullo ni con trajes de diseñador. Se convierte en una enfermedad lenta, un veneno silencioso que ataca los sentidos desde el primer amanecer.
Durante las dos semanas siguientes al choque destructivo en la oficina principal del Grupo Min, ninguno de los dos se atrevió a poner un solo pie en el departamento de lujo del norte de la ciudad.
Su refugio de sábanas oscuras y ventanales de cristal, el nido donde habían aprendido a bajar la guardia de reyes, se quedó completamente a oscuras. El polvo comenzó a acumularse sobre el sillón de cuero negro y sobre la barra de la cocina donde pocas mañanas antes se habían tomado de la mano en una tregua perfecta. El aire del lugar se volvió frío, conservando apenas un rastro rancio de ozono quemado y cereza marchita que se desvanecía con el paso de las horas.
En la Torre Kim, el regreso de Tae-jun a la rutina laboral fue un auténtico calvario para el personal. El Alfa pálido se había transformado en una máquina de hielo letal y despiadada. Ya no usaba bloqueadores de feromonas en su oficina privada. El tabaco dulce y la cereza negra emanaban de su piel con una densidad tan amarga y agresiva que los secretarios temblaban al entregar los informes, y los directores de menor rango evitaban mirarlo a los ojos por puro instinto de supervivencia.
Tae-jun pasaba las jornadas metido en reuniones de alta gerencia, revisando de manera obsesiva las estrategias para hundir las acciones del Grupo Min en la bolsa de valores. Sin embargo, la agudeza de su inteligencia afilada no lograba ocultar el desastre físico que le estaba destrozando el cuerpo por dentro.
El síndrome de abstinencia biológica se manifestaba como una fiebre intermitente que le quemaba las venas cada tarde. Cada vez que se sentaba en su silla de cuero, sentía una pesadez insoportable en el pecho. Su olfato, entrenado para la excelencia, rechazaba el olor del papel de seguridad, del café fino y de los perfumes caros de la oficina y ni hablar de otras feromonas. Su cuerpo experimentaba una necesidad desesperada, casi animal, de respirar el cedro amargo y la tormenta eléctrica de Min-hyuk para calmar la agitación de su propio pulso.
Por las noches, el tormento se volvía aún más agudo en su departamento. Tae-jun no lograba conciliar el sueño. Se pasaba las horas en vela, dando vueltas sobre el colchón frío, tocándose de manera inconsciente las heridas ya cerradas de sus muñecas y la marca profunda en su clavícula blanca. Las marcas de dientes que el Alfa robusto le había dejado como una promesa de posesión eterna ahora se sentían como cicatrices malditas que le recordaban su humillación.
—Maldito seas, Min-hyuk —susurraba Tae-jun en la penumbra de su habitación, con la voz rota y los ojos empañados por las lágrimas de rabia y desgarro que se negaba a soltar en público.
Miraba el teléfono celular sobre la mesa de noche, deseando con todas sus fuerzas ver un mensaje privado, pero la pantalla permanecía en un silencio sepulcral. El resentimiento en su corazón crecía al mismo ritmo que su agonía biológica, convenciéndose de que el Alfa robusto lo había desechado como a un Omega cualquiera tras jugar con su cuerpo.
Mientras tanto, en el Grupo Min, la situación alcanzó un punto de no retorno.
La investigación interna por el supuesto fraude financiero que Min-hyuk había provocado de manera deliberada obligó al consejo de administración a tomar medidas extremas. Para mantener la farsa y evitar que Jun-seo tomara la presidencia de la fusión tecnológica de inmediato, Min-hyuk anunció su retiro temporal del cargo, asumiendo la responsabilidad del error en los informes de las patentes.
El Alfa robusto no se quedó en la ciudad para soportar las miradas de suficiencia de su hermano menor ni el olor a metal oxidado y vinagre blanco que Jun-seo esparcía por los pasillos con prepotencia. Min-hyuk recogió un par de mudas de ropa cómoda, se subió a su auto deportivo negro y se marchó en un autoexilio indefinido hacia una vieja propiedad familiar.
La casa de campo era una estructura de madera gruesa y piedra, escondida entre un bosque de pinos altos y densos, rodeada por una llovizna constante que borraba el horizonte de la metrópolis.
