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Me Enamoré del Hermano Equivocado

Me Enamoré del Hermano Equivocado

Status: Terminada
Genre:Romance / Pérdida de memoria / Amor platónico / Completas
Popularitas:10.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maria

Valentina despierta sin recuerdos después de una caída. Lo único que tiene para entender su pasado es un diario lleno de pistas sobre el hombre que la cuidó desde niña.
Todos creen que ese hombre es Nico Montero, el chico que creció a su lado y que durante años pareció destinado a quedarse con ella. Pero Nico ya está cansado de cuidarla. Ahora ama a otra mujer y decide dejar a Valentina en manos de su hermano mayor, Sebastián.
Sebastián es serio, frío y demasiado protector. Valentina empieza a creer que las páginas de su diario hablan de él… y sin darse cuenta, se enamora del hombre equivocado.
O quizá del único correcto.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Capítulo 12

Buenas noches, beso

Valentina estudió de verdad ese lunes.

No por madurez.

Por enojo.

Si Sebastián quería tratarla como una niña confundida, ella iba a aprobar todas sus materias, caminar sin ayuda y pedir besos con la cabeza fría. En ese orden.

Nana Carmen entró a media tarde con una bandeja de fruta.

—Llevas dos horas sin moverte.

—Estoy demostrando estabilidad mental.

—¿Con contabilidad?

—Con venganza académica.

Nana Carmen dejó la bandeja sobre el escritorio.

—Entonces coma mango, licenciada.

Valentina sonrió, aunque todavía tenía los ojos un poco hinchados. Después de estudiar, se bañó, se lavó el cabello y eligió un conjunto de casa color verde claro. No era elegante, pero le quedaba bonito. Nana Carmen la vio pasar por el pasillo y levantó las cejas.

—¿Tenemos visita?

—No.

—¿Entonces por qué parece que va a pedir aumento?

—Voy a pedir algo más difícil.

La nana no preguntó. Solo le acomodó un mechón detrás de la oreja.

Sebastián llegó tarde.

Valentina estaba en el sofá de la sala con un libro abierto sobre el pecho. No dormía. Practicaba una forma convincente de parecer dormida.

La puerta principal se abrió a las diez y veinte.

Sebastián entró hablando por teléfono.

—Mueve la reunión con Castellanos al miércoles. No, no me importa si Isabella insiste. Daniel, si insiste, que hable contigo.

Colgó al verla.

Valentina mantuvo los ojos cerrados.

Él se acercó sin hacer ruido. Primero apagó una lámpara que le daba directo a la cara. Luego bajó un poco el aire acondicionado. Después tomó una manta del respaldo y se la puso encima.

Valentina abrió los ojos.

—Llegaste tarde.

Sebastián retiró la mano.

—Juntas.

—Deberías descansar más.

—Tú deberías estar en cama.

—Estoy en un sofá. Es casi lo mismo.

—No.

Ella se incorporó con cuidado.

—¿Cenaste?

—Sí.

—Eso sonó a mentira.

—Fue café y un sándwich.

—Entonces sí era mentira.

Sebastián la miró. La comisura de su boca se movió apenas.

Valentina se puso de pie antes de perder valor.

—Voy a dormir.

—Te acompaño.

—Puedo subir sola.

—Te acompaño.

Subieron despacio. En el segundo piso, Valentina se detuvo frente a la puerta de su habitación y se giró hacia él.

—Sebastián, quiero pedirte algo.

Él ya sabía que venía algo.

—¿Qué?

Valentina apretó las manos detrás de la espalda.

—Un beso de buenas noches. Solo uno.

El pasillo quedó en silencio.

Sebastián no miró hacia la escalera ni buscó a Nana Carmen. La miró a ella.

—No hagas esto para probar un punto.

—No es para probar un punto.

—Esta mañana estabas enojada.

—Sigo enojada.

—Entonces—

—También quiero el beso.

Sebastián cerró la boca.

Valentina respiró hondo.

—Si vas a decir que no, dilo. Pero no me digas que no sé lo que pido.

Él dio un paso hacia ella.

Valentina levantó la cara.

Sebastián se inclinó y le besó la frente.

