Morí por trabajar demasiado y desperté como la villana de una novela. Mi esposo está en coma, mi hijo me odia y estamos a punto de quedarnos sin dinero. Conociendo el trágico futuro que nos espera, decidí cambiarlo todo. Esta vez cuidaré de mi familia, protegeré a mi esposo y le daré a mi hijo el amor que nunca recibió. Aunque... parece que ambos creen que me volví completamente loca. ✨💕📖
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entiende es por tu bien
Valeria se dejó caer sobre la cama con un largo suspiro.
—Así que don Luis quiere comprar toda la producción...
Miró el techo.
—Pero si Sebastián ya no me quiere...
Rodó sobre el colchón y abrazó una almohada.
—En la historia original... todo empezaba cuando Sebastián despertaba.
Frunció el ceño.
—Su familia descubría que él era el único capaz de diseñar los motores de alto rendimiento de Montenegro Motors... y desde ahí comenzaban todas las desgracias.
Sin darse cuenta, empezó a morderse una uña.
—Si vuelve a la mansión...
Siguió mordiendo.
—...yo voy a terminar exactamente igual que la villana...
De pronto hizo una mueca.
—¡Ay!
Miró su dedo.
—Me saqué la piel...
Justo en ese momento, desde la habitación principal se escuchó una voz.
—Valeria.
Ella levantó la cabeza.
—¿Eh?
—Valeria.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Bueno...
Se puso de pie de un salto.
—Aquí empieza mi misión para conquistar a mi esposo.
Se acomodó el cabello frente al espejo.
—Valeria, hoy no puedes fallar.
Respiró hondo.
—¡Vamos!
Abrió la puerta con decisión pero apenas dio dos pasos.
—¡Ah!
Su pie resbaló Cayó de rodillas con un golpe seco.
Sebastián abrió mucho los ojos.
—¡Valeria!
Ella levantó una mano.
—¡Estoy bien!
Se incorporó riendo con vergüenza.
—Solo fue un pequeño accidente.
Sebastián seguía observándola preocupado.
—¿Te lastimaste?
—No, no.
Sacudió sus pantalones.
—¿Qué necesitabas?
Sebastián señaló el suelo.
—Solo quería decirte que limpiaras el pis del perro.
Valeria parpadeó.
—¿Qué perro?
Bajó la mirada Había un pequeño charco junto a la puerta.
—...
Un segundo después...
—¡¡¿QUÉ?!!
Retrocedió de un salto.
—¡Qué asco!
Sebastián dio un pequeño respingo.
—¿Por qué gritas tanto?
Valeria miró el suelo y luego a Sebastián.
—¡Pero si nosotros no tenemos perro!
Se quedó pensando.
De repente abrió mucho los ojos.
—...
—Malditos perros callejeros...
Sebastián frunció el ceño.
—¿No tenemos perro?
—Claro que no.
Estuvo a punto de decir otra cosa.
—¿Cómo vamos a tener uno si yo estaba ocupada con otr...
Se quedó congelada.
Sebastián levantó una ceja.
—¿Con otros?
Valeria empezó a reír nerviosamente.
—¡Otros asuntos!
—...
—Muchísimos asuntos.
Sebastián siguió mirándola.
—Entonces... ¿de quién es el perro?
Él respondió con tranquilidad.
—Lucas entró hace un rato con uno.
El corazón de Valeria dio un vuelco.
Recordó inmediatamente la novela.
En la historia original...
Lucas recogía un perro callejero.
Días después, el animal lo mordía.
Aunque lograban salvarle la vida, las secuelas lo acompañaban durante años.
El rostro de Valeria perdió el color.
—No...
Giró sobre sus talones.
—¡Lucas!
Salió corriendo escaleras abajo.
—¡Lucas!
llamo y nada.
—¡Lucas!
En ese momento escuchó unos pequeños pasos.
El niño apareció cargando un plato lleno de restos de carne.
—¿Mami?
Valeria corrió hacia él.
Lo abrazó con tanta fuerza que casi lo levantó del suelo.
—¡Lucas!
El pequeño parpadeó confundido.
—¿Qué pasó?
Después arrugó la nariz.
—Mami...
Se apartó un poquito.
—¿Por qué hueles a pipí?
Valeria cerró los ojos de vergüenza.
—Es una larga historia.
Luego volvió a ponerse seria.
—¿Dónde está el perro?
Lucas sonrió.
—Está comiendo.
El pequeño señaló el patio.
Un perro mestizo, delgado y con el pelaje desordenado movía la cola mientras devoraba la comida.
Valeria sintió ternura.
Pero también miedo.
Se agachó frente a Lucas.
—Cariño...
—¿Sí?
—No podemos quedarnos con él.
La sonrisa del niño desapareció.
—¿Por qué?
—Porque está en la calle.
—Pero tiene frío.
—Lo sé.
—Tiene hambre.
—También lo sé.
Los ojos de Lucas empezaron a llenarse de lágrimas.
—Mami...
Su voz tembló.
—No lo eches.
Valeria sintió un nudo en el pecho.
Le acarició el cabello.
—Lucas...
—Es mi amigo.
Una lágrima cayó por la mejilla del niño.
—No quiero que esté solo.
Valeria respiró hondo.
—Escúchame.
Le tomó ambas manitos.
—Ese perrito necesita primero que lo revise un veterinario.
Lucas negó rápidamente.
—¡No!
—Podría estar enfermo.
—¡No está enfermo!
—Mi amor...
—¡Es mentira!
El perro ladró desde el patio Lucas corrió unos pasos hacia él.
—¡Ves! Me quiere.
Valeria cerró los ojos un instante.
Después habló con toda la paciencia que pudo reunir.
—Si ese perrito está enfermo y te muerde...
Su voz se quebró apenas.
—Podría hacerte mucho daño.
Lucas empezó a llorar.
—¡No!
—Lucas...
—¡ERES MALA!
El grito resonó por toda la casa.
Valeria se quedó inmóvil.
Aquellas palabras le dolieron mucho más de lo que esperaba.
Lucas salió corriendo escaleras arriba entre sollozos.
Valeria dio un paso para seguirlo.
Pero se quedó quieta.
No sabía qué hacer.
No sabía cómo discutir con un niño que solo quería salvar a un animal.
Arriba...
Sebastián escuchó la puerta abrirse de golpe.
Lucas entró llorando y se abrazó a él.
—Papá...
Sebastián, sorprendido, apoyó una mano sobre su cabeza.
—¿Qué pasó?
—Mami no me deja tener al perrito...
Sebastián acarició despacio el cabello de Lucas.
Todavía le costaba mover el brazo con normalidad, pero hizo el esfuerzo.
—Mírame, campeón.
Lucas levantó la cabeza. Tenía los ojos completamente rojos por el llanto.
—¿Tú quieres mucho a ese perrito?
El niño asintió con fuerza.
—Está solito...
Sebastián sonrió con tristeza.
—Lo sé.
Hizo una pequeña pausa antes de preguntar:
—Pero dime una cosa... ¿Tú lo conoces?
Lucas parpadeó.
—Bueno... no.
—¿Lo criaste desde bebé?
—No.
—¿Sabes si tiene dueño?
Lucas volvió a negar.
—¿Sabes si está enfermo?
—No...
—¿Sabes si tiene todas sus vacunas?
El niño bajó la cabeza.
—Tampoco...
Sebastián le dio unas suaves palmaditas en la cabeza.
—Entonces tu mamá tiene razón en preocuparse.
Lucas frunció el ceño.
—Pero él no es malo.
—No estoy diciendo que sea malo.
Señaló hacia la ventana.
—Los animales también se enferman. Y cuando tienen miedo o sienten dolor, pueden morder aunque no quieran.
Lucas guardó silencio.
Sebastián continuó con paciencia.
—Imagínate que mañana tienes mucha fiebre y alguien intenta quitarte tu juguete favorito.
—Me enojo...
—Exactamente.
—Pero yo no muerdo.
Sebastián soltó una pequeña risa.
—Porque eres un niño educado.
Lucas también sonrió un poquito.
—¿Y los perros?
—Ellos no saben hablar. A veces se defienden mordiendo.
Lucas comenzó a entender.
—¿Entonces mami quería protegerme?
—Sí.
—¿No porque odia al perrito?
—No.
Sebastián miró a su hijo con ternura.
—Tu mamá te quiere tanto... que a veces se asusta demasiado.
Lucas recordó el abrazo que ella le había dado hacía unos minutos.
Recordó también lo pálida que se había puesto cuando escuchó la palabra "perro".
El niño comenzó a sentirse culpable.
—Yo...
Bajó la cabeza.
—Le grité.
—Sí.
—Le dije que era mala.
Sebastián suspiró.
—¿Y tú crees que ella es mala?
Lucas negó inmediatamente.
—¡No!
—Entonces...
Lucas hizo un pequeño puchero.
—Creo que hice llorar a mami...
Sebastián sonrió con suavidad.
—¿Qué debería hacer un caballero cuando se equivoca?
Lucas respondió enseguida.
—Pedir perdón.
—Muy bien.
El niño sonrió.
—Papá...
—¿Sí?
—¿Tú también le pedirías perdón?
Sebastián arqueó una ceja.
—¿Yo por qué?
—Porque a veces también haces enojar a mami.
Sebastián tosió con incomodidad.
—Eso...
No pudo responder Lucas soltó una risita.
—Los dos son iguales.
Sebastián negó con la cabeza.
—Ve con tu mamá.
Lucas ya iba a bajar de la cama cuando Sebastián volvió a llamarlo.
—Espera.
El niño giró.
—¿Qué pasa, papi?
Sebastián sonrió de lado.
—¿Me harías un favor?
—¡Sí!
—Cuando arregles las cosas con tu mamá... ¿podrías dejarnos un rato solos?
Lucas lo miró curioso.
—¿Para qué?
Sebastián desvió la mirada, un poco incómodo.
—Quiero hablar con ella.
Lucas sonrió con picardía.
—¿Como los esposos?
Sebastián carraspeó.
—Algo así.
El niño soltó una risita.
—Tengo que hacer la tarea con Bruno.
—Perfecto.
—¿Le digo a mami?
—Seguro te dejará ir.
Lucas levantó el pulgar.
—¡Entonces todo saldrá bien!
Bajó corriendo las escaleras.
...
Valeria seguía en la cocina, apoyada contra la mesada.
Miraba por la ventana sin decir una palabra.
Todavía le dolía el pecho por el grito de Lucas.
De pronto escuchó unos pasitos.
—¿Mami...?
Ella se giró.
Lucas estaba de pie frente a ella, con la cabeza gacha y jugando nerviosamente con el borde de su camiseta.
—¿Sí, mi amor?
El niño respiró hondo.
—Quiero pedirte perdón.
Valeria sintió que el corazón se le derritió.
—No debí gritarte...
Murmuró sin levantar la vista.
—Ni decirte que eras mala.
Una lágrima resbaló por su mejilla.
—Perdón.
Valeria se agachó enseguida y lo abrazó con todas sus fuerzas.
—Ay, mi niño...
Le llenó la cara de besos.
—¡Mami!
Lucas empezó a reír.
—¡Cosquillas!
—No puedo enojarme contigo.
—¿De verdad?
—Jamás.
Le limpió las lágrimas con los pulgares.
—Solo prométeme que, si alguna vez quieres ayudar a un animalito, primero me lo dirás.
Lucas asintió.
—Lo prometo.
—Y buscaremos una forma de ayudarlo sin que nadie salga lastimado.
Los ojos del niño volvieron a brillar.
—¿Podemos llevarlo a un veterinario algún día?
Valeria sonrió.
—Si encontramos un refugio o alguien que pueda cuidarlo, sí.
Lucas dio un pequeño saltito de felicidad.
—¡Gracias, mami!
Entonces recordó algo.
—Ah... también quería pedirte otra cosa.
—¿Qué pasa?
—¿Puedo ir a estudiar a la casa de Bruno?
Valeria levantó una ceja.
—¿Van a estudiar de verdad?
—¡Sí!
—¿Nada de andar persiguiendo perros?
Lucas levantó ambas manos.
—Lo prometo.
Valeria rió.
—Está bien.
Ve, pero vuelves antes de que anochezca.
—¡Sí!
El niño preparó su mochila a toda velocidad y salió corriendo hacia la puerta.
Antes de irse, se dio vuelta.
—¡Papá!
Sebastián lo mira desde la escalera.
—¿Sí?
—¡Suerte!
Sebastián lo miró confundido.
—¿Suerte con qué?
Lucas sonrió de oreja a oreja.
—Con mami.
Y salió corriendo antes de que alguno pudiera responder.
Valeria y Sebastián intercambiaron una mirada.
Un silencio incómodo llenó la casa.
Valeria fue la primera en apartar la vista.
—Ese niño... cada día se parece más a ti.
Sebastián, sin poder evitarlo, sonrió.