Allí, lejos de las pantallas corporativas y de los trajes de tres piezas, Min-hyuk se hundió en una decadencia física absoluta. Se pasaba los días enteros vistiendo solo unos pantalones deportivos oscuros, caminando descalzo por los suelos de madera fría de la cabaña, sin afeitarse y con el cabello revuelto. Su imponente figura de Alfa parecía haber perdido parte de su vitalidad salvaje; sus hombros anchos se mostraban caídos y sus ojos oscuros permanecían fijos en los leños que se consumían en la chimenea.
El síndrome de abstinencia biológica lo estaba despedazando de una forma mucho más brutal que a Tae-jun. Al ser el Alfa de mayor volumen físico, su necesidad territorial de proteger su nido y de oler a su igual se había transformado en una ansiedad destructiva .
Su aroma habitual a tormenta eléctrica y ozono se había vuelto débil, apagado, una esencia sutil y amarga que apenas llenaba los rincones de la cabaña vacía. Min-hyuk sentía que las entrañas le ardían por la falta de la cereza negra. El olor a pino húmedo y a tierra mojada del bosque le parecía insípido; su olfato exigía con una urgencia demente el perfume dulce y el tabaco fino de la piel de su pantera, de su Alfa.
Cada movimiento que hacía le causaba un dolor agudo en el hombro musculoso, allí donde Tae-jun le había hincado los colmillos con saña en medio del éxtasis del sábado. Min-hyuk se tocaba la herida que ya comenzaba a sanar, sintiendo que el vacío lo estaba volviendo loco de remate.
La culpa era su peor enemiga en el exilio. Recordaba una y otra vez el rostro desorbitado de Tae-jun en su oficina, la lágrima pesada que había corrido por su mejilla pálida y las indirectas hirientes que se habían lanzado a la cara antes de separarse.
—Tuve que hacerlo, pantera … Tenía que protegerte de esa maldita rata —susurró Min-hyuk para sí mismo en el silencio de la cabaña, apretando los puños grandes hasta que las venas de sus muñecas se marcaron bajo la luz tenue del fuego.
Min-hyuk tomaba su teléfono celular, hurgando en la carpeta de seguridad donde guardaba el mensaje desafiante que Tae-jun le había enviado bajo el escritorio de la junta. Leía las palabras una y otra vez, buscando en ellas el calor eléctrico que solía ramificarse por sus muslos cada vez que se retaban en público. Pero no tenía el valor de llamarlo ni de enviarle un mensaje. El pánico a que Jun-seo detectara cualquier movimiento informático y filtrara el audio de las promesas prohibidas lo mantenía atado de manos en su autoexilio, obligado a sufrir la abstinencia en la más absoluta soledad.
El juego del orgullo y la mentira exterior se había cobrado su precio más alto.
Tae-jun, metido en su oficina elegante de la Torre Kim, se desgastaba la salud planeando una cacería financiera que destruyera al Grupo Min, impulsado por una rabia herida que ocultaba un amor desesperado. Min-hyuk, encerrado en la madera de su cabaña, se consumía en la fiebre y el silencio del nido vacío, entregando su propia presidencia y su estatus con tal de mantener la corona de su rey intocable a salvo del desprecio del mundo.
Los lobos dominantes estaban separados, heridos en sus orgullos de casta y muriendo de inanición biológica por la falta de sus feromonas combinadas. Las sábanas del refugio secreto seguían esperando en la oscuridad de un departamento que ya no conservaba más que el eco de sus gemidos y las promesas de una cama que se negaba a aceptar el fin de la partida. El invierno comenzaba a caer sobre la metrópolis, y el frío de la ausencia amenazaba con congelar los corazones de los depredadores más grandes de la ciudad antes de que la verdad encontrara una vía de escape entre las grietas de la red de espionaje.
respecto a la nueva novela, espero novedades de sonde leerla pronto, apoyo toda su escritura y le sigo a donde vaya!!!💜💋
se viene lo bueno, no puedo esperar!!!😈😈😈
Vamos Min, no solo eres fuerza bruta, haz que tu mente vuele, demuestra de que estas hecho. Tae tiene que saberlo también juntos podrían idear la forma de salir de este terreno lodos 💪