Fue suave. Breve. No el beso que ella había pedido.

Pero no fue una burla.

Valentina se quedó quieta, con los ojos abiertos.

Sebastián se apartó.

—Buenas noches.

Ella tardó dos segundos en reaccionar.

—Eso no era lo que pedí.

—Fue lo que pude darte.

La respuesta le bajó la rabia a la mitad.

Valentina tocó el lugar del beso con dos dedos.

—Mañana quiero uno de verdad.

Sebastián la miró.

—Valentina.

—Mañana —repitió, y entró a su cuarto antes de que él pudiera discutir.

Cerró la puerta.

Del otro lado, escuchó un sonido bajo.

Sebastián se había reído.

Una risa corta, casi incrédula, pero real.

Valentina apoyó la espalda en la puerta y se tapó la boca con las dos manos.

Abajo, Nana Carmen pasaba por el recibidor con una cesta de ropa. Se detuvo al oír esa risa. No subió. No dijo nada.

Solo siguió caminando con los ojos húmedos.

Valentina estaba por guardar el diario cuando su celular vibró.

Lucía:

"Vale, mañana Isabella Castellanos va a ir a la universidad. Me dijeron que preguntó por ti."

Valentina frunció el ceño.

"¿Quién es Isabella?"

Lucía respondió casi de inmediato:

"Una mujer con perfume caro y malas intenciones. Te cuento mañana. No vayas sola a la biblioteca."

Valentina miró la puerta, luego la pantalla.

Isabella Castellanos.

El nombre no le decía nada.

Pero si Lucía estaba preocupada, no era por nada.

Valentina no durmió de inmediato. Buscó el nombre en internet y encontró fotos de eventos empresariales: Isabella junto a Sebastián en cenas formales, Isabella cortando un listón con Don Eduardo, Isabella sonriendo con una copa en la mano y un vestido negro perfecto.

En ninguna foto Sebastián la tocaba más de lo necesario.

Eso no tranquilizó a Valentina tanto como esperaba.

Guardó una imagen y se quedó mirando los dos rostros. Isabella parecía pertenecer a ese mundo de mesas largas, contratos y apellidos que se pronunciaban con cuidado. Valentina, en cambio, todavía tenía una libreta llena de manchas de acuarela y una venda en el pie.

El celular vibró otra vez.

Lucía:

"No te asustes. Solo no dejes que te hable a solas. Ella hace preguntas como si ya supiera las respuestas."

Valentina escribió:

"¿Le gusta Sebastián?"

La respuesta tardó más.

"A medio mundo le gusta Sebastián. Pero ella cree que lo merece."

Valentina apagó la pantalla y respiró hondo.

Del otro lado de la puerta, Sebastián pasó por el pasillo. Sus pasos se detuvieron un segundo frente a su cuarto. Valentina pensó que iba a tocar.

No lo hizo.

Ella apoyó la mano en la madera.

—Mañana —murmuró, recordando su propia promesa.

En el pasillo, Sebastián oyó la palabra. No respondió, pero se quedó allí hasta que la luz bajo la puerta se apagó.

Después bajó al estudio y abrió la agenda. El quince de junio seguía marcado con una V pequeña. Años atrás había puesto esa letra para comprar un regalo sin que nadie preguntara. Ahora la miraba como si fuera una cuenta pendiente.

Tomó el celular y escribió a Daniel:

"Mañana, confirma quién autorizó la entrada de Isabella a la Universidad del Valle."

Daniel respondió:

"¿Isabella Castellanos?"

"Sí."

"Entendido."

Sebastián dejó el teléfono sobre la mesa. Si Isabella estaba buscando a Valentina, ya no era un asunto social.

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Glen
Parecía bueno pero a mitad ya te parece q no va a ningún lugar y después con un final raro, no me gusto
Glen
Ocosadora la niña, con razón nico huyó 😂😂😂😂😂😂
Glen
Ocosadora la niña, con razón nico huyó 😂😂😂😂😂😂
Marisa Rodriguez de Cuello
es muy densa la trama y simple. también se pueden leer repeticiones del relato que confunden la lectura